LA DEBILIDAD. XIV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

 

XIV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

(Ez 2, 2-5; Sal 122; 2 Co 12, 7b-10; Mc 6, 1-6)

LA DEBILIDAD

Nuestra naturaleza aspira a la seguridad, siente que sin ella no puede alcanzar metas importantes. Por lo mismo, rehúye el fracaso, la contingencia y la inseguridad.

Los estrategas de la economía, por ejemplo, se sientan a planear cómo ganar más, o cómo conseguir grandes resultados en sus inversiones, y huyen de cualquier signo de duda.

Y sin embargo, por propia experiencia, es en los momentos de mayor debilidad cuando la persona se abre a un conocimiento propio, de sí misma, que en ninguna otra situación alcanza.

El salmista describe la actitud menesterosa del esclavo o de la esclava, que están pendientes del favor de su señor o su señora, para decir con mayor plasticidad la que nos corresponde a nosotros mantener ante Dios. “Como están los ojos de la esclava fijos en las manos de su señora, así están nuestros ojos en el Señor, Dios nuestro, esperando su misericordia” (Sal 122).

Aún es más evidente el testimonio de san Pablo, por el que nos confiesa en quién debemos poner nuestra confianza, y de dónde nos viene la fuerza. Como es lógico y natural, el apóstol cree que es bueno pedir verse libre de la debilidad, de la flaqueza, del aguijó de la carne. Y sin embargo, el Señor le responde: «Te basta mi gracia; la fuerza se realiza en la debilidad.» (2Co 12, 9).

Un peligro que se deriva de toda situación de poder es el afán de dominar, no solo por poseer el mayor cúmulo de bienes materiales, sino también por el ejercicio despótico sobre las personas. ¡Qué difícil es encontrar a quien convierte su capacidad en servicio magnánimo!

Jesús quiso pasar por este mundo con la sencillez de un vecino de Nazaret, de un paisano de Galilea, de tal manera que, cuando salió a predicar, cundió la extrañeza, y sus conciudadanos se preguntaban: “¿No es éste el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón?”

El papa Francisco ha advertido a los sacerdotes que evangelizar no es hacer proselitismo. “Las dos columnas sobre las que se apoya el Cristianismo: las Bienaventuranzas y Mateo 25, que es el protocolo sobre el que vamos a ser juzgados” (Roma, 12 de junio, 2015).

Quienes ponen su confianza en la fuerza, en el poder, en el tener, se resisten a dejarse conducir y acompañar por la fe. Dice el Evangelio que Jesús, al ver la incredulidad de sus paisanos, “se extrañó de su falta de fe”.

P. Ángel Moreno de Buenafuente del Sistal

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