Dios y su relacion con María. (Continuación)

Viene de: Dios y su relación con Maria

“Dos textos(…) de la Madre Ángeles Sorazu”, continuación:

Como se realizó el inefable Misterio de la Encarnación del Hijos de Dios en el Seno de María.

(Cfr. volumen I p. 382) -a) “Dios Nuestro Señor no puede contenerse en sí mismo sin comunicarse a la naturaleza humana que le procura tanta complacencia en la persona de la Virgen Santísima, en quien ve representada la familia humana. Arde en divinos incendios hacia los hijos de Adán, y su amor se explaya. El Espíritu Santo desciende a María como río de fuego que procede del seño del Padre y del Hijo, y la volcaniza con sus ardores., la cubre y deifica, y cumple en Ella su infinito anhelo de reproducirse. A su vez Dios Padre la cubre con su sombre, proyecta en la Virgen su Poder generador para que conciba el Hijo divino que engendra en el propio seno y que el divino Espíritu extiende a la Señora.

b) Mientras el Padre y el Espíritu Santo protegen a la Santa Virgen, fecundan su seno virginal y forman el cuerpo de Cristo; el Eterno Verbo fija su mirada en la nada y llama a la vida a la privilegiada Alma predestinada a la Unión Hispostática (Op. Mar. pp. 70-1).

Palabras de la Santísima Virgen

  a) “Cuando me reveló el ángel el secreto de mi predestinación a la Divina Maternidad y la intervención del Espíritu Santo en el Misterio que iba a cumplirse en mi seno, adheríme a esta Persona divina para apoderarme de su vida, asimilármela, y cooperar al casto Misterio con la perfección que anhelaba. Del propio modo me adhería a la primera Persona de la Trinidad para asimilarme su poder fecundo y  reproducir la Generación, concibiendo en mi seno el Hijo divino que posee en el suyo”

  b)En el éxtasis inefable que me produjo la doble asimilación, las corrientes divinas que circulaban  por mi vida, en mística soberana unión con el Espíritu Divino, concebí milagrosamente en mi seno al eterno Hijo de Dios, lo revestí de carne, comunicándole con la naturaleza los sentimientos que me animaban.  

 c) Efectuado el  inefable misterio, mi inteligencia se adhirió al pensamiento del Hijo que albergaba en mis entrañas, mi corazón al amor que lo abrasaba, mi voluntad a sus designios de divina glorificación y humana salvación, mi  vida se perdió en la suya, como se pierde el Padre en la eterna Generación, el Padre y el Hijo en la Procesión, y el Espíritu Santo en su obra maestra: la Encarnación, por la perfecta difusión o comunicación absoluta de sus tesoros transferibles a la naturaleza humana sostenida por el Verbo. En adelante, fue Jesús mi único pensamiento, mi único amor, el alma de mi vida, la vida de mi alma. Toda mi perfección y mérito extraordinario consistió en la imitación de Cristo, en repetir sus operaciones y trasladar a mi alma sus virtudes”. (Op. Mar. pp. 19)

El bien que proporciona la vida mariana en las crisis místicas

(cf.. vol. I, p. 116) “Le debo asímismo la facilidad con que vencí los obstáculos que me salieron al encuentro en mi nueva vida; mi fidelidad a la gracia mi resignación en las dolorosas pruebas, en una palabra, todo el bien habido en mi alma. Si no hubiera intervenido la Santísima Virgen, continuaría todavía en mi vida tibia, en el desierto de la vida espiritual, como los israelitas en los arenosos desiertos de Egipto; no hubiera entrado en el purgatorio y mucho menos en la tierra de promisión de la intimidad divina, sino que mi vida se hubiese consumado en el período de la purgación prolongándose éste hasta la muerte, como acontece a muchas almas; las cuales, encandiladas con los primeros albores de la contemplación por gozar las delicias que les procura el tratamiento amoroso de Nuestro Señor , descuidan la práctica de la vida mariana, y cuando llega la noche de la prueba y Jesús se oculta a sus miradas, esperan su vuelta con los brazos cruzados cinco, diez, quince años, hasta que cansadas de esperarle se abandonan a la desesperación y muchas salen del purgatorio más viciosas que lo fueron antes de experimentar las delicias de la piedad, y más de una perdieron todos los dones que poseían hasta la vocación y la fe; todo esto porque no se cimentaron en la Virgen Santísima, sino que rechazaron la vida en unión de María, pensando que arribarían más pronto a las playas de la divina unión, buscando directamente a Jesucristo. ¡Pobrecitas! (Vida, II, 9, pp. 87-88)

[Tomado de la revista “El Amor Misericordioso”, nº 45, Sep. 2006]

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Una respuesta

  1. Mil gracias María mujer de Oración y intimidad con Dios.

    Unidos en oración y mil gracias

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