Solemnidad de San Pedro y San Pablo

La tenerezza di papa Francesco

Hoy, 29 de junio, la Iglesia Católica celebra la Solemnidad de San Pedro y San Pablo, el Día del Papa y la colecta llamada desde los primeros siglos “Óbolo de San Pedro”.

Esta Solemnidad presenta la figura de dos grandes Apóstoles y testigos de Jesucristo y confiesa que la Iglesia es una, santa, católica y apostólica.

Recuerda que San Pedro fue elegido por Cristo: “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”, quien con humildad aceptó la misión de ser “la roca” de la Iglesia.

El Papa por su parte, como Sucesor de Pedro, es el principio y fundamento perpetuo y visible de unidad, así de los obispos como de la multitud de fieles. Es Pastor de toda la Iglesia y tiene potestad plena, suprema y universal. Es el Vicario de Cristo.

También tenemos la figura de San Pablo, el Apóstol de los gentiles, que antes de su conversión era perseguidor de los cristianos y pasó, con su vida, a ser un ardoroso evangelizador para todos los católicos. No tenía reservas para anunciar el Evangelio.

Más de esta solemnidad en el especial: http://www.aciprensa.com/fiestas/pedropablo/

 

Ser cristiano: no basta estar bautizado. Testimonio Camino Catecumenal

 

Camino Neocatecumenal: alguno dirá que Kiko Argüello quiere otro mundo

Kiko Argüello

El que esto escribe ha dedicado más de un rato a tratar temas relacionados con el Camino Neocatecumenal. No ha habido, al respecto, ninguno de los mismos que no haya resultado algo polémico pues, naturalmente, ya dijo Jesús que no había venido a traer fuego al mundo (cf. Lc 12, 49) y otra cosa no se puede esperar de una realidad espiritual como es el Camino. Por eso, hay personas que no lo pueden ni ver y otras, las más, que admiramos la labor espiritual, importante y fructífera, que desde aquellos años sesenta del siglo pasado llevan haciendo los miembros de tal movimiento católico al que los desavisados llaman, con mala sombra, ultracatólico.

Pero de los fundadores del Camino Neocatecumenal (Kiko Argüello y Carmen Hernández) por las razones que sea o por la dedicación de cada uno de los mismos a labores diferentes dentro del mismo, no hay duda alguna que el pintor-músico-evangelizador-convertido-etc. que es Argüello se lleva la palma en dedicación ajena a su persona. Vamos, que le dan palos hasta en el carné de conducir cuando viene bien y, también, cuando viene mal. Y eso, digámoslo de una vez, es un mérito que sólo alcanzan quienes, en esta especial materia espiritual, se empeñan en defender la verdad y hacen de la misma el objeto, causa y razón de su existencia.

 

Kiko es un hombre curioso. Por ejemplo, el 1 de noviembre de 1996, en un encuentro que celebró ante jóvenes que no pertenecían al Camino, dijo que, cuando más necesitaba ayuda porque se había apartado de la fe

“Entré entonces en mi cuarto, y me puse a gritar a este Dios que no lo conocía. Le gritaba: ¡Ayúdame! ¡No sé quién eres! Y en aquel momento el Señor tuvo piedad de mí, pues tuve una experiencia profunda de encuentro con el Señor que me sobrecogió. Recuerdo que lloraba amargamente, me caían las lágrimas, lágrimas a ríos. Sorprendido me preguntaba: ¿por qué lloro? Me sentía como agraciado, como uno a quien delante de la muerte, cuando le van a disparar, le dijesen: ‘Quedas libre, gratuitamente quedas libre’ y entonces aún no se lo cree y llora por la sorpresa de que le han liberado. Esto fue para mí pasar de la muerte a ver que Cristo estaba dentro de mí y que alguien dentro de mí me ha dicho que Dios existe. ¿Qué era lo que me había pasado? Fue un toque, un testimonio profundo que me decía no solo que Dios existe, sino que Cristo es Dios.

