El Rosario: escuela de oración

El Rosario: escuela de oración, un tesoro que recuperar

P. Evaristo Sada LC

“Es necesario un cristianismo que se distinga ante todo en el arte de la oración”. Así plasmó Juan Pablo II su visión del Cristianismo en la carta Novo Millenio Ineunte.

Para hacerlo realidad, contamos con una gran maestra: la Virgen María que quiere tenernos como discípulos en la escuela del Rosario. Los motivos de fondo los traté ya en el artículo de la semana pasada: 8 consejos prácticos para rezar mejor el Rosario.

 

El Rosario es escuela de oración porque:

  1. Aprendemos a orar viendo a un gran maestro de oración. Si el mejor modo de aprender a orar es a través del testimonio de un gran orante, qué mejor que contemplar junto a María y desde el corazón de María el Corazón de Jesús. Al recorrer uno a uno los misterios, es fácil contemplar la oración de Jesús: al nacer, al predicar, al morir, al resucitar, encontramos a Jesús orando, inseparable al Padre, en continuo diálogo interior con el Espíritu Santo. Con María, en silencio, recorremos Sus pasos, y oramos sobre ellos, acompañando a Jesús en su oración y en su oblación al Padre por todos los hombres.
  2. Nos enseña lo que es la oración vocal, invitándonos a rezar el Ave María con pleno sentido. Existe una canción sevillana muy hermosa que dice: “No quiero ni pensar que se enfade mi Virgen del Rocío si no le rezo la Salve con todos los cinco sentidos.”  El método repetitivo favorece la asimilación. Aún así, no se trata de repetir el Ave María de manera rutinaria y aburrida, sino como expresión de amor. Como en el amor humano, decimos una y otra vez las mismas frases de afecto, pero el sentimiento renovado las hace siempre nuevas. Además, “si la repetición del Ave Maria se dirige directamente a María, el acto de amor, con Ella y por Ella, se dirige a Jesús.” (RVM, 26)
  3. El Rosario es oración típicamente meditativa. Sin meditación y sin contemplación el Rosario se reduce a la repetición de fórmulas. Y el Rosario no es repetición de fórmulas, es meditación de la vida de Cristo, para más conocerlo, amarlo e imitarlo. Y esto, con un corazón cargado de afectos. El Rosario es dirigirse a Jesús con María y desde el corazón de María. ¿Cómo es el trato de María con Jesús? Sin duda ¡cargado de afectos! Cuando bastan pocas palabras para decir mucho, quiere decir que el corazón está hablando de muchas otras maneras. Así parece ser cuando María se dirige a Jesús en Jerusalén y en Caná. Y una de las respuestas más afectuosas de María al contemplar la vida de Jesús entrelazada con la suya fue precisamente un silencio contemplativo.
  4. Nos enseña a contemplar, María es modelo de contemplación. “La contemplación de Cristo tiene en María su modelo insuperable. El rostro del Hijo le pertenece de un modo especial. Ha sido en su vientre donde se ha formado, tomando también de Ella una semejanza humana que evoca una intimidad espiritual ciertamente más grande aún. Nadie se ha dedicado con la asiduidad de María a la contemplación del rostro de Cristo. Los ojos de su corazón se concentran de algún modo en Él ya en la Anunciación, cuando lo concibe por obra del Espíritu Santo; en los meses sucesivos empieza a sentir su presencia y a imaginar sus rasgos. Cuando por fin lo da a luz en Belén, sus ojos se vuelven también tiernamente sobre el rostro del Hijo, cuando lo «envolvió en pañales y le acostó en un pesebre» (Lc 2, 7). Desde entonces su mirada, siempre llena de adoración y asombro, no se apartará jamás de Él. Será a veces una mirada interrogadora, como en el episodio de su extravío en el templo: « Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? » (Lc 2, 48); será en todo caso una mirada penetrante, capaz de leer en lo íntimo de Jesús, hasta percibir sus sentimientos escondidos y presentir sus decisiones, como en Caná (cf. Jn 2, 5); otras veces será una mirada dolorida, sobre todo bajo la cruz, donde todavía será, en cierto sentido, la mirada de la ‘parturienta’, ya que María no se limitará a compartir la pasión y la muerte del Unigénito, sino que acogerá al nuevo hijo en el discípulo predilecto confiado a Ella (cf. Jn 19, 26-27); en la mañana de Pascua será una mirada radiante por la alegría de la resurrección y, por fin, una mirada ardorosa por la efusión del Espíritu en el día de Pentecostés (cf. Hch 1, 14).” (RVM, 10)
  5. Nos facilita el encuentro personal con Cristo. María, la Madre de Jesús y Madre nuestra, nos lleva delante de Cristo y le dice: “Aquí te los traigo, quieren verte”; “Tienen sed, Tú eres el agua viva”; “No tienen vino”. María nos ofrece su Hijo como lo hizo con los pastores y los magos, para que le reconozcamos (Lc 2, 12-18), para que le tomemos en nuestros brazos y le adoremos (Lc 2, 28), para que recibamos en Él todo el amor de Dios (Lc 2, 38; Lc 1, 41-42)
  6. Nos enseña a orar en el Espíritu. No hay oración sin el Espíritu Santo. María lo hacía todo con el Espíritu Santo. ¡Qué gran pareja formaron los dos! La sinergia de la energía del Espíritu y la disponibilidad generosa de María dieron como resultado a Cristo mismo.”El Espíritu Santo vendrá sobre ti y la virtud del Altísimo te cubrirá con su sombra por eso el niño que va a nacer se llamará Hijo de Dios” (Lc 1, 35) Cuando rezamos el Rosario, María quiere que el Espíritu Santo penetre en nuestras almas de la manera en que lo hizo el día de la Anunciación en su casita de Nazaret(cf Lc 1,38)y el día de Pentecostés en el Cenáculo (cf Act 1, 14)

