cielo nuevo y tierra nueva

“Purifica primero el interior de tu alma”

La confesión de los pecados nos libera y facilita nuestra reconciliación con los demás. Cada persona se enfrenta a los pecados de los que se siente culpable; asume su responsabilidad y, por ello, se abre de nuevo a Dios y a la comunión de la Iglesia con el fin de hacer posible un nuevo futuro[1]. Por la confesión de los pecados hecha al sacerdote no se puede dudar que se está presentando ante la misericordia divina para su perdón, de todos los pecados que ha cometido… Porque si el enfermo se avergüenza de descubrir su llaga al médico, la medicina no cura lo que ignora” (Concilio de Trento: DS 1680; cf San Jerónimo, Commentarius in Ecclesiasten 10, 11).

“Cuando empiezas a detestar lo que hiciste, entonces empiezan tus buenas obras buenas, porque repruebas las tuyas malas… Practicas la verdad y vienes…

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