De hecho me presenté a un sacerdote y le dije que quería hacerme cristiano, y él me dijo: “¿cómo?, ¿es que no estás bautizado?’ ‘Sí estoy bautizado’, le contesté. ‘Entonces, ¿qué quieres?, ¿hiciste la primera comunión?’. ‘¡Sí!, pero mira que yo…’ ‘Ah, que quieres confesarte!…’. No me entendía. Pero yo sabía que lo que quería era hacerme cristiano, y para eso, ¿ir a confesarme un día y ya está? Yo sabía que hacerse cristiano tenía que ser algo muy serio. Así es como por fin hice Cursillos de Cristiandad, una iniciativa que surgió en España por aquellos años. Y me ayudó. Comencé una verdadera búsqueda del Señor. Iba a la iglesia y decía a los demás: ‘Ayudadme a hacerme cristiano!’”.

Quería ser cristiano porque estaba en la seguridad de que no basta con estar bautizado. En esto, claro, tenía más que razón porque no hay más que ver lo que pasa con la silenciosa apostasía que se está produciendo desde hace mucho, demasiado tiempo, entre los católicos de “bautizo” y casi punto final.

Y, como es de todos conocido, acabó fundando, acompañado también por Carmen, el Camino Neocatecumenal.

Como era de esperar, una persona que cree que no basta con estar bautizado para ser, con criterio, cristiano, no puede resultar indiferente a nadie. Por eso cuando hace pocos días se publicó una entrevista en Zenit y dijo lo que dijo, más de uno habrá pensado que, ciertamente, Kiko Argüello quiere otro mundo aunque, a lo mejor, está en este si se sabe bien ver, descubrir y tener en cuenta a Quien se tiene que tener en cuenta.

Ha dicho, por ejemplo, al respecto de la reciente apertura, por Benedicto XVI, del Año de la Fe, que

“Espero que se pueda redescubrir la belleza de la Fe. Aquella Fe que nos da la naturaleza de Dios y cura profundamente el ser del hombre que ha sido herido por el pecado original”

Y esto lo dice, sin duda, alguna, porque sabe que el ser humano, desde hace un tiempo, digamos, largo, se está apartando de Dios y está perdiendo el tesoro de la fe. Por eso Kiko se gasta y desgaza, con gozo, en decir una y otra vez que hay que tener al Creador en el corazón y, desde allí, salir al mundo a decirlo con toda claridad y franqueza.

Pero como Argüello parece tener las cosas bastante claras y eso pesa en el ánimo de más de uno que lo ven como un iluminado no sabiendo que, ciertamente, está iluminado por la luz de Dios y por el amor a Jesucristo y a su santa Iglesia católica y con tal luz vive y camina. Por eso dice que

“El hombre, separándose de Dios, se hace esclavo del no ser, las consecuencias son evidentes: la cantidad de mujeres que son asesinadas, los suicidios continuos en todas partes, y podría seguir. Cuando un hombre descubre que ‘no es’, decide matarse. La Iglesia, por tanto, en este año debe hacer redescubrir la palabra de salvación para los hombres: que Cristo ha venido para darles vida, para dar ‘el ser del Espíritu Santo’.”

Es cierto que el hombre, abandonado al tener frente al ser, se deja dominar por el mundo y su mundanidad. Así no es posible que la fe pueda arraigar en el corazón del hombre y, lo que es peor, se produce un alejamiento, casi siempre irreversible, de Dios. Y eso a Kiko no le parece lo más alejado para, precisamente, un hijo de Dios. Y lo dice y, lo que es mejor, trata de remediarlo como el Espíritu Santo le da a entender aunque eso no guste a muchas personas incluso dentro de la Iglesia católica.

Y es que, en realidad, Kiko Argüello puede dar la impresión de que quiere otro mundo. Y es, esto, bien cierto. Quiere otro mundo distinto al que nos ha tocado vivir; otro mundo en el que Dios esté de verdad presente y no de forma farisaica; otro mundo, en fin, que está en el corazón del Creador y que está puesto para que su semejanza se haga digna de tenerlo.

No debería, por tanto, nadie decir que tal labor no ha de ser querida por Dios. No.

Eleuterio Fernández Guzmán

Fuente Infocatolica.com

El Año de la Fe


El Año de la Fe

El Papa anunció el Año de la Fe que comenzará el 11 de octubre de 2012 y se extenderá hasta el 24 de noviembre de 2013.

