cielo nuevo y tierra nueva

“Purifica primero el interior de tu alma”

La confesión de los pecados nos libera y facilita nuestra reconciliación con los demás. Cada persona se enfrenta a los pecados de los que se siente culpable; asume su responsabilidad y, por ello, se abre de nuevo a Dios y a la comunión de la Iglesia con el fin de hacer posible un nuevo futuro[1]. Por la confesión de los pecados hecha al sacerdote no se puede dudar que se está presentando ante la misericordia divina para su perdón, de todos los pecados que ha cometido… Porque si el enfermo se avergüenza de descubrir su llaga al médico, la medicina no cura lo que ignora” (Concilio de Trento: DS 1680; cf San Jerónimo, Commentarius in Ecclesiasten 10, 11).

“Cuando empiezas a detestar lo que hiciste, entonces empiezan tus buenas obras buenas, porque repruebas las tuyas malas… Practicas la verdad y vienes…

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Santa Mónica, Patrona de las madres cristianas.

Santa Mónica, Patrona de las madres cristianas.

J. Antonio Doménech Corral (  Fuente: Levante-emv-com)

(…)

La conducta modélica de Santa Mónica como madre fue lo que valió este patronazgo. Porque, esposa de un marido pagano y colérico, jamás entró en altercado con él ganándole con sus atenciones. Hasta lograr su conversión al cristianismo. Y como madre, usando la misma política para recuperar a un Agustín herético que arrastraba vida licenciosa de amores ilegales. Con resultado espectacular. Porque, reintegrado a la oración y al estudio, se convirtió también en personaje modélico y de los genios intelectuales más penetrantes de todos los tiempos. Valerio, obispo de Hipona, le ordenó sacerdote y nombró su ayudante; sustituyéndole en la sede episcopal a su muerte aclamado por toda la comunidad cristiana, admirados de su caridad hasta para con los no creyentes. Y por lo que se refiere a la Virgen del Consuelo, es tradición que se apareció tanto a Santa Mónica para consolarla y mantenerla en la esperanza de la recuperación de su hijo; como a San Agustín para inspirarle el hábito que deseaba vistiera la orden religiosa que tenía la intención de fundar. El mismo con el que se había manifestado a ellos; es decir, negro y correa también negra ceñida.

La fiesta agustina a la Virgen del Consuelo, con una espectacular procesión presidida por el Papa y todos los cardenales, llegó a ser la más importante de Roma desde el siglo XVI hasta principios del XIX y la más extendida en los cinco continentes, con un sentido de esperanza por la paz en el mundo que dio a su celebración el papa Pío VII.

Precisamente en nuestra ciudad se alza una iglesia parroquial dedicada a Santa Mónica que recoge estas esencias agustinas. Se levanta en la plaza de su nombre, al comienzo de la calle de Sagunto, sobre restos de lo que ya fue en un tiempo convento de «mónicos descalzos de San Agustín». Sin que le falte una capilla dedicada a la Virgen del Consuelo y Correa, con imagen que le donaron las religiosas también agustinas del cercano convento de San Julián antes de su demolición en 1944. Razón por la que de sus tres fiestas principales, dos son agustinas: la de su titular Santa Mónica y la de la Virgen del Consuelo. La tercera es la dedicada a la impresionante imagen del «Cristo de la Fe» que venera la parroquia desde 1604, cuando era convento agustino y regaló entonces el arzobispo de Valencia, San Juan de Ribera.

[Leer Articulo completo aquí]

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 A pesar de todo lo que es San Agustín, lo que hace, Dios es capaz de convertirlo. Y para eso está la Fe de su madre. Así veo a la Iglesia, con una Fe poderosa para convertir a sus hijos. (Fr@ncisco, en JUATIS Punto de encuentro de católicos)

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ORACIÓN A SANTA MÓNICA 

Gloriosa Santa Mónica, modelo de madres. Tu vida la admiramos en los vaivenes de tu hogar y sobre todo, siguiendo a tu hijo Agustín. Supiste atraer a tu esposo hacia Dios e igualmente a aquel hijo que había perdido la fe. Le seguías llamándole, orando, llorando… Consíguenos que comprendamos el papel sagrado de las madres y su influencia en el hogar. Confiamos nuestra familia a tu protección.

