TIEMPO DE NAVIDAD. Compartiendo la Palabra.

Evangelio Misionero del Día: 07 de Enero de 2012 –

TIEMPO DE NAVIDAD – SABADO DE LA SEMANA II

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 4, 12-17. 23-25
Cuando Jesús se enteró de que Juan Bautista había sido arrestado, se retiró a Galilea. Y, dejando Nazaret, se estableció en Cafamaúm, a orillas del lago, en los confines de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliera lo que había sido anunciado por el profeta Isaías:
“¡Tierra de Zabulón, tierra de Neftalí,
camino del mar, país de la Transjordania,
Galilea de las naciones!
El pueblo que se hallaba en tinieblas
vio una gran luz;
sobre los que vivían en las oscuras regiones de la muerte,
se levantó una luz”.
A partir de ese momento, Jesús comenzó a proclamar: «Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca».
Jesús recorría toda la Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, proclamando la Buena Noticia del Reino y sanando todas las enfermedades y dolencias de la gente. Su fama se extendió por toda la Siria, y llevaban a todos los enfermos, afligidos por diversas enfermedades y sufrimientos: endemoniados, epilépticos y paralíticos, y Él los sanaba. Lo seguían grandes multitudes que llegaban de Galilea, de la Decápolis, de Jerusalén, de Judea y de la Transjordania.

Que creamos en el nombre de su Hijo, Jesucristo

La lectura que se nos propone para este día es muy consoladora. Estamos en el tiempo de Epifanía, o sea, en el tiempo de ver las manifestaciones de Dios a todos los hombres. A nosotros los cristianos que a veces vemos como las contrariedades de la vida, los caminos a escoger, la postura que tenemos que adoptar, parece que nos lleva lejos de nuestras creencias religiosas, es como un rompernos interiormente al no saber si estamos actuando o no según el corazón de Dios. Esta carta de San Juan es luz para seguir caminando con la confianza de que si intentamos seguir estos puntos estaremos muy cerca de vivir en el querer de Dios.

Se nos habla de orar, de creer y de amar. Estos tres términos acciones y opciones, van siempre unidos y nuestros pesares y tropiezos vienen al separarlos. Quien no cree en Jesús como Hijos de Dios, no podrá nunca elevar una oración al Padre, su corazón estará siempre inquieto y vacio ya que no podrá llegar a conocer la profundidad de la amistad y del amor. Amor que se manifiesta y se da a los hermanos, pero que nace y la llega a plenitud en el amor de Dios, en su presencia en cada uno de nosotros. Examinemos pues en quien creemos, a quien oramos y como amamos, para que en esto podamos conocer el espíritu de la verdad y no tenga sobre nosotros ninguna fuerza el espíritu del error.

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