Autor: P. Federico Lombardi, portavoz Vaticano | Fuente: revistaecclesia.com

El Año de la fe, anunciado en días pasados por el Papa, debe ser considerado una de las iniciativas que caracterizan este pontificado. Tal como la carta de convocación afirma desde las primeras frases, la memoria corre inmediatamente a aquel primer discurso del nuevo Papa en la Capilla Sixtina, la mañana siguiente a su elección, cuando afirmaba “la exigencia de redescubrir el camino de la fe para poner de manifiesto cada vez con mayor evidencia la alegría y el renovado entusiasmo del encuentro con Cristo”.

Y también vuelve a la inspiración evidente y central de todos los discursos de su último viaje a Alemania y a la institución del Dicasterio para la promoción de la nueva evangelización.

Con feliz intuición el Papa liga estrechamente el Año de la fe al 50° del Vaticano II. Mientras el Concilio sigue siendo objeto de discusiones y de apropiación partidista, es justo que la lectura y relectura de su riquísima herencia, su traducción en la práctica por parte de todo el pueblo de Dios en sus diversos componentes, siga siendo eficazmente guiada por el Papa, como por los Papas ha sido convocado y guiado en su realización, y tomado como “brújula” del camino siguiente de la Iglesia.

Pero Benedicto XVI también recuerda el 20° de la publicación del Catecismo de la Iglesia católica, obra de increíble coraje, querida firmemente por Juan Pablo II en fidelidad al Concilio, para decir hoy nuestra fe del modo más completo, orgánico y claro posible. Punto de referencia precioso, que el entonces Cardenal Ratzinger conoce muy bien, habiendo tenido en él una parte determinante.

Pero el Año será, sobre todo, una nueva etapa de una historia, de un camino vivo, que viene desde lejos, de la creación del mundo, de Abrahán y Moisés, de David y de los profetas, de aquel “gran número de testigos”de los que habla la Carta a los Hebreos (cap. 11-12), en cuya huella están puestos María, los Apóstoles, los mártires y los santos, y en el que el Papa nos exhorta a ponernos también nosotros, “teniendo siempre fija la mirada en Jesús, autor y perfeccionador de la fe” (Ebr 12,2). ¿Y qué otra cosa más importante debería decirnos el pastor del pueblo de Dios en camino?

El Año de la fe, convocado por Benedicto XVI

 

Benedicto XVI anuncia un Año de la Fe

Benedicto XVI anuncia un Año de la Fe
17-10-2011 | Infocatólica |-Articulo extractado de “La Gaceta”/Intereconomia…
  • (Infocatólica).En la homilía de la Santa Misa celebrada en la Basílica de San Pedro, con ocasión del encuentro organizado por el Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización, el Santo Padre Benedicto XVI ha anunciado su decisión de declarar un nuevo Año de la Fe (el Siervo de Dios Pablo VI lo hizo en 1967-1968, al final del cual promulgó el Credo del Pueblo de Dios), que comenzará el 11 de octubre de 2012 y culminará el 24 de noviembre de 2013. Ofrecemos a continuación las palabras pronunciadas por el Pontífice:

    “Precisamente para dar un renovado impulso a la misión de toda la Iglesia de conducir a los hombres fuera del desierto en el cual muy a menudo se encuentran hacia el lugar de la vida, la amistad con Cristo que nos da su vida en plenitud, quisiera anunciar en esta Celebración eucarística que he decidido declarar un “Año de la Fe”, que ilustraré con una carta apostólica.

    Comenzará el 11 de octubre del 2012, en el 50º aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II, y terminará el 24 de noviembre del 2013, Solemnidad de Cristo Rey del Universo. Será un momento de gracia y de compromiso por una cada vez más plena conversión a Dios, para reforzar nuestra fe en Él y para anunciarlo con gozo al hombre de nuestro tiempo.”

    Además, antes de rezar el Angelus en Plaza San Pedro, el Papa repitió el anuncio y añadió algunos detalles de su decisión:

    “Como ya hice hace poco, durante la homilía de la Misa, aprovecho con gusto esta ocasión para anunciar que he decidido declarar un especial Año de la Fe, que tendrá inicio el 11 de octubre de 2012 – 50º aniversario de la apertura del Concilio Ecuménico Vaticano II – y concluirá el 24 de noviembre de 2013, Solemnidad de Cristo Rey del universo. Las motivaciones, las finalidades y las líneas directrices de este “Año”, las he expuesto en una Carta Apostólica que será publicada en los próximos días. El Siervo de Dios Pablo VI convocó un análogo Año de la Fe en 1967, con ocasión del XIX centenario del martirio de los Apóstoles Pedro y Pablo, y en un período de grandes cambios culturales.

