Súplica al Espíritu Santo

¡Ven, Espíritu Santo! Da luz a mis ojos para que mire la realidad a través de tu Sabiduría divina. Que no me atrape la atracción inmediata de las cosas, ni el atractivo de las personas, que contemple y valore toda la realidad, a través del cristalino de la fe, con mirada teologal y trascendente.
¡Ven, Espíritu Santo! Ábreme el oído del corazón para que perciba tus insinuaciones más íntimas, las que me dictas en lo secreto de mi interior, y haz que las acoja con obediencia amorosa, para que sea mi gozo y mi alegría seguir en todo tu voluntad. Que no me invente el camino por el que he de seguir, sino que me acompañe la certeza de que obedezco a cuanto procede de ti. Tú siempre me dejas conocerlo por la paz interior unida a esa obediencia.

¡Ven, Espíritu Santo! Mueve mi corazón hacia el bien, la generosidad, el amor de caridad desinteresado. Que no me quede en el sentimentalismo emocionado ante la debilidad y la pobreza de los otros, ante el dolor y la enfermedad de los que los padecen, sino que me mueva eficazmente hacia el bien hacer.
¡Ven, Espíritu Santo! Y hazme responsable de los talentos que me has dado, que no me enfeude en ellos de manera egoísta, especuladora, sino que los utilice y ejercite para el bien de los demás. Si Tú me has dado gratis lo que soy, que sea solidario con aquello que tengo y que recibo.
¡Ven, Espíritu Santo! Tú me das alas de paloma, fuerza en mis pisadas, destreza en mis manos, capacidad de discernimiento. No permitas que malgaste la riqueza con la que me has agasajado, haz que corra en ayuda de cuantos tengan necesidad, sin pararme en prejuicios, aspecto externo o posición social.


¡Ven, Espíritu Santo! Tú me has dado la fe y el don de piedad. Nada puede impedir que ore por todos, que eleve mis manos de manera anónima, desinteresada, constante, por tantos que necesitan encontrar a su paso una mirada amiga, una mano tendida, una palabra de aliento. Sé y creo que existe la comunión de los santos, y que nada se pierde de todo lo que oremos y ofrezcamos por los demás. Gracias por atraerme hacia el ministerio de la oración por todos.
¡Ven, Espíritu Santo! No permitas que sea pretencioso, queriendo caminar emancipado; ni que sea pusilánime, por creerme sin fuerzas. Fortalece mi espíritu, para que reivindique siempre tu autoría en mi vida, y dé acogida a lo que quieres hacer en mí y a través de mí a cuantos se cruzan en mi camino.
¡Ven, Espíritu Santo! Inspírame la sagacidad evangelizadora, por la que colabore contigo para la extensión del gozo del Evangelio. Que no me acostumbre, ni me justifique; que perciba los mensajes que me envías a través de la Palabra y de los acontecimientos, y sea fiel a tus insinuaciones.

Ángel Moreno, Buenafuente del Sistal

 


Una respuesta

  1. Quisiera tener algo muy diciente para este tiempo ordinario. Gracias

    El 7 de junio de 2014, 11:19, Camino en la fe escribió:

    > Gabriel de Santa Maria posted: “¡Ven, Espíritu Santo! Da luz a mis > ojos para que mire la realidad a través de tu Sabiduría divina. Que no me > atrape la atracción inmediata de las cosas, ni el atractivo de las > personas, que contemple y valore toda la realidad, a través del cristalino > de l”

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