Primer domingo de Cuaresma. Joseph Ratzinger

MEDITACIONES PARA EL PRIMER DOMINGO DE CUARESMA

JOSEPH RATZINGER

«Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto» (Lc 4,1): con su bautismo, Jesús dio  comienzo a su misión pública de Siervo de Dios, de Cordero de Dios, de Hijo del hombre,  de Mesías.

Recibir el bautismo de manos de Juan fue un acto de penitencia, acto que se iniciaba con  la confesión de los pecados (Mc 1,5; Mt 3,6). Descendiendo al río y haciéndose lavar,  Jesús realiza un gesto de humildad, una humilde súplica de perdón y de gracia. En otras  palabras: este descendimiento es una muerte simbólica al hombre viejo para alcanzar la  gracia de una vida nueva. Jesús, el Cordero sin pecado, se incorpora a la fila de pecadores  que espera -por así decirlo- ante el confesonario; con este gesto se hace uno de tantos  pecadores que reciben el sacramento de la penitencia. Esto significa que en este preciso  momento comienza su hora, la hora de la cruz. Jesús se hace nuestro representante y  carga sobre sí nuestro yugo.

BAU/MISION: En adelante, ya no hay vida privada para El; su vida es obediencia plena a  la voz del Espíritu. Su vida es enteramente misión: representa nuestra vida ante el Padre;  es, pues, en lo más íntimo y profundo de su realidad espiritual, vida «para» nosotros.  Cuando recibimos el bautismo, nos introducimos en su bautismo. El bautismo cristiano  señala el momento en que entramos en su vida, en este «para», que es la esencia de la  humanidad del Hijo de Dios. En consecuencia, ser bautizado exige participar en la  obediencia del Hijo, en la obediencia de aquel que no hace su voluntad, sino la voluntad del  Padre bajo la dirección del Espíritu Santo.

DESIERTO/QUÉ-ES: Pero volvamos al texto: el Espíritu lleva a Jesús al desierto. ¿Qué  sentido tiene esta sorprendente conducción? Reflexionemos un poco sobre qué significa «el  desierto».

1. El desierto es el lugar del silencio, de la soledad; es alejamiento de las ocupaciones  cotidianas, del ruido y de la superficialidad. El desierto es el lugar de lo absoluto, el lugar de  la libertad, que sitúa al hombre ante las cuestiones fundamentales de su vida. Por algo es el  desierto el lugar donde surgió el monoteísmo. En este sentido, es lugar de la gracia. Al  vaciarse de sus preocupaciones, el hombre encuentra a su Creador.

Las grandes cosas comienzan siempre en el desierto, en el silencio, en la pobreza. No se  puede participar en la misión de Jesús, en la misión del Evangelio si no se participa en la  experiencia del desierto, sin sufrir su pobreza, su hambre. Aquella bienaventurada hambre  de justicia, de la que nos habla el Señor en el Sermón de la Montaña, no puede nacer  estando el hombre harto de todo. Y no olvidemos que el desierto de Jesús no acaba con  estos cuarenta días. Su último desierto, su desierto extremo, será el del salmo 21: «¡Dios  mío, Dios mío! ¿Por qué me has abandonado?» Y de este desierto brotan las aguas de la  vida del mundo.

Estos Ejercicios quieren ser un momento de desierto en medio del tráfago de nuestras  ocupaciones. Roguemos al Señor que nos lleve de su mano, que nos permita descubrir  aquel silencio profundo donde habita su palabra (cf. Sb/18/14: «Dum medium silentium  tenerent omnia… omnipotens sermo tuus venit de caelis…»).

2. El desierto es también el lugar de la muerte: allí no hay agua, elemento fundamental de  la vida. Y así, este lugar, de ardiente y cruda luminosidad, se muestra como el extremo  opuesto de la vida, como abismo peligroso y amenazante. En el Antiguo Testamento, la  soledad forma parte de la muerte: el hombre, como persona, vive de amor, vive de relación,  y precisamente en este sentido es imagen del Dios Trinitario, cuyas personas son  relationes subsistentes, acto puro de la relación del amor. El desierto, por tanto, no es  únicamente la región que destruye la vida biológica; es también el lugar de la tentación, el  lugar donde se pone de manifiesto el poder del diablo, del «homicida desde el principio» (Jn  8,44). Al entrar en el desierto, Jesús se pone al alcance de este poder, se enfrenta con este  poder, continúa el gesto de su bautismo, el gesto de la Encarnación; no sólo se sumerge en  las aguas profundas del Jordán, sino que también baja a las profundidades de la miseria  humana, hasta sumergirse en las regiones del amor quebrantado, en aquellas soledades  que invaden de un extremo al otro este mundo herido por el pecado. Un teólogo del siglo V  decía: Jesús bajó a los infiernos cuando se encontró con Caifás. ¡Cuántas veces Jesús  encuentra a Caifás, aun en nuestros días! De ahí podemos tomar pie para meditar qué  significa «seguir a Jesús».

Por otra parte, este descender Jesús a la soledad expresa la infinitud del amor divino y  confirma las maravillosas palabras del salmo 138: «Si subiere a los cielos, allí estás tú; si  bajare al seol, estás presente» (v.8).

NU/000040-AÑOS: 3. Al entrar en el desierto, Jesús entra también en la historia de la  salvación de su pueblo, del pueblo elegido. Esta historia comienza a raíz de la salida de  Egipto, con los cuarenta años de peregrinación a través del desierto; en el centro de estos  cuarenta años están los cuarenta días de Moisés en el monte: días con Dios cara a cara,  días de ayuno absoluto, días de alejamiento del pueblo en la soledad de la nube, en la cima  del monte; de estos días brota la fuente de la revelación. Los cuarenta días aparecen de  nuevo en la vida de Elías; perseguido por el rey Ajab, el profeta camina durante cuarenta  días por el desierto, volviendo así al punto de origen de la alianza, a la voz de Dios, para un  nuevo principio de la historia de la salvación.

Jesús entra en esta historia, entra en las tentaciones de su pueblo, en las tentaciones de  Moisés; como Moisés, ofreció el sagrado canje: ser borrado del libro de la vida para salvar  a su pueblo. De este modo, Jesús será el Cordero de Dios que carga sobre sí los pecados  del mundo, el nuevo Moisés que está verdaderamente «en el seno del Padre» y, cara a  cara con El, nos lo revela. El es verdadera fuente de agua viva en los desiertos del mundo;  El, que no sólo habla, sino que es la palabra de la vida: camino, verdad y vida. Desde lo  alto de la cruz, nos da la nueva alianza. Con la resurrección, el verdadero Moisés entra en  la Tierra Prometida, cerrada para Moisés, y con la llave de la cruz nos abre las puertas del  Paraíso.

Jesús, por tanto, asume y concentra en sí toda la historia de Israel. Esta historia es su  historia: Moisés y Elías no sólo hablaron con El, sino de El. Convertirse al Señor es entrar  en la historia de la salvación, volver con Jesús a los orígenes, a la cumbre del Sinaí,  rehacer el camino de Moisés y de Elías, que es la vía que conduce hacia Jesús y hacia el  Padre, tal como nos la describe Gregorio de Nisa en su Ascensus Moysis.

Hay otro punto que me parece también importante. Jesús se va al desierto para ser  tentado; quiere participar en las tentaciones de su pueblo y del mundo, sobrellevar nuestra  miseria, vencer al enemigo y abrirnos así el camino que lleva a la Tierra Prometida. Pienso  que todo esto pertenece particularmente al oficio del sacerdote: mantenerse en primera  línea, expuesto a las tentaciones y a las necesidades de una época concreta, soportar el  sufrimiento de la fe en un determinado tiempo, con los demás y para los demás. Cuando la  filosofía, la ciencia o el poder político levantan obstáculos contra la fe, es normal que los  sacerdotes y los religiosos sientan su impacto antes incluso que los laicos; arraigados en la  firmeza y en el sufrimiento de su fe y de su oración, deben ellos construir el camino del  Señor en los nuevos desiertos de la historia. El camino de Moisés y de Elías se repite  siempre, y así la vida humana entra en todo tiempo en la única senda y en la única historia  del Señor Jesús.