    Considero que, transcurrido medio siglo desde la apertura del Concilio, ligada a la feliz memoria del Beato Juan XXIII, es oportuno recordar la belleza y la centralidad de la fe, la exigencia de reforzarla y profundizarla a nivel personal y comunitario, y hacerlo en perspectiva no tanto celebrativa sino más bien misionera, en la perspectiva, precisamente, de la misión ad gentes y de la nueva evangelización.”

     

De Hombres y Dioses

De Hombres y De Dioses de Xavier Beauvois

 

La irrupción de la violencia en la serena y valiosa vida de un grupo de monjes franceses que prestan sus servicios en el Magreb, se cuenta con la cotidianidad de una jornada de trabajo y oración que se rompe cruelmente y sin contemplación, para asistir a uno más de los dolorosos episodios de la vida real en la que, el fuego cruzado, ataca sin contemplación a quienes geográficamente quedan en el medio.

Cada uno del grupo de monjes trapenses que atienden a una comunidad musulmana en Argelia brindando su conocimiento médico y espiritual, deberá enfrentar con sus “armas” (el ejemplo, el honor, el servicio y la enseñanza cristiana) a los violentos que tienen razones de peso para eliminar a quienes estén en su contra sin importar de que lado estén: los insurgentes o los soldados.

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Sacerdotes del siglo XXI

El Sacerdote en el Siglo XXI

Intervención del Cardenal Mauro Piacenza, Prefecto de la Congregación para el Clero, en el Encuentro con los Sacerdotes de la Archidiócesis de Los Ángeles. 3 octubre 2011
Autor: Cardenal Mauro Piacenza | Fuente: http://www.clerus.org

 Dorothy Thompson, escritora estadounidense, hace algunos decenios publicó en un artículo para una revista los resultados de una cuidada indagación sobre el mal afamado campo de concentración de Dachau.Una pregunta clave dirigida a los supervivientes fue la siguiente: «¿Quién en medio del infierno de Dachau ha permanecido más largo tiempo en condiciones de equilibrio? ¿Quién ha mantenido por más tiempo el propio sentido de identidad?». La respuesta fue coral y siempre la misma: «los sacerdotes católicos». Sí, ¡los sacerdotes católicos! Éstos han logrado mantener el propio equilibrio, en medio de tanta locura, porque eran conscientes de su Vocación. Tenían su escala jerárquica de valores. Su entrega al ideal era total. Eran conscientes de su misión específica y de los motivos profundos que la sostenían.¡En medio del infierno terreno, daban su testimonio: el de Jesucristo!

Vivimos en un mundo inestable. Existe una inestabilidad en la familia, en el mundo del trabajo, en las diversas asociaciones sociales y profesionales, en las escuelas y en las instituciones.

El sacerdote debe ser, sin embargo, constitucionalmente un modelo de estabilidad y de madurez, de entrega plena a su apostolado.

En el camino inquieto de la sociedad, se presenta con frecuencia un interrogante a la mente del cristiano: «¿Quién es el sacerdote en el mundo de hoy? ¿Es un marciano? ¿Es un extraño? ¿Es un fósil? ¿Quién es?».

La secularización, el gnosticismo, el ateísmo, en sus varias formas, están reduciendo cada vez más el espacio de lo sagrado, están chupando la sangre a los contenidos del mensaje cristiano.

Los hombres de las técnicas y del bienestar, la gente caracterizada por la fiebre del aparentar, experimentan una extrema pobreza espiritual. Son víctimas de una grave angustia existencial y se manifiestan incapaces de resolver los problemas de fondo de la vida espiritual, familiar y social.

Si quisiéramos interrogar la cultura más difundida, nos daríamos cuenta de que está dominada e impregnada de la duda sistemática y de la sospecha de todo lo que se refiere a la fe, la razón, la religión, la ley natural.

«Dios es una inútil hipótesis – escribió Camus – y estoy perfectamente seguro de que no me interesa».

En la mejor de las hipótesis, cae un denso silencio sobre Dios; pero se llega con frecuencia a la afirmación del insanable conflicto de las dos existencias destinadas a eliminarse: o Dios o el hombre.

