Adorar la Eucaristia. Solemnidad del Corpus Christi

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La Iglesia, con amor entrañable, ha colocado en los domingos siguientes a la Pascua de Pentecostés, celebraciones especiales, en honor de la Santísima Trinidad, y del Cuerpo y de la Sangre de Cristo, además de la invocación al Sagrado Corazón de Jesús, Sacratísima Humanidad, que diría Santa Teresa de Jesús.

Creo que el calendario litúrgico introduce estas celebraciones como pedagogía de acompañamiento, para que afrontemos el largo camino del Tiempo Ordinario con las provisiones necesarias.

El ángel del Señor, cuando se acercó al profeta Elías, que estaba tendido en el suelo, desanimado y sin ganas de vivir, lo despertó y le mostró pan y agua, para que lo comiera, tomara fuerzas, y siguiera por el largo camino del desierto.

La Iglesia nos ofrece, como el ángel del Señor, la provisión de los sacramentos, el agua regeneradora del perdón y de la misericordia, y el pan de la Palabra y de la Eucaristía, provisiones que fortalecen y posibilitan avanzar por el camino de la existencia.

La presencia real de Cristo en el Sacramento de la Eucaristía es la concreción más sobrecogedora de la promesa de Jesús a los suyos, cuando les aseguró: “Yo estaré con vosotros, todos los días, hasta la consumación del mundo”. El tabernáculo, presente en las iglesias, señalado con lámpara encendida, como faro de puerto, se convierte para tantos cristianos en referencia y acompañamiento espiritual.

Necesitamos estar en adoración, y necesitamos la oración silenciosa y la visita personal al Santísimo Sacramento, de manera especial en momentos de soledad, de angustia, de quiebra de la salud, de conflictos familiares, de necesidad de misericordia.

Adorar la Eucaristía es el signo más noble del creyente.

Adorar la Eucaristía es la forma más expresiva de amor al Señor.

Adorar la Eucaristía concede la experiencia de saberse mirado por el Señor.

Adorar la Eucaristía concentra la expresividad creyente en la presencia real de Cristo.

Adorar la Eucaristía de manera habitual es un hito de camino seguro.

Adorar la Eucaristía es tiempo en el que se deja modelar el corazón en las manos del Señor.

Adorar la Eucaristía es privilegio de la fe, por el que se experimenta la cercanía histórica de Cristo resucitado.

D. Ángel Moreno, Buenafuente del Sistal

Consagración a Jesús Niño

946437_10208344071462328_3110420247566584293_n“Niño Jesús, Niño Dios, has venido tan pequeñito, tan vulnerable, tan pobre, tan débil por nosotros. Te ofrezco los miedos de mi debilidad, de mi vulnerabilidad, de mi pequeñez, de mi pobreza. Deposito todo lo que soy en tu puro e inocente corazón. Sí, me consagro a ti, Niño Jesús. Rey de Amor, me consagro a tu inocencia, a tu pureza. Sí, Tú eres el verdadero Amor, la verdadera belleza, Tú eres Aquel que no sospecha nada. ¡La inocencia de tu mirada nos salvará! ¡Niño Jesús, sálvame por tu inocencia!”

JM Hammel

NAVIDAD

JOHN MAIN
 
Dios está con nosotros!
 
´La Navidad es una fiesta de gran gozo porque viene nuestro Redentor. El viene a restaurar la inocencia perdida, a restaurarnos a ese estado perfecto de la niñez, para convertirnos en los hijos de Dios, que le obedecemos, que lo amamos, dispuestos a servirle siempre de la forma más perfecta y generosa posible.
 
El estado de maravilla y de felicidad de un niño en la Navidad es correctamente visto como un sacramento en su verdadero significado.  Es con la misma simpleza que debemos recibir este regalo supremo del amor de Jesús.
 
La Navidad es más que una fiesta – es una estación.  Y como todas las estaciones, su esencia consiste en un periodo de preparación,  luego el logro y luego de integración de lo que ha sido logrado en la gran estación de la que formamos parte, la estación de nuestra propia vida.´
John Main
Del libro: “The Joy of Being”
Darton, Longman and Todd – London

Ámame tal como eres

Jesus amamae...

[…] Conozco tu miseria, las luchas y tribulaciones de tu alma, las deficiencias y enfermedades de tu cuerpo; sé tu vileza, tus pecados, y te vuelvo a