“Visitaciones de María”. (Hna. Maria Nuria Gaza y Beato Juan Pablo II))

VisitaciónCon la fiesta de la Visitación de María a su prima Elisabet, cerramos el mes de mayo.

María visitó a su prima y actualmente no cesa de visitar a los pueblos. Lo hace de una manera podríamos decir solemne como en Lourdes, Fátima, etc.

Visita a los pueblos con la presencia de tantos santuarios esparcidos por todas las geografías con las vírgenes encontradas o aparecidas. Lo hace de forma discreta pero no menos real en muchas circunstancias de la vida.

En Oriente Medio, por ejemplo, es común que los cristianos narren como la Virgen María les habló, se les apareció. Creo que es una forma de expresar que la Madre de Dios les visitó interiormente y algo cambió en su vida. Como es una madre tiene siempre en su corazón a sus hijos y los más necesitados están más presentes en su pensamiento.

¿Y qué mensaje trae María a sus hijos? El mismo que trajo a su prima: Le llevó la Buena Noticia. El hijo que estaba en su seno alegró al hijo de la anciana Elizabeth y: “¿Quién soy yo para que venga la madre de mi Señor a visitarme? Tan pronto como he oído tu saludo, mi hijo ha saltado de alegría en mi vientre”.

¿Y qué petición nos hace María a cada uno? Que la imitemos en nuestra vida. Visitando a quien está sólo, triste, desorientado. Dar aliento al afligido es tan importante como dar alimento al hambriento sin olvidar que también debemos procurar pan al que no tiene.

 link texto original: Hna. María Nuria Gaza.

Piedad Popular y Revelaciones Privadas

“No apaguéis  el Espíritu, no despreciéis las profecías; examinad cada cosa y quedaos con lo que es bueno” 1Tes (5, 19-21)


Piedad Popular y Revelaciones Privadas

Desde siempre, y en todas partes, la religiosidad popular se ha interesado en fenómenos y hechos extraordinarios, con frecuencia relacionados con revelaciones privadas. Aunque no se pueden circunscribir al ámbito de la piedad mariana, en esta especialmente se dan las “apariciones” y los consiguientes “mensajes.”En este sentido recuerda el Catecismo de la Iglesia Católica: “A lo largo de los siglos ha habido revelaciones llamadas ‘privadas’, algunas de las cuales han sido reconocidas por la autoridad de la Iglesia. Estas, sin embargo, no pertenecen al depósito de la fe. Su función no es la de ‘mejorar’ o ‘completar’ la Revelación definitiva de Cristo, sino la de ayudar a vivirla más plenamente en una cierta época de la historia.”

Guiado por el Magisterio de la Iglesia, el sentir de los fieles (sensus fidelium) sabe discernir y acoger lo que en estas revelaciones constituye una llamada auténtica de Cristo o de sus santos a la Iglesia”   (Congregación para el culto Divino y disciplina de los sacramentos. Directorio de la piedad popular y la liturgia)

 

El Mensaje de Fátima

Apariciones y signos sobrenaturales salpican la historia, entran en el vivo de los acontecimientos humanos y acompañan el camino del mundo, sorprendiendo a creyentes y no creyentes. Estas manifestaciones, que no pueden contradecir el contenido de la fe, deben confluir hacia el objeto central del anuncio de Cristo: el amor del Padre que suscita en los hombres la conversión y da la gracia para abandonarse a Él con devoción filial.

El hecho de que la única revelación de Dios dirigida a todos los pueblos se haya concluido con Cristo y en el testimonio sobre Él recogido en los libros del Nuevo Testamento, vincula a la Iglesia con el acontecimiento único de la historia sagrada y de la palabra de la Biblia, que garantiza e interpreta este acontecimiento, pero no significa que la Iglesia ahora sólo pueda mirar al pasado y esté así condenada a una estéril repetición.  El Catecismo de la Iglesia Católica dice a este respecto: «Sin embargo, aunque la Revelación esté acabada, no está completamente explicitada; corresponderá a la fe cristiana comprender gradualmente todo su contenido en el transcurso de los siglos» (n. 66).

Estos dos aspectos, el vínculo con el carácter único del acontecimiento y el progreso en su comprensión, están muy bien ilustrados en los discursos de despedida del Señor, cuando antes de partir les dice a los discípulos: «Mucho tengo todavía que deciros, pero ahora no podéis con ello. Cuando venga Él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa; pues no hablará por su cuenta… Él me dará gloria, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros» (Jn 16, 12-14). En este contexto es posible entender correctamente el concepto de « revelación privada », que se refiere a todas las visiones y revelaciones que tienen lugar una vez terminado el Nuevo Testamento… Escuchemos aún a este respecto antes de nada el Catecismo de la Iglesia Católica: « A lo largo de los siglos ha habido revelaciones llamadas “privadas”, algunas de las cuales han sido reconocidas por la autoridad de la Iglesia… Su función no es la de… “completar” la Revelación definitiva de Cristo, sino la de ayudar a vivirla más plenamente en una cierta época de la historia » (n. 67).

