Adviento: ”Acoger el misterio de Dios encarnado en nuestra historia”

 

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”Acoger el misterio de Dios encarnado en nuestra historia”

Maite Uribe,  Institución Teresiana.

Fuente: ZENIT.org

“Nos acercamos al tiempo de Adviento, tiempo de espera y esperanza, de invocación y hospitalidad –afirma Maite Uribe en su mensaje–. Tiempo para expresar con toda la Iglesia y como pueblo de Dios: “Marana thà” (1Cor, 16,22) Ven Señor Jesús. Esta actitud de espera y esperanza, de acogida y de hospitalidad, se realiza plenamente en María, la Madre de Jesús: “Que se haga en mí según tu palabra”. (Lc 1,38)

La directora recuerda que la asociación acaba de terminar una experiencia fuerte de comunión y de corresponsabilidad, la XVII Asamblea General, Asamblea de la esperanza, “que va a orientar estos próximos seis años y de manera especial este primer Adviento del nuevo sexenio”.

En fidelidad a tantas llamadas recibidas en estos últimos meses, invita en este Adviento 2012, a vivir y profundizar la “actitud de acogida”, es decir invita “muy especialmente a acoger el misterio de Dios, acoger la realidad, acoger a los hermanos y acogernos a nosotros mismos”. Son facetas de una misma llamada, que pone en actitud de espera y esperanza en este tiempo de preparación a la Navidad

https://encrypted-tbn1.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcSxA9yL0t0nEHugiNPU-DYe9BjaQqjHeNVK_NEDfwQExu1pVg7togAcoger el misterio de Dios

Una de las figuras centrales en este periodo litúrgico es María, la Madre de Jesús, afirma Maite Uribe: “Nadie como ella sabe lo que es acoger el misterio de Dios, es decir, esperar, confiar, abandonarse. María acoge la vida, acoge el misterio de un anuncio inesperado, y se deja hacer con la seguridad del que sabe en ‘quien ha puesto su confianza’ (2Tim 1, 12a)”.

En María la acogida del misterio de Dios empieza con una pregunta: “¿Cómo sucederá esto?” (Lc 1,34), crece desde la confianza: “Hágase en mí según tu palabra” (Lc 1,38) y se hace gratitud en el “Magníficat” (Lc 1,46), recuerda la directora de la Institución Teresiana.

A lo largo de su vida, la acogida del misterio de Dios marca en María etapas muy significativas en su experiencia de mujer creyente. Son momentos en los que percibimos la fuerza de su fe.

Cita al papa en la carta para el Año de la Fe, Porta Fidei: “La fe crece cuando se vive como experiencia de un amor que se recibe y se comunica como experiencia de gracia y gozo”, nos dice Benedicto XVI al presentarnos el Año de la Fe. El Santo Padre continua: “Nos hace fecundos, porque ensancha el corazón en la esperanza (…) la fe sólo crece y se fortalece creyendo; no hay otra posibilidad para poseer la certeza sobre la propia vida que abandonarse, en un in crescendo continuo, en las manos de un amor que se experimenta siempre como más grande porque tiene su origen en Dios”. Pedro Poveda nos dice: “Pronto celebraremos el gran sacramento de la Encarnación en su manifestación externa conmemorando el natalicio del Emmanuel, que viene a los suyos…”

http://lavsdeo.files.wordpress.com/2010/11/adviento1.jpgEn este tiempo de Adviento, invita Uribe, “miremos a María, busquemos en ella y con ella la manera de acoger al Señor que viene. Ojalá al acabar este año de la fe se pueda decir de cada uno de nosotros, y de la IT como una gran familia, ‘Feliz tu porque has acogido el misterio de Dios’, ‘Feliz tu porque has creído’ (Lc 1, 45)”.

Acoger la realidad

“La Encarnación bien entendida, la persona de Cristo”, explica citando al fundador san Pedro Poveda, “inspira la totalidad de nuestra existencia. La espiritualidad de encarnación nos lleva a contemplar la vida desde la fe, a reconocer en nuestro quehacer cotidiano los signos de los tiempos, a leer nuestra historia personal como historia de salvación”.

