La inspiración de Juan XXIII…

50º aniversario de la convocatoria del Concilio Vaticano II (25-12-1961)

Fue el 25 de enero del año 1959, cuando Juan XXIII –sólo llevaba tres meses ocupando la Silla de Pedro- al finalizar las oraciones del Octavario por la unidad de los cristianos, en el día de la conversión del apóstol san Pablo, comunicaba por sorpresa a los allí presentes la convocatoria de un concilio ecuménico para toda la Iglesia católica. Convocatoria que el propio Papa hizo efectiva a los dos años, el día de Navidad de 1961, mediante la Bula Papal Humanae salutis (25-12-1961).Con ella se ponía así en marcha un nuevo Concilio cuando oficialmente no se había aún clausurado el Vaticano I. En estas Navidades recordamos y celebramos la santa locura del que decían ser un Papa de transición. De la Bula seleccionamos una serie de párrafos más salientes.

La Bula Humanae Salutis de Juan XXIII (25 diciembre 1961)

Convocar un Concilio Ecuménico no es una tarea sencilla. Exige una serie de formalidades legales para su validez. Pero además, lleva consigo una solemne proclamación dirigida a toda la cristiandad. Ese día nace el Salvador, pero también nacía una ilusión para todos aquellos deseaban aire fresco en la Iglesia tras el difícil pontificado de Pío XII.

Este es el título de la Bula: “Constitución Apostólica Humanae salutis de nuestro santísimo Señor, Juan por la divina providencia Papa XXIII, por la que se convoca el Concilio Vaticano II”. Consta de 24 párrafos numerados, en los que se expresan los motivos de esta convocatoria, los objetivos del Concilio y algunos de los medios para llevarlos a cabo.

El Papa inicia el texto de la Bula con un reconocimiento de que Dios es el Señor de la historia. Y prosigue:

“La Iglesia asiste en nuestros días a una grave crisis de la humanidad, que traerá consigo profundas mutaciones. Un orden nuevo se está gestando, y la Iglesia tiene ante sí misiones inmensas, como en las épocas más trágicas de la historia. Porque lo que se exige hoy de la Iglesia es que infunda en las venas de la humanidad actual la virtud perenne, vital y divina del Evangelio. La humanidad alardea de sus recientes conquistas en el campo científico y técnico, pero sufre también las consecuencias de un orden temporal que algunos han querido organizar prescindiendo de Dios. Por esto, el progreso espiritual del hombre contemporáneo no ha seguido los pasos del progreso material. De aquí surgen la indiferencia por los bienes inmortales, el afán desordenado por los placeres de la tierra, que el progreso técnico pone con tanta facilidad al alcance de todos, y, por último, un hecho completamente nuevo y desconcertante, cual es la existencia de un ateísmo militante, que ha invadido ya a muchos pueblos”.

Para seguir Leyendo el Extacto clic aquí

Para acceso al texto completo de la Humanae Salutis 

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