El arrepentimiento de las obras muertas He 6,1

CATEQUESIS DE LA MENORÁ – 1

El arrepentimiento de las obras muertas He 6,1

 

Al comenzar este recorrido sobre las bases de nuestra fe según se presentaban al inicio de la Iglesia, hay que situarse en el contexto en el que se predicaban. En ese momento, el cristianismo no era una religión mayoritaria con una tradición y doctrina bien elaborada. Era un fuego que se extendía de persona en persona, por el testimonio del encuentro con Cristo Resucitado, vencedor de la muerte y, así, liberador del miedo que aprovecha el diablo para esclavizarnos durante toda la vida (He 2,15).

 

Hoy en día nuestro contexto es muy parecido cuando nos encontramos con muchos contemporáneos que dicen no creer en Dios. O incluso con muchos creyentes que tienen su fe tibia por un peso excesivo de tradición o moralismo.

 

¿Qué enseñanza es posible y eficaz? Solo hay una palabra convincente: “Yo he experimentado que Jesús está vivo, y esto es lo que me pasó. ¿Quieres experimentarlo tu también?”. Podemos pensar que este primer tema en la Iglesia primitiva no era una exposición de las pruebas sobre la existencia de Dios, sino la proclamación del kerigma encarnado en una historia personal.

 

Lo que funcionaba hace dos mil años, sigue siendo poderoso en la actualidad. Lo podemos ver en la experiencia que narra Kiko Argüello, iniciador del Camino Neocatecumenal, entre los gitanos de las chabolas en un barrio de Madrid en los años 1960 (El Kerigma. En las chabolas con los pobres, p44-45):

 

Le pregunté a un gitano de piel muy morena: “¿Crees en Dios?”. Y me dijo: “Sí”. “Ah, ¿lo has visto?”. “No”. “Y por qué crees en Dios? ¿Te lo ha dicho tu padre?”. “No”. “¿Has ido a la escuela?”. “No. Nunca”. “entonces, ¿por qué crees en Dios? ¿Lo has visto? ¿de qué color es? ¿azul? ¿Cómo es Dios?”. Él se quedó callado. “Crees en Dios. ¿Por qué crees en Él?”. Y el gitano, uno de esos que van por los pueblos con un carro y arreglan cosas –se ganan la vida así porque son nómadas-, contó un hecho. Dijo: “Una vez estaba en mi carro. Ya estaba casado y tenía un hijo. Paré el carro y busqué un lugar para comer y descansar, y estaba debajo de un árbol. Estaba con mi mujer. Estábamos sentados. El rayo cayó en el carro y lo encendió. ¡Dentro estaba mi hijo!”. En ese momento se puso de rodillas y dijo a Dios: “¡Oh Dios, salva a mi niño! ¡Si salvas a mi niño, te prometo que toda mi vida será para ti!”. Primero hizo esta oración. Luego fue corriendo al carro que estaba ardiendo y el niño estaba vivo, sano, y reía. En ese momento tuvo tal experiencia divina, luminosa, que le dio la certeza: “Dios existe. Aunque el que sea me quiera hacer creer que Dios no existe, yo sé que Dios existe”.

 

Aquel hombre contó un hecho en el que había visto la presencia divina. La Biblia cuenta hechos; hechos en los que Dios interviene: Dios elige un pueblo y, mediante sus intervenciones, Dios se revela. Por eso una de las catequesis que hacemos en las parroquias empieza preguntando: “Tú crees en Dios? ¿Por qué crees en Dios? ¿Tienes un hecho de tu historia en el que Dios ha intervenido o son cosas que sabes de oídas? Cuenta un hecho de tu historia”. Esa catequesis la inventaron los gitanos los pobres.

 

Tanto si estamos al comienzo de una vida con Dios, como si nos encontramos ante la llamada a una nueva etapa interior, siempre es bueno volver al principio para situarnos en la mirada y el plan de Dios. Por eso también  nosotros podemos hacernos esta pregunta: ¿Tengo un hecho de mi historia en el que Dios ha intervenido? Cuéntalo o escríbelo.

 

Hay Biblias en el que se traduce el versículo de He 6,1 como la conversión de las obras que llevan a la muerte. El hecho es que la cuestión sobre Dios es la disyuntiva entre dos caminos: el de la muerte, marcado por el pecado, y el de la vida, que se recibe de Dios y que también es posible para mí en mis circunstancias de vida. Descubramos que Dios mismo viene a  nuestro encuentro para ofrecernos la Vida, la liberación de las cadenas y la curación de nuestras heridas de muerte.

 

¿Qué experiencia tengo de cómo Dios ha producido en mi un cambio liberándome y dándome vida?

 

A partir de ahí puedo renovar mi renuncia a “las obras que llevan a la muerte” y la opción por Dios.

 Editado por benicasim@beatitudes.org

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: