Pueblo de Dios, “Tu Tierra” 30 años viviendo en comunidad, “abiertos a lo inesperado”

Pueblo de Dios, 30 años de comunidad

Queridos todos los que a lo largo de 40 años nos habéis llamado, ayudado, impulsado y mantenido en la búsqueda del Espíritu de Dios.

Fruto de tanta tarea continua, os comunicamos que el próximo sábado 8 de octubre, celebraremos, alabaremos y agradeceremos a Dios la existencia de Pueblo de Dios, “Tu Tierra”. Cumple 30 años viviendo en comunidad, “abiertos a lo inesperado”, y tratando de recibirlo todo como “Providencia de Dios”.

En este día, nos acompañará nuestro pastor, D. José Vilaplana Blasco. A las 12.30 h. tendremos la Santa Eucaristía. A lo largo de la mañana D. José nos mostrará todo lo concerniente a cuanto está rezando y haciendo a favor de la tierra, de su historia y del espíritu recibido. Está trabajando intensamente en hacer de todo lo sucedido una realidad radicalmente diocesana, incorporándola, no parcialmente, sino como razón querida por el Espíritu, nacida y proyectada gracias a que nunca quiso ser ni buscar prosélitos de lo que podía haber entendido como “causa parcial”, sino servir a su “Pasión por el Todo”, siendo fermento de Comunión Trinitaria, que es el resultado de su largo e intenso camino.

Te pedimos que lo recuerdes, lo reces, te hagas presente, si puedes, y lo comuniques a todos los que conoces, que en el correr del tiempo hicieron de “Pueblo de Dios, Tu Tierra” algo más que palabras, gracias a Dios y a ÉL en todos, en un sueño hecho realidad, que cada día se abre y universaliza más.

Todo lo ha hecho Dios, ha sido un milagro patente. Que sigamos caminando juntos y podamos decir que sus siervos inútiles, todos juntos, hicieron lo que debieron ser.

Comunícanos tu presencia y tu oración. Gracias por todo.

Seguimos caminando

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Aqui podeís ver parte de la presentacion que la comunidad comparte en su pagina web: http://www.todosuno.org/pueblodedios/

os invito a conocerla dirigiendoos al enlace,  desde este pequeño anticipo… ¡Cuánto bien nos ha hecho caminar con vosotros en espíritu, unidad y verdad. Gracias… ¡Pueblo de Dios!

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Quienes somos

La tierra de Pueblo de Dios ha recibido y comprendido, más allá de los deseos, intuiciones, conocimientos y hechos vividos por quienes la han habitado y dado continuidad hasta descubrir lo que Dios ha querido de ella, que es una realidad que se plantea diariamente la consonancia de la vida con el Espíritu que mueve los textos de los Hechos de los Apóstoles sobre las primeras comunidades cristianas. Este mensaje es menester que nos lo planteemos profundamente todos los cristianos. La existencia de Jesús en la tierra no tiene sentido alguno si no es para prender un fuego de Amor en la tierra que la cubra, y engendre ese Amor tal cual Dios Padre es, Jesús Hijo vive, y el Espíritu Santo sopla permanentemente, donde, cómo y cuando quiere.

Finalmente, la tierra en la que nace Pueblo de Dios quiere estar abierta, asumir y dar entidad de Dios a todo ser que respira, catapultándolos a hacerse UNO con todos, bajo una conciencia sin tiempo, en la que cualquier realidad, gesto, acción u omisión abarca a todos los seres creados, desde su inicio hasta que el hombre haya entendido la universalidad de la fraternidad divina, la razón salvífica de Dios para todos.

En su estructura fundamental más genuina, vive la necesidad y la urgencia de creer en Dios; en su Palabra; en su Alianza Nueva y Eterna con el hombre; en la Misericordia y la Paciencia que nos muestra hasta que se cumpla la profecía apocalíptica del Cielo Nuevo y la Tierra Nueva, de la que hemos de dar razón con nuestra vida todos aquellos que nos sentimos llamados a seguirle.

Regla única

La “REGLA ÚNICA” nace inconscientemente, provocado por la necesidad de vivir el Evangelio comunitariamente, no desde reglas o encorsetamientos históricos, sino desde un enfrentamiento vivo y real permanente ante la Palabra de Dios.

Aparece en los comienzos de los años 70 cuando los seglares, en su búsqueda por vivir un compromiso cristiano mayor dentro de la sociedad, se les hace entender que éste ha de serlo “viviendo en Comunidad”. Al intentarlo se encuentran con la realidad comunitaria religiosa de siglos. Por ser ésta la única referencia del momento, cuando se intenta “poner en práctica”, se produce una “réplica inconsciente”. Así nace la REGLA ÚNICA.

Fuente: doc. 361

Es un camino de búsqueda del Espíritu de Dios cuya línea fundamental
es el encuentro profundo con el ser y el sentir de Jesús
en la vivencia sencilla de grupos familiares.
La culminación de toda esa búsqueda es llevar a la práctica
la vivencia del “todos juntos”.

Sin embargo, para ello “no habrá en el grupo ni alabanza ni toques de atención;
los miembros buscarán la comunidad de la alegría y de la tristeza,
de la abundancia y de la pobreza,
pero llegando a ella sin coacción, ni sometimiento ni siquiera invitación.
Es la forma comunitaria que concreta el deseo de vivir en libertad el Espíritu de Dios,
de manera que sea en la profundidad de esa vivencia
donde los demás vean una imagen de Dios que anime, enamore
y les lleve a querer vivir y participar de los mismos valores,
puestos a disposición de Dios y al servicio de los hombres.”

No habrá en la vida del Pueblo de Dios ni reglas ni estatutos, pero sí principios.
Estos principios indispensables para convivir fraternalmente
nacen del enfrentamiento radical y constante de la comunidad con la Palabra
y serán los que cada uno se exija a sí mismo al profundizar cada día en el Evangelio,
tratando de establecer un paralelismo entre la vida de Jesús y su propia vida.
La vivencia profunda en Cristo de cada seguidor suyo, y no el sometimiento a la norma,
es lo que construye la comunidad y lo que da fuerza y exigencia
a las vidas de aquellos que quieren comprometerse.

La pobreza de la falta de reglas o estatutos quiere asemejarse

a la situación de Jesús en la cruz: en ella, su debilidad fue su mayor fuerza.
Para los miembros de la comunidad cristiana, la carencia de reglas
y el compromiso de vivir como Jesús vivió, buscando sólo ser fiel
a la voluntad que el Padre le iba mostrando, será su mayor compromiso.
La fidelidad a esa falta de normas nos obliga a una guerra interior constante
para que nuestra actuación no sea nunca causa de norma.

La regla única es una llamada a la autenticidad y a la autoexigencia.
Sólo cuando nuestro alimento es el enfrentamiento desnudo con el Evangelio,
sólo cuando hacemos de la Palabra una fuente de vida,
somos capaces de vivir sin leyes de hombres
y fieles al “mandamiento único”: amaos.

 

 

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Una respuesta

  1. Sólo puedo decir gracias unidos en oración

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