Llamadas. Entrevista a Néstor Alzate


Néstor Alzate   (Monje camaldulense)

Vivir en soledad y entregados plenamente a la oración y el silencio. Es la forma de vida que han elegido los cinco únicos monjes camaldulenses que existen en España. El yermo se levanta en la frontera entre Burgos y la Rioja. El último en ingresar en la orden es el colombiano Néstor Alzate. Lo hizo hace once años tras una vida azarosa. En el mes de noviembre (2007) fue ordenado sacerdote.

Usted llegó a la congregación de la Camáldula tras una intensa vida que, según afirma, ha estado siempre guiada por la mano de Dios.

La verdad es que sí. El Señor ha hecho una historia maravillosa en mi vida que yo jamás imaginaba. En mi juventud vine a Europa desde Colombia. En Londres conocí a mi esposa, me casé, pero al poco tiempo decidí volver a mi país. No fue una decisión muy consciente. Pero me doy cuenta de que Dios nunca me ha quitado la mano de encima, porque en Colombia conocí el camino neocatecumenal. Yo sentía, entonces, que algo faltaba en mi vida y fue cuando pedí a Dios que me iluminara. Después de 19 años de separación de mi esposa, le escribí una carta contándole que había conocido el camino neocatecumenal y, cuál fue mi sorpresa cuando al mes recibí una carta de ella contándome que también ella formaba parte de este movimiento. Estaba claro, el Señor nos estaba hablando a través de esa circunstancia.

“Ser ordenado sacerdote es el mayor regalo que he recibido en mi vida”

¿Qué hizo usted entonces?

Yo oré mucho, y Él, a través de los catequistas, me decía que hiciera mi vida con mi esposa. Así fue. Se lo propuse a ella y, después de 19 años de separación, yo regresé a Londres. Fue una etapa muy difícil y hermosa al mismo tiempo. A través del camino neocatecumenal pudimos ir venciendo las dificultades y conseguimos convivir muy bien. Fueron siete años de oración y entrega al Señor. En ellos, su salud empezó a decaer, fallaban sus riñones, y en diciembre de 1996 sufrió un paro cardíaco y los médicos no pudieron revivirla. Yo le agradecí al Señor que me diera la oportunidad de estar con ella esos últimos años, acompañándola en su enfermedad y resarciéndola un poco de mi vida pasada. Fue una gracia maravillosa porque quizá ella fue mi salvación.

¿Qué ocurrió después?

Yo continué en el Camino Neocatecumenal y, por casualidad, un sacerdote amigo mío fue a visitarme a Londres y me contó que había hecho una experiencia en un monasterio de Burgos y me animé ha hacer yo también esa experiencia. Vine en el 2001 y estuve aquí un mes y medio. Me pareció un entorno y un ambiente muy bonitos y sentí que el Señor posiblemente me llamaba a vivir esta clase de vida, como monje y eremita. Entré definitivamente en el yermo en el año 2002 y estoy realmente feliz.

¿Cómo vivió ese paso de recluirse en una celda para pasar el resto de la vida?

Tenemos que ver la misericordia de Dios. El paso que he dado ha sido fácil pero también difícil en el sentido de que adaptarse, en un principio, a esta vida no es fácil porque es austera, de soledad y oración, pero es muy hermosa. No se siente tanto la soledad porque uno aquí está lleno de Dios y uno ve al Señor en los hermanos, en la naturaleza. Incluso, cuando uno se levanta a las cuatro o cinco de la mañana a hacer la primera oración es el Señor el que nos está esperando en la capilla.

¿Cuáles son las características propias de la vida de un monje camaldulense?

Es una vida eremítica porque vivimos en una celda, individualmente, pero es también cenobítica, porque hademos el Oficio Divino en comunidad. Es una idea de nuestro fundador, san Romualdo, de hace mil años.

“Nosotros no vivimos aislados, sino unidos a la Iglesia. Pensamos en todos los problemas que hay en el mundo y oramos por todos”

¿Cómo se acostumbra una persona a vivir en soledad y con tanta austeridad?

Es una vida llena de paz y tranquilidad, aunque no es fácil. Pero uno ve la mano del Señor y es Él el que todos los días nos anima a seguir adelante, a amarlo mucho, a compenetrarnos y vivir siempre unidos a Él.

Acaba de ser ordenado sacerdote, ¿cómo se siente?

Es el mayor regalo que he recibido en mi vida. Me siento feliz interiormente y nunca podré agradecer a Dios semejante regalo. En vez de castigarme, me quiere más.

Esta vida no es bien entendida en la sociedad actual. ¿Por qué cree que es así?

Realmente es difícil de comprender ahora, ya que la espiritualidad en este mundo se ha perdido un poco, pero realmente uno encuentra aquí mucha tranquilidad y uno se compenetra con Dios a través de la naturaleza, a través de los hermanos.

Si quienes no lo entienden tuvieran la experiencia que se vive aquí, de paz, de alegría y de tranquilidad, yo creo que muchos estarían haciendo cola para entrar en el Monasterio.

¿Qué aporta a la Iglesia esta comunidad de eremitas?

Nosotros no vivimos aislados, sino unidos a la Iglesia. Pensamos en todos los problemas que hay en el mundo y oramos por todos, por la Iglesia, por los que no creen, por los enfermos, por los misioneros, por tantos sacerdotes que están haciendo su misión con dificultades, por los que están en los países pobres o son perseguidos. Somos muy conscientes de todo ello y nuestra misión es orar por todos. Estamos unidos a la Iglesia por la oración, que es lo más hermoso.

Publicado en lahesiquia.wordpress.com

Fuente Cf: http://www.archiburgos.org/sembrar/853/entrevista.htm

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