Taller de Oración: El orante se expresa

El orante se expresa (I)

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Nicolás Caballero, cmf (Iris de Paz) – 

El orante necesita hacer algo, decir algo, expresarse, de algún modo. Necesita darle alguna ‘visibilidad’ a su relación.

– Ahora entiendo. Ahora advierto lo que en algún momento no conseguía entender. Yo no sabía orar y con frecuencia me quejaba a un amigo mío que vivía en Arizona. Algo intuía en él que me llamaba la atención y me daba confianza. Le dije en varias ocasiones:

– Yo no sé orar.

– Pues, es muy sencillo-me repetía siempre-. Ponte en la presencia de Dios; abre tus manos. Y espera.

– Mucho tiempo he pasado sin entender. Hasta ahora. Ahora sí entiendo -me dijo-. Ahora sí entiendo.

Es el valor del ‘gesto puro’: una situación, una postura-en este caso- que refleja adecuadamente y sin conflicto y sin engaño el estado de un alma en un momento determinado. Es hermoso y ayuda el encontrar refugio en un gesto que puede salir del alma y reflejarla. Eso nos permite otra manera de ponernos en la presencia de Dios.

Entendió el valor de un gesto, aparentemente desdeñable como para confiarle nuestra mente, nuestra relación secreta y amorosa; nuestra alma, en definitiva. Y que pueda ser un gesto de oración, al alcance de todos.

Un pobre, sentado, extendía la mano al que pasaba. Alguien le dijo:
entra
– ¿Qué quieres?
– Si no sabes entender mi gesto, ¿de qué servirían mis palabras?-respondió.

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El orante se expresa (II)

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Nicolás Caballero, cmf – 

Ignacio de Loyola aconseja crear ‘gestos’; en el fondo, ‘modelos mentales y emocionales, al mismo tiempo que corporales’, en los que trata de enseñar a verter la propia relación de amor:

“La 4ª; entrar en la contemplación, quándo de rodillas, quándo prostrado en tierra, quándo supino rostro arriba, quándo asentado, quándo en pie, andando siempre a buscar lo que quiero. En dos cosas advertiremos: la primera es, que si hallo lo que quiero de rodillas, no pasaré adelante, y si prostrado, asimismo, etc., la segunda, en el punto en el qual hallare lo que quiero, ahí me reposaré, sin tener ansia de pasar adelante, hasta que me satisfaga” (EE. De san Ignacio, [76] 4- addición).

Es bello recuperar el cuerpo como   lugar de una relación de amor a Dios.

“… es preciso saber que uno reza con su cuerpo. (…) Esto puede ser evidente, pero en el cristianismo, pese a su origen de religión encarnada, se había convertido de tal modo en una religión del alma – un platonismo para el pueblo, decía Nietzs-che – que había olvidado la parte del cuerpo en la oración” (Jean Claude Barre -au, La oración y la droga).

Para que el gesto sea sincero y, por eso mismo, válido, ha de contener el alma, el corazón, la conciencia, la voluntad. Así, sólo así será un gesto veraz. Crea un gesto, que te contenga.

Hay gestos de manos caídas, inclinaciones; gestos de ofrecimiento; gestos de abandono, gestos que contienen las mil variaciones del alma, del ánimo, de la conciencia y de nuestra forma de ‘contar’ nuestros modos de presencia en la Presencia de Dios.

El gesto puede ser, en definitiva, la corporalización de nuestra fe y la manera de testimoniarla.

“Orar prolongadamente . es llamar a la puerta de aquel que nos escucha. Porque, con frecuencia, la finalidad de la oración se logra más con lágrimas y llantos que con palabras y expresiones verbales”

Nicolás Caballero, cmf.

Fuente Ciudad Redonda, Capilla de Oración 

           Link de Hoy:  Ciudad Redonda.

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