Acoger la realidad –añade- con mirada contemplativa es sabernos testigos de la acción de Dios en ella. Es seguir la invitación de Pedro Poveda a acoger y valorar todo lo humano, a mirar el mundo con simpatía y ternura, a amar con pasión la vida y a cada ser humano, a sentirnos alentados por una misma esperanza.”

“Esta es vuestra misión: sazonar lo desabrido allí a donde se va, en el sitio en donde se vive, a las gentes con quienes se trata”, subraya citando una vez más a Poveda. Y también: “Vosotros habéis de elevar cuanto toquéis, consolar a los que visitáis, enseñar a los que os rodean, ilustrar a los que educáis, santificar a los que se os confían, sanar a los que os piden consejo y edificar a todos”.

“Acoger la realidad –explica Maite Uribe- es sabernos mezclados con el común de las gentes y desde allí tener amplitud de miras ante sus interrogantes y sus búsquedas. Es acoger pluralidad de perspectivas y de sensibilidades, es discernir lo que hay de evangélico en lo más cotidiano de nuestras vidas. Es crear espacios de humanización y de respeto hacia los excluidos, los pequeños, los que no tienen ‘donde reposar la cabeza’ (Mt 8, 20)”.

E invita a los miembros: “Acojamos nuestra realidad con la confianza del que sabe que el Dios creador de vida la trabaja con ternura y paciencia, compasión y misericordia. A nosotros, como instrumentos, se nos invita a sazonar, consolar, sanar, acompañar”.

Acoger a los hermanos, practicar la hospitalidad

“No olvidéis la hospitalidad, algunos han acogido ángeles sin saberlo”, recuerda citando la carta a los Hebreos (Heb 13,2). “Esta invitación –añade- nos recuerda que la verdadera acogida provoca, tanto en el que acoge como en el que es acogido, diálogo, encuentro, comunicación, conversión. El verdadero diálogo hace que la percepción que tenemos del otro cambie porque se nos hace cercano, accesible, hermano. Surgen visiones inéditas del otro, descubrimos lo que tenemos en común, lo que nos une, lo que nos acerca, y se puede hasta percibir que el otro, aún desde la diferencia, real o percibida, se nos hace fraternalmente cercano”.

“Así –señala–, la acogida se convierte en hospitalidad, en cercanía, en amistad y en encuentro, y nos invita a vivir y practicar la hermandad. Hay una dimensión socializadora de la hospitalidad que no podemos olvidar. Cuando acogemos al otro ya no estamos solos. Los dos llevamos nuestra propia historia, las personas que han estado presentes en ella, las culturas en las que se ha desarrollado nuestras vidas. El encuentro de dos personas es siempre una experiencia comunitaria. Son dos mundos que se encuentran, dos miradas que se cruzan y un horizonte abierto hacia el que poder seguir caminando juntos”.

“En nuestras relaciones interpersonales, en nuestras familias y grupos, en la vida profesional, en las tareas sencillas y cotidianas, en las estructuras sociopolíticas y socioeducativas, hagamos posible, en este tiempo de Adviento, el practicar la hospitalidad y el crecer en fraternidad. Acoger y prestar atención a los más necesitados, asistencia y atención a todo aquel que necesita nuestro apoyo, cercanía y compañía. ¿Acaso hay alguien de entre nosotros que, por nuestras afinidades o posicionamientos, pueda quedar fuera de nuestras propias realidades comunitarias?”, se pregunta.

Acogernos a nosotros mismos

“Vivimos una época difícil –reflexiona–, pero es la nuestra, la que Dios nos ha confiado y en la que queremos ser testigos de esperanza. Caminamos con la debilidad y la pobreza de nuestra propia condición humana, con las mismas contradicciones que nuestros contemporáneos y sin saber muchas veces cómo situarnos ante el poder, el miedo, el egoísmo, la duda, y hasta el desánimo. Al mismo tiempo somos personas de fe. Acoger la fe, es acoger al que se hace historia con nosotros y hacer memoria de nuestra fe nos confirma en nuestra identidad de creyentes. Acogernos a nosotros mismos es sabernos en las manos del alfarero que hace y rehace la misma vasija, porque llevamos un tesoro en nuestras pobres vasijas de barro”.

