Medjugorje

Por lo valioso de estos testimonios y videos, reblogueamos, este post.

Tuve ocasion de escuchar a Sor Emmanuel durante su visita a Valencia recientemente. Todo un testimonio de sencillez, ternura, confianza, entrega y abandono a Dios por Maria. Realmente, nuestra Madre la acompaña y confirma su testimonio de Ella.

Hesiquía blog

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Un mandamiento nuevo.V Domingo de Pascua, Ciclo C.

Hechos 14,20b-26;
Apocalipsis 21,1-5a;
Juan 13, 31-33a.

Hay una palabra que se repite varias veces en las lecturas de este domingo. Se habla de «un nuevo cielo y una nueva tierra», de la «nueva Jerusalén», de Dios, que hace «nuevas todas las cosas», y finalmente, en el Evangelio, del «mandamiento nuevo»: «Os soy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros como Yo os he amado»

«Nuevo», «novedad» pertenecen a ese restringido número de palabras «mágicas» que evocan siempre significados positivos. Nuevo flamante, ropa nueva, vida nueva, nuevo día, año nuevo. Lo nuevo es noticia. Son sinónimos. El Evangelio se llama «buena nueva» precisamente porque contiene la novedad por excelencia.

¿Por qué nos gusta tanto lo nuevo? No sólo porque lo que es nuevo, no usado (por ejemplo, un coche), en general funciona mejor. Si sólo fuera por esto, ¿por qué daríamos la bienvenida con tanta alegría al año nuevo, a un nuevo día? El motivo profundo es que la novedad, lo que no es aún conocido y no ha sido aún experimentado, deja más espacio a la expectativa, a la sorpresa, a la esperanza, al sueño. Y la felicidad es precisamente hija de estas cosas. Si estuviéramos seguros de que el año nuevo nos reserva exactamente las mismas cosas que el anterior, ni más ni menos, nos dejaría de gustar.

Nuevo no se opone a «antiguo», sino a «viejo». De hecho, también «antiguo» y «antigüedad» o «anticuario» son palabras positivas. ¿Cuál es la diferencia?Viejo es lo que, con el paso del tiempo, se deteriora y pierde valor; antiguo es aquello que, con el paso del tiempo, mejora y adquiere valor. Por eso se procura evitar la expresión «Viejo Testamento» y se prefiere hablar de «Antiguo Testamento».

Ahora, con estas premisas, acerquémonos a la palabra del Evangelio. Se plantea inmediatamente un interrogante: ¿cómo se define «nuevo» un mandamiento que era conocido ya desde el Antiguo Testamento (cfr. Lev 19, 18)? Aquí vuelve a ser útil la distinción entre viejo y antiguo. «Nuevo» no se opone, en este caso, a «antiguo», sino a «viejo».

El propio evangelista Juan, en otro pasaje, escribe: «Queridos, no os escribo un mandamiento nuevo, sino el mandamiento antiguo, que tenéis desde el principio… Y sin embargo os escribo un mandamiento nuevo» (1 Jn 2, 7-8). En resumen, ¿un mandamiento nuevo o un mandamiento antiguo? Lo uno y lo otro.

Antiguo según la letra, porque se había dado desde hace tiempo; nuevo según el Espíritu, porque sólo con Cristo se dio también la fuerza de ponerlo en práctica. Nuevo no se opone aquí, decía, a antiguo, sino a viejo. Lo de amar al prójimo «como a uno mismo» se había convertido en un mandamiento «viejo», esto es, débil y desgastado, a fuerza de ser trasgredido, porque la Ley imponía, sí, la obligación de amar, pero no daba la fuerza para hacerlo.

Se necesita por ello la gracia. Y de hecho, per se, no es cuando Jesús lo formula durante su vida que el mandamiento del amor se transforma en un mandamiento nuevo, sino cuando, muriendo en la cruz y dándonos el Espíritu Santo, nos hace de hecho capaces de amarnos los unos a los otros, infundiendo en nosotros el amor que Él mismo tiene por cada uno.

El mandamiento de Jesús es un mandamiento nuevo en sentido activo y dinámico:  porque «renueva», hace nuevo, transforma todo. «Es este amor que nos renueva, haciéndonos hombres nuevos, herederos del Testamento nuevo, cantores del cántico nuevo» (San Agustín).

Si el amor hablara, podría hacer suyas las palabras que Dios pronuncia en la segunda lectura de hoy: «He aquí que hago nuevas todas las cosas».

Autor: P. Raniero Cantalamessa, ofmcap

Sitio Web: P. Raniero Cantalamessa, ofmcap

 

[Traducción del original italiano realizada por Zenit]

María, medianera universal de todas las gracias

María Santísima, verdaderamente medianera universal de todas las gracias

 

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(…)La Sagrada Escritura [afirma] que “uno es Dios”, y “uno también el mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús, que se entregó a sí mismo para redención de todos” (1 Tim 2, 5-6). Igualmente el Apóstol en la Carta a los Hebreos insiste en la unicidad de la mediación de Jesucristo: “Por esto nuestro Pontífice (Cristo) ha recibido en suerte un ministerio tanto mejor cuan Él es mediador de una más excelente alianza” (Heb 8,6).

Entretanto (y como afirma el P. Antonio Royo Marín O. P. en su estudio ‘La Virgen María – Teología y espiritualidad marianas’, escrito que seguiremos en las siguientes disquisiciones) “la mediación principal y universal de Cristo no impide que haya otros mediadores secundarios (…) entre Dios y los hombres”. ¿Cómo conciliar esta última aseveración con el clarísimo texto paulino arriba citado, de la Carta a Timoteo? No es difícil, y ya lo hizo el desarrollo teológico mariológico.

La tesis que sustenta el sacerdote dominico, como perteneciente a la doctrina católica, es que “por libre disposición divina, la Santísima Virgen, como nueva Eva, es verdaderamente Mediadora universal entre Dios y los hombres; no de una manera principal y necesaria, sino secundaria y enteramente dependiente y subordinada a la mediación de Cristo”. Es decir, la Virgen no ‘compite’ con Jesús, no. Pero sí, sin temor, debemos proclamar que Ella es Mediadora universal, asociada a Cristo. Miremos como.

Mediador es aquel tercero ubicado entre otros dos para unirlos. Las cualidades del mediador deben ser: “ocupar un término medio entre las personas sobre las que va a realizar su mediación”; su persona “ha de ser grata a la persona superior” con que hace mediación; y “ha de ofrecer una satisfacción proporcionada a la ofensa que se ha de perdonar o a la deuda que se ha de saldar”.

Para completar los preliminares, debemos decir que existen varios tipos de mediación.

Con relación al mediador, existe una mediación ontológica y otra dinámica. Mediación ontológica es la que “corresponde a aquel ser que por su propia naturaleza está colocado entre los dos extremos” en los que va a mediar, como por ejemplo lo sería el hombre entre los ángeles y los animales, pues el ser humano tiene algo de unos y algo de otros. Y la mediación dinámica, es la realización efectiva de esa mediación, que puede ser ejercida por quien está ontológicamente capacitado.

Con relación a la mediación propiamente dicha, existe la principal y la secundaria. “Principal es la que realiza el mediador por su propia excelencia y propios méritos, sin relación o recurso a ninguna otra persona. Secundaria es la que realiza un mediador que pone algo de su parte también, pero en estrecha y esencial dependencia de otro mediador más importante, que es el mediador principal”.

Con relación a los efectos de la mediación existe la mediación dispositiva “que prepara la mediación”; la mediación perfectiva “que la realiza de hecho”; y la ministerial que aplica la mediación.

La Mediación de la Virgen: ontológica y dinámica; secundaria; y dispositiva, perfectiva y ministerial

Enmarcándola en las anteriores distinciones, la mediación de la Virgen Santísima es ontológica y dinámica; secundaria; y dispositiva, perfectiva y ministerial. Dejemos que Royo Marín nos lo explique.

En María se cumple la mediación ontológica “puesto que, por su maternidad divina, está colocada ontológicamente entre Dios y los hombres: inferior a Dios, pero muy superior a los hombres”. Igualmente se cumple la dinámica, “puesto que realizó de hecho, asociada a Cristo Redentor, la corredención del mundo”.

2.jpgLa Virgen realizó la mediación secundaria, “puesto que asoció sus dolores a la sangre de Cristo, contribuyendo secundaria y proporcionalmente a la redención del mundo”, en lo que se llama técnicamente como una satisfacción de mérito redentor condigno proporcional (tema éste interesantísimo, para otras líneas). Y finalmente con relación de los efectos de la mediación, la Virgen bendita realizó la mediación “dispositiva antes de la encarnación, adelantándola con sus oraciones -como afirman gran número de Santos Padres- y alimentando y cuidando después, durante los 30 años de Nazaret, a la Divina Víctima”. También realizó la mediación “perfectiva al pie de la cruz, porque con sus dolores inefables y con sus lágrimas de Corredentora realizó la mediación universal de una manera secundaria y esencialmente dependiente de la mediación principal”. Asimismo, la Virgen realiza una mediación ministerial “en cuanto que, por divina disposición, aplica y distribuye a cada uno de nosotros todas y cada una de las gracias que recibimos de Dios”, según fue tratado en nota anterior.

Por lo demás, el magisterio pontificio no ha tenido temor alguno en llamarla repetidamente “Mediadora”. Por ejemplo, en la catequesis de Juan Pablo II del 24 de septiembre de 1997, el Papa polaco recordaba el texto atinente de la Constitución conciliar Lumen Gentium: “Es una función que ella ejerce en beneficio de quienes están en peligro y tienen necesidad de favores temporales y, sobre todo, de la salvación eterna: «Con su amor de madre cuida de los hermanos de su Hijo que todavía peregrinan y viven entre angustias y peligros hasta que lleguen a la patria feliz. Por eso la santísima Virgen es invocada en la Iglesia con los títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora» (Lumen gentium, 62)”. (Cfr. http://www.franciscanos.org/jpabloII/jpiimediadora.html). Y así con casi todos los papas del siglo pasado.

La Virgen es un cofre riquísimo de tesoros, muchos aún ocultos a los hombres. Irlos ‘descubriendo’ será un elemento que nos una más a Dios, pues ese y no otro es su papel en la historia de la salvación.

Por Saúl Castiblanco

Contenido publicado en es.gaudiumpress.org, en el enlace http://es.gaudiumpress.org/content/46008#ixzz2RAdTmnri
Se autoriza su publicación desde que cite la fuente.

Orar con Moises. (by Tengo sed de Ti.)

Moisés ante la zarza ardiente

Moisés es una figura fascinante… Su historia le lleva lejos de su pueblo –un pueblo que apenas conocía–, para hacer su vida en una tierra extraña. Allí, sin esperarlo, Dios le llama desde una zarza ardiente. Conversa con él. Le muestra su amor por su pueblo. Y le envía para liberarlos. Moisés se humilla, se rehúsa, pone excusas, cuestiona, pide. Al final, Dios le revela su Nombre… ¡se deja conocer por Moisés!

Cuantas veces nosotros nos comportamos como Moisés y nos rehusamos a hacer la Voluntad de Dios: le cuestionamos, le reprochamos y hasta nos enojamos con Él. Se nos olvida que Moisés se humilló… y es en la humildad donde está la clave para entablar una verdadera amistad con Dios.

De Moisés podemos aprender que «orar» es «hablar con Dios». Junto a la zarza ardiente, Dios inicia una verdadera conversación con Moisés y le confía una misión. Moisés pone objeciones y hace preguntas. Finalmente Dios le revela su nombre sagrado. Así como entonces Moisés adquirió confianza con Dios y se dejó tomar del todo a su servicio, así también debemos orar nosotros y entrar en la escuela de Dios.