Fuente: Mercaba.org

Texto Completo

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SÁBADO DE CENIZA: Sígueme


25 DE FEBRERO, SÁBADO DE CENIZA
(Is 58, 9b-14, Sal 85; Lc 5, 25-32)

PALABRA VIVA:

«Cuando destierres de ti la opresión, el gesto amenazador y la maledicencia, cuando partas tu pan con el hambriento y sacies el estómago del indigente, brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad se volverá mediodía. El Señor te dará reposo permanente, en el desierto saciará tu hambre, hará fuertes tus huesos, serás un huerto bien regado, un manantial de aguas cuya vena nunca engaña; reconstruirás viejas ruinas, levantarás sobre cimientos de antaño; te llamarán reparador de brechas, restaurador de casas en ruinas.”

MÁXIMA DE VIDA:

-«Sígueme.»ACOMPAÑAMIENTO ESPIRITUAL:
La felicidad posible en este mundo depende de escuchar la voz de Dios, descubrir la propia llamada y seguirla. La llamada no se inventa, no se consigue por empeño, es una gracia que se recibe, pero que hay que acoger. El secreto de la alegría, de la plenitud de vida, de las fuerzas en la tarea, se debe a la coincidencia con el querer divino. Quien se atreve a decirle a Dios: “Lo que tú quieras”, se diviniza.

TESTIMONIO:

San Agustín, en sus confesiones, nos refiere cómo vivió ansioso, sin reposo, agitándose tras la felicidad, hasta escuchar la voz íntima y percibir el amor con que era amado. “Tarde te amé, Hermosura tan antigua y tan nueva. Tú estabas dentro de mí, y yo fuera”.ENSEÑANZA:

Ciertamente, no es una casualidad que las grandes espiritualidades que han marcado la historia de la Iglesia hayan surgido de una explícita referencia a la Escritura. Pienso, por ejemplo, en san Antonio abad, movido por la escucha de aquellas palabras de Cristo: «Si quieres llegar hasta el final, vende lo que tienes, da el dinero a los pobres –así tendrás un tesoro en el cielo– y luego vente conmigo» (Mt 19,21) (Benedicto XVI, Verbum Domini 48).ORACIÓN

“Inclina tu oído, Señor, escúchame, que soy un pobre desamparado; protege mi vida,que soy un fiel tuyo; salva a tu siervo, que confía en ti”.
Blog católico de oraciones y reflexiones pastorales sobre la liturgia dominical. Para compartir y difundir el material brindado. Crremos que Dios regala Amor y Liberación gratuita e incondicionalmente.

Cuaresma: entrar en el corazón de Dios

CUARESMA: MÓJATE

40 días de… conversión

 

  • Imagínate que un día sales de casa, porque has quedado con alguien con quien sueles encontrarte siempre en el mismo sitio. Antes de salir, no ves que te ha escrito un e-mail diciéndote que no estará allí, sino en otro lugar. Sales de casa, sabiendo de sobra las calles por las que tienes que ir, el autobús que tienes que coger y la parada en la que tienes que bajarte,  porque no entra en tu esquema que haya cambiado sus planes.

    Da la casualidad de que el autobús, se detiene en la parada donde te está esperando tu amigo. Él te ve y te hace señas para que bajes, pero vas a lo tuyo, oyendo música, mirando el reloj porque el autobús se ha retrasado y no te enteras. 

    Él echa a correr hacia la siguiente parada mientras te llama al móvil para decirte que te bajes. Pero con la música, no te das cuenta de que te está llamando. De hecho, ni siquiera ves que la persona que va a tu lado te hace señas indicando que te está sonando el móvil. 

    Tu amigo, viendo que no puede avisarte, decide esperar al siguiente autobús e ir al sitio de siempre y allí contarte lo ocurrido. Es verdad que el resultado es el mismo; un encuentro, pero todo hubiera sido más sencillo si te hubieras planteado que podía haber cambios, o hubieras prestado atención a tu móvil.

    Creo que en la relación con Dios, muchas veces nos ocurre lo mismo. Salimos a buscarle donde siempre le hemos encontrado, sin pensar que puede estar esperándonos en un sitio nuevo. Por eso, tal vez la Cuaresma sea un buen momento para recalcular nuestra ruta y con todo, mirar al móvil de vez en cuando, atentos a sus mensajes.

