Adoración eucarística: escuchar al Salvador

(…)     La adoración Eucarística es un camino hacia la contemplación, hacia la unión mística, pues la espiritualidad eucarística nos ayuda a comprender la verdadera naturaleza de la contemplación cristiana, que no puede reducirse a una pura admiración estética y estática, sino que es siempre coparticipación dialogal.

    Cristo es el Amén del Padre, la última palabra que, además de dar sentido cumplido a todo el proceso salvíafico precedente, se convierte en criterio de interpretación de todo. El silencio de Cristo en la presencia eucarística interpela, pues él es una palabra pronunciada que incita a la persona a dar una respuesta de asentimiento o rechazo. Además, es una propuesta salviífica que uno debe profundizar en todo su contenido, pues al apcetarla en la comunión con Cristo, debe explicitarla en cada momento y cada lugar.

El silencio eucarístico de Cristo lo podemos considerar tambien a la lógica de la Cruz e invitación a entrar nosotros mismos en este misterio. El tema de la pobreza en la Iglesia encuentra en la eucaristía su significado más profundo. Acostumbrados  a escuchar al Salvador silencioso, la Iglesia, más aún que en la pobreza de riquezas o de medios, expresa su pobreza en la capacidad de escucha de toda invocación humana, aún la más débil. Lo primero que podemos ofrecer a los demás es darles  la posibilidad liberadora de ser escuchados. El testimonio de nuestra vida se realiza antes de hablar en escuchar, en aceptar y acoger  a los demás como camino para la amistad.

Cuando la amistad del Señor llega a lo más íntimo del ser amado, el Espíritu derrama un amor que abre el ánimo con impulso de amistad hacia todos los demás. “Os doy mi mandamiento, dice Jesús: amaos unos a otros como yo os he amado (Jn 15,12; 13,34). Cuanto más penetra la efusión del Espíritu en nuestro interior, más sabemos abrazar a los otros con amor de amistad. De hecho se nos capacita para ser “hijos del Padre celestial, que hace salir el sol sobre buenos y malos, y llover sobre justos e injustos” (Mt 5,45; I Jn 4,11).

(…)

Extracto deJosé Luis Vazquez Borau, Carlos de Foucald y la espiritualidad de Nazaret; p. 85 BAC, Madrid, 2001

 Para profunizar:

Benedicto XVI: La adoración eucarística, fuente de vida para la Iglesia” .pdf

José Mª Iraburu “La adoración eucarística” -mercaba.org-



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