Si después tuviéramos que dirigir la mirada al conjunto del panorama de los comportamientos morales, no podríamos no constatar la confusión, el desorden, la anarquía que reina en este campo.

El hombre se hace creador del bien y del mal.

Concentra egoístamente la atención sobre sí.

Sustituye la norma moral con el propio deseo y búsqueda del propio interés.

En este contexto, la vida y el ministerio del sacerdote adquieren importancia decisiva y urgente actualidad. Mejor aún – permitídmelo decir – cuanto más marginado, más importante es, cuanto más considerado superado, se convierte en más actual.

El sacerdote debe proclamar al mundo el mensaje eterno de Cristo, en su pureza y radicalidad; no debe rebajar el mensaje, sino, más bien, confortar la gente; debe dar a la sociedad anestesiada por los mensajes de algunos directores ocultos, detenedores de los poderes que valen, la fuerza liberadora de Cristo.

Todos sienten la necesidad de reformas en el campo social, económico, político; todos desean que, en las luchas sindicales, y en la proclamación económica se reafirme y se observe la centralidad del hombre y el perseguimiento de objetivos de justicia, de solidaridad, de convergencia hacia el bien común.

Todo esto será sólo un deseo, si no se cambia el corazón del hombre, de tantos hombres, que renueven por su parte la sociedad.

Mirad, el verdadero campo de batalla de la Iglesia es el paisaje secreto del espíritu del hombre y en él no se entra sin mucho tacto, sin mucha compunción, además de contar con la gracia de estado prometida por el Sacramento del Orden.

Es justo que el sacerdote se inserte en la vida, en la vida común de los hombres, pero no debe ceder a los conformismos y a los compromisos de la sociedad.

La sana doctrina, pero también la documentación histórica nos demuestran que la Iglesia es capaz de resistir a todos los ataques, a todos los asaltos que las potencias políticas, económicas y culturales pueden desencadenar contra ella, pero no resiste al peligro que proviene del olvidar esta palabra de Jesús: «Vosotros sois la sal de la tierra, vosotros sois la luz del mundo». El mismo Jesús indica la consecuencia de este olvido: «Si la sal se hace insípida, ¿cómo se preservará el mundo de la corrupción?» (cfr. Mt 5,13-14).

¿A qué serviría un sacerdote tan semejante al mundo, que se convierte en sacerdote mimetizado y no en fermento transformador?

Ante un mundo anémico de oración y de adoración, el sacerdote es, en primer lugar el hombre de la oración, de la adoración, del Culto, de la celebración de los santos Misterios.

Ante un mundo sumergido en mensajes consumistas, pansexuales, atacado por el error, presentado en los aspectos más seductores , el sacerdote debe hablar de Dios y de las realidades eternas y, para poderlo hacer con credibilidad, debe ser apasionadamente creyente, ¡como también ser “limpio”!

El sacerdote debe aceptar la impresión de estar en medio de la gente, como uno que parte de una lógica y habla una lengua diversa de los otros («no os conforméis a la mentalidad de este mundo», Rm 12,12). Él no es como “los otros”. Lo que la gente espera de él es precisamente que no sea “como los demás”.

Ante un mundo sumergido en la violencia y corroído por el egoísmo, el sacerdote debe ser el hombre de la caridad. Desde las alturas purísimas del amor de Dios, del que realiza una particularísima experiencia, desciende al valle, donde muchos viven su vida de soledad, de incomunicabilidad, de violencia, para anunciarles misericordia, reconciliación y esperanza.

El sacerdote responde a las exigencias de la sociedad, haciéndose voz de quien no tiene voz: los pequeños, los pobres, los ancianos, los oprimidos, marginados.

No pertenece a sí mismo sino a los demás. No vive para sí y no busca lo que es suyo. Busca lo que es de Cristo, lo que es de sus hermanos. Comparte las alegrías y los dolores de todos, sin distinción de edad, categoría social, procedencia política, práctica religiosa.

Él es el guía de la porción del Pueblo, que le ha sido confiada. Ciertamente, no jefe de un ejército anónimo, sino pastor de una comunidad formada por personas que cada una tiene un nombre, su historia, su destino, su secreto.