“Cuando crece el deseo de conocer la verdad sobre nosotros mismos, cuando crece el sentimiento de compasión y de misericordia hacia nosotros, cuando buscamos espacios de soledad y de silencio para ponernos bajo la mirada de Dios, estamos aprendiendo a ser instrumentos en sus manos. En la Navidad, Jesús viene a sanar profundamente nuestras heridas; como Salvador es el único que puede curar la herida de nuestro pecado y las consecuencias de división y destrucción que genera”.

Que este Adviento 2012 –concluye–, sea un Adviento de la acogida, de la hospitalidad y de la hermandad y unámonos a toda la Iglesia en el deseo de su venida. “Marana thà” ¡Ven Señor Jesús!”.

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La fe que nos pone de pie.Timothy Radcliffe, O.P.

La fe que nos pone de pie

La fe no puede ser el traje que nos ponemos los domingos, o en alguna celebración, y lo guardamos en el armario el resto de los días. La fe se vive en la vida cotidiana. Y Dios viene a nuestro encuentro en las calles de la ciudad, en la cocina de casa, en las aulas de la universidad, en los campos de refugiados, en las barriadas musulmanas de Pakistán, en el parvulario, en un hospital de Iraq, en la selva amazónica y en la sala de espera del aeropuerto. Timothy Radcliffe lo ha encontrado en todos estos lugares y nos lo cuenta en sus libros.

Nacido en 1945, es un dominico inglés. Fue profesor de Biblia en la Universidad de Oxford. Desempeñó diversas tareas en la organización de su Orden. Primero como superior de los dominicos ingleses, y de 1992 a 2001, como superior de los dominicos en todo el mundo. En el desempeño de esta labor viajó por los cinco continentes conociendo directamente la realidad de la vida cristiana en lugares y situaciones muy diversos.

Es conocido internacionalmente por sus numerosos escritos y libros. En ellos pone en diálogo la tradición cristiana con la cultura contemporánea. Toma postura de manera valiente y lúcida sobre cuestiones socialmente debatidas. Utiliza un lenguaje directo y llano, acompañado de un humor fino. Para hablar de la vida cristiana no tiene problema en recurrir a anécdotas de su vida, chistes, películas, obras literarias y canciones de música pop. Timothy nos enseña que los cristianos debemos conversar con la cultura en la que vivimos planteándonos las mismas preguntas, compartiendo aspiraciones y encontrando en el evangelio una luz que ayude, a creyentes y no-creyentes, en nuestra búsqueda común de un mundo más humano.

Actualmente vive en el convento de los dominicos de Oxford pero no para de viajar impartiendo conferencias y charlas por todo el mundo. Algunos de sus libros han sido premiados, y todos muy leídos.

Hay un texto suyo en el que nos recuerda que la fe nos pone de pie:

«Jesús llama a Lázaro por su nombre, y el difunto camina. Esto es la esencia de la fe. Se nos llama por nuestro nombre y respondemos. Abrahán oye una voz que le grita: “¡Abrahán!”, y él responde: “Aquí estoy”…Moisés se encuentra en el desierto y oye cómo una voz le llama desde una zarza ardiente, a la que responde “Hinn nî”, es decir, “aquí estoy”. La fe consiste en escuchar esa voz y responder… Jesús dice a Lázaro que se ponga en pie y camine. El hecho de ponerse en pie es en la Biblia un signo de que realmente uno está vivo. En Isaías, Dios llama al Israel pobre y exiliado diciéndole: “Espabílate, espabílate, ponte en pie, Jerusalén” (51, 17)… Nosotros recitamos de pie el Padrenuestro porque participamos en la vida de Cristo Resucitado, que nos levanta y nos pone en pie. Estar realmente vivos, participar en la vida santa de Dios, implica que podamos ponernos en pie.»