 Enlace  Película sobre san Agustin

Orar con el Icono de la Virgen de la Ternura

Contemplación de la Virgen de la Ternura

Fuente www.la-oracion.com , P. Evaristo Sada LC

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La oración con iconos

Las palabras interpelan el oído, la imagen se dirige a la vista. El orante ante el icono mira a Cristo y se deja mirar por Él, busca a Dios en silencio contemplativo y se deja encontrar, escucha e interioriza la Palabra que el Espíritu Santo le comunica a través de la imagen. “La pintura tiene que ser para el ojo de la persona, lo que la palabra es para el oído: exhortación, ánimo, instrucción.” (San Basilio) “La iconografía cristiana transcribe mediante la imagen el mensaje evangélico que la Sagrada Escritura transmite mediante la palabra. Imagen y Palabra se esclarecen mutuamente.” (Catecismo 1160) Los iconos cristianos son como ventanas de acceso al misterio de Dios. La imagen que tenemos delante ayuda a entrar en contacto con la imagen de Cristo que llevamos dentro de nuestro corazón.

¿Qué encontramos en el icono de la Virgen de la ternura?

(…) Comparto algunos elementos que a mí me ayudan del icono de la Virgen de la Ternura, o la Virgen de Vladimir. Frente a ella hice mi oración personal esta mañana. Me centré sobre todo en la imagen de la Virgen María.

Recuerda, estas notas son sólo una iniciación, lo más importante en esta forma de oración es la interiorización de la verdad que contiene el icono para de allí pasar al encuentro personal con Dios y al diálogo con Él. No te quedes en la lectura de estas reflexiones, sino detente, contempla la imagen con veneración; no una sino muchas veces y con mucha calma, con la certeza de que el Espíritu Santo te hablará. Se trata de establecer una unión espiritual con María, de sentir cerca a nuestra Madre que está en el cielo y que el icono representa.

– El rostro de María: Destaca la dulzura, la ternura y la intimidad que caracterizan el encuentro personal de la Virgen María y de Jesús y el modo en que María “conservaba todas esas cosas meditándolas en su corazón” (cfr. Lc. 2,19)

El rostro de María refleja el peso del sufrimiento que lleva dentro: “Una espada te atravesará el alma” (Lc 2,34-35) y adopta una actitud de abandono, dejando que su hijo la abrace, abarcándola por completo. Jesús, con un rostro que irradia humanidad y ternura, la protege y la consuela con su mirada compasiva y con el contacto de su mejilla con la de María. Ante la respuesta amorosa de su Hijo, contemplamos a la Virgen María gustando en su interior el Salmo 17,8: “Guárdame como a la niña de tus ojos; escóndeme a la sombra de tus alas.”

La belleza del rostro de María no deslumbra exteriormente; se trata de una belleza interior, propia de quien está impregnada del Espíritu Santo, de cuya gloria es transparencia.

– La mirada. Lo más bello en su rostro son sus ojos: fuente de profunda paz. El secreto de su mirada interior volcada sobre la belleza del misterio de Dios se nos comunica a través de la mirada exterior. La mirada de la Santísima Virgen no se dirige a Jesús sino al orante que está delante. En esos ojos podemos contemplar la profundidad contemplativa de María ante el misterio de la Encarnación del Verbo y el terrible dolor ante sufrimiento redentor de su Hijo prolongado en su Cuerpo Místico que es la Iglesia.

María mira con ternura y tristeza a los que sufren en su peregrinación terrena y a la humanidad pecadora que ofende a Su Hijo. Al mismo tiempo nos está diciendo que no tenemos de qué preocuparnos, pues el Corazón de Jesús nos mira con compasión como lo hace con Ella: Dios es rico en misericordia, es consuelo para el que sufre y es luz para su pueblo que camina en tinieblas: “Aunque camines por cañadas oscuras, nada temas, porque el Señor va contigo”. (cf. Salmo 22, 4)

De inmediato vienen a la memoria las palabras de la Virgen de Guadalupe a Juan Diego, prolongación de los sentimientos del Sagrado Corazón de Su Hijo: “No temas esta enfermedad, ni en ningún modo a enfermedad otra alguna o dolor entristecedor. ¿Acaso no estoy yo aquí, que soy tu madre? ¿Acaso no estás bajo mi sombra, bajo mi amparo? ¿Acaso no soy yo la fuente de tu alegría? ¿Qué no estás en mi regazo, en el cruce de mis brazos? ¿Por ventura aun tienes necesidad de cosa otra alguna?” (Nican Mopohua)

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El juego de miradas entre Jesús, María y nosotros es como una espiral o un círculo virtuoso que llama a un mayor amor y una creciente intimidad. Los ojos de María son grandes, con pupilas que se expanden y cejas que se prolongan, como queriendo abarcarnos a todos, los que nos acercamos a ella y los que no, y diciendo que esa invitación se extiende a todos los hombres por igual.