 

 Dani Cuesta, sj
Publicado por   Pastoralsj.org

«Conviértanse y crean en el Evangelio». Cuaresma 2012. Palabra de Vida

«Conviértanse y crean en el Evangelio» (Mc 1,15)

Así comienza, en el Evangelio de Marcos, el anuncio de Jesús al mundo, su mensaje de salvación: «El tiempo se ha cumplido, el Reino de Dios está cerca. Conviértanse y crean en el Evangelio».

Con la venida de Jesús surge una era nueva, la era de la gracia y de la salvación. Y sus primeras palabras son una invitación a abrazar la gran novedad, la realidad misma del Reino de Dios que Él pone al alcance de todos y lo hace cercano a cada hombre. E indica enseguida el camino: convertirse y creer en el Evangelio, es decir, cambiar de vida radicalmente y aceptar, en Jesús, la palabra que Dios dirige, a través de Él, a la humanidad de todos los tiempos.

La conversión y la fe son dos cosas que van juntas y la una no se da sin la otra, sino que una y otra surgen del contacto con la Palabra viva, de la presencia de Jesús que también hoy repite a las multitudes:

«Conviértanse y crean en el Evangelio»

Lo que realiza la Palabra de Dios, acogida y vivida, es un completo cambio de mentalidad (= conversión). Ella trasfunde a los corazones de todos −europeos, asiáticos, australianos, americanos, africanos− los sentimientos de Cristo frente a las circunstancias, frente a la persona y la sociedad.

¿Y cómo puede el Evangelio actuar el milagro de una profunda conversión, de una fe nueva y luminosa? El secreto está en el misterio que las palabras de Jesús encierran; éstas no son simplemente exhortaciones, sugerencias, indicaciones, directrices, órdenes, instrucciones. En la Palabra de Jesús está presente Jesús mismo que habla, que nos habla; sus Palabras son Él mismo, Jesús mismo.

Y así, nosotros, lo encontramos en la Palabra. Y acogiendo la Palabra en nuestro corazón, como Él quiere que se acoja (o sea, estando dispuestos a traducirla en vida) somos uno con Él y Él nace o crece en nosotros. He aquí por qué cada uno de nosotros puede y debe acoger esta invitación tan apremiante y exigente de Jesús.

«Conviértanse y crean en el Evangelio»

Alguien podrá considerar las palabras del Evangelio demasiado elevadas y difíciles, demasiado distantes del modo de vivir y de pensar común, y estará tentado a cerrarse a la escucha, a desanimarse. Pero eso sucede si uno piensa que debe mover solo la montaña de la incredulidad. Mientras que sería suficiente que uno se esforzara en vivir, aunque fuese una sola Palabra del Evangelio, para encontrar en ella una ayuda inesperada, una fuerza única, una lámpara para sus pasos[1]. Porque siendo esa Palabra una presencia de Dios, el comunicarse con ella libera, purifica, convierte, trae consuelo, alegría, da sabiduría.

«Conviértanse y crean en el Evangelio»

¡Cuantas veces en nuestra jornada esta Palabra puede ser una luz! Cada vez que chocamos con nuestra debilidad o con la de los demás, cada vez que nos parece imposible o absurdo seguir a Jesús, cada vez que las dificultades tratan de abatirnos, esta Palabra puede ser para nosotros un aliento, una bocanada de aire fresco, un estímulo para recomenzar.

Bastará una pequeña, rápida “conversión” del camino para salir de la cerrazón de nuestro yo y abrirnos a Dios, para experimentar otra vida, la verdadera.

Si después podemos compartir esta experiencia con alguna persona amiga, que haya hecho también del Evangelio el propio código de vida, veremos brotar o reflorecer a nuestro alrededor la comunidad cristiana.

Porque la Palabra de Dios vivida y comunicada obra también este milagro: da origen a una comunidad visible, que se convierte en levadura y sal de la sociedad, testimoniando a Cristo en cada rincón de la Tierra.