Se deben aclarar dos cosas: La revelación privada es una ayuda para la fe, y se manifiesta como creíble precisamente porque remite a la única revelación pública. El Cardenal Próspero Lambertini, futuro Papa Benedicto XIV, dice al respecto en su clásico tratado, que después llegó a ser normativo para las beatificaciones y canonizaciones: « No se debe un asentimiento de fe católica a revelaciones aprobadas en tal modo; no es ni tan siquiera posible. Estas revelaciones exigen más bien un asentimiento de fe humana, según las reglas de la prudencia, que nos las presenta como probables y piadosamente creíbles ». El teólogo flamenco E. Dhanis, eminente conocedor de esta materia, afirma sintéticamente que la aprobación eclesiástica de una revelación privada contiene tres elementos: el mensaje en cuestión no contiene nada que vaya contra la fe y las buenas costumbres; es lícito hacerlo publico, y los fieles están autorizados a darle en forma prudente su adhesión(E. Dhanis, Sguardo su Fatima e bilancio di una discussione, en: La Civiltà Cattolica 104, 1953, II. 392-406, en particular 397). Un mensaje así puede ser una ayuda válida para comprender y vivir mejor el Evangelio en el momento presente; por eso no se debe descartar. Es una ayuda que se ofrece, pero no es obligatorio hacer uso de la misma.

El criterio de verdad y de valor de una revelación privada es, pues, su orientación a Cristo mismo. Cuando ella nos aleja de Él, cuando se hace autónoma o, más aún, cuando se hace pasar como otro y mejor designio de salvación, más importante que el Evangelio, entonces no viene ciertamente del Espíritu Santo, que nos guía hacia el interior del Evangelio y no fuera del mismo. Esto no excluye que dicha revelación privada acentúe nuevos aspectos, suscite nuevas formas de piedad o profundice y extienda las antiguas. Pero, en cualquier caso, en todo esto debe tratarse de un apoyo para la fe, la esperanza y la caridad, que son el camino permanente de salvación para todos.

Podemos añadir que a menudo las revelaciones privadas provienen sobre todo de la piedad popular y se apoyan en ella, le dan nuevos impulsos y abren para ella nuevas formas. Eso no excluye que tengan efectos incluso sobre la liturgia, como por ejemplo muestran las fiestas del Corpus Domini y del Sagrado Corazón de Jesús. Desde un cierto punto de vista, en la relación entre liturgia y piedad popular se refleja la relación entre Revelación y revelaciones privadas: la liturgia es el criterio, la forma vital de la Iglesia en su conjunto, alimentada directamente por el Evangelio.

La religiosidad popular significa que la fe está arraigada en el corazón de todos los pueblos, de modo que se introduce en la esfera de lo cotidiano. La religiosidad popular es la primera y fundamental forma de « enculturación » de la fe, que debe dejarse orientar y guiar continuamente por las indicaciones de la liturgia, pero que a su vez fecunda la fe a partir del corazón. Hemos pasado así de las precisiones más bien negativas, que eran necesarias antes de nada, a la determinación positiva de las revelaciones privadas: ¿cómo se pueden clasificar de modo correcto a partir de la Sagrada Escritura? ¿Cuál es su categoría teológica? La Carta más antigua de San Pablo que nos ha sido conservada, tal vez el escrito más antiguo del Nuevo Testamento, la Primera Carta a los Tesalonicenses, me parece que ofrece una indicación. El Apóstol dice en ella: « No apaguéis el Espíritu, no despreciéis las profecías; examinad cada cosa y quedaos con lo que es bueno » (5, 19-21).

En todas las épocas se le ha dado a la Iglesia el carisma de la profecía, que debe ser examinado, pero que tampoco puede ser despreciado. A este respecto, es necesario tener presente que la profecía en el sentido de la Biblia no quiere decir predecir el futuro, sino explicar la voluntad de Dios para el presente, lo cual muestra el recto camino hacia el futuro. El que predice el futuro se encuentra con la curiosidad de la razón, que desea apartar el velo del porvenir; el profeta ayuda a la ceguera de la voluntad y del pensamiento y aclara la voluntad de Dios como exigencia e indicación para el presente. La importancia de la predicción del futuro en este caso es secundaria. Lo esencial es la actualización de la única revelación, que me afecta profundamente: la palabra profética es advertencia o también consuelo o las dos cosas a la vez. En este sentido, se puede relacionar el carisma de la profecía con la categoría de los « signos de los tiempos », que ha sido subrayada por el Vaticano II: « …sabéis explorar el aspecto de la tierra y del cielo, ¿cómo no exploráis, pues, este tiempo? » (Lc 12, 56). En esta parábola de Jesús por « signos de los tiempos » debe entenderse su propio camino, el mismo Jesús. Interpretar los signos de los tiempos a la luz de la fe significa reconocer la presencia de Cristo en todos los tiempos. En las revelaciones privadas reconocidas por la Iglesia —y por tanto también en Fátima— se trata de esto: ayudarnos a comprender los signos de los tiempos y a encontrar la justa respuesta desde la fe ante ellos.