(Ser cristianos en el siglo XXI. Una espiritualidad para nuestro tiempo. Sal Terrae, Santander 2011, p. 39)

La fe es respuesta a una llamada de Dios; una llamada que la mayoría de las veces se expresa con discreción en el fondo de nuestra conciencia, de nuestro interior: ¿has oído la llamada de Dios? ¿Qué te dice?

La llamada de Dios nos pone en pie ¿qué puede significar para ti hoy ponerte en pie?

En tu vida concreta ¿qué respuesta tienes que dar al Dios que te llama?

Si quieres leer algo más de este autor, hay un libro-entrevista, Timothy Radcliffe. Os llamo amigos. Entrevista con Guillaume Goubert. Una obra que recoge su mirada sobre la vida cristiana es ¿Qué sentido tiene ser cristiano?: el abismo de la plenitud en el devenir de la vida cotidiana.

Fuente: Pastoralsj.org

27 de Noviembre: Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa.

En el año 1830, en la Casa Madre de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paul, en París, Francia, la Santísima Virgen se apareció en tres oportunidades a una humilde y piadosa novicia, Sor Catalina Labouré. En las tres oportunidades, Catalina vio a la Santísima Virgen, recibió mensajes y fue tratada con amorosa y maternal atención.

PRIMERA APARICIÓN: Relató la vidente de la Santísima Virgen a su confesor que hacia las 11:30 horas de la noche del 18 de julio, oyó que alguien la llamaba por su nombre: “Sor Labouré, Sor Labouré ven a la capilla. Allí te espera la Santísima Virgen”

Quien la llamaba era un niño pequeño y él mismo la condujo hasta la capilla.

Catalina se puso a rezar y después de oír un ruido semejante al roce de un vestido de seda, vio a la Santísima Virgen sentada al lado del Altar. Catalina fue hacia Ella, cayó de rodillas apoyando sus manos en las rodillas de la Santísima Virgen y oyó una voz que le dijo: “Hija mía, Dios quiere encomendarte una misión… tendrás que sufrir, pero lo soportarás porque lo que vas a hacer será para Gloria de Dios. Serás contradecida, pero tendrás gracias. No temas”.

La Santísima Virgen señaló al pie del Altar y recomendó a Catalina acudir allí en los momentos de pena a desahogar su corazón pues allí, dijo, serán derramadas las gracias que grandes y chicos pidan con confianza y sencillez.

SEGUNDA APARICIÓN: Esta es la aparición en que la Santísima Virgen comunica a Su vidente el mensaje que quiere transmitir. Esta aparición tiene tres momentos distintos:

Dijo Catalina a su confesor que a la hora de la oración hacia las 5:30 de la tarde del 27 de Noviembre, oyó nuevamente el ruido semejante al roce de la seda y vio a la Santísima Virgen.

Primer momento (La Virgen del globo): La Santísima Virgen estaba en pie, sobre la mitad de un globo aplastando con sus pies a una serpiente. Tenía un vestido cerrado de seda aurora, mangas lisas; un velo blanco le cubría la cabeza y le caía por ambos lados. En sus manos, a la altura del pecho, sostenía un globo con una pequeña cruz en su parte superior. La Santísima Virgen ofrecía ese globo al Señor, con tono suplicante. Sus dedos tenían anillos con piedras, algunas de las cuales despedían luz y otras no. La Santísima Virgen bajó la mirada. Y Catalina oyó: “Este globo que ves, representa al mundo y a cada uno en particular. Los rayos de luz son el símbolo de las gracias que obtengo para quienes me las piden. Las piedras que no arrojan rayos, son las gracias que dejan de pedirme”: El globo desapareció.

