PASCUA

La Pascua es la fiesta de la nueva creación

Velar en silencio. Sábado Santo.

Viacrucis en Lourdes

Por A. Pronzato

No sé si seremos capaces todavía de estar en silencio. Esta sería la mejor ocasión para ello. Velar en silencio.

Aguardar en la noche, encendiendo la lámpara del silencio. Dejarnos sorprender por el misterio sumergidos en el terreno del silencio.
Prepararnos a la luz desde las profundidades del silencio.
En este punto las palabras son inútiles.

Pertenecen al mundo viejo, condenado ya a muerte. Además, con todos nuestros abusos, las hemos gastado. Han perdido su brillo. Se han reducido a simple ruido. «Palabras habladas», que ya no dicen nada.

Hundámoslas en el sepulcro de Cristo. Tapémonos la boca, al menos en esta circunstancia.

No empañemos la luz que nace con el estruendo de nuestros discursos. Correríamos el riesgo de apagarla o, al menos, de no percibirla. Hemos hablado, charlado, gritado, discutido demasiado.

Y lo único que hemos logrado es aumentar la confusión, complicar las cosas más sencillas, embarullarlo todo, profanar el misterio. Así no se puede seguir.

Llevamos el luto del silencio, porque hemos matado, junto con la Palabra, las palabras.

En el sepulcro de Cristo, guardado por el silencio, también pueden resucitar nuestras palabras decrépitas. Nacer nuevas, aptas para contar un mundo nuevo.

Palabras pequeñas, trasparentes, modestas, no ruidosas, las únicas que pueden narrar las «maravillas» cumplidas por el Señor. No ya «palabras habladas», sino «palabras que hablan». «Estaba junto a la cruz de Jesús su madre…» (Jn 19, 25).

María, no hemos tenido coraje para llegar, contigo y con las otras mujeres, hasta allí. Nos hemos dispersado enseguida, después de tantos discursos altisonantes.

Ahora, afortunadamente, ya no tenemos nada que decir, ninguna declaración que hacer.

Queremos solamente, si nos aceptas, estar contigo en silencio, y esperar contigo este segundo y asombroso nacimiento.
Permite que tu silencio envuelva nuestras almas, caliente nuestros corazones, encienda nuestros rostros apagados o asustados.
No queremos molestar, ni hacernos pesados.

Sólo, respetar el carácter sagrado de esta noche, cantando quizás en silencio.

Haznos conscientes de que a la piedra no la derrumbará un trueno pavoroso.

Sólo se notará -como en el caso de Elías, en el umbral de la cueva del Horeb- el susurro de un «suave silencio».

Y tras ese susurro saldrán también, milagrosamente despertadas, prodigiosamente intactas, nuestras palabras, convertidas en palabras de la «nueva creación».

Saldremos a su encuentro con las puntas de los pies.

Tras esta trepidante vigilia de silencio quizás logremos no profanarlas, respetarlas, guardarlas celosamente, no empañar su resplandor. Las trataremos con delicadeza, con pudor. Ya no las manipularemos a nuestro antojo.

Si las palabras tienen que proclamar el anuncio pascual, el silencio constituye su necesaria preparación. Como si se tratara de un presagio del acontecimiento inaudito.

Viz Crucis. Maria.Siete Palabras de Jesus en la Cruz

Via Crucis, Maria – Barbara Furtuna & L’Arpeggiata

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Siete Palabras de Jesus en la Cruz

por Ángel Moreno de Buenafuent​e

Ante Cristo que yace en la Cruz, es momento propicio para traer a la memoria el testamento de sus últimas palabras. Cuando una persona nos deja, valoramos mucho más los últimos momentos de su vida, y los elevamos a acciones o recomendaciones ejemplares.

“Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen” (Lc 23: 34)

El Papa, en su primer rezo del Ángelus, nos dijo: “Dios nunca se cansa de perdonar. Nunca. Él jamás se cansa de perdonar, pero nosotros, a veces, nos cansamos de pedir perdón. No nos cansemos nunca, no nos cansemos nunca. Él es Padre amoroso que siempre perdona, que tiene ese corazón misericordioso con todos nosotros. Y aprendamos también nosotros a ser misericordiosos con todos” (Francisco, Ángelus 17 de marzo). Señor, ante tu cuerpo tendido en tierra, perdóname. No tengas en cuenta mi pecado.

“En verdad te digo: Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso” – (Lc 23: 43)

Jesús, con su muerte, ha abierto las puertas del Paraíso, a la vez que nos indica a todos nuestro propio destino. Resuenan las palabras del Evangelio: «En verdad os digo que los publicanos y las rameras llegan antes que vosotros al Reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros por camino de justicia, y no creísteis en él, mientras que los publicanos y las rameras creyeron en él” (Mt 21, 31-32). Señor, que nunca me cobije en mi pecado para no confiar en ti, que nunca juzgue a los otros para excusarme yo. Que por encima de todo pueda en mí siempre la confianza.

“Mujer, aquí tienes a tu hijo … Aquí tienes a tu madre” – (Jn 19: 26-27)

Con la muerte de Cristo, se inauguran las relaciones del nuevo pueblo de Dios. La Madre de Jesús, imagen de la Iglesia esposa, se convierte para nosotros en mediación entrañable para sentirnos hermanos de Jesús, hijos de Dios. “Deseo que el Espíritu Santo, por la plegaria de la Virgen, nuestra Madre, nos conceda a todos nosotros esta gracia: caminar, edificar, confesar a Jesucristo crucificado” (Homilía fin de Cónclave). A la vez, seamos custodios de María, como lo fue San José, como lo fue el discípulo amado. “Con la atención constante a Dios, abierto a sus signos, disponible a su proyecto, y no tanto al propio” (Homilía, inauguración del pontificado). Jesús, gracias por tu amor entrañable, por la mediación amorosa que nos dejas en tu Madre, y por la confianza que has depositado en nosotros para que la acojamos en nuestro corazón. Ten la seguridad de que la cuidaremos. Santa María del Desamparo, acepta la misión que te confía tu Hijo. Ruega por nosotros.

“Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” (Mt 27, 46 y Mc 15, 34)

Jesús reza el salmo 22, que si comienza con un grito de auxilio, termina con una experiencia de misericordia. “De ti viene mi alabanza en la gran asamblea, mis votos cumpliré ante los que le temen. Los pobres comerán, quedarán hartos, los que buscan al Señor le alabarán: «¡Viva por siempre vuestro corazón!»” (Sal 22, 26-27). Hoy hay muchas personas en extrema soledad, intemperie y pobreza. Tenemos la llamada para ser mediación de la ternura de Dios, para que nadie se sienta abandonado por Él. “Acoger con afecto y ternura a toda la humanidad, especialmente a los más pobres, los más débiles, los más pequeños; al hambriento, al sediento, al forastero, al desnudo, al enfermo, al encarcelado (cf. Mt 25,31-46). Entonces, también, podrán contar la experiencia de la bondad divina, la coherencia de nuestra fe. Una de las últimas palabras del Papa Benedicto XVI, fueron: “Me he sentido como San Pedro con los apóstoles en la barca en el lago de Galilea: el Señor nos ha dado muchos días de sol y de brisa suave, días en los que la pesca ha sido abundante; ha habido también momentos en los que las aguas se agitaban y el viento era contrario, como en toda la historia de la Iglesia, y el Señor parecía dormir. Pero siempre supe que en esa barca estaba el Señor y siempre he sabido que la barca de la Iglesia no es mía, no es nuestra, sino que es suya. Y el Señor no deja que se hunda; es Él quien la conduce, ciertamente también a través de los hombres que ha elegido, pues así lo ha querido. (…) Yo nunca me he sentido solo al llevar la alegría y el peso del ministerio petrino; el Señor me ha puesto cerca a muchas personas que, con generosidad y amor a Dios y a la Iglesia, me han ayudado y han estado cerca de mí” (Audiencia, 27 de febrero, 2013).

“Tengo sed” (Jn 19, 28)

La sed de Jesús no es sed material. Él se ha presentado como pozo de agua viva. Jesucristo en la Cruz muere de sed de amor, de sed de ti y de mí. Y ha convertido el gesto humilde de dar de beber en sacramento, y los que den aunque solo sea un vaso de agua por Cristo, tendrán su recompensa. Pero el agua que Él desea beber es el agua de la entrega de nuestras personas. “Debemos mantener viva en el mundo la sed de lo absoluto, sin permitir que prevalezca una visión de la persona humana unidimensional, según la cual el hombre se reduce a aquello que produce y a aquello que consume. Ésta es una de las insidias más peligrosas para nuestro tiempo” (Francisco a los líderes de diferentes religiones).Con el salmista te manifiesto, Señor: “Mi alma está sedienta de ti, como tierra reseca, agotada, sin agua” (Sal 62). “Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío. Mi alma tiene sed del Dios vivo, ¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios?” (Sal 42, 2-3). “Señor, dame de esa agua, para que no tenga más sed” (Jn 4, 15).

“Todo se ha cumplido” (Jn 19, 30)

¡Qué paz debe de brotar en el corazón cuando se tiene la seguridad de haber llevado a cabo la obra encomendada por Dios! Jesús la debió de sentir. San Pablo, quizá como eco de esta experiencia, dice de sí mismo: “He competido en la noble competición, he llegado a la meta en la carrera, he conservado la fe. Y desde ahora me aguarda la corona de la justicia que aquel Día me entregará el Señor, el justo Juez; y no solamente a mí, sino también a todos los que hayan esperado con amor su Manifestación. (2 Tm 4, 7-8). Y el Apóstol Santiago: “¡Feliz el hombre que soporta la prueba! Superada la prueba, recibirá la corona de la vida que ha prometido el Señor a los que le aman” (Sant 1, 12). Señor, yo no puedo decir “todo está cumplido”, pero te pido que hagas conmigo tu voluntad, como Tú fuiste la voluntad de tu Padre.

“Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” (Lc 23, 46)

Es la última palabra de Jesús, en total abandono. Ante ella, me resuena el discurso del Papa Francisco a los cardenales: “Nunca nos dejemos vencer por el pesimismo, por esa amargura que el diablo nos ofrece cada día; no caigamos en el pesimismo y el desánimo: tengamos la firme convicción de que, con su aliento poderoso, el Espíritu Santo da a la Iglesia el valor de perseverar y también de buscar nuevos métodos de evangelización, para llevar el Evangelio hasta los confines de la tierra (cf. Hch 1,8). ¡Ánimo! La mitad de nosotros tenemos una edad avanzada: la vejez es – me gusta decirlo así – la sede de la sabiduría de la vida. Los viejos tienen la sabiduría de haber caminado en la vida, como el anciano Simeón, la anciana Ana en el Templo. Y justamente esta sabiduría les ha hecho reconocer a Jesús. Ofrezcamos esta sabiduría a los jóvenes: como el vino bueno, que mejora con los años, ofrezcamos esta sabiduría de la vida (Francisco, discurso a los cardenales). Amigos más jóvenes, sobre todo a vosotros, los niños, fijaos lo que dice la Biblia: “Seréis alimentados, en brazos seréis llevados y sobre las rodillas seréis acariciados. Como uno a quien su madre le consuela, así yo os consolaré” (Is 66, 12-13).

¡Que no se pierda en nosotros el fruto de tanto amor divino!

Jueves Santo. Amor Fraterno. Servicio. Eucaristía

 (…)El “mandamiento del amor” está inseparablemente unido a la obediencia al mandato del Señor: “Haced esto en conmemoración mía”. No se puede separar la celebración de la eucaristía y la reconciliación de la justicia, el amor fraterno y el servicio.

(…).El apóstol San Juan, nos dejó escrito “quien ama a su hermano permanece en la luz” (1 Jn, 2, 10), y Jesús nos amó hasta el extremo, por eso Él vive en la Luz, Él es la Luz. Así, cuando nosotros actualizamos dicho gesto, sirviendo a los hermanos más pobres y compartiendo nuestros bienes con ellos, compartimos la misma Luz de Jesús y somos signos y testimonio de amor en el mundo.

El Jueves Santo, día del amor fraterno, Cristo “nuestra Luz” nos llama a derribar muros, unidos con Él. Jesucristo se entregó a la muerte para derribar “la barrera del odio” que separaba a las gentes (cf. Ef 2,14), y hacer de todos ellos una única familia bajo un mismo y único Padre.

En aquel primer Jueves Santo el Señor nos mandó amar como Él amó y nos da su propio corazón en la Eucaristía para amar con Él(…) Con este inefable Don, el Señor nos entrega, junto con el mandato del amor, la fuerza divina para poderla cumplir en todo tiempo y circunstancia, por difícil que sea. Cáritas trabaja para que, el compartir de la comunidad a través de sus colectas, donativos y servicios posibilite a las personas que viven en la pobreza y la exclusión una oportunidad para alcanzar su promoción e inserción social.

Jesús nos invita a amarnos sin límites, a entregar lo que somos y tenemos para que las tinieblas de la pobreza y la exclusión sean disipadas por la luz del amor y el compartir. Por eso, es cada vez más necesario, que descubramos la generosidad y nos aventuremos, sin miedo, a compartir nuestros bienes con los más pobres. (…)

Antonio Ceballos Atienza, Obispo de Cádiz y Ceuta (con leves cambios)

 

Martes Santo. Oraciones

Martes Santo. Oraciones para Semana Santa

Francis Pastor, cmf 

Por la mañana

Que pueda quitarme de encima lo que me estorba y el pecado que me ata, para correr en la carrera que me toca, sin rendirme, sin abandonar, fijos los ojos en ti, Jesús que ya has corrido, y que inicias y completas nuestra fe. Tú mismo, renunciando al gozo inmediato que siempre el mundo ofrece, soportaste con entereza la cruz, sin importante la ignominia y el desprecio de los importantes. Que no me canse yo ni pierda el ánimo; todavía no he llegado a la sangre en mi pelea contra el pecado. Acepto con gusto la corrección que me viene de ti, Padre Dios, aunque me duela, porque lo único que pretendes regalarme, como fruto de mi conversión, es una vida resucitada, semejante a la de tu Hijo. Fortalece, Señor, mis manos débiles y haz fuertes mis rodillas vacilantes, para que camine seguro por tu senda.

