THERESE. (El camino de la infancia espiritual)

El estreno de la película THÉRÈSE fue un éxito. Fue exhibida en Estados Unidos, Canadá y Puerto Rico. Para quien no conoce a Santa Teresita, ella y su mensaje no tienen mérito, ya que ella nunca realizó grandes milagros, o sufrió grandes actos de martirio como los antiguos cristianos, especialmente si se es juzgada bajo los estándares y reglas de esta sociedad. Sin embargo, irónicamente, es lo “sencillo,lo normal y común” de su vida lo que hace que su mensaje sea para cualquier persona.


Deseando incorporar la sencillez de Santa Teresita del Niño Jesús, el director Leonardo Defilippis escogió representar esta película con simple honestidad, contrario a las grandes técnicas y glamour que la industria cinematográfica utiliza en nuestros días. Haciendo esto, THÉRÈSE reta a los espectadores a “rendirse a la espiritualidad dela película misma y adentrarse al místico interior de la misma, que a su vez se estará adentrando en el misterio místico de la misma Santa Teresita del Niño Jesús.

Brian Shields y Leonardo Defilippis idearon y crearon la compañía católica de cine Luke Films cuya primera producción fue Thérèse. Se trata de una organización sin ánimo de lucro. Para más información y para adquirir la película,

 

(Ficha técnica  e introducción : ver http://webcatolicodejavier.org/terepeli.html)

NOVENA A SANTA TERESITA

OFRENDA AL AMOR – SANTA TERESITA DEL NIÑO JESÚS.

Historia de un Alma

En tres sesiones de una hora, la autobiografía de Santa Teresita del Niño Jesús “Historia de un Alma”. Puedes descargar el documento completo en formato .pdf para impresión  con un clic al titulo de este párrafo.

Primera Parte

Segunda Parte

Tercera Parte

(Videos tomados de: La fe Catolica)

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Medio prácticos para vivir la presencia de Dios.

 

7 medios prácticos para formar el hábito de la presencia de Dios

 
 

En las últimas dos notas he hablado sobre el hábito más importante la vida espiritual: el hábito de la presencia de Dios. Allí he explicado en qué consiste. Ahora propongo algunos medios prácticos para vivir en la presencia de Dios.

1. Cree e imagina que Jesús está junto a ti.

A Jesús no le vemos y tocamos como a cualquier otra persona, pero por la fe sabemos que Cristo Resucitado está vivo y nos acompaña en el camino de la vida. Como el ciego percibe la presencia de otra persona a su lado, así, por la fe, siento y estoy seguro de la presencia de Dios junto a mí. Yo sé que Él me escucha. Creo que siempre lo he tenido a mi lado y dentro de mí, y que ahora mismo está aquí. Puedo “llevarlo conmigo” a todas partes, conversar familiarmente con Él, pedirle luz y fuerza, disfrutar de su compañía.

Una de las oraciones más bellas que conocemos y que celebran esta presencia omnipresente de Dios es el Salmo 139:

“Señor, tú me examinas y conoces,
sabes si me siento o me levanto, tú conoces de lejos lo que pienso.
Ya esté caminando o en la cama me escudriñas, eres testigo de todos mis pasos.
Aún no está en mi lengua la palabra cuando ya tú, Señor, la conoces entera.
Me aprietas por detrás y por delante y colocas tu mano sobre mí.
Me supera ese prodigio de saber, son alturas que no puedo alcanzar.
¿Adónde iré lejos de tu espíritu, adónde huiré lejos de tu rostro?
Si escalo los cielos, tú allí estás, si me acuesto entre los muertos, allí también estás.
Si le pido las alas a la Aurora para irme a la otra orilla del mar,
también allá tu mano me conduce y me tiene tomado tu derecha.
Si digo entonces: “¡Que me oculten, al menos, las tinieblas y la luz se haga noche sobre mí!”
Mas para ti ni son oscuras las tinieblas y la noche es luminosa como el día.
Pues eres tú quien formó mis riñones, quien me tejió en el seno de mi madre.
Te doy gracias por tantas maravillas, admirables son tus obras y mi alma bien lo sabe.
Mis huesos no te estaban ocultos cuando yo era formado en el secreto, o bordado en lo profundo de la tierra.
Tus ojos veían todos mis días, todos ya estaban escritos en tu libro y contados antes que existiera uno de ellos.”

2. Mira con miradas de fe:

Aplicando una mirada de fe, todo es transparencia de Dios; todo: cosas, acontecimientos y personas. Dios está en toda la creación porque le da la existencia y porque la conserva. Las criaturas tienen los rasgos de su autor y podemos descubrir en ellas los atributos, las cualidades esenciales, de Quien las hizo. En las personas podemos reconocer a Dios porque las creó a su imagen y semejanza y porque la gracia santificante corre por sus venas.