Segundo momento (Anverso de la medalla):Cuando el globo desapareció, las manos de la Santísima Virgen se extendieron resplandecientes de luz hacia la tierra, los haces de luz, no dejaban ver sus pies. Se formó un cuadro ovalado alrededor de la Santísima Virgen y en semicírculo, comenzando a la altura de la mano derecha, pasando sobre la cabeza de la Santísima Virgen y terminando a la altura de la mano izquierda, se leía:

“OH MARÍA SIN PECADO CONCEBIDA, RUEGA POR NOSOTROS, QUE RECURRIMOS A TI”

Catalina oyó una voz que le dijo: “Haz acuñar una medalla según este modelo, las personas que la lleven en el cuello recibirán grandes gracias: las gracias serán abundantes para las personas que la llevaren con confianza”.

Tercer momento (El reverso de la Medalla): El cuadro se dio vuelta mostrando la letra M, coronada con una cruz apoyada sobre una barra y debajo de la letra M, los Sagrados Corazones de Jesús y de María, que Catalina distinguió porque uno estaba coronado de espinas y el otro traspasado por una espada. Alrededor del monograma había doce estrellas.

TERCERA APARICIÓN: En el curso del mes de diciembre del mismo año, Catalina fue favorecida con una nueva aparición, similar a la del 27 de Noviembre.

También durante la oración de la tarde. Catalina recibió nuevamente la orden dada por la Santísima Virgen de hacer acuñar una medalla, según el modelo que se le había mostrado el 27 de Noviembre, y que se le mostró nuevamente en esta aparición. Quiso la Santísima Virgen que su vidente tuviera muy claros los simbolismos de su aparición, por eso insistió de una manera especial que el globo que ella tiene en sus manos, representa al mundo entero y cada persona en particular; en que los rayos de luz que arrojan las piedras de sus anillos, son las gracias que Ella consigue para las personas que se las piden, que las piedras que no arrojan rayos, son las gracias que dejan de pedirle; que el Altar es el lugar a donde deben recurrir grandes y chicos, con confianza y sencillez, a desahogar sus penas.

Después de vencer Catalina todos los obstáculos y contradicciones que le había anunciado la Santísima Virgen, en el año 1832, las autoridades eclesiásticas aprobaron la acuñación de la medalla. Una vez acuñada, se difundió rápidamente.

Fueron tantos y tan abundantes los milagros obtenidos a través de ella, que se la llamó, la MEDALLA que cura, la MEDALLA que salva, la MEDALLA que obra milagros, y finalmente la MEDALLA MILAGROSA.

Vitalizar la fe por la oración: Entrevista a Jacques Philippe

    

El Padre Jacques Philippe (1947), de la Comunidad de las Bienaventuranzas, es un autor reconocido de libros de espiritualidad. También predica retiros, tanto en Francia como en otros países. En la preparación del Año de la fe, en esta entrevista en exclusiva, habla de la oración y afirma que la cuestión de fondo es la de encontrar una nueva vitalidad de la fe, a través de un encuentro personal con Cristo y que la renovación de la Iglesia no puede proceder más que de una renovación de la oración.

El Santo [Padre] en su discurso a la Curia del pasado 22 de diciembre señaló algunos motivos de preocupación en la Iglesia, como el hecho de que los que van regularmente a la Iglesia son cada vez más ancianos y su número disminuye, el estancamiento de las vocaciones al sacerdocio, el crecimiento del escepticismo y la incredulidad. Y para dar respuesta a estos problemas propone, especialmente en Europa, que la fe adquiera una nueva vitalidad, con una convicción profunda y una fuerza real gracias al encuentro con Jesucristo.

¿Cómo le parece a usted que tiene que ser este encuentro con Jesucristo?