Joseph Card. Ratzinger

Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Ahora Papa Benedicto XVI.

¿Qué valor tienen las revelaciones privadas?

Aunque no pertenecen al depósito de la fe, las revelaciones privadas pueden ayudar a vivir la misma fe, si mantienen su íntima orientación a Cristo. El Magisterio de la Iglesia, al que corresponde el discernimiento de tales revelaciones, no puede aceptar, por tanto, aquellas “revelaciones” que pretendan superar o corregir la Revelación definitiva, que es Cristo. (Compendio del Catecismo de la Iglesia 67)



Sigue leyendo Articulo completo en: Confraternidad de los Corazones Unidos

de Jesús y María

Links a articulos originales:

+ Congregación para la Doctrina de la Fe
 + Postura Cautelosa de la Iglesia
 +
 ¿Qué valor tienen las Revelaciones Privadas?
 + El Magisterio de la Iglesia

Letanías Santísima Virgne María. HNA. GLENDA

Glenda. Orar con la Hna. Glenda

“Estuve enfermo y me visitásteis….”. Confreso sobre el VHI en el Vaticano


117 000 centros de la Iglesia Católica sirven a enfermos de SIDA en todo el mundo

|

El Presidente del Pontificio Consejo para la Pastoral de la Salud, Arzobispo Zygmunt Zimowski, señaló que la Iglesia Católica sirve a los enfermos de SIDA, con todo tipo de asistencia, en 117 000 centros extendidos en todo el mundo.

Así lo señaló el Prelado en entrevista concedida al diario vaticano L’Osservatore Romano en vísperas del inicio del CongresoLa centralidad de la atención de la persona en la prevención el tratamiento del SIDA-HIV” que se realizará en la capital italiana entre el 27 y 28 de mayo.

Este evento, que organiza la fundación El Buen Samaritano, instituida por el Beato Juan Pablo II en el año 2004 y que ha sido confiada al Pontificio Consejo para la Pastoral de la Salud, busca también responder a las preguntas de “muchos obispos que se dirigen a nuestro dicasterio para tener una ayuda constante, con ayuda material pero sobre todo con información sobre lo último de la ciencia en la lucha contra esta enfermedad”.

Entre los objetivos de este congreso están la mejora de la atención pastoral y sanitaria a los enfermos de SIDA, la solicitud de la solidaridad de los países ricos hacia los más pobres “ya que todavía existen demasiadas personas que mueren sin tener acceso a las terapias que necesitan, en particular a los antirretrovirales” que se usan para esta afección y que han permitido diversos avances en este campo.

Tras recordar que en los últimos 30 años, más de 60 millones de personas han adquirido el HIV, la mayoría de las cuales está en África, el Arzobispo destaca el testimonio de “numerosos operadores sanitarios y voluntarios que, asistiendo valerosamente a los enfermos cuando todavía la enfermedad no era bien conocida o encontrándose privados de una suficiente cobertura sanitaria, han contraído ellos mismos la infección”.

El Prelado resaltó también el gran trabajo realizado por la Beata Teresa de Calcuta y el fallecido Cardenal John Joseph O’Connor “que promovió numerosos centros de asistencia para enfermos de SIDA” y “muchas iniciativas de cuidado 

 y asistencia en Estados Unidos y en otros países pobres”.

Mons. Zimowski explicó que entre los participantes del congreso  que se inicia este viernes están el Secretario de  Estado Vaticano, Cardenal Tarcisio Bertone, el comisario europeo responsable por la salud y la política de los consumidores, John Dalli; el Director ejecutivo de UNAIDS, Michel Sidibé.

También asistirán los expertos Gregg H. Alton, Vice-presidente ejecutivo de la Corporate and Medical Affairs-Gilead Sciences (Estados Unidos); Carlo-Federico Perno, Director de la cátedra di virología de la universidad romana de Tor Vergata; y Stefano Vella, Director del departamento del fármaco dell’Istituto Superiore di Sanità y ex presidente de la International Aids Society; entre otros.