El sacerdote tiene la difícil tarea, pero eminente, de guiar estas personas con la mayor atención religiosa y con el escrupuloso respeto de su dignidad humana, de su trabajo, de sus derechos, con la plena conciencia de que, entonces, la condición de hijos de Dios corresponde en ellos a una vocación eterna, que se realiza en la plena comunión con Dios.

El sacerdote no dudará en entregar la vida, o en una breve pero intensa temporada de dedicación generosa y sin límites, o en una donación cotidiana, larga, en el estilicidio de humildes gestos de servicio a su pueblo, tendiendo siempre a la defensa y formación de la grandeza humana y del crecimiento cristiano de cada fiel y de todo su pueblo.

Un sacerdote debe ser contemporáneamente pequeño y grande, noble de espíritu como un rey, sencillo y natural como un campesino. Un héroe en la conquista de sí, el soberano de sus deseos, un servidor de los pequeños y débiles; que no se humilla ante los poderosos, pero que se inclina ante los pobres y pequeños, discípulo de su Señor y cabeza de su grey.

Ningún don más precioso se puede regalar a una comunidad de un sacerdote según el corazón de Cristo.

La esperanza del mundo consiste en poder contar, también para el futuro, con el amor de corazones sacerdotales límpidos, fuertes y misericordiosos, libres y mansos, generosos y fieles.

Amigos, si los ideales son altos, el camino difícil, el terreno quizás menos minado, las incomprensiones son muchas, pero todo podemos con Aquel que nos da fuerzas (cfr. Flp 4,13).

El eclipse de la Luz de Dios y de su Amor, no es el apagarse la Luz y el Amor de Dios. Ya mañana lo que se había interpuesto, obscureciendo la fe, arrojando el mundo en una oscuridad espantosa, puede convertirse en menos espeso, y después de una larga pausa, demasiado larga del eclipse, volver el sol, lleno y espléndido.

Más allá de las inquietudes y contestaciones que agitan el mundo, y se hacen sentir también dentro de la Iglesia, están en acción fuerzas secretas, escondidas y fecundas en santidad.

Más allá de los ríos de palabras y discursos, de programas y planes, de iniciativas y organizaciones, hay almas santas que rezan, sufren, expían adorando al Dios-con nosotros.

Entre éstas hay niños y adultos, hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, cultos e ignorantes, enfermos y sanos, y hay también tantos sacerdotes, que no sólo son dispensadores de los Misterios de Cristo, pero en la babel actual permanecen signos seguros de referencia y de esperanza, para cuantos buscan la plenitud, el sentido, el fin, la felicidad.

Estemos unidos, queridos amigos, en el Cenáculo de la Iglesia, en torno a María nuestra Madre, con Pedro y los Apóstoles, sumergidos en la comunión de los santos, para ser también nosotros, de verdad, signos seguros de referencia y de esperanza para todos.

Es mi deseo, que convierte en oración por todos vosotros que estáis aquí presentes y por todos vuestros Hermanos, que no están aquí ahora. Os llevaré, de ahora en adelante, siempre conmigo.

Sacerdotes: Hijos predilectos de Maria.

El Movimiento Sacerdotal Mariano

El Movimiento Sacerdotal Mariano surge el 8 de mayo de 1972 tras una peregrinación del Padre Don Esteban Gobbi a Fátima, y hasta hoy no ha parado de crecer sembrando incansablemente la semilla de la unión y de la fidelidad en el seno de la Iglesia Católica, unión y fidelidad al Vicario de Cristo, Juan Pablo II, a través de la unión y fidelidad al Corazón Inmaculado de María.

Surge como respuesta a nuestro tiempo marcado por la apostasía y una profunda crisis religiosa, familiar, social, política… que abarca a toda la sociedad a nivel mundial. La Virgen María se propone guiar hacía Dios a sus hijos, reuniendo a todos los que quieran permanecer fieles a su fe. Por eso nos pide que nos consagremos a su Corazón Inmaculado para dejarnos conducir por Ella, para apoyar su obra de intercesión en favor de la humanidad entera a través de nuestra oración y testimonio cristiano.

Hoy cuando el peligro de perder la fe es muy grande, cuando se vive en un ambiente tan descristianizado, cuando tantos viven prácticamente alejados de Dios, cuando el poder del mal es tan grande y Satanás parece triunfar como príncipe de este mundo, la Virgen María interviene para reunirnos a todos y hacernos sal, luz y levadura de un mundo que se descompone y que tiene que volver a Dios Padre por medio de Su Hijo Jesús.

¡Hoy son ya más de 400 los Obispos y de 100.000 los Sacerdotes de todo el mundo que se han adherido a este Movimiento!

”… Yo he obtenido de Dios para la Iglesia, el Papa preparado y formado por Mí. Él se ha consagrado a mi Corazón Inmaculado y me ha confiado solemnemente la Iglesia, de la que soy Madre y Reina. En la persona y en la obra del Santo Padre Juan Pablo II, Yo reflejo mi gran luz, que se hará tanto más fuerte, cuanto más las tinieblas lo invadan todo”. Mensaje de la Santísima Virgen al M.S.M., 1-1-79.

La adhesión al MSM es una cuestión estrictamente de corazón. María no quiso ni papeles ni asuntos burocráticos a la hora de fundar su Movimiento. No desea que las cuestiones de carrera o la pertenencia a Ordenes Religiosas obstaculicen la adhesión a este ejercito de enamorados de Su Inmaculado Corazón. Ella lo formó de este modo, humilde, pequeño y basado en el amor Mariano más simple y puro.

El Libro del Padre Gobbi

El libro titulado contiene los mensajes que la Virgen María nos trasmite por medio del Padre Gobbi a través de locuciones interiores, recibidas desde 1973 hasta fines de 1997, fecha del último mensaje revelado por María, y aparentemente la culminación del libro. El objetivo del Libro es ayudarnos a vivir la Consagración a su Corazón Inmaculado. Se ha de leer siempre como meditación. Es importante, antes de adentrarnos en su lectura, ver detenidamente el prólogo. Allí se explica detenidamente en qué consiste esta nueva espiritualidad, la naturaleza del fenómeno de las locuciones interiores, las características principales del MSM e informaciones varias.

Conviene hojear las fotografías para comprobar de qué manera el MSM se ha extendido en estos 25 años por todo el mundo. Además, en las hojas finales del libro, el lector podrá localizar el MSM en cualquiera de los países del mundo donde tiene representación. El título del Libro puede sugerir que los mensajes van dirigidos sólo a los sacerdotes, pero no es verdad. Son para todos los cristianos y para todo hombre de buena voluntad que tenga sinceros deseos de alimentar su fe y de satisfacer su hambre natural de la Palabra del Cielo.

El MSM y el libro de mensajes

Algunos creen que el Movimiento Sacerdotal Mariano se identifica con el libro “A los Sacerdotes hijos predilectos de la Santísima Virgen”, o sea, que el Movimiento y el libro son la misma cosa. Es un error. De hecho, el MSM es distinto del libro.

El Movimiento es una Obra de la Virgen y consiste esencialmente en llamar a los Sacerdotes a la consagración a su Corazón Inmaculado, a una gran unión con el Papa y con la Iglesia, y en orientar a los fieles hacia una renovada devoción mariana. En este sentido el Movimiento Sacerdotal Mariano es distinto del libro. Pero, cuando uno comienza seriamente a vivir estos compromisos, siente naturalmente la necesidad de preguntarse: Y ¿Cómo debo vivirlos?, ¿Quién me da la seguridad de que los vivo?, ¿Cuál es el camino que debo recorrer?. A estas preguntas responde el libro, porque él nos traza el itinerario que debemos seguir para vivir en concreto la consagración al Corazón Inmaculado de María.

Pero ¿puede el M.S.M. prescindir del libro?. En teoría, sí; pero en la práctica, absolutamente no. En efecto, así como el Movimiento es obra de la Virgen, así también, con el libro, se ha escogido, Ella misma, un instrumento indispensable para su difusión y para la genuina comprensión de su espíritu. “Incluso el libro es solamente un medio para la difusión de mi Movimiento. Un medio importante, que Yo he escogido por ser pequeño. Servirá para dar a conocer a muchos esta Obra mía de amor entre mis Sacerdotes” (24 junio, 1974).