Es cierto que la Iglesia, por lo menos en Occidente, atraviesa una profunda crisis espiritual. Esta crisis es dolorosa y no se resolverá fácil ni rápidamente, pero creo que es un tiempo de purificación de la Iglesia, y que después de este tiempo de crisis habrá una gran renovación de la fe y de la vida de la Iglesia. Debemos por tanto seguir esperanzados. Dicho esto, pienso efectivamente que la cuestión de fondo es la de encontrar una nueva vitalidad de la fe, a través de un encuentro personal con Cristo. Con este fin, toda la comunidad cristiana, como ya dijo Juan Pablo II en la Novo Millenio Ineunte (n. 33), debe ser ante todo una escuela de oración. La renovación de la Iglesia no puede proceder más que de una renovación de la oración que hace posible una experiencia personal con Dios. No puede existir un encuentro profundo con Cristo sin una vida de oración fiel y perseverante. Pero el encuentro con Jesucristo no es solamente una experiencia subjetiva, sino que tiene también una dimensión objetiva, eclesial. De ahí la necesidad de que, además de la oración personal, exista un enraizamiento en la Iglesia para un acompañamiento, para compartir y verificar la fe. No se puede ser creyente aislándose de los demás, tenemos necesidad de formar parte de una familia espiritual (parroquia, movimiento, comunidad…). Hace falta al mismo tiempo educar a las personas en la oración personal y suscitar comunidades vivas y fraternales.

Un problema de las personas que se plantean la vida de oración es tener un diálogo con Dios, de tú a tú. ¿Cuáles serían los signos de que este diálogo se produce?

El árbol se conoce por sus frutos. El diálogo con Dios es una realidad misteriosa. Al no ser Dios un interlocutor como una persona humana, el diálogo con él se vive dentro de una oscuridad de fe. La señal de que haya un verdadero diálogo con Dios no deriva necesariamente del hecho de percibir sensaciones particulares (aunque esto pueda suceder) o de tener algún tipo de revelaciones. El verdadero signo es que la fe se haga más fuerte, la esperanza más confiada y que estemos más decididos a amar a Dios y al prójimo). El crecimiento de las virtudes teologales es el signo de la verdad del diálogo con Dios. Con estas consecuencias: estamos más serenos, nos distanciamos de los problemas, estamos más desprendidos, percibimos de forma más clara en qué sentido Dios desea orientar nuestras decisiones, etc.

Hay gente que empieza el trato con Dios pero que después no continúa. ¿Qué les diría?

Es una lástima… la perseverancia en la oración es sin duda el combate más difícil de nuestra vida, por tanto vale la pena llevarlo a cabo, porque solamente la perseverancia y la fidelidad permiten a la oración dar sus frutos, llegar a una experiencia personal de Dios y a cambios interiores. Hay que intentar comprender por qué razones no perseveramos (un sentimiento de inutilidad, una experiencia de la propia miseria, dejarse llevar por otras prioridades…) e intentar poner remedio. La razón más frecuente por la cual no perseveramos es la falta de esperanza, el desánimo… Hay que convencerse de que no tenemos nada que perder y mucho que ganar perseverando en la oración y poniendo toda la confianza en Dios. Una vez adquirida la fidelidad, las cosas resultan más fáciles.

Usted escribe sobre la oración y otros temas relacionados en varios libros. ¿Cuál ha sido el orden de composición? ¿En qué orden conviene que sean leídos? Por otra parte: ¿Para qué públicos están pensados?

Sólo he escrito un libro sobre la oración (Tiempo para Dios). Fue mi segundo libro después de La paz interior. Quizás sea bueno empezar por éste último, pues es una invitación a fundamentar la relación con Dios sobre la confianza, el abandono, la aceptación serena de las debilidades… lo que resulta una base necesaria para la vida de oración. Estos libros han sido escritos a partir de mi experiencia en la predicación de retiros a un público variado, constituidos muchas veces por “cristianos normales” que tiene el deseo de ir más a fondo en su vida de fe. Los testimonios que he podido recibir muestran que estos libros pueden dirigirse a todos los públicos.

“La paz interior” es uno de sus libros que más se ha difundido, especialmente en Francia. ¿Por qué es tan importante tener esta paz?