– Los oídos están cubiertos. La boca es pequeña. María guarda silencio, escucha la voz interior.

– Las manos de María: En el centro del icono está la mano izquierda de la Virgen indicando a Jesús. Nos dice: “Él es el camino” y nos invita a adorar al Hijo de Dios, nacido de María, verdadero Dios y verdadero hombre. La mano derecha está sosteniendo a Jesús, lo levanta, lo alza para mostrar su gran tesoro. Esta mano tiene la forma de un cáliz, que recibe la Sangre Redentora de Cristo. María la recoge, la muestra, nos la ofrece. Me gusta contemplar en este gesto a María, Madre de los sacerdotes y maestra de vida eucarística.

La luz intensa que irradian los rostros y las vestiduras nos está gritando que Cristo es la luz del mundo, el faro luminoso que nos guía en el camino, la belleza suprema que ilumina nuestras vidas. ¿Dónde está la suprema belleza? ¿De quién procede toda belleza? De Cristo que se encarnó, murió y resucitó por amor al Padre y a todos nosotros. La luz que se refleja en el rostro de María nos recuerda que la belleza de la creación es transparencia de la belleza de Dios y que en el caso de María, la llena de gracia, brilla con una fuerza especial.

El vestido de María es de color púrpura que representa su condición de Reina. Tiene tres estrellas, una en la cabeza y dos en los hombros: simbolizan su virginidad antes, durante y después del parto, así como la Santísima Trinidad. La tercera estrella, la del lado derecho es Cristo mismo:“Yo soy la estrella radiante de la mañana” (Ap 22,16). También la composición triangular del icono nos habla de la Trinidad que abarca y penetra todas las cosas, como el manto que cubre todo el cuerpo de la Virgen (“el Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra”, Lc 1, 35).

La figura de María es dinámica, como la Iglesia en camino; la de Jesús es estática: roca firme que fundamenta el universo y que nos sostiene en las dificultades de la vida: “¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿La tribulación?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿los peligros?, ¿la espada?, como dice la Escritura: Por tu causa somos muertos todo el día; tratados como ovejas destinadas al matadero. Pero en todo esto salimos vencedores gracias a aquel que nos amó. Pues estoy seguro de que ni la muerte ni la vida ni los ángeles ni los principados ni lo presente ni lo futuro ni las potestades ni la altura ni la profundidad ni otra criatura alguna podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús Señor nuestro.” (Rm 8, 35-39)

Las letras que están junto a la cabeza de María son las iniciales de “Madre de Dios”, en griego. Nuestra Madre del cielo nos invita a todos sus hijos a participar de la vida de Dios en una intimidad familiar con la Santísima Trinidad, junto a la Madre, gracias a la puerta que Cristo Redentor nos abrió por su pasión, muerte y resurrección.

Este icono es una llamada a la conversión por el camino de la belleza: por la experiencia viva de la misericordia divina que se nos revela a través del Sagrado Corazón de Jesús y el Inmaculado Corazón de María.

Ahora detente a ver la imagen, luego contémplala en actitud orante y finalmente gústala en tu interior, con la certeza de que contiene un mensaje de Dios para ti. A través de la mirada toma posesión del mensaje que Jesús y María te quieren dar y escucha la voz interior del Espíritu Santo. Que tus ojos te acerquen a la Santísima Virgen con una mirada de fe, suplicándole que te dé acceso a su intimidad para hacer más tuyo, más cercano el misterio de la misericordia de Dios.