Definitivamente, como dice el Papa Juan Pablo II: “El Rosario es un tesoro que recuperar” Y esto vale no sólo para quienes no lo rezan, sino para todos los que, aunque tengamos el hábito, podemos recuperar frescura y profundidad en el modo de rezarlo.

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El contenido de este artículo puede reproducirse total o parcialmente en internet, sin fines comerciales y citando siempre al autor y la fuente de la siguiente manera: Autor: P. Evaristo Sada, L.C. Publicado originalmente en http://www.la-oracion.com

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ELEVACIÓN A LA TRINIDAD. -Pensamientos Sor Isabel de la Trinidad-

ACTO DE ELEVACIÓN A LA SANTIISMA TRINIDAD

 

“Oh Dios mío, Trinidad a quien adoro, ayúdame a olvidarme totalmente de mí para establecerme en Ti, inmóvil y tranquilo, como si ya mi alma estuviera en la eternidad. Que nada pueda turbar mi paz, ni hacerme salir de Ti, oh mi inmutable, sino que cada minuto me sumerja más en la hondura de tu Misterio.

Pacifica mi alma, haz de ella tu cielo, tu morada de amor y el lugar de tu descanso. Que en ella nunca te deje solo, sino que esté ahí con todo mi ser, todo despierto en fe, todo adorante, totalmente entregado a tu acción creadora.

Oh mi Cristo amado, crucificado por amor, quisiera ser, en mi alma, una esposa para tu Corazón, quisiera cubrirte de gloria, quisiera amarte…, hasta morir de amor. Pero siento mi impotencia: te pido ser revestido de Ti mismo, identificar mi alma con cada movimiento de la Tuya, sumergirme en Ti, ser invadido por Ti, ser sustituido por Ti, para que mi vida no sea sino irradiación de tu Vida. Ven a mí como Adorador, como Reparador y como Salvador.

Oh Verbo eterno, Palabra de mi Dios, quiero pasar mi vida escuchándote, quiero volverme totalmente dócil, para aprenderlo todo de Ti.  Y luego, a través de todas las noches, de todos los vacíos, de todas mis impotencias, quiero fijar siempre la mirada en Ti y morar en tu inmensa luz.

Oh Astro mío querido, fascíname, para que ya no pueda salir de tu esplendor.

Oh Fuego abrazador, Espíritu de amor, desciende sobre mí, para que en mi alma se realice como una encarnación del Verbo: que yo sea para Él como una prolongación de su Humanidad Sacratísima en la que renueve todo su Misterio.

Y Tú, oh Padre, inclínate sobre esta pobre criatura tuya, cúbrela con tu sombra, no veas en ella sino a tu Hijo Predilecto en quien tienes todas tus complacencias.

Oh mis Tres, mi Todo, mi Bienaventuranza, Soledad infinita, Inmensidad en que me pierdo, me entrego a Vos como una presa. Sumergíos en mí para que yo me sumerja en Vos, hasta que vaya a contemplar en vuestra luz el abismo de vuestras grandezas”

Beata Isabel de la Trinidad

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Pensamientos de Sor Isabel de la Trinidad 

Vivamos con Dios como con un amigo, tengamos una fe viva para estar en todo unidos a Dios (H, 576).

Dios en mí, yo en Él, he ahí mi vida… ¡Oh Jesús, haz que nada pueda distraerme de ti, ni las preocupaciones, ni las alegrías, ni los sufrimientos, que mi vida sea una oración continua (T, 10).

El Amor habita en nosotros, por ello mi vida es la amistad con los Huéspedes que habitan en mi alma, éstos son el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo (T, 10).

Que mi vida sea una alabanza de gloria para las tres divinas Personas (cfr. T, 11).

Anhelo llegar al cielo, no solamente pura como ángel, sino transformada en Jesucristo crucificado (T, 12).

La adoración es un silencio profundo y solemne en que se abisma el que adora, confesando el todo del Dios Uno y Trino, y la pequeñez de la creatura (cfr. T, 26).

Nuestra adoración debe unirse a la otra adoración más perfecta: la adoración de Jesucristo, quien adora a Dios Padre en el Espíritu Santo, quien se ofrece como hostia viva (cfr. T, 27).

Oh, Dios mío, Trinidad a quien adoro, ayúdame a olvidarme enteramente de mí misma para vivir en ti (cfr. T, 28).

Te adoro Padre fecundo, te adoro Hijo que nos ayudas a ser hijos del Padre, te adoro Santo Espíritu que sales del Padre y del Hijo (cfr. T, 52).

Morir a mí misma en cada instante, para vivir plenemente en Cristo (cfr. T, 68-69).

¡Oh Dios mío, apacigua mi espíritu, apacigua mis sentidos exteriores (cfr. T, 72).

Mi alma se alegra en Dios, de Él espero mi liberación (cfr. T, 79).

Quiero ser una morada de Dios buscando que mi corazón viva en la Trinidad… Un alma en estado de gracia es una casa de Dios, en donde habita Dios mismo, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo (cfr. T, 80).

Oh Trinidad amada tú habitas en mi alma, y yo lo he ignorado (cfr. T, 83).

Todo pasa. En la tarde  la vida, sólo el amor permanece… Es necesario hacerlo todo por amor. Es necesario olviarse de uno para vivir en Dios (cfr. T, 126).

El Señor está en mí y yo en Él, mi vida en el tiempo no es otra que amarle y dejarme amar; despertar en el Amor, moverme en el Amor, dormirme en el Amor (cfr. T, 126).

El Señor nos invita a permanecer en Él, orar en Él, adorar en Él, amar en Él, trabajar en Él, vivir en Él (cfr. T, 137).

No debemos detenernos ante la cruz, sino acogerla con fe y descubrir que es el medio que nos acerca al Amor divino (cfr. T, 206).

He encontrado el cielo en la tierra, porque el cielo es Dios, y Dios está en mi alma (cfr. T, 206).

[Fuente: http://www.santafaustina.org/asociacion/devociones/bisabel.htm%5D

De un suicidio programado a monja en Medjugorje: Sor Emmanuel (1)

De un suicidio programado a monja en Medjugorje: Sor Emmanuel (1)

by Rosas para la Gospa

Sor Emmanuel MaillardConocí a Sor Emmanuel en Medjugorje hace unos años. Es una monja especialmente apostólica, arrolladora, de las que irradian amor a Dios y a la Virgen y tienen urgencia de trasmitirlo a todo el mundo. Algo comencé a conocer de su singular vida. Ella había nacido en Francia, y llevaba una vida muy aventurera, en la que fue probando todo lo que la sociedad pagana puede ofrecer. Llegó al borde de la desesperación tras consultar a adivinos, prácticas esotéricas, etc. Su vida ya no tenía sentido para ella y programó su suicidio para un día concreto a las cinco de la tarde. Y en su libro “El Niño escondido de Medjugorje”, nos lo cuenta todo con detalle. De él extraemos los siguientes párrafos, que no tienen desperdicio:

UNA PERSONA SE ENCAMINA A LA MUERTE

Después del almuerzo y de algunos intercambios de los que me mantuve alejada, hubo una nueva asamblea de oración (carismática) espontánea (a la que fue invitada aquel día concreto). Eran las 15:30. Mi fin estaba próximo, le había dicho a Dios: a las 17. Me senté con ellos como una autómata, sumida en la mayor desolación. No prestaba más aten­ción a sus oraciones. Hacia las 16, llegó una señora y se unió al grupo. Esta­ba muy retrasada y no había participado del resto del programa. Se llama­ba Andrée T. Ni siquiera le presté atención. Entre la treintena de católicos presentes ese día, ella era la única protestante. Apenas llegada, comenzó a agitarse en su silla. Algo le inquietaba. El Señor acababa de mostrarle una luz, y ¡era necesario que la expusiera frente a todo el mundo! Todos los temores se abatieron entonces sobre ella, el miedo a ser juzgada en vista de la magnitud de lo que tenía que decir… ¿Y si eso fuera a caer en bolsa rota?

Yo estaba postrada como un pobre ente atontado, cabizbaja, cuando una voz de trueno que retumbó en la asamblea me sacó de mi lodazal. Entre las hermosas plegarias, el mensaje parecía estar completamente fuera de lugar. Su tono era dramático. Lo que pasaba es que Andrée, no pudien­do contenerse más, entregaba con autoridad lo que el Señor le había mos­trado:

-Hermanos y hermanas, entre nosotros hay una persona que se enca­mina a la muerte. Esta persona se ha dejado engañar por el Enemigo y ha hecho lo que le disgusta a Dios. Ha practicado el espiritismo y la adivina­ción, y Satanás la ha encadenado. Pero Cristo tiene el poder de liberada de manos del Enemigo y de devolverla a la vida. Ella puede venir a nosotros y oraremos por ella en el poder del nombre de Jesús.

La asamblea estaba consternada. Por mi parte, desde las primeras palabras del mensaje: “una persona se encamina a la muerte”, mi corazón había comenzado a latir precipitadamente. Se trataba de mí, ¡era evidente! ¿Dios le había mostrado el estado de mi alma a esa señora que nunca me había visto en su vida? ¿Qué entendía ella por “hizo lo que le disgusta a Dios”?

¡Pasó a ser mi turno de agitarme en la silla! Aguardaba con impacien­cia que la oración terminara para poder ir al encuentro de esa desconocida.

Eran más de las 4:30 cuando el canto finalmente concluyó. Entonces, me abalancé sobre ella.

-Señora, usted habló de alguien que se encaminaba hacia la muerte … Andrée me acogió como lo hacen aquellos auténticos enviados de Dios: ningún remilgo, ninguna pleitesía inútil, van al grano con seriedad, conscientes de que la situación no les pertenece y de que hay vidas que están en juego.

-¡Ah, eres tú! Bueno, ven aquí… Dime, ¿qué hiciste? Has estado en el campo del enemigo, fuiste a ver a los astrólogos, a los adivinos, ¿fue eso? ¿Has interrogado el espíritu de los muertos, has hecho girar las mesas? =Sí, lo he hecho desde mi adolescencia, con mis amigas, no sabía que …

-Pero, si está escrito en la Biblia! Dios ha prevenido a su pueblo, ¡todo eso es una abominación a sus ojos! ¿Crees en Cristo?

-Sí, soy cristiana.

-Bien, voy a llamar a dos o tres hermanos para que oren conmigo sobre ti. No quiero hacerlo sola, Cristo ha dicho: “Cuando dos o más se reúnen en mi nombre, Yo estoy en medio de ellos”.

JESÚS TIENE EL PODER DE LIBERARTE DE TUS ATADURAS

Sor Emmanuel en conferenciaEra el mes de junio. Andrée me hizo salir al jardín bien florecido de las Hermanas de la Asunción. Allí había un banco. Al ver mi agotamiento, me hizo sentar, pero ella permaneció de pie con sus acólitos que me rodeaban. Me encontraba en la situación más impensable que pudiera darse, sobre todo porque se pusieron a cantar en lenguas desde el comienzo. ¡Me pre­guntaba en qué manicomio había ido a dar! Ella dirigió las operaciones con toda maestría y planteó la cuestión de la confianza que iba a ser determinante en caso de obtener la victoria:

-Tú misma te has puesto entre las garras del Enemigo. Te tiene amordazada y te tortura. Intenta matarte. Pero Jesús lo ha vencido en la cruz. ¿Crees que hoy Jesús tiene el poder de romper tus ataduras para que tengas la libertad de caminar en la luz?

Me quedé estupefacta al oír la pregunta. Miraba a Andrée, esta mujer muy sencilla, pobre, que seguramente superaba los cien kilos. Su fe infan­til estaba preparada para desplazar montañas. Tenía 25 años y era la prime­ra vez que escuchaba a alguien que hablara así de Jesús. ¿Un Jesús que iba a hacerme el bien a mí? ¿Hoy mismo? ¿Cómo en el Evangelio?

-¡Sí, lo creo! -mi voz era tímida pues, a decir verdad, era más apro­piado decir que hubiera querido creer.

-Bueno, vamos a hacer una oración de liberación… Los demonios que has aceptado en ti serán expulsados por el poder del nombre de Jesús…

No tenía ni la menor idea de lo que ese lenguaje -nuevo para mí­ – implicaba. Me imaginaba que mi corazón era como una caja en la que hubiera dejado penetrar a unos usurpadores y que, en el nombre de Jesús, esos intrusos iban a salir.

-Sabes, Andrée, aún si Jesús me libera, prefiero morir de todas for­mas. Porque los demonios hicieron tanto daño en mi corazón que no puedo soportar más este sufrimiento.

Andrée no se dejaba vencer tan fácilmente, ¡era una evangelista que se había topado con casos mucho más graves!

-Pero si crees que Jesús tiene el poder de expulsar a los demonios que te han herido, ¡¿no crees que también tiene poder para sanar tus heridas?!

Nueva sorpresa sobre la identidad de Jesús. También puede sanarme. ¿A mí? ¿Y ahora? Qué pobre idea me había hecho de Él hasta entonces: un Salvador, sí, pero que había salvado a toda la humanidad (al por mayor) un día, (no hoy, en todo caso). Y he aquí que nuevamente se parecía al Jesús del Evangelio, a aquel que había curado a un fulano aquel día al ponerse el sol… ¡¿Y él es mi Salvador personal, que está vivo y actúa hoy?!

-¡Sí, creo que puede sanarme!

-¿Y te comprometes a no practicar más todas esas abominaciones?

¡Porque cuidado! ¡Si vuelves a reincidir, te sucederán cosas peores! Escucha .. Y comenzó a leer Deuteronomio 18, 9-14: “Cuando entres en la tierra que el Señor, tu Dios, te dará, no aprendas a practicar las abominaciones que cometen estas naciones. Que no haya entre vosotros nadie que inmole en el fuego a su hijo o a su hija, ni practique la adivinación  la astrología, la magia o la hechicería. Tampoco habrá ningún encantador, ni consultor de espectros o de espíritus, ni evocador de muertos. Porque todo el que practica estas cosas es abominable al Señor, tu Dios, y por causa de estas abominaciones, él desposeerá a esos pueblos delante de ti. Tú serás irreprochable en tu trato con el Señor, tu Dios. Porque las naciones que vas a desposeer escuchan a los astrólogos y adivinos.”!

Y me fue explicando punto por punto el sentido de cada versículo. Tenía a duras penas el vocabulario necesario para expresarse, de tan simple que era; pero para las cosas de Dios, tenía una inteligencia espiritual sorprendente.

-Puedes contar conmigo -le dije-, ¡no volveré a cometer nuevamente la misma tontería!

El Niño escondido de MedjugorjeNo había tiempo que perder. Andrée y sus compañeros comenzaron a alabar a Dios alegres y confiados. Luego Andrée intercedió con poder por la pecadora que yo era y ordenó a los demonios (que fue nombrando uno por uno) a que me dejaran … Quebró también el lazo de maldición que ese adivino hindú de Nueva Delhi me había impuesto y que me aplastaba inexorablemente. Después hubo nuevas alabanzas y bendiciones, y luego se hizo silencio. Todo había acabado.

-Ya está. Se terminó -me dijo ella- o puedes unirte al grupo para la misa. Pero continúa alabando al Señor y colocándote bajo su preciosa Sangre. ¡Necesitas su protección!

Jamás olvidaré el preciso instante en que me levanté de ese banco.

Durante la oración, no había experimentado ningún estremecimiento, ninguna nueva emoción, nada. Pero una vez de pie, ¡caí en la cuenta de que mi angustia mortal se había esfumado! Repetidamente me llevaba la mano al corazón como alguien que palpa su bolsillo en busca de sus gafas o de su billetera. ¡Mi sufrimiento había desaparecido! Jesús había realmente pasado por allí … ¡Había hecho su trabajo de Salvador y me había devuelto a la vida!

En mi reloj, eran las cinco de la tarde…

Tenía cita con la muerte pero, a la hora D, quien había acudido a mí había sido el Dios vivo, y no la muerte. Mi pobre existencia en ruinas ha sido entonces abrazada por la vida. Sentía al buen Pastor cerca de mí, había descendido al fondo de mi sórdida fosa y me había sacado de allí, tomando sobre su propio cuerpo mis heridas de muerte. Sentía que su vida corría dentro de mí como un torrente de delicias. ¡Todo mi ser estaba sumergido en la alegría de una resurrección!

Continuaremos… Juan García Inza

 

Fuente: www.religionenlibertad.com

Rosas para la Gospa | 20 mayo, 2013 en 10:35 AM | Categorías: Sin categoría | URL: http://wp

Ven Espíritu – video- Secuencia Pentecostés. Tierra de Bendición

Ven, Espíritu
por Tierra de Bendición

Ven, Espíritu. (3)

Ven, espíritu divino,
manda tu luz desde le cielo.
Padre amoroso del pobre,
don, en tus dones espléndido,
luz que penetra las almas,
fuente del mayor consuelo.

Ven, Espíritu. (3)

Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma,
divina luz, y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre
si Tú le faltas por dentro.
Mira el poder del pecado
cuando no envías tu aliento.

Ven, Espíritu. (3)

Riega la tierra en sequía,
sana el corazón enfermo,
lava las manchas, infunde
calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito,
guía al que tuerce el sendero.

Reparte tus siete dones
según la fe de tus siervos.
Por tu bondad y tu gracia,
dale al esfuerzo su mérito,
salva al que busca salvarse
y danos tu gozo eterno.

Ven, Espíritu. (3)

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Abramos nuestros corazones para recibir de Nuestro Señor Amor, una nueva Plenitud de Vida y dones. En el Corazón de Nuestra Madre….

Fraternalmente,  Gabriel

LETANÍAS AL ESPÍRITU SANTO

 LETANÍAS AL ESPÍRITU

SANTO

 

 

 

Señor Ten piedad de nosotros.

Cristo Ten piedad de nosotros.

Señor Ten piedad de nosotros.

Padre Omnipotente, ten  piedad de nosotros.

Jesús, Hijo Eterno del Padre y Redentor  del  mundo, sálvanos.

Espíritu del Padre y del Hijo y amor infinito del uno y del otro santifícanos.

Trinidad Santísima, óyenos.

Espíritu Santo que procedes del Padre y del  Hijo, ven a  nosotros.

 Promesa del Padre, Ven a nosotros

Don de Dios altísimo, Ven a nosotros.

Rayo de luz celeste, Ven a nosotros.

Fuente de agua viva, ven a  nosotros.

Espíritu de amor y de verdad, Ven a nosotros.

Fuego abrasador, Ven a nosotros.

Autor de todo bien, Ven a nosotros.

Unción Espiritual, Ven a nosotros.

Caridad ardiente, Ven a nosotros.

Espíritu  de sabiduría, Ven a nosotros.

Espíritu  de consejo y de fuerza, Ven a nosotros.

Espíritu  de ciencia y de piedad, Ven a nosotros.

Espíritu  de temor  del Señor, Ven a nosotros.

Espíritu  de gracia y de  oración, Ven a nosotros.

Espíritu  de paz y de dulzura, Ven a nosotros.

Espíritu  de modestia y de inocencia, Ven a nosotros.

Espíritu  Consolador, Ven a nosotros

Espíritu  Santificador, Ven a nosotros

Espíritu  que gobiernas la Iglesia, Ven a nosotros

Espíritu  que llenas el universo, Ven a nosotros

Espíritu  de adopción de los hijos de Dios, Ven a nosotros

 

Espíritu  Santo  imprime en  nosotros el  horror al pecado, te rogamos óyenos.

Espíritu  Santo ven a renovar la faz de la tierra, te rogamos óyenos.

Espíritu  Santo derrama tus luces en nuestra inteligencia, te rogamos óyenos.

Espíritu  Santo graba tu ley en nuestros corazones, te rogamos óyenos. 

Espíritu  Santo  abrásanos en el fuego de tu amor, te rogamos óyenos.

Espíritu  Santo  ábrenos el  tesoro de tus gracias, te rogamos óyenos.

Espíritu  Santo enséñanos a orar como se debe, te rogamos óyenos.

Espíritu  Santo ilumínanos con tus inspiraciones celestiales, te rogamos óyenos.

Espíritu  Santo  concédenos la única ciencia necesaria, te rogamos óyenos.

Espíritu  Santo inspíranos la practica de las virtudes, te rogamos óyenos.

Espíritu  Santo  haz  que perseveremos en tu justicia, te rogamos óyenos.

Espíritu  Santo se tu mismo nuestra recompensa, te rogamos óyenos.


Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo. Envíanos tu Espíritu  Santo.

Cordero de Dios que quitas el pecado  del  mundo. Derrama en nuestras almas los dones del  Espíritu Santo.

Cordero de Dios que quitas el  pecado del  mundo. Infúndenos el Espíritu de sabiduría y devoción.


Ven Espíritu Santo, llena de tus dones los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. Envía tu Espíritu y todo será creado. Y renovarás la faz de la tierra.

Oremos

 

Oh Dios que con la luz del Espíritu Santo, enseñaste a los fieles la verdad, concédenos conocerla en el mismo Espíritu y gozar siempre de sus consuelos celestiales, por Jesucristo Nuestro Señor. Así sea.

 

Consagración

 

  Oh Espíritu Santo, recibe la consagración perfecta y absoluta de todo mi ser, dígnate ser en adelante, en cada uno de los instantes de mi vida y en cada una de mis acciones, mi director, mi luz, mi guía, mi fuerza y el amor en mi corazón. Yo me abandono sin reserva a tus operaciones divinas y quiero ser siempre dócil a tus inspiraciones. Oh Espíritu Santo, transfórmame con María y en María en otro Cristo Jesús para Gloria del Padre y salvación del mundo. Amén

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Fuente: Oraciones y devociones catolicas

¿Cómo aprender a escuchar las inspiraciones del Espíritu Santo?

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¿Cómo aprender a escuchar las inspiraciones del Espíritu Santo?

P. Jacques Philippe

Es un aprendizaje progresivo: se trata de convertirse en aquellas ovejas que reconocen la voz de su pastor en medio de las otras voces que las rodean (Jn 10, 3-5). Para lograr esto, es necesario crear poco a poco un cierto “clima de vida” que comprende los siguientes elementos:

– Estemos firmemente decididos a hacer en todo la voluntad de Dios. Dios habla a aquellos que desean obedecerle.

– Llevemos una vida de oración regular, en la que intentemos principalmente tener una actitud de confianza, de disponibilidad interior a la acción de Dios. La fidelidad a la oración favorece y hace más profunda la disposición de apertura y de escucha.

– Meditemos regularmente las Santas Escrituras: su manera de tocar y hablar a nuestro corazón despierta en nosotros una sensibilidad espiritual y nos acostumbra poco a poco a reconocer la voz de Dios.

– Evitemos lo más posible las actitudes que pueden cerrarnos a la acción del Espíritu: la agitación, las inquietudes, los miedos, los apegos excesivos a nuestra propia manera de hacer o de pensar. La escucha al Espíritu Santo requiere flexibilidad y desprendimiento interiores.

– Aceptemos con confianza los acontecimientos de nuestra vida, aun cuando a veces nos contraríen o no correspondan a lo que nosotros esperábamos. Si somos dóciles a la manera en la que Dios conduce los acontecimientos de nuestra vida, si nos abandonamos entre sus manos de Padre, Él sabrá hablar a nuestro corazón. Mantengámonos – dentro de lo posible – en paz y en confianza, pase lo que pase.Cuanto más nos esforcemos por mantener la paz, más escucharemos la voz del Espíritu.

– Sepamos acoger los consejos de las personas que nos rodean. Seamos humildes de cara a nuestros hermanos y hermanas, no busquemos siempre tener la razón o la última palabra en las conversaciones. Reconozcamos nuestros errores y dejémonos corregir. Quien sabe escuchar a su hermano sabrá escuchar a Dios.

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– Purifiquemos constantemente nuestro corazón en el sacramento de la penitencia. El corazón purificado por el perdón de Jesús percibirá su voz con más claridad.

– Estemos atentos a lo que pasa en el fondo de nuestro corazón. El Espíritu Santo no se deja escuchar en el ruido ni en la agitación exterior, sino en la intimidad de nuestro corazón, por medio de mociones suaves y constantes.

– Aprendamos poco a poco a reconocer lo que viene de Dios a través de los frutos que produce en nuestra vida. Lo que viene del Espíritu trae consigo paz, nos hace humildes, confiados, generosos en el don de nosotros mismos. Lo que viene de nuestra sicología herida o del demonio produce dureza, inquietud, orgullo, ensimismamiento…

– Vivamos en un clima de gratitud: si agradecemos a Dios por un beneficio, él nos dará nuevas gracias, en especial las inspiraciones interiores que necesitamos para servirle y amarle.

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El contenido de este artículo puede reproducirse total o parcialmente en internet, sin fines comerciales y citando siempre al autor y la fuente de la siguiente manera: 
Autor: P. Jacques Philippe; publicado originalmente en: http://www.la-oracion.com

PEQUEÑÍSIMA NOVENA AL ESPÍRITU SANTO


Compartimos una oración que le dicta Nuestra Mamá a Fabiana para suplicar los dones del Espíritu Santo:

5-10-04

María Santísima concédenos por tu intercesión, el don de la Sabiduría.

Nuestra Señora del Paraná, que la Sabiduría reine en nuestra vida como reinó en la tuya y en la de tu Hijo muy amado. Que la Sabiduría reine en el mundo para la Gloria de la Santísima Trinidad. Amén”

Después de esta oración rezar un Avemaría y avanzar repitiendo la secuencia con los demás dones del Espíritu Santo:

Templanza,
Fortaleza,
Consejo,
Temor de Dios,
Entendimiento,
Ciencia.
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Tomado de la web dedicada a Fabiana Corraro y el libro Dejate-amar

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