Dios está allí, quiere revelarse, darse a conocer a nosotros, depende de cada uno abrir los ojos con una mirada de fe y reconocerle. Lo contrario sería una especie de ceguera o miopía.

3. Haz un examen diario lleno de gratitud:

Dios Providente está presente en la historia y en tu historia personal, la de cada día; que no te pase desapercibido.

Dios suele manifestarse a través de actos y palabras de otras personas, de gracias actuales que el Espíritu Santo te regale, de dones que recibas, de oportunidades para crecer, de los Sacramentos, etc. No tienen que ser grandes acontecimientos, Dios nos ofrece los dones de Su amor de manera bastante sencilla. Es cuestión de estar atento para captar su intervención Providente, ser receptivo, ser humilde, atribuirle el mérito, bendecirlo y darle las gracias.

Si todos los días, al final de la jornada, te reservas un tiempo para descubrir el modo en que Dios se hizo presente en tu vida y para darle las gracias, estarás aplicando un medio de gran eficacia para formar el hábito de la presencia de Dios.

oracion de gratitud

4. Echa mano de jaculatorias:

San Pedro de Alcántara, en su tratado de la oración y meditación, dice que las jaculatorias “ayudan para la memoria continua de Dios y el andar siempre en su presencia”.

Las jaculatorias son oraciones breves, en forma de frases sencillas, que dirigimos a Dios en medio de las actividades cotidianas, poniendo toda la fuerza de nuestra fe y todo el afecto de nuestro corazón al pronunciarlas.

Algunos ejemplos:
– “Señor, tú lo sabes todo, tú bien sabes que te amo”
– “El Señor es mi Pastor, nada me falta”
– “Estoy en tus manos. Hágase tu voluntad”
– “Tú eres mi Roca y mi salvación”
– “Jesús, manso y humilde de corazón, haz mi corazón semejante al tuyo”
– “Espíritu Santo, ilumíname”
– “Señor, que vea”
– “Señor, aumenta mi fe”
– “Santa María de Guadalupe, ruega por nosotros”
– “María, soy todo tuyo”
– “Sagrado Corazón de Jesús, en ti confío”
– “Señor mío y Dios mío”
– “Señor, ten misericordia de mí”

5. Haz visitas eucarísticas y comuniones espirituales:

Si hablamos de la presencia de Dios, ¿qué mayor presencia que la de la Eucaristía? Cristo Eucaristía: la presencia fiel y cercana. Si hay una capilla en tu universidad, o cerca de tu trabajo o de tu casa, puedes ir a visitar a Cristo Eucaristía una vez al día. Tal vez pases, o puedas pasar, todos los días frente a una Iglesia y quieras formar el hábito de detenerte a saludarlo unos minutos. Lo mismo que haces con tu novia, con tu esposa o con tus padres. Es una forma de mantener fresco el amor.

También, hay ocasiones en que quisieras recibir la Eucaristía y no te es posible; entonces puedes hacer una comunión de deseo donde quiera que te encuentres. Consiste en hacer una pausa y manifestar a Jesucristo el deseo de recibirle en el Sacramento de la Eucaristía y pedirle la gracia de recibirlo espiritualmente.

Puedes imaginarte junto a Jesús en la última cena, recostarte espiritualmente sobre su pecho y decirle con tus propias palabras lo mucho que deseas recibirle. También puedes usar fórmulas como la de San Alfonso María de Ligorio:

Creo, Jesús mío, que estás realmente presente en el Santísimo Sacramento del Altar. Te amo sobre todas las cosas y deseo ardientemente recibirte dentro de mi alma. Pero como ahora no puedo recibirte sacramentado, ven a lo menos espiritualmente a mi corazón.

(Guarda silencio y expresa a Jesús el amor que le tienes)

Y ahora, como si ya te hubiese recibido, te abrazo y me uno todo a ti.
No permitas, Señor, que jamás me separe de ti. Amén.

6. Reza cuando realices tus actividades habituales:

Ayuda mucho para avivar la presencia de Dios adquirir el hábito de rezar antes de tus actividades habituales. Comes tres veces al día, puedes bendecir los alimentos antes de comer. Cuando sales de casa, puedes pedir la protección de Dios. Cuando vas a iniciar tu jornada laboral, puedes hacer la señal de la cruz. Cuando regresas todos los días a casa, puedes besar una Biblia, un crucifijo o una imagen de la Virgen María que coloques a la entrada. 

7. Enciende una veladora o lleva un crucifijo en tu bolsillo.

La llama de una veladora puede recordarte a Cristo Resucitado (como el cirio pascual) y Su presencia en tu corazón. Puedes tener un cirio en tu escritorio, en el taller, en la cocina, o en donde pases tiempos largos todos los días, y encenderlo ocasionalmente. El cirio encendido puede ayudarte a evocar la presencia de Cristo Resucitado a tu lado y dentro de ti.

Y hay otros medios prácticos que cada uno puede ir encontrando, como un amigo que desde hace tiempo tiene el hábito de llevar un crucifijo en el bolsillo de su pantalón: varias veces durante la jornada, mete la mano en la bolsa, aprieta fuerte el crucifijo y le dirige una palabra a Jesús

Autor: P. Evaristo Sada, L.C.; publicado originalmente en:  http://www.la-oracion.com

Vivir en presencia de Dios

 huellas

Descubrir, guardar, gustar

Independientemente de lo que sintamos o no sintamos, por la fe creemos que Cristo está vivo, resucitó de entre los muertos y hoy vive en medio de nosotros y dentro de nosotros. Lo creemos y lo experimentamos: frecuentemente se hace presente a través de obras, personas y palabras. Jesucristo nos mira siempre, nos protege, está siempre allí para escucharnos, camina a nuestro lado.

Hagamos lo que hagamos estamos en la presencia de Dios. A nosotros nos corresponde descubrir su presencia, guardar su presencia, gustar su presencia.

Estamos hablando de una presencia que va más allá del recuerdo, es una unión íntima, parecida al compromiso matrimonial, que es donación mutua de por vida, una seguridad, una sola carne, un estado de vida. Pero en el caso de la unión con Dios es algo mucho más profundo todavía, pues se trata de la unión vital con Aquél que te creó porque te amó, que te conserva en la existencia porque eres su hijo, que vales tanto a sus ojos que siendo Dios se hizo hombre para salvarte y que ahora, por el Bautismo, Su sangre corre por tus venas y Él mismo habita en tu corazón: “¿No sabéis que sois santuarios de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros?” (ICor 3,16)

La vida espiritual consiste en tomar conciencia de esta Presencia viva de Dios a nuestro lado y dentro de nosotros, gozarla y pregustar el día en que recibiremos su abrazo eterno y podremos abrazarlo y verlo cara a cara.

presencia

La oración continua

El contemplativo es aquél que se sabe de Cristo y está siempre con Cristo. Nunca se siente solo. Vive con la certeza de la presencia de Dios. Tiene el hábito de la presencia de Dios, experimenta la seguridad de saberse amado por Dios y la paz de estar en sus brazos; disfruta el recuerdo de Sus obras y palabras y cultiva la actitud de querer agradarle siempre. Su vida es oración continua.

Podrás decir: ¡Qué quisiera vivir así! Pues quiérelo, cultiva el deseo de la presencia de Dios. San Agustin, comentando el salmo 37, escribe:

“Todo mi deseo está en tu presencia. Por tanto, no ante los hombres, que no son capaces de ver el corazón, sino que todo mi deseo está en tu presencia. Que tu deseo esté en su presencia; y el Padre, que ve en lo escondido, te atenderá.

Tu deseo es tu oración; si el deseo es continuo, continua también es la oración. No en vano dijo el Apóstol: Orad sin cesar. ¿Acaso sin cesar nos arrodillamos, nos prosternamos, elevamos nuestras manos, para que pueda afirmar: Orad sin cesar? Si decimos que sólo podemos orar así, creo que es imposible orar sin cesar. Pero existe otra oración interior y continua, que es el deseo. Cualquier cosa que hagas, si deseas aquel reposo sabático, no interrumpes la oración. Si no quieres dejar de orar, no interrumpas el deseo. Tu deseo continuo es tu voz, es decir, tu oración continua.”

Permaneced en mí

Para Sor Isabel de la Trinidad la santidad consiste en estar siempre unido a la Trinidad. «¡Es tan buena esta presencia de Dios! Es allí, en el fondo, en el cielo de mi alma donde me gusta buscarle, pues nunca me abandona. “Dios en mí y yo en él”. ¡Oh! Esta es mi vida». (…)

«Permaneced en mí (Jn 15,4). Es el Verbo de Dios quien da esta orden, quien manifiesta esta voluntad. Permaneced en mí no sólo unos instantes, algunas horas pasajeras, sino permaneced… de un modo permanente, habitual. Permaneced en mí, orad en mí, adorad en mí, amad en mí, sufrid en mí, trabajad, obrad en mí. Permaneced en mí para presentaros a cualquier persona, a cualquier cosa, penetrad siempre cada vez más en esta profundidad».

De esta manera la oración se identifica con nuestra vida, es el centro de la vida, no momentos puntuales y marginales. Y la vida misma, todo lo que nos suceda, cualquier persona que encontremos, hagamos lo que hagamos, todo podrá ser ocasión de encuentro con Cristo.

Autor: P. Evaristo Sada, L.C.; publicado originalmente en:  http://www.la-oracion.com

Foto: "He decidido convocar para toda la Iglesia, el próximo 7 de septiembre, víspera de la Natividad de María, Reina de la Paz, una jornada de ayuno y de oración por la paz en Siria, en Oriente Medio y en el mundo entero"
Papa Francisco

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