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Ficha   sobre EL ICONO DE
NUESTRA SEÑORA  DE VLADIMIR 

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www.taize.fr/es_article677.html Compartir
Descarga interesante  Cuaderno de Taize en pdf sobre Los Iconos : 16 Ago 2004 – Los iconos ayudan a que la oración sea bella. Son como ventanas que se abren hacia las realidades del Reino de Dios y las hacen presentes 

 

Medjugorje: mujer ciega ve después del milagro del sol

Medjugorje,
Mujer ciega ve después del milagro del sol

3 agosto, 2012 por marcelomarciano

Raffaella Mazzocchi era ciega de un ojo cuando su familia la persuadió para ir a Medjugorje. Cuando vio un milagro del sol primero quedó cegada de ambos ojos durante cinco minutos. Pero pudo ver cuando volvió a abrir su ojo enfermo, y cuando abrió ambos, su inexplicable curación era total.

El gran milagro del sol que se produjo el 2 de Octubre de 2011 durante la aparición a la vidente Mirjana Dragicevic-Soldo. Después de mirar un fenómeno similar, Raffaella Mazzocchi recuperó la vista.

Ciega de un ojo, sin darse cuenta resultó curada en un instante. No hubo nada gradual en la recuperación del ojo de Raffaella Mazzocchi. A la edad de 16 años, el 22 de Diciembre de 2001, esta chica italiana perdió completamente la vista de su ojo derecha mientras estaba en la escuela. Los médicos dictaminaron que dicha pérdida se debía a una neuritis óptica retrobulbar, un virus que destruye irreversiblemente el nervio óptico.

 “Se trataba de un diagnóstico sin esperanza de recuperación, y ningún tratamiento funcionó. Tuve que dejar la escuela porque no podía estudiar. Ni siquiera podía dormir, y pasé a tomar drogas psicotrópicas, y en este estado viví en una pesadilla durante ocho años. Perdí la fe y dejé de ir a la iglesia” cuenta Raffaella Mazzocchi en su testimonio en Messaggi Medjugorje.

“Un día mis tías, mi madre y mi hermana decidieron ir a Medjugorje, y querían llevarme con ellas a toda costa. Yo era reticente, pero finalmente sucumbí a los ruegos de mi familia, aunque no tenía intención de rezar por mi curación”.

Raffaella Mazzocchi y su familia llegaron a Medjugorje y subieron a la Montaña de las Apariciones el 26 de Junio de 2009. En el camino de regreso, algo fuera de lo normal llamó la atención de la familia.

“Mi hermana se dio cuenta de que el sol se movía de una forma anormal, y parecía estar bailando. Por lo que agarré las gafas de sol de mi hermana y con mi ojo bueno, el izquierdo, vi claramente al sol girando sobre sí mismo y latiendo, aproximándose a mi cara y retrocediendo, y cambiando de color constantemente, volviéndose rojo, azul, naranja, verde” según cuenta Raffaella Mazzocchi.

“Finalmente me saqué las gafas de sol y empecé a llorar desesperadamente, porque me di cuenta de que había perdido también la vista de mi ojo izquierdo y me había quedado totalmente ciega. Mis gritos llamaron la atención de muchos peregrinos que se pusieron a mi alrededor, pero yo continué gritando más y más de forma desesperada, porque sentía una fuerte quemazón en mis ojos”.

“Esta ceguera total duró cinco minutos, los más largos de mi vida. Cuando ella vio que yo estaba aterrorizada, mi madre consiguió sentarme y de algún modo llegar a tranquilizarme” explica esta joven italiana.

“Mientras estaba con mi cabeza baja y los ojos cerrados, de repente sentí una necesidad urgente de abrir mi ojo derecho, el enfermo, y me dí cuenta de que podía ver mis manos. Abrí el otro ojo y pude ver muy bien también con él”.

El milagro del sol que vió Raffaella Mazzocchi fue en Junio de 2009

“Moviendo mis manos, acercándolas y alejándolas de mis ojos, me di cuenta de que estaba curada, pero en vez de saltar de alegría, me sentí superada por el miedo y bloqueada. Al ver mis ojos, mi madre se dio cuenta del cambio que se había producido en mí y corrió a darme un abrazo. Eso mismo hicieron muchos peregrinos” cuenta Raffaella Mazzocchi.

“Desde ese día, mi vista está totalmente recuperada, e incluso ahora tengo una visión perfecta de 11/10. Y lo que es más importante, he recuperado la fe, porque ahora finalmente vemos en todas las direcciones”.