Chiara Lubich

Publicado en www.focolare.org

Calendario de Cuaresma

FUENTE: CAHTOLI.NET

1. “Cada año la Cuaresma nos ofrece una ocasión providencial para profundizar en el sentido y el valor de ser cristianos, y nos estimula a descubrir de nuevo la misericordia de Dios para que también nosotros lleguemos a ser misericordiosos con nuestros hermanos”. (Benedicto XVI, Mensaje para la Cuaresma 2008).
Propósito: Buscaré un tiempo para leer el Mensaje del Papa para la cuaresma.

2. Dios no acepta el sacrificio de los que provocan la desunión, los despide del altar para que antes se reconcilien con sus hermanos: Dios quiere ser pacificado con oraciones de paz. La obligación más bella para Dios es nuestra paz, nuestra concordia, la unidad en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo de todo el pueblo fiel. (San Cipriano de Cartago).
Propósito: Buscaré acercarme a alguien que me haya ofendido, buscando la mutua reconciliación.

3. El sacrificio no es virtud distinta del amor, es una cualidad del amor, esencial, medida del amor (MMD).
Propósito: Ofreceré a Cristo el pequeño sacrificio de no tomar mucho de algo que me guste particularmente en la comida

4. ¿Por qué quieres dilatar tu propósito? Levántate, y comienza en este momento, y di: Ahora es tiempo de obrar, ahora es tiempo de pelear, ahora es tiempo conveniente para  enmendarme (La imitación de Cristo).
Propósito: Buscaré hablar siempre bien de todas las personas.
5. El mérito de llevar la cruz no está en el peso de ésta, sino en el modo de llevarla. Hay que fijarse en la calidad de las acciones y no es su grandeza y número. (Albino Luciani).
Propósito: Haré tres sacrificios personales, ofreciéndolo por los cristianos que sufren.

6. Lo que cura al hombre no es esquivar el sufrimiento y huir ante el dolor, sino la capacidad de aceptar la tribulación, madurar en ella y encontrar en ella un sentido mediante la unión con Cristo, que ha sufrido con amor infinito. (Encíclica Spe Salvi del Papa Benedicto XVI).
Propósito: ofreceré un pequeño sacrificio hoy por algún familiar que necesite de mis oraciones.
7. Con tan buen amigo presente -nuestro Señor Jesucristo-, con tan buen capitán, que se puso el primero en el padecer, todo se puede sufrir. Él ayuda y da esfuerzo, nunca falta, es verdadero amigo (Santa Teresa de Jesús).
Propósito: Invitaré a otra persona a vivir estos propósitos de Cuaresma.

8. No hay momento tan precioso para pedir a Dios nuestra conversión como el de la Santa Misa (Santo Cura de Ars).
Propósito: Me quedaré cinco minutos después de la misa de este domingo, para agradecerle a Dios especialmente por haberle recibido.
9. La Cuaresma es una oportunidad para “volver a ser” cristianos, a través de un proceso constante de cambio interior y de progreso en el conocimiento y en el amor de Cristo. La conversión no se realiza nunca de una vez para siempre, sino que es un proceso, un camino interior de toda nuestra vida. (Benedicto XVI, Audiencia del 21 de febrero de 2007)
Propósito: Me preocuparé por leer Mensaje del Papa para la Cuaresma

10. Nuestro progreso se realiza por medio de la tentación y nadie puede conocerse a sí mismo si no es tentado, ni nadie puede ser coronado si no ha vencido, ni puede vencer si no ha luchado, ni puede luchar si carece de enemigo y de tentaciones (San Agustín). 
Propósito: Cuidaré que mi trato con los demás sea respetuoso y cortés.
11. Mis ojos están felices porque mis manos enjugan las lágrimas. Hágalo así usted también. Le aseguro que funciona (Beata Teresa de Calcuta).
Propósito: Buscaré dedicar un momento del día para ayudar a alguna persona que lo necesite (familiar, amigo, compañero de trabajo).