Fuente Enlace Católico

Mas información: SUMEDICO.com

Nada te turbe. Teresa de Jesús y Taizé

Maria, Refugio del Amor Santo

Contemplativos en medio del mundo

Contemplativos en medio del mundo

La vida frenética, los ritmos que la sociedad nos impone, las cosas que hacer o que pensar llenan a menudo nuestras jornadas y nuestros razonamientos. Quisiéramos tener más tiempo para nosotros, para nuestra familia, para nuestras tareas o para estar más en contacto con la creación…. Pero el cristiano tiene una obligación más que el resto de los mortales: la de buscar el tiempo necesario para mantener un contacto vivo con el Señor a través de la oración, y así garantizarse un diálogo con la fuente de su mismo bien.

De esto no puede prescindir en absoluto, porque la correcta relación con la vida espiritual de cada uno es condición esencial para una vida serena, desde la perspectiva de Dios. Pero ¿Cómo llegamos a esto de manera concreta? Es justo y razonable que nos lo preguntemos, ya que además de los “agentes externos” que asaltan” nuestro tiempo, también hay “enemigos” interiores – como la distracción, la pereza, la superficialidad…- que atraen nuestra atención y nos alejan del intento.

Un bellísimo texto de Jean Lafrance –Aprender a orar con S. Isabel de la Trinidad– nos puede ayudar a vivir en continuo recogimiento interior y a permanecer constante  mente unidos a Dios, incluso cuando estamos ocupados en otros quehaceres.

Analicemos juntos algunos párrafos: Un movimiento que nos lleva al corazón “Hay un movimiento interior en la espiritualidad de Isabel, hermana carmelita de principios del siglo XX, que lleva a las almas a adherirse perfectamente a Dios; es un movimiento de retorno al centro de si mismo. Debemos bajar hasta nuestro corazón y recogernos….

Escribe Isabel: “Debemos unir todo nuestro ser al silencio interior, recoger todo nuestro poder y dedicárselo al amor, y tener esa mirada humilde que permita a la luz de Dios de irradiarnos. Un alma que discute con su propio yo, que se ocupa de sus sensibilidades personales, que sigue un pensamiento inútil o un deseo cualquiera, ese alma desperdicia su poder….¡Cuánto indispensable es esta bella unidad para el alma que desea vivir aquí en la tierra una vida santa, sencilla y espiritual! “

 

Los vehículos del viaje interior

¿Cómo alcanzar un tal recogimiento cuando nuestra vida nos obliga a estar desperdigados, a afrontar tantos problemas en tan diversos lugares? ¿Y cómo alcanzar esa unidad ante todos esos combates que la vida cotidiana nos presenta y que nos hace vivir superficialmente? Ante todo, digamos que la vida contemplativa puede ser vivida en medio del mundo, de nuestro mundo….Pero existen medios de los que no podemos prescindir, si deseamos vivir en la intimidad teniendo a Dios en el centro de nuestro corazón.

El “recogimiento” en el sentido interpretado por Isabel, es uno de los medios indispensables para estar unidos a Dios. Ello no conlleva el retirarse a una celda o hablar lo menos posible: es de echo, una actitud fundamental por la cual el corazón del hombre halla reposo solo en Dios, ya que los ruidos exteriores, y los interiores de la sensibilidad, no llegan ya a deshacer esa unidad con Dios.

Así, en la práctica, podemos ver a muchos hombres que, relacionándose con sus prójimo y desempeñando su oficios, permanecen siempre abiertos a Dios, quedando su acción tan purificada que ya no les distrae mas de Dios. Estos hombres conocen el valor del silencio exterior, porque es condición del silencio interior. “No se trata de una separación externa de las cosas exteriores, sino de una soledad del espíritu” escribe la carmelita. Debemos evitar la oposición entre exterioridad e interioridad. Nuestros contemporáneos son bastante escépticos ante la expresión “vida interior”, y tienen razón, porque ésta es a menudo sinónimo de fuga, por eso es preferible hablar de “vida espiritual” (…)

El silencio que purifica el amor

Este silencio interior debe extenderse al entero ser, sobre todo al espíritu, ya que hace callar a los pensamientos inútiles, a los razonamientos vagos que debilitan nuestra voluntad y secan el amor. Ésta calma a la imaginación, atenuando las emociones, las tristezas y el molesto ruidoe nuestras ideas; purifica la memoria imponiendo el silencio sobre el pasado con sus esilusiones y amarguras….Silencio en las angustias del corazón, en las penas del alma, silencio del abandono. El hombre que se estabiliza en este silencio interior se olvida de si mismo, deja de lamentarse, y de consolarse: queda distanciado de si mismo (…).

El “movimiento de recogimiento”, por tanto, es decisivo para la oración, porque coloca al alma en intimidad con Dios, haciendo que, aún callando, esté en oración. En un solo acto, prescindiendo de palabras, ésta adora, se ofrece a Dios y reposa en El. Es el silencio de la eternidad….”.

La Redacción

 Eco de Maria Reina de la Paz 214 (Marzo-Avril 2011)

Link para descargar Eco en pdf completo

A %d blogueros les gusta esto: