Orar ante el Pesebre. Film: Jesús, el Niño Dios

ORACIÓN A JESUS ANTE EL BELÉN

Jesús, hijo de María, Hijo de Dios la luz de la Navidad me ha llegado como llegó a los pastores  a los Magos de Oriente. En Belén, en tu carne tan débil, está todo el amor de Dios.

En tu carne esta aquel amor, aquella ternura, aquella esperanza confiada que sólo Dios es capaz de dar.

Mirándote acostado en el pesebre, acompañado del amor de Maria y de José, quiero poner en tus manos mis ilusiones y mis temores.

Y quiero poner en tus manos el mundo entero: a quienes más quiero y aquienes no conozco, a los de cerca y a los de lejos, y, sobre todo, a los que más sufren. Jesús, hijo de María, Hijo de Dios, iluminanos con la claridad de tu amor, ilumina al mundo entero con la claridd de tu amor.

[Centro de Pastoral Litúrgica. www. cpl.es]

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ORACIÓN TRADICIONAL ALEMANA A LOS REYES MAGOS

Me levanto en Nobre de Jesús y me dirijo de todo corazón a Dios. Que los tres Reyes santos Gaspar, Melchor y Baltasar sean mis compañeros de camino. Salga o ente de mi casa sea el cielo mi protección y la estrella de los tres Reyes mi dirija por el buen camino.

Sean sinceros y buenos amigos, todos aquellos con los que me encuentre. Que Gaspar, Melchor y Baltasar estén a mi lado en todo momento, con su poderosa intercesión me protejan y me guarden de todo mal de cuerpo y alma.

Me entrego a Dios Padre, me encomiendo a Dios Hijo, me sumerjo en Dios Espiritu Santo, la Santísima Trinidad esté sobre mi.

Que Gaspr, Melchor y Baltasar estén junto a mi; me guarden a mí, a mi casa y todo lo que tengo, ahora y por siempre. Amén.

[ Folleto OBRAS MISIONALES PONTIFICIAS. Enfermos Misioneros nº 167. Nov. – Dic- 2013]

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PELÍCULA: JESÚS EL NIÑO DIOS.

[Post editado por Fraternidad Monastica Virtual]

Amigo, ¡Feliz Navidad!

   

Al acercarnos a las celebraciones de la Navidad, puede parecer que todos los preparativos y costumbres se deben a un rito surgido de nuestra necesidad de sentir el calor de la familia, la cercanía de los amigos, el clima de paz, la falta de violencia que percibimos en ese tramo de vida en el que son necesarias la intimidad, la bondad, la alegría del niño que todos llevamos dentro.

   El mensaje que ofrecen las Sagradas Escrituras no es una parábola ni un bello cuento para crudas noches de invierno, junto al hogar encendido, sino que los evangelios demuestran el cumplimiento de las profecías. Lo anunciado desde antiguo en los textos sagrados tuvo lugar, en tiempos del emperador Augusto, en Belén, donde la Virgen María dio a luz a su Hijo primogénito, lo envolvió en pañales, y lo recostó en un pesebre.

   La Navidad no es una hipótesis, ni un deseo noble de entendimiento y de convivencia proyectado por los mejores sentimientos de la humanidad. Los cristianos celebramos un acontecimiento que ha marcado la historia, y su recuerdo reaviva la esperanza, el agradecimiento, la ternura y la sensibilidad.

   Si el pueblo del Antiguo Testamento fue acompañado por los profetas, por quienes se atrevieron a prever un futuro liberador y luminoso cuando experimentaban el rigor del exilio y la deportación,  ¡cuánto mayor deberá ser el sentimiento de paz, de alegría, de esperanza, si el acompañamiento de Dios no es un deseo, sino la verdad que funda la fe cristiana, el nacimiento del Emmanuel!

   Desde aquella bendita noche en que apareció sobre la tierra la bondad de Dios en su Hijo hecho hombre, los que dan fe a esta noticia gozan de una Presencia permanente y entrañable, que les permite afrontar la existencia en cualquier situación, con esperanza, y hasta con alegría, aun en medio de las posibles pruebas.

   No deseo violentar tu estado de ánimo, si acaso vives una experiencia oscura y difícil de soportar. Te puedo asegurar que nada de lo que padeces o gozas le es ajeno a Dios. Él ha querido compartir nuestra historia para que siempre contemos con su acompañamiento. Desde aquella Nochebuena ya no estamos solos.

 Porque hubo una Navidad, toda circunstancia puede interpretarse y vivirse de otra manera. Mi deseo sincero y amigo es que te alcance la luz del Sol naciente, Jesucristo, y tu corazón se llene de claridad. Desde el nacimiento de Jesús en nuestro mundo, todos somos portadores de su presencia, especialmente aquellos que padecen mayor necesidad. No cierres la puerta a la Navidad que acontece dentro de ti.

 Amigo, ¡Feliz Navidad!