12. Lo que cura al hombre no es esquivar el sufrimiento y huir ante el dolor, sino la capacidad de aceptar la tribulación, madurar en ella y encontrar en ella un sentido mediante la unión con Cristo, que ha sufrido con amor infinito. (Encíclica Spe Salvi del Papa Benedicto XVI).
Propósito: ofreceré un pequeño sacrificio hoy por algún familiar que necesite de mis oraciones.
13. El alma que ha consentido la culpa se ha de horrorizar de sí misma y limpiarse lo más pronto que pueda, por el respeto que debe tener a los ojos de Dios, que la está mirando (San Francisco de Sales)
Propósito: Antes de acostarme, examinaré delante de un crucifijo mis faltas, me arrepentiré, pediré perdón por ellas y haré un buen propósito para el día siguiente.

14. Volver a empezar, no correr al primer golpe. Ayer fui malo o menos fervoroso, hoy seré mejor. Ayer pasaron por mi alma muchas lágrimas, muchos quebrantos, muchas cosas que sentir, mañana no pasarán, he de volver a empezar. (MMD) 
Propósito: Haré un esfuerzo especial en mis conversaciones para no sólo evitar hablar mal de los demás, sino incluso resaltar sus cualidades.
15. La conversión consiste en aceptar libremente y con amor que dependemos totalmente de Dios, nuestro verdadero Creador; que dependemos del amor. (Benedicto XVI, Audiencia del 21 de febrero de 2007)
Propósito: Buscaré darle gusto a algún miembro de mi familia con el que no suelo ser muy delicado.

16. Orad, orad, orad; la oración es la llave de los tesoros de Dios; es el arma del combate y de la victoria en toda la lucha por el bien y contra el mal (Papa Pío XII).
Propósito: Me acercaré a recibir la comunión ofreciéndola por el incremento de las vocaciones misioneras.
17. Los demonios no son los que han crucificado a Cristo; eres tú quien, con ellos, lo has crucificado y lo sigues crucificando todavía, deleitándote en los vicios y en los pecados. (San Francisco de Asís).
Propósito: Buscaré un momento para visitar a Cristo en la Eucaristía.

18. ¡No tengáis miedo! ¡Abrid de par en par las puertas a Cristo! Abrid vuestros corazones, vuestras vidas, dudas, vuestras dificultades, alegrías y afectos a su fuerza salvífica y dejad que Él entre en vuestros corazones. ¡No tengáis miedo! ¡Cristo sabe lo que hay dentro del hombre! ¡Solo Él lo sabe! (Juan Pablo II)
Propósito: Ofreceré a Dios mi trabajo o mis estudios por el compañero(a) que más lo necesite.

19. Se da prisa en buscar la centésima oveja que se había perdido […] ¡Maravillosa condescendencia de Dios que así busca al hombre; dignidad grande del hombre, así buscado por Dios (San Bernardo).
Propósito: Hoy buscaré acercarme al sacramento de la confesión, para ir mejor preparado a recibir a Cristo Eucaristía en la misa dominical.

20. El hombre ha sido creado para la felicidad eterna y verdadera, que sólo el amor de Dios puede dar. […] Todo hombre, para poder caminar en la justa dirección, necesita ser orientado hacia la meta final. Esta meta última, en realidad, es el mismo Cristo Señor, vencedor del pecado y la muerte, que se nos hace presente de modo especial en la Celebración Eucarística (Sacramentum Caritatis, n. 30).
Propósito: Invitaré a algún amigo a visitar conmigo a Cristo Eucaristía.

21. Quien no se arrepiente de verdad, no ama de veras; es evidente que cuanto más queremos a una persona, tanto más nos duele haberla ofendido. (Santo Tomás de Aquino)
Propósito: Perdonaré sinceramente a aquellos que hoy me puedan causar alguna molestia o incomodidad, sin hacerles notar que me ofendieron.

22. Podemos aplicar a la confesión la célebre frase de San Agustín: el que te creó sin ti, no te salvará sin ti. También este momento de nuestra vida cristiana ha de ser considerado con humildad de niño y con coraje de hombre (Pablo VI).
Propósito: Haré un acto de servicio a alguien sin que se dé cuenta. Sólo lo veremos Dios y yo.

23. En la Cruz Cristo grita: “Tengo sed” (Jn 19,28), revelando así una ardiente sed de amar y de ser amado por todos nosotros. Sólo cuando percibimos la profundidad y la intensidad de este misterio nos damos cuenta de la necesidad y la urgencia de que lo amemos “como” Él nos ha amado. (Mensaje de SS. Benedicto XVI para la Jornada de la Juventud, 2007)
Propósito: En vez de escuchar música, dedicaré un buen tiempo para conversar con mis familiares o mis amigos.

24. Conoce verdaderamente la Pasión sólo quien reconoce que es también obra suya. […] Soy yo Judas que traiciona, Pedro que niega, la multitud que grita «¡A Barrabás, no a ése!». Cada vez que he preferido mi satisfacción, mi comodidad, mi honor, a Cristo, se ha realizado esto (P. Raniero Cantalamessa).
Propósito: Hoy usaré internet solamente para aquellas cosas relacionadas con mis estudios o trabajo.

25. Cuando estamos con Cristo, nos nace rechazar intensamente el pecado, no tanto por miedo, sino por el santo temor de Dios, por el temor de perder el amor, porque no podemos vivir sin Él. «Quédate conmigo y no permitas que me separe de ti» (P. Álvaro Corcuera, L.C.).
Propósito: Buscaré descubrir a Dios en todo, usando con naturalidad formas como: «gracias a Dios», «si Dios quiere», «que Dios te bendiga», «que Dios te pague».

26. No penséis nunca que sois desconocidos a los ojos de Cristo […] Cada uno de vosotros es precioso para Cristo, Él os conoce personalmente y os ama tiernamente, incluso cuando uno no se da cuenta de ello. (Juan Pablo II, Jornada Mundial de la Juventud. Jubileo del año 2000)
Propósito: Antes de cada comida bendeciré los alimentos.

27. En la tierra hasta la alegría suele parar en tristeza; pero para quien vive según Cristo, incluso las penas se truecan en gozo (San Juan Crisóstomo).
Propósito: Trataré a los demás con paciencia y buenos modales.
28. Date cuenta, pues, de dónde has caído, arrepiéntete y vuelve a tu conducta primera (Ap 2, 5)
Propósito: Dedicaré unos 10 minutos del día para leer la Biblia.

29. Oh hombre, ¿cómo te atreves a pedir, si tú te resistes a dar? Quien desee alcanzar misericordia en el cielo debe él practicarla en este mundo (San Cesareo de Arles).
Propósito: Buscaré algún pobre y le ayudaré con una limosna adaptada a mis posibilidades.

30. Sólo el perdón divino y su amor recibido con corazón abierto y sincero nos dan la fuerza para resistir al mal y para no “pecar más”, para dejarnos golpear por el amor de Dios, que se convierte en nuestra fuerza (Papa Benedicto XVI, 25 de marzo de 2007).
Propósito: Invitaré a una persona a rezar un Padrenuestro en acción de gracias por algún beneficio recibido.

31. Conoce el Señor la fragilidad humana para caer en el pecado, pero, como es bueno, no nos deja desesperar, sino más bien se compadece y nos da la penitencia como remedio saludable (San Cirilo).
Propósito: Haré un esfuerzo especial para cumplir mis tareas y trabajos con perfección y profesionalidad.

32. A la tarde te examinarán en el amor. Aprende a amar a Dios como Dios quiere ser amado y deja tu propia condición (San Juan de la Cruz).
Propósito: Me esforzaré por recibir a todos con una sonrisa.

33. Redimida por su sangre, ninguna vida humana es inútil o de poco valor, porque todos somos amados personalmente por Él con un amor apasionado y fiel, con un amor sin límites. (Mensaje del Papa Benedicto XVI para la Jornada de la Juventud, 2007)
Propósito: En vez de ver la televisión, acudiré a la celebración del Domingo de Ramos y pasaré el resto del día en familia.

34. Si deseamos llegar a la Pascua santificados en el alma y en el cuerpo, debemos poner un interés especialísimo en la adquisición de la caridad. (San Gregorio Magno, Sermón 10, sobre la Cuaresma, 3-5).
Propósito:  Hoy ayudaré a una pesona necesitada.