Conocemos la historia del Éxodo y todos los portentos que Dios hizo por medio de Moisés. También conocemos su largo caminar por el desierto, guiando al pueblo hacia la Tierra Prometida. Durante todo este tiempo, Moisés oraba… y oraba… y oraba…

Reza por el faraón cuando Dios, con las plagas, trataba de convertir el corazón de los egipcios (cf. Ex 8–10); pide al Señor la curación de su hermana María enferma de lepra (cf. Nm 12, 9-13); intercede por el pueblo que se había rebelado, asustado por el relato de los exploradores (cf. Nm 14, 1-19); reza cuando el fuego estaba a punto de devorar el campamento (cf. Nm 11, 1-2) y cuando serpientes venenosas hacían estragos (cf. Nm 21, 4-9); se dirige al Señor y reacciona protestando cuando su misión se había vuelto demasiado pesada (cf. Nm 11, 10-15); ve a Dios y habla con él «cara a cara, como habla un hombre con su amigo» (cf. Ex 24, 9-17; 33, 7-23; 34, 1-10.28-35).

Al igual que Abraham, Moisés intercede ante Dios luego de la apostasía del pueblo. Pero él va un paso más allá… se pone en la brecha y se ofrece a sí mismo junto con ellos: «o perdonas su pecado o me borras del libro que has escrito».

En Moisés, que está en la cima del monte cara a cara con Dios y se hace intercesor por su pueblo y se ofrece a sí mismo —«o me borras»—, los Padres de la Iglesia vieron una prefiguración de Cristo, que en la alta cima de la cruz realmente está delante de Dios, no sólo como amigo sino como Hijo. Y no sólo se ofrece —«o me borras»—, sino que con el corazón traspasado se deja borrar…

Los argumentos de su oración servirán de inspiración a los grandes orantes judíos y cristianos: Dios es amor, por tanto, es justo y fiel, no puede contradecirse y debe acordarse de sus maravillas, su Gloria está en juego y no puede abandonar al pueblo que Él mismo se ha elegido.

Pero aún hay algo más que podemos aprender de la oración de Moisés. Aún queda algo más en ese «cara a cara» con Dios. No sé si te ha pasado, pero cuando tienes un amigo de mucho tiempo, hay momentos que se miran y ambos saben lo que el otro está pensando. Así era la amistad de Moisés con Dios: «Dios hablaba con Moisés cara a cara, como habla un hombre con su amigo». Moisés es el prototipo de la oración contemplativa… es el siervo que se abandona confiadamente en los brazos de su Señor y su mirada se pierde en la Mirada de su Amo. Así, perdida su mirada en La Mirada, ya no hacen falta las palabras. Moisés subía al Monte a encontrarse con su Amigo y, más que hablar, escuchaba lo que Él quería decir. Al bajar, su rostro resplandecía al punto que todos lo notaban.

Así tiene que ser nuestra oración, un abandonarnos completamente en los brazos de Dios. Con confianza absoluta, más que siervos, como hijos… como se abandona un niño pequeño en el regazo de su Padre. Una oración que no termina nunca, porque nuestra mirada siempre está puesta en la Suya y nuestro corazón siempre es un reflejo de su Misericordia.

[bibliography]
Las citas “indentadas” en este artículo pertenecen al YouCat y a una catequesis de Benedicto XVI sobre la oración de Moisés.[/bibliography]

Post editado por el Blog “tengoseddeTi

La Oración | 03

by Romualdo

RESURRECCIÓN: ¿QUÉ ES RESUCITAR?

LA RESURRECCIÓN EN LA BIBLIA

La Resurrección es un hecho fundamental en la fe del cristiano que debe ser conocido y profundizado por todo creyente, particularmente en el tiempo pascual. Intentaremos en este estudio desglosar los distintos significados enmarcados por el mismo término e investigar su riqueza:

Etimología:

El N.T. es el tomo de la Biblia donde más se habla de la Resurrección. Para ello se emplea el término griego Anástasis (resurrección), que está emparentado con Anastao (sacar, levantar). El vocablo castellano proviene del latín “Resurrectio”, que también tiene el significado de resurgir. De manera que resucitar significaría levantarse, salir o ser sacado de entre los muertos. Los muertos yacen acostados, por eso volver a la vida se entiende como “levantarse”.

La resurrección como fenómeno:

El fenómeno de “volver a la vida” y la resurrección “bíblica” no son siempre la misma cosa, aunque están profundamente relacionados. En Gn 2, 7 se describe el origen de la vida: el cuerpo es moldeado de arcilla y lo que da la vida es el soplo vital, el ruaj o pneuma (a la vez aliento y espíritu, en hebreo y griego). La muerte entonces se entendería como en la separación del principio vital del cuerpo (…porque eres polvo y al polvo retornarás. Gn 3, 19). En consecuencia, la resurrección sería la reunión de la materia corpórea con el “principio animador” o alma (cf. 1 Re 17,17ss; 2 Re 4,18-37). La imagen más extrema de la “vuelta a la vida” en el sentido corpóreo está figurada en la profecía de Ezequiel 37, 1-10.

La resurrección como esperanza en el A.T.:

Al explicar el origen del sufrimiento, el texto de Gn 3 establece una relación causa-efecto entre el pecado y la muerte. Todo lo que implicaba enfermedad o muerte era visto como producto del pecado, mientras que, por una analogía inversa, todo lo bueno (salud, prosperidad) era visto como señal de bendición. De allí se derivó en el antiguo Israel el concepto de teología retributiva, que quiere decir que Dios te da salud, descendencia y bienes materiales en la medida en que gozas de su favor por tus oraciones, sacrificios y ofrendas (un ejemplo de ello es el desconcierto de Job frente a la prueba: si Job era justo ¿por qué pierde todo?).

El “punto débil” de la teología de la retribución está en la muerte: ¿acaso la mayor bendición no es la vida? ¿De qué te vale tener bienes si igual has de morir? Y si irremisiblemente mueres ¿para qué sirve vivir? ¿Qué sucede al creyente al morir? (Qo 3;12,7) ¿Qué diferencia existiría entonces entre ser bueno y ser malo si todos mueren igualmente? La inserción de estas reflexiones en el pensamiento teológico de Israel dio paso a una nueva etapa en la Revelación donde la muerte se empezó a entender como un nuevo estadio (el Seol) (Sir 17,25ss) y la resurrección se fue perfilando como una nueva esperanza (Is 26,19; OS 13,14) para los que son fieles a Yahvé. Dios se convierte entonces en el liberador de Israel de las garras de la muerte (Is 25,8). Esta certeza de una vida futura es ya un hecho en la época de los Macabeos (2 Ma 7).

– Jesús y la resurrección:

Sólo un profeta poderoso como Elías podía resucitar a un muerto. Jesús no solo resucitó a la hija de Jairo (Mt 9,18-26), sino que superó a Elías al resucitar un cadáver con 4 días de descomposición (Jn 11,39). También al morir Jesús, varios muertos resucitaron (Mt 27,52). Sin embargo lo más importante es que Jesús se identifica a sí mismo con la Resurrección (Jn 11,25-26) y tras anunciar su anunciar su futura resurrección (Mc 8,31) la ejecuta (Mt 28; Mc 16; Lc 24; Jn 20). La resurrección de Cristo no es solo una vuelta a la vida corpórea, sino un nuevo estado de vida en el cual Él posee un cuerpo real pero libre de las limitaciones materiales (come Lc 24,30.41-43; no está sometido al espacio ni al tiempo Mt 28,9.16-17; Lc 24,15.36; Jn 20,14.19.26;21,4; luce como desea Jn 20,14-15; Mc 16,12; Lc 24,16). Jesús conserva las señales de su Pasión, aunque no todas (Lc 24,40; Jn 20,20.27), sino solamente las que le fueron hechas en la cruz, pues su sacrificio es eterno y está eternamente ligado a la raza humana. Las víctimas ofrecidas en el altar del Templo se consumían, tras lo cual el oferente tenía la necesidad de una nueva víctima para expiar culpas futuras. Jesús conserva las señales que recibió en el altar de su sacrificio (la cruz); éstas no se borran porque el sacrificio de Cristo no es perecedero, sino que la ofrenda está siempre viva.

La Resurrección también implica el culmen de una misión. Al encarnarse Jesús se despoja de todo (Fil 2,6-8), al resucitar lo recobra todo por virtud de su entrega (Mt 28,18). A partir de ese momento es constituido Juez y Regente de todo lo creado (Ef 1,20-23). La Resurrección también inaugura una nueva forma de economía o relación entre Jesús y su Iglesia, donde la Escritura y la Eucaristía vivida en Comunidad son los elementos fundamentales de encuentro con el Resucitado (Lc 24,13-35).

La Resurrección y la Vida: un hecho curioso en la Resurrección es el famoso noli me tangere (no me toques) de Jn 20,17.  Jesús no le dice a Magdalena “no me toques, que todavía no subo al Padre” como una prohibición de ser tocado. Tampoco lo dice porque era un fantasma.  La traducción adecuada es “deja de tocarme, que todavía no subo al Padre”. La subida definitiva se realiza en la Ascensión, pero Juan se refiere a otro hecho: Resucitar es volver a la vida, pero ¿qué es la vida? “Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, al único Dios verdadero y al que tú has enviado, Jesucristo” (Jn 17,3). No basta volver a la vida corporal, hay que reunirse con el Padre para vivir realmente.

– La Resurrección para el creyente:

Apocalipsis habla de dos resurrecciones (Ap 20,1-6), la primera es una resurrección en un sentido espiritual. Resucitar es “levantarse” no solamente del sepulcro sino también del pecado (Ef 5,14). La primera resurrección hace mención al seguimiento voluntario, maduro y desinteresado de Jesucristo, que es en sí mismo una nueva vida orientada hacia las buenas obras (Rm 8,11.14-17), como sucedió con Pablo (Fil 3,8-16).

Todos resucitaremos en la segunda resurrección (es decir, la resurrección al final de los tiempo) lo creamos o no, pero el creyente que orienta su vida hacia Dios por la fe en la resurrección de Jesús (1 Co 15,1-34) resucitará para la vida eterna (1 Ts 4,14), en cambio el que se ponga voluntariamente en contra de Dios resucitará para la eterna condenación (Jn 5,29), que no es más que el dolor de la ausencia eterna de Dios en su vida. Por tanto, la vida plena que posee el resucitado se convierte en un elemento interpelador para nosotros ¿qué clase de vida queremos vivir? De la manera en que vivas tu vida en el presente dependerá tu vida eterna.

La segunda resurrección traerá para quien opte por Jesús una vida nueva, gloriosa, distinta y plena (1 Co 15, 35ss). Un cuerpo glorioso para una vida gloriosa.

Fuente: web Obispado de Canarias -España-

SANTA FAUSTINA. PELICULA COMPLETA

SANTA FAUSTINA

PELICULA COMPLETA

 

Fuente: SantaTeresitaRadio.com

Devoción a la Divina Misericordia

María Faustina Kowalska fue declarada Santa el 30 de abril, 2000. El Santo Padre anunció que en adelante, en la Iglesia universal, el Segundo Domingo de Pascua se conocerá como el Domingo de la Misericordia Divina.

(Fuente: Devoción a la Divina Misericordia)

PROGRAMACIÓN ESPECIAL Y EN VIVO POR EWTN

(el Titulo arriba es enlace a los siguientes contenidos:)

Antecedentes

La Hora de la Misericordia
Santa María Faustina Kowalska

La Coronilla
La Imagen

La Fiesta

La Novena Indulgencias
Los Últimos Tiempos

La Coronilla en Audio

La Coronilla Cantada en Audio

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