Así como la historia de Raffaella Mazzocchi es bastante conocida en Italia, no había sido traducida al inglés hasta ahora.

 

Fuente: www.medjugorjetoday.tv

Traducción del inglés a cargo del equipo de www.virgendemedjugorje.org

Haz que cuente!

Conjunto de vídeos sobre aspectos vitales en el seguimiento de Jesús.

Reflexión

Si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, permanece él solo; en cambio, si muere, produce mucho fruto. Declaración rotunda y central en el mensaje de Jesús. Dar Vida es la misión de Jesús. La Vida solo se comunica aceptando la muerte. La Vida es fruto del amor, pero el egoísmo es la cáscara que impide germinar esa vida, aunque esté dentro de mí. Amar es romper la cáscara y darse deshaciéndose. La muerte del falso yo es la condición, para que la verdadera Vida se libere.

La verdadera potencialidad está latente hasta que es capaz de la entrega-amor total. La incorporación de todos a la Vida, será la tarea que se impone Jesús y será posible gracias a su entrega total hasta la muerte. (Fray Marcos)

La Asunción de María, otra perspectiva.

Asunción: fiesta de la Virgen muerta

 por Martín Gelabert Ballester, OP  

Lo de la Virgen muerta es otra perspectiva. Más realista. Porque el único modo de subir al Padre es por medio de la muerte. Ocurrió con Jesús de Nazaret. Ocurrió con su madre. Ha ocurrido con los que nos ha precedido en el signo de la fe. Y ocurrirá con cada uno de nosotros. Al celebrar la asunción de la Virgen, resulta oportuno recordar lo que decía el Vaticano II: que María es el tipo y ejemplar más acabado de toda vida cristiana. La fiesta de la Asunción puede entenderse desde un doble enfoque: con ella ocurre algo único o con ella acontece aquello a lo que todos estamos destinados. Hay un verso de la liturgia castellana de las primeras vísperas de la fiesta que sintetiza el logro de nuestra esperanza, realizada en María: “¡Dichosa la muerte / que tal vida os causa! / ¡Dichosa la suerte / final de quien ama!”.
 

La muerte es el paso a la vida y para aquellos que viven unidos a Cristo (y viven unidos a Cristo, aunque no lo sepan, aquellos que aman) su suerte es dichosa, su destino es feliz, su meta es la vida que no acaba. La fiesta de la Asunción orienta hacia un aspecto fundamental de la escatología cristiana: la salvación integra todas las dimensiones de lo humano. Si no fuera así, si algo nos faltase, nuestra felicidad sería incompleta. Lo que acontece en María, estar unida a Cristo glorioso con toda su realidad, es el buen modo de estar al que todos estamos llamados. Este buen modo de estar en la gloria celestial implica necesariamente dejar esta morada terrena. Una morada en la que nos sentimos a gusto, pero que, debido a nuestra finitud y limitación, tiene un término, un final. Este final es la muerte. Pues bien, la esperanza cristiana, a la luz del misterio de la resurrección de Cristo, afirma que hay un modo de vivir y de morir que no desemboca en el vacío, sino en la gloria del cielo.

La fiesta de la Asunción, que es también la fiesta de la virgen muerta (tal como recuerdan muchas representaciones iconográficas de los países mediterráneos), es la celebración de una muerte que, a la luz de Cristo, puede ser dichosa: “¡Dichosa la muerte, que tal vida os causa!”. Para los creyentes, hay una muerte que no es muerte: “la vida de los que en ti creemos, Señor, no termina, se transforma; y al deshacerse nuestra morada terrena, se nos prepara en el cielo una mansión eterna”, dice uno de los prefacios de la liturgia eucarística. Lo que afirmamos de María es lo que Dios prepara para todos. Nosotros nos alegramos, en la fiesta de la Asunción, de verlo realizado en una de nuestra raza.

Fuente: 

Nihil Obstat

Blog de: Martín Gelabert Ballester, OP 

…para vivir intensamente. Meditación del Hermano Alois, de Taizé.

Dos compromisos para vivir

intensamente

Nuevo CD grabado en Taizé en febrero de 2012.

