…para vivir intensamente. Meditación del Hermano Alois, de Taizé.

Dos compromisos para vivir

intensamente

Nuevo CD grabado en Taizé en febrero de 2012.

Aquí en Taizé todos queremos ir a las fuentes de la fe. También para nosotros, los hermanos, se trata de hacer este viaje todos los días. Bien que cuando entramos en la comunidad, nos comprometemos a seguir a Cristo, a compartirlo todo, a orar juntos tres veces al día, sin embargo, día tras día, también debemos esforzarnos para recuperar la confianza en Dios.

Repetir una y otra vez el camino de la inquietud hacia la confianza en Dios, puede suponer una lucha interior. Esto no implica quedar atrapado por el miedo, la amargura, o la desesperación

Pero curiosamente, esta lucha interior también despierta en nosotros energías creativas. Despierta nuestro corazón, nos vuelve vigilantes para que podamos renunciar a todo lo que puede alienarnos, y nos vuelve nosotros mismos; no nos deja instalarnos en la mediocridad, y sobre todo nos lleva a vivir intensamente.

Vivir intensamente, todos lo queremos. Y, sin embargo, ¡tantos son los obstáculos con los que nos encontramos!

Vivimos en un período apasionante de la historia. El mundo cambia por completo. Poder conectarnos en cualquier momento a las redes de comunicación e información permite a nuestra civilización hacer grandes avances.

Al mismo tiempo empezamos a sentir el revés de este desarrollo. A veces hay como una saturación de la comunicación. Conectarnos puede ser una afición, un pasa tiempo, que, sin darnos cuenta, nos hace vivir a la superficie de las cosas, o incluso se convierte en un fuga de la realidad.

En Chicago, donde tuvimos un encuentro de jóvenes en mayo, algunos jóvenes nos decían que ya no respondían a las llamadas telefónicas, simplemente porque reciben demasiado.

Durante esta semana en Taizé, algunos de ustedes están experimentando que estar menos conectado no significa vivir con menos intensidad. Al contrario, podemos sentir la alegría y una mayor libertad cuando nos tomamos el tiempo para estar cerca de lo esencial. Y seguramente podremos responder mejor a las dificultades de la vida.

Me parece que para vivir intensamente podemos hacer dos compromisos:

- El primero: todas las mañanas renovar nuestra confianza en Dios. Acoger la vida que él nos da. Recordarnos que Cristo mismo ha confiado en nosotros, que mira a todos y a cada uno de nosotros con amor, que su presencia es más fuerte que el mal, e incluso más profunda que nuestro sufrimiento.

- Otro compromiso para vivir intensamente puede ser este: estar atentos a los que encontramos. Despertar en nosotros la sensibilidad por la belleza de la creación nos ayuda. En cada encuentro hay una llamada que nos dirige. Se trata de discernir, detrás de las palabras y acciones, a lo que los demás nos llaman.


Pienso en dos personas que viven estos dos compromisos.

La semana pasada estuvo aquí una mujer de 95 años. Ella es la tía de nuestro hermano Paolo, Aunty Joan. De tradición evangélica, ella piensa constantemente en Jesús, en todo lo que él ha hecho por la humanidad.

Al mismo tiempo esta mujer tiene ambos pies sobre la tierra. Jovencita salió de su país, Inglaterra, para convertirse en misionera. En 1945 se fue a vivir a las montañas de China. En 1951 fue expulsada.

La historia de Aunty Joan es muy larga para contarla. Pero quiero hacer hincapié en que la confianza en Dios es parte de su ser profundo, y es eso que le da una mirada de amor hacia los demás.

El otro ejemplo que quisiera mencionar es el de una familia en la zona de París que está aquí esta semana. En la farmacia que tienen, inmigrantes procedentes de Rumanía venían por medicinas. La madre entendió que sobre todo tenían frío en sus casas precarias.

Por lo tanto, con los amigos, les llevaron mantas. Incluso recibieron al algunos inmigrantes en su casa y el hijo, un joven adolescente, les cedió su habitación.Se forjó así una relación de profunda amistad. También pudieron ayudar a estos inmigrantes para que regularizasen su situación, 52 de ellos obtuvieron los papeles.


Vivir intensamente. Dios no quiere más que esto para todos nosotros. Jesús lo dice claramente en el Evangelio: “He venido para que tengan vida y vida en abundancia. “.

Esta vida abundante que Dios nos ofrece no sólo comienza después de que hayamos resuelto todos nuestros problemas. No, ya se puede descubrir en medio de estas dificultades, hoy mismo.

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