Carta de Buenafuente

Tiempo de Adviento – Palabras de esperanza

21 de diciembre: (Cant 2, 8-14; Sal 32; Lc 1, 39-45)

Poema de amor 

“¡Oíd, que llega mi amado, saltando sobre los montes, brincando por los collados!

Es mi amado como un gamo, es mi amado un cervatillo.

Mirad: se ha parado detrás de la tapia, atisba por las ventanas, mira por las celosías.

Habla mi amado y me dice: «¡Levántate, amada mía, hermosa mía, ven a mí!” (Cant 2, 8-9).

 

Recepción de la Palabra 

 

Es muy difícil expresar la relación de amor de Dios con la humanidad, si la interpretamos desde la experiencia afectiva humana. Nuestra limitación sexuada no puede discernir bien lo que significa la declaración de amor esponsal de Dios. Homologar la relación matrimonial de Dios con la humanidad desde el analogado humano puede llegar a una aberración.

 

Sin embargo, la Sagrada Escritura, a la hora de revelar el amor que Dios tiene a su pueblo, lo ha descrito en las categorías del amor entre esposo y esposa. Y cuando el Evangelio de San Juan presenta a Jesús, lo hace en clave de unos desposorios, en el marco de una boda en la que el verdadero novio es Jesús.

 

Si leemos estas referencias en vísperas de conmemorar  el Misterio de la Navidad, nos será fácil contemplar la Encarnación del Verbo y el nacimiento del Hijo de Dios en Belén como la consumación de un desposorio entre la Divinidad y la humanidad en la única persona del Hijo Amado de Dios.

 

Pero no solo se nos revela tan íntima relación en el hecho único del Verbo encarnado, sino que en Él y por Él, los creyentes tenemos la llamada a formar una sola cosa con quien es la manifestación plena del amor de Dios.

 

Los místicos son testigos privilegiados de la capacidad del corazón humano de enamorarse de Dios, y de sentir el amor divino como respuesta total a la indigencia afectiva humana. Pero el amor esponsal que Jesucristo ofrece no está reducido a los que lo experimentan de una manera sublime, sino que Él ha querido dejarnos la posibilidad de formar parte de su misma vida a través de la participación eucarística y de los sacramentos.

 

El mismo Jesús asegura que quien come el Pan de Vida,  su carne y  su sangre, forma una sola cosa con Él. En Navidad, a todos los cristianos  se nos reaviva la llamada no solo a venerar y adorar en el pequeño Jesús a Dios hecho hombre, sino también a estremecernos por lo que significa que Dios haya querido asumir nuestra naturaleza para hacernos una sola cosa con Él. Quienes den fe a esta Misterio, gozarán, ya en esta vida, de la máxima posibilidad de relación con Dios.

P. Ángel Moreno, de Buenafuente del Sistal

La Alegría de Adviento

Decálogo de la alegría de Adviento 

adviento-4 ( Post editado por la Revista Ecclesia )

1.Si hablas por teléfono, hazlo con alegría. La otra persona se dará cuenta que, en tu interior, hay una fuerza poderosa: el optimismo de la fe.

2.Si has de corregir a alguien, hazlo con alegría. Se consigue más con miel que con hiel. Denotará que, Jesús, dirige tus palabras.

3.En tu trabajo procura poner el esfuerzo de la sonrisa. Los que te vean comprenderán que, una fuerza superior, te hace diferente a lo que te rodea.

4.En el sufrimiento no pierdas nunca la esperanza de la fe. Una enfermedad con el peso de la tristeza coloca más peso sobre la debilidad de nuestras personas. Lleva ilusión allá donde exista dolor.

5.Aunque por dentro llores, lleva siempre un buen gesto en tu rostro. Hay muchas personas que se conduelen con las lágrimas de los demás pero, otras, se burlan de ellas.

6.Lleva con gozo y con cintura tu pertenencia a la Iglesia. Manifiesta, con alegría, lo mucho que recibes de ella. ¿Qué no te entienden? ¿Acaso Cristo fue bien acogido en Belén?

7.La alegría debe der ser el lenguaje normal y ordinario de los cristianos. Jesús, en todas circunstancias, buscó el bien de los demás. El júbilo debe de ser el carnet de identidad de una persona que cree y espera a la Navidad.

8.El adviento afina las cuerdas del alma. Prepárate con la Palabra de Dios, con la eucaristía de cada día, con el sacramento de la reconciliación y…por dentro sentirás una especial armonía: la alegría de ser todo/a para Dios.

9.Recuerda aquello de: “Quién ríe el último, ríe mejor”. Muchos, en la Navidad,  se perderán entre las telarañas del consumo, de las luces sin sentido o de los mensajes sensibles pero sin contenido cristiano. Jesús no pretende ser acogido por todos pero sí por algunos. Entre ellos…tú.

10.Jesús crece en el seno de la Virgen y florece en el pesebre de Navidad. Que seas tú, con tus labios, un pregón de lo que está por acontecer: La Navidad es el amor de Dios a la humanidad ¿Lo vas a silenciar o proclamar?

corona adviento Decálogo de la alegría de Adviento

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