35. Invitándonos a considerar la limosna con una mirada más profunda, que trascienda la dimensión puramente material, la Escritura nos enseña que hay mayor felicidad en dar que en recibir. (…) Cada vez que por amor de Dios compartimos nuestros bienes con el prójimo necesitado experimentamos que la plenitud de vida viene del amor y lo recuperamos todo como bendición en forma de paz, de satisfacción interior y de alegría(Benedicto XVI, Mensaje para la Cuaresma 2008).
Propósito: Hoy buscaré que uno de mis temas de conversación sea algo relacionado con Dios, dejando de lado cualquier respeto humano o vergüenza.
36. La conversión es primeramente una obra de la gracia de Dios que hace volver a él nuestros corazones: “Conviértenos, Señor, y nos convertiremos” (Lm 5,21). Dios es quien nos da la fuerza para comenzar de nuevo (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1432).
Propósito: Rezaré un viacrucis, pidiéndole a Dios la fuerza para ser un cristiano coherente.

37. El diablo no puede dominar a los siervos de Dios que de todo corazón confían en Él. Puede, sí, combatirlos, pero no derrotarlos (Pastor de Hermas).
Propósito: Haré una visita a la eucaristía, pidiendo por el Papa.
38. Lo que cura al hombre no es esquivar el sufrimiento y huir ante el dolor, sino la capacidad de aceptar la tribulación, madurar en ella y encontrar en ella un sentido mediante la unión con Cristo, que ha sufrido con amor infinito. (Encíclica Spe Salvi del Papa Benedicto XVI).
Propósito: ofreceré un pequeño sacrificio hoy por algún familiar que necesite de mis oraciones.

39. Hay que orar, no para dejar de ser tentados -cosa imposible-, sino para no ser enredados en la tención, como sucede a los que son atrapados y vencidos por ella (Orígenes).
Propósito: Me esforzaré por mantener en orden mi habitación, despacho, escritorio, etc.

40. Reconciliarnos con Dios. A quien no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros para que en Él fuéramos justicia de Dios (2 Cor 5, 20-21)
Propósito: Besaré con gran devoción un crucifijo, en señal de agradecimiento por el don de la fe.

NO QUEDAR PARALIZADOS POR NUESTRO PASADO

VII Domingo del T.O – Ciclo B (Mc 2,1-12)
Por José Antonio Pagola

 

Vivir reconciliado consigo mismo es una de las tareas más difíciles de la vida. De hecho son bastantes los que viven interiormente divididos, rebelándose continuamente contra su propio ser, descontentos de sí mismos, sin aceptarse ni amarse tal como son.
A estas personas se les hace muy difícil portarse bien consigo mismas cuando se sienten culpables. Lo más fácil es enfadarse, denigrarse a sí mismo, condenarse interiormente: «Siempre seré el mismo, lo mío no tiene remedio». Es la mejor manera de paralizar nuestra vida.

Estas personas no pueden sentir el perdón de Dios, porque no saben perdonarse a sí mismas. No pueden acoger su amor, porque no saben amarse. Solo mirándome con piedad y misericordia, como me mira Dios, solo acogiéndome como él me acoge, puede mi vida renovarse y cambiar.

De nada sirve condenarnos y torturarnos, tal vez con la esperanza secreta de aplacar así a Dios. No necesitamos de ninguna autocondena para que él nos acoja. No es bueno hundirnos o rebelarnos. No es esto lo que más nos acerca a Dios, sino la compasión con nosotros mismos y con nuestra debilidad.

Como dice el conocido maestro espiritual Anselm Grün, la llamada de Jesús: «Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso», incluye la misericordia para consigo mismo. Tenemos que ser también misericordiosos con los enemigos que todos llevamos dentro.

El relato evangélico de Marcos nos habla de la fe de los que conducen al paralítico ante Jesús, pero nada se nos dice de la actitud interior del enfermo. Al parecer es un hombre paralizado físicamente y bloqueado interiormente. Jesús lo cura con el perdón: «Hijo, tus pecados quedan perdonados»; puedes vivir con un pasado ambiguo y oscuro; estás perdonado; no permanezcas paralizado por tu pecado; Dios te acoge; levántate y toma tu camilla, asume tu responsabilidad y vive con paz.

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