Todos tenemos sed de paz interior. Quizás sea esto lo que explica el éxito del libro. Tiene como fin ayudarnos a encontrar en Dios esta paz, pues solamente Él puede dárnosla. Pero yo recuerdo también en este libro una ley espiritual importante y a veces desconocida: esforzarse por permanecer serenos en toda circunstancia (en tanto que esto dependa de nosotros) es un medio fundamental para dejar actuar más a Dios en nuestra vida. Cuanto más vivimos en un clima de paz, confianza, de abandono, más permeables somos a la tarea del Espíritu Santo y podemos dar frutos. Mientras que el miedo, la inquietud, la agitación nos cierran a la acción de Dios. “Adquiere paz interior y una multitud encontrará la salvación junto a ti”, dice San Serafín de Sarov, un gran santo ruso de principios del siglo XIX.

Sigue leyendo esta interesante entrevista AQUÍ

Nueva evangelización y la “emergencia afectiva” de los jóvenes.

00:53:19
Agregado el 23/11/2012
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  • Mons. José Ignacio Munilla:

    Nueva evangelización y la “emergencia afectiva” de los jóvenes.

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1º programa especial sobre el Concilio Vaticano II:

http://www.youtube.com/watch?v=PybswXDLZHI&feature=youtu.be

El canto de la fe en Teresita

“Mi vida es un instante,

una efímera hora,

momento que se evade

y que huye veloz.

Para amarte, Dios mío,

en esta pobre tierra

no tengo más que un día:

¡sólo el día de hoy!

 

¡Oh, Jesús, yo te amo!

A ti tiende mi alma.

Sé por un solo día

mi dulce protección,

ven y reina en mi pecho,

ábreme tu sonrisa

¡nada más que por hoy!

 

¿Qué me importa que

en sombras esté envuelto el futuro?

Nada puedo pedirte, Señor, para mañana.

Conserva mi alma pura, cúbreme con tu sombra

¡nada más que por hoy!”

 

Santa Teresa del Niño Jesús, Poesía  No. 4

Fuente Orar el año de la fe

«Sed vosotros el corazón de Jesús» XVI, Benedicto a los jóvenes

    Mensaje del Papa a los jóvenes para la JMJ de Río 2013:

«Sed vosotros el corazón de Jesús»

Id y haced discípulos a todos los pueblos, l Mensaje del Santo Padre con ocasión de la XXVIII Jornada Mundial de la Juventud 2013,

«Quisiera renovaros ante todo mi invitación a que participéis en esta importante cita. La célebre estatua del Cristo Redentor, que domina aquella hermosa ciudad brasileña, será su símbolo elocuente», les escribe el Papa a los jóvenes. «Sus brazos abiertos son el signo de la acogida que el Señor regala a cuantos acuden a él, y su corazón representa el inmenso amor que tiene por cada uno de vosotros. ¡Dejaos atraer por él! ¡Vivid esta experiencia del encuentro con Cristo, junto a tantos otros jóvenes que se reunirán en Río para el próximo encuentro mundial! Dejaos amar por él y seréis los testigos que el mundo tanto necesita».

(…)

Sed discípulos de Cristo

Benedicto XVI explica así a los jóvenes los requisitos de la misión «Es necesaria para vuestro camino de fe personal (…) Al anunciar el Evangelio vosotros mismos crecéis arraigándoos cada vez más profundamente en Cristo, os convertís en cristianos maduros. El compromiso misionero es una dimensión esencial de la fe; no se puede ser un verdadero creyente si no se evangeliza. ¿Qué significa ser misioneros? Significa ante todo ser discípulos de Cristo, escuchar una y otra vez la invitación a seguirle, la invitación a mirarle. (…) Os aconsejo que hagáis memoria de los dones recibidos de Dios para transmitirlos a su vez. Aprended a leer vuestra historia personal, tomad también conciencia de la maravillosa herencia de las generaciones que os han precedido: (…) No olvidemos nunca que formamos parte de una enorme cadena de hombres y mujeres que nos han transmitido la verdad de la fe y que cuentan con nosotros para que otros la reciban. El ser misioneros presupone el conocimiento de este patrimonio recibido, que es la fe de la Iglesia. Es necesario conocer aquello en lo que se cree, para poder anunciarlo»

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