Un Sacerdote de Irlanda ha observado que en el libro están compendiados la doctrina de Monfort sobre la consagración a María, el camino de la infancia espiritual de Santa Teresita del Niño Jesús y la actuación del mensaje de Fátima. Cada uno tiene la tarea de verificarlo por sí mismo. Quizás ahora puede surgir una pregunta sumamente interesante: ¿Por qué la Virgen ha querido escoger un instrumento tan pequeño y limitado como Éste?. He aquí la respuesta: “Tú no has entendido, hijo mío, que Yo he escogido la necedad para confundir a la sabiduría, y la debilidad para derrotar a la fuerza” (27 de septiembre, 1973). ¡Aquí está todo el secreto!. Pero es el mismo secreto del Evangelio. Jesús no condenó a los doctos y a los sabios, pero dio gracias al Padre Celestial por haberles escondido los misterios de Su Reino y habérselos revelado a los pequeños.

Criterios teológicos para la comprensión del libro

¿Qué es una locución interior?. Ante todo, debemos precisar que no es un hecho extraño, ni sensacional, sino un fenómeno místico, presente en la vida de la Iglesia y descrito en los manuales de teología espiritual. No es una comunicación sensorial con Jesús, la Virgen o los Santos, como sucede con las apariciones auténticas. Aquí no se ve con los ojos, ni se escucha con los oídos, ni se toca nada. Ni siquiera es aquella buena inspiración, aquella luz que el Espíritu Santo ordinariamente hace llegar a la mente y al corazón de quien ora y vive vida de fe.

Si se trata de un fenómeno auténtico, la locución interior es el don de cuanto Dios quiere dar a conocer y ayudar a cumplir, y su revestirse de pensamientos y palabras humanas, según el estilo y la manera de escribir de quien recibe el mensaje. La persona se convierte en instrumento de comunicación, manteniendo, no obstante, intacta su libertad, que se expresa en un acto de adhesión a la acción del Espíritu Santo. Mientras recibe la palabra del Señor, su entendimiento queda como inactivo: o sea, no va a la búsqueda de pensamientos, ni del modo de expresarlos, como ocurre, por ejemplo, a quien escribe una carta o prepara un discurso importante.

En el caso específico del libro “A los Sacerdotes, hijos predilectos de la Santísima Virgen”, conviene tener presente estos criterios teológicos, que pueden ayudarnos para su más profunda comprensión. Lo que viene de Dios trae siempre consigo un profundo sentido de paz, suscitando hacia Él una mayor humildad y confianza; nos ayuda a despegarnos del mal y a realizar el bien de una forma sencilla y constante; y es respetuoso de nuestra libertad y la del prójimo. Quien escribe y obra en nombre de Dios edifica por el sentido del equilibrio, de humanidad y de fortaleza de ánimo, no obstante, en el contexto de los límites y defectos humanos. Si algún pasaje de este libro causara turbación, lo mejor sería aplazar su lectura para tiempos mejores antes que angustiarse.

En el fenómeno de las locuciones interiores referidas en el libro, don Esteban, en actitud perfectamente normal, sin caer en trance, ni en éxtasis, escribe de corrido y sin fatiga mental lo que percibe interiormente, sin repasar ni corregir nada de lo escrito, y lo expresa sin prestar atención a la riqueza o pobreza de su estilo y su temperamento, aún cuando se trate de sacar a luz verdades que él antes desconocía o no consideraba como tales. De los escritos de don Esteban Gobbi se ha preferido escoger aquellas páginas que puedan iluminar mejor la entrega total a la Virgen en un clima de evangélica infancia espiritual. En cuanto a su validez, se han tenido en cuenta los criterios clásicos y tradicionales:

La correspondencia con la Verdad revelada.

La actitud constante de humildad y de obediencia.

Algunos signos de confirmación pedidos humildemente a Dios.

La serena disponibilidad del sujeto, y la paz que precede y sigue a la divina comunicación.

Pero, como signo positivo, se ha creído digno de resaltar el bien inmenso que el MSM ha hecho ya en las almas de decenas de millares de Sacerdotes, algunos de los cuales se encontraban en grave crisis, y el bien logrado en muchísimos fieles. De los maravillosos frutos producidos se deduce que la causa hay que buscarla sólo en la luz espiritual del Espíritu Santo que, por intercesión del Corazón Inmaculado de María, desciende a la mente y al corazón de quien toma en sus manos este libro.

Publicado por Reinadelcielo.org

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