Llamados a la santidad – Solemnidad de Todos los Santos – (Ap 7, 2-4. 9-14; Sal 23; 1Jn 3, 1-3; Mt 5, 1-12a)

Fraternidad Monástica Virtual

Llamados a la santidade

“Dios nos libre, hermanas, cuando algo hiciéremos no perfecto decir: «no somos ángeles», «no somos santas». Mirad que, aunque no lo somos, es gran bien pensar, si nos esforzamos, lo podríamos ser, dándonos Dios la mano; y no hayáis miedo que quede por El, si no queda por nosotras” (C. de Perfección 16, 11).

Como veía los martirios que por Dios las santas pasaban, parecíame compraban muy barato el ir a gozar de Dios y deseaba yo mucho morir así, no por amor que yo entendiese tenerle, sino por gozar tan en breve de los grandes bienes que leía haber en el cielo” (Vida 1, 4).

“Pongámonos en sus manos, para que sea hecha su voluntad en nosotras, y no podemos errar, si con determinada voluntad nos estamos siempre en esto. Y habéis de advertir, que por recibir muchas mercedes de…

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Entrar en el Castillo Interior

V CENTENARIO DEL NACIMIENTO DE SANTA TERESA DE JESÚS

 

CONDICIONES PARA ENTRAR AL CASTILLO INTERIOR

El deseo de orar es bueno, el gusto en la oración puede ser señal de Dios, el intento de provocar el sentimiento de consolación, ya no hay seguridad de que de Dios sea, porque lo de Dios es gratuito.

Hay una actitud para iniciar y consolidar la vida de oración y el camino espiritual: la humildad. Lo que no esté ungido de humildad puede estar infectado de vanidad, orgullo, afán pretencioso.

Santa Teresa nos instruye, como maestra de oración, en la necesidad de practicar la humildad, aun en las más altas estancias del Castillo Interior.

HUMILDAD

“Verdad es que no en todas las moradas podréis entrar por vuestras fuerzas, aunque os parezca las tenéis grandes, si no os mete el mismo Señor del castillo. Por eso os aviso, que ninguna fuerza pongáis, si hallareis resistencia alguna, porque le enojaréis de manera, que nunca os deje entrar en ellas. Es muy amigo de humildad” (Moradas VII, 4, 2).

“La humildad siempre labra como la abeja en la colmena la miel, que sin esto todo va perdido. (Moradas I, 2, 8)

“Mientras estamos en esta tierra no hay cosa que más nos importe que la humildad”. (Moradas I, 2, 9)

El Señor os lo dará a entender, para que saquéis de las sequedades humildad y no inquietud, que es lo que pretende el demonio (Moradas II, 1, 9).

https://encrypted-tbn0.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcQaB-uwSkeX4-QXjg_zRkpg6392UMkKdCDx7k0a_6DirkZNgI3e“Y creedme que no está el negocio en tener hábito de religión o no, sino en procurar ejercitar las virtudes y rendir nuestra voluntad a la de Dios en todo, y que el concierto de nuestra vida sea lo que Su Majestad ordenare de ella, y no queramos nosotras que se haga nuestra voluntad, sino la suya. Ya que no hayamos llegado aquí ­como he dicho­ humildad, que es el ungüento de nuestras heridas; porque, si la hay de veras, aunque tarde algún tiempo, vendrá el cirujano, que es Dios, a sanarnos” (Moradas III, 2, 6).

En el discernimiento espiritual, para saber si algo es de Dios o no, una nota importante es descubrir si va en humildad. “Una vez estaba yo considerando por qué razón era nuestro Señor tan amigo de esta virtud de la humildad, y púsoseme delante ­a mi parecer sin considerarlo, sino de presto­ esto: que es porque Dios es suma Verdad, y la humildad es andar en verdad (Moradas VI, 10, 7).

P. Ángel Moreno, Buenafuerte del Sistal

LEE AQUI O DESCARGATE LA OBRA:

El Castillo Interior o las Moradas de Sta. Teresa

Entrar en el Castillo interior

V CENTENARIO DEL NACIMIENTO DE SANTA TERESA DE JESÚS

 

CONDICIONES PARA ENTRAR AL CASTILLO INTERIOR

El deseo de orar es bueno, el gusto en la oración puede ser señal de Dios, el intento de provocar el sentimiento de consolación, ya no hay seguridad de que de Dios sea, porque lo de Dios es gratuito.

Hay una actitud para iniciar y consolidar la vida de oración y el camino espiritual: la humildad. Lo que no esté ungido de humildad puede estar infectado de vanidad, orgullo, afán pretencioso.

Santa Teresa nos instruye, como maestra de oración, en la necesidad de practicar la humildad, aun en las más altas estancias del Castillo Interior.