Quiero imitarte, Jesucristo, para poder llegar y vivir en la familiaridad con Dios, tu Padre y nuestro Padre. Corta con mi vida anterior, radicalmente, para que sea posible en mi el comienzo de una vida nueva. Ayúdame a poner entre lo anterior y lo que viene una muerte necesaria. Que las aguas del bautismo, en las que Tú mismo quieres bautizarte: las aguas de tu sangre, sepulten mi cuerpo de pecado y despojen mi vida de los bajos instintos y de todas las obras de la carne; para emerger después -como Tú-de esas mismas aguas como si me levantara de la muerte, lavado y purificado, resucitado, convertido en espiga de mil granos.

Por la noche 

Nos has comprado, Señor, con tu sangre, de toda raza, lengua, pueblo y nación: Conduce a tu Iglesia, que es tu pueblo nuevo, conduce a la humanidad entera a esa Pascua tuya de la vida. Atravesado por la lanza de un anónimo soldado, sabes ahora, supiste siempre sanar nuestras heridas. Y si para hacernos saber que Tú sí perdonabas, te dejaste clavar en una cruz, perdona otra vez a aquella adúltera, rota, sola, despreciada pero arrepentida; perdona de nuevo a aquel publicano del templo de ojos casi en la tierra, suplicando; perdona otra vez a aquel Zaqueo, tan bajito él pero que tanto había robado; perdona otra vez al ladrón que muere a tu costado; perdona a los que durante tu agonía se burlaron de ti y blasfemaron…

Perdónalos, porque de todos ellos hay mucho en cada uno de nosotros. Y si les perdonaste a ellos, fue para decirnos que también a nosotros quieres perdonarnos.

Entrevista exclusiva del Cardenal Bergoglio, hoy Papa Francisco

Viernes de Dolores. Stabat Mater.

Debemos  la selección y montaje de este material y devociones marianas a manantialdivino.com, cuya visita recomendamos y con caridad fraterna agradecemos su disposicion. La Virgen les bendiga y premie su labor y consuelo.

El Viernes de Dolores es el viernes anterior al Domingo de Ramos, ósea el ultimo viernes de la Cuaresma.

Estaba la madre (Himno)

-clic en el titulo para acceso al himno-

Madre Dolorosa

(Memorial 15 de Septiembre)

AVEMARÍA DOLOROSA

Dios te salve, María, llena eres de dolores; Jesús crucificado está contigo; digna eres de llorada y compadecida entre todas las mujeres, y digno es de ser llorado y compadecido Jesús, fruto bendito de tu vientre. Santa María, Madre del Crucificado, da lágrimas a nosotros crucificadores de tu Hijo, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén 

A LA VIRGEN DE LOS DOLORES

Señora y Madre nuestra: tu estabas serena y fuerte junto a la cruz de Jesús. Ofrecías tu Hijo al Padre para la redención del mundo.

Lo perdías, en cierto sentido, porque El tenía que estar en las cosas del Padre, pero lo ganabas porque se convertía en Redentor del mundo, en el Amigo que da la vida por sus amigos.

María, ¡qué hermoso es escuchar desde la cruz las palabras de Jesús: “Ahí tienes a tu hijo”, “ahí tienes a tu Madre”.

¡Qué bueno si te recibimos en nuestra casa como Juan! Queremos llevarte siempre a nuestra casa. Nuestra casa es el lugar donde vivimos. Pero nuestra casa es sobre todo el corazón, donde mora la Trinidad Santísima. Amén.

Meditación de la Soledad de la Virgen

En tus manos cobijado

Autor: El historiador Joaquín Luis Ortega

A la soledad de María

Déjame, Soledad, que te acompañe,
pues grande, más que el mar, es tu quebranto.
Deja que la amargura de tu llanto
con mis manos la achique y la empañe.

Déjame, Soledad, que tu agonía
sea yo quien la viva y la padezca,
que, junto a ti, mi soledad merezca
el dulce alivio de tu compañía

Recuerda, Soledad de soledades,
que fuiste confiada a mi cuidado
por tu Hijo en el trance de su muerte.

Él me fió también a tus bondades.
Toma mis manos, Soledad doliente.
Yo, me quedo en las tuyas cobijado

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“El camino para penetrar en los sufrimientos del Hijo es penetrar en los sufrimientos de la Madre. “

Cardenal J. H. Newman.
Sermón para el Dom. III de Cuaresma. Ntra. Sra. en el Evangelio

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