Aquí en Taizé todos queremos ir a las fuentes de la fe. También para nosotros, los hermanos, se trata de hacer este viaje todos los días. Bien que cuando entramos en la comunidad, nos comprometemos a seguir a Cristo, a compartirlo todo, a orar juntos tres veces al día, sin embargo, día tras día, también debemos esforzarnos para recuperar la confianza en Dios.

Repetir una y otra vez el camino de la inquietud hacia la confianza en Dios, puede suponer una lucha interior. Esto no implica quedar atrapado por el miedo, la amargura, o la desesperación

Pero curiosamente, esta lucha interior también despierta en nosotros energías creativas. Despierta nuestro corazón, nos vuelve vigilantes para que podamos renunciar a todo lo que puede alienarnos, y nos vuelve nosotros mismos; no nos deja instalarnos en la mediocridad, y sobre todo nos lleva a vivir intensamente.

Vivir intensamente, todos lo queremos. Y, sin embargo, ¡tantos son los obstáculos con los que nos encontramos!

Vivimos en un período apasionante de la historia. El mundo cambia por completo. Poder conectarnos en cualquier momento a las redes de comunicación e información permite a nuestra civilización hacer grandes avances.

Al mismo tiempo empezamos a sentir el revés de este desarrollo. A veces hay como una saturación de la comunicación. Conectarnos puede ser una afición, un pasa tiempo, que, sin darnos cuenta, nos hace vivir a la superficie de las cosas, o incluso se convierte en un fuga de la realidad.

En Chicago, donde tuvimos un encuentro de jóvenes en mayo, algunos jóvenes nos decían que ya no respondían a las llamadas telefónicas, simplemente porque reciben demasiado.

Durante esta semana en Taizé, algunos de ustedes están experimentando que estar menos conectado no significa vivir con menos intensidad. Al contrario, podemos sentir la alegría y una mayor libertad cuando nos tomamos el tiempo para estar cerca de lo esencial. Y seguramente podremos responder mejor a las dificultades de la vida.

Me parece que para vivir intensamente podemos hacer dos compromisos:

- El primero: todas las mañanas renovar nuestra confianza en Dios. Acoger la vida que él nos da. Recordarnos que Cristo mismo ha confiado en nosotros, que mira a todos y a cada uno de nosotros con amor, que su presencia es más fuerte que el mal, e incluso más profunda que nuestro sufrimiento.

- Otro compromiso para vivir intensamente puede ser este: estar atentos a los que encontramos. Despertar en nosotros la sensibilidad por la belleza de la creación nos ayuda. En cada encuentro hay una llamada que nos dirige. Se trata de discernir, detrás de las palabras y acciones, a lo que los demás nos llaman.


Pienso en dos personas que viven estos dos compromisos.

La semana pasada estuvo aquí una mujer de 95 años. Ella es la tía de nuestro hermano Paolo, Aunty Joan. De tradición evangélica, ella piensa constantemente en Jesús, en todo lo que él ha hecho por la humanidad.

Al mismo tiempo esta mujer tiene ambos pies sobre la tierra. Jovencita salió de su país, Inglaterra, para convertirse en misionera. En 1945 se fue a vivir a las montañas de China. En 1951 fue expulsada.

La historia de Aunty Joan es muy larga para contarla. Pero quiero hacer hincapié en que la confianza en Dios es parte de su ser profundo, y es eso que le da una mirada de amor hacia los demás.

El otro ejemplo que quisiera mencionar es el de una familia en la zona de París que está aquí esta semana. En la farmacia que tienen, inmigrantes procedentes de Rumanía venían por medicinas. La madre entendió que sobre todo tenían frío en sus casas precarias.

Por lo tanto, con los amigos, les llevaron mantas. Incluso recibieron al algunos inmigrantes en su casa y el hijo, un joven adolescente, les cedió su habitación.Se forjó así una relación de profunda amistad. También pudieron ayudar a estos inmigrantes para que regularizasen su situación, 52 de ellos obtuvieron los papeles.


Vivir intensamente. Dios no quiere más que esto para todos nosotros. Jesús lo dice claramente en el Evangelio: “He venido para que tengan vida y vida en abundancia. “.

Esta vida abundante que Dios nos ofrece no sólo comienza después de que hayamos resuelto todos nuestros problemas. No, ya se puede descubrir en medio de estas dificultades, hoy mismo.

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