HUMILDAD

“Verdad es que no en todas las moradas podréis entrar por vuestras fuerzas, aunque os parezca las tenéis grandes, si no os mete el mismo Señor del castillo. Por eso os aviso, que ninguna fuerza pongáis, si hallareis resistencia alguna, porque le enojaréis de manera, que nunca os deje entrar en ellas. Es muy amigo de humildad” (Moradas VII, 4, 2).

“La humildad siempre labra como la abeja en la colmena la miel, que sin esto todo va perdido. (Moradas I, 2, 8)

“Mientras estamos en esta tierra no hay cosa que más nos importe que la humildad”. (Moradas I, 2, 9)

El Señor os lo dará a entender, para que saquéis de las sequedades humildad y no inquietud, que es lo que pretende el demonio (Moradas II, 1, 9).

https://encrypted-tbn0.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcQaB-uwSkeX4-QXjg_zRkpg6392UMkKdCDx7k0a_6DirkZNgI3e“Y creedme que no está el negocio en tener hábito de religión o no, sino en procurar ejercitar las virtudes y rendir nuestra voluntad a la de Dios en todo, y que el concierto de nuestra vida sea lo que Su Majestad ordenare de ella, y no queramos nosotras que se haga nuestra voluntad, sino la suya. Ya que no hayamos llegado aquí ­como he dicho­ humildad, que es el ungüento de nuestras heridas; porque, si la hay de veras, aunque tarde algún tiempo, vendrá el cirujano, que es Dios, a sanarnos” (Moradas III, 2, 6).

En el discernimiento espiritual, para saber si algo es de Dios o no, una nota importante es descubrir si va en humildad. “Una vez estaba yo considerando por qué razón era nuestro Señor tan amigo de esta virtud de la humildad, y púsoseme delante ­a mi parecer sin considerarlo, sino de presto­ esto: que es porque Dios es suma Verdad, y la humildad es andar en verdad (Moradas VI, 10, 7).

P. Ángel Moreno, Buenafuerte del Sistal

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El Castillo Interior o las Moradas de Sta. Teresa

Ámame tal como eres

Jesus amamae...

[…] Conozco tu miseria, las luchas y tribulaciones de tu alma, las deficiencias y enfermedades de tu cuerpo; sé tu vileza, tus pecados, y te vuelvo a decir: “Dame tu corazón, ámame como eres…

Si esperas a ser un ángel para abandonate al amor, no amarás nunca. Aunque seas debil en la práctica del deber y de la virtud y recaigas a menudo en culpas que quisieras no cometer más, no te permito  no amarme.

A cada instante y en cualquier situación que estés, en el fervor  o en la aridez, en la fidelidad o en la infidelidad, ámame… tal como eres… Quiero el amor de tu pobre corazón; si esperas a ser perfect@, no me amarás nunca.

¿No sabes que puedo hacer de cada grano de arena un serafín radiante de pureza, nobleza y amor? No soy Yo el Omnipotente? Y si me parece bien dejar en la nada algunos seres maravillosos y preferir el pobre amor de tu corazon, no soy Yo el amo de tu amor?

Hij@l mí@, dejateme amarte, quiero tu corazzón. Con el tiempo, claro que quiero trnasformarte, pero por ahora te amo como eres… y deseo que tu hagas lo mismo; quiero ver surgir el almor del fondo mas hondo de la miseria. Amo en ti, hasta toda tu debilidad, quiero el amor de los pobres y de los miserables; quiero que desde  las cenizas se eleve continuamente un grna grito: “Jesús, te amo”.

Sólo quiereo el canto de tu corazón, no necesito ni tu ciencia ni tu talento. Sólo un cosa me importa, verte trabajar con amor.

No son tus virtudes lo que deseo, si te las diera, eres tan débil que alimentarias tu amor propio; no te preocupes por eso. Te habrí podido destinar a hacer grandes cosas; pero no, será el servidor inutil; te tomaré, hasta lo poco que tienes… porque te he creado solamente para el amor.

Hoy estoy a la puerta de tu corazón como un mendigo, Jo el Rei de Reyes llamo y epero; date prisa en abrirme. No te excuses por tu miseria; si conocieras perfectamente tu miserí, morirías de dolor. Lo que hirer mi corazón es verte dudar y desconfiar de Mi.

Quiero que piense en Mi cada hora del dia y de la noche; quiero que hagas hasta la acción más insignificante sólo por amor. Cuento contigo para darme alegría…

No te preocupes de no tener virtudes; te daré las mias.

Cuando hayas de sufrir, te daré fuerza. Tu me has dado amor y Yo te concederé amor más de lo que puedad imaginar.

Pero recuerda… ámame tal como eres…

Te he dado a mi Madre; hazme llegar todo a través de su Corazón tan puro.

Pase lo que pase, no esperes a ser santo para abandonarte al Amor, porque no amarás nunca.

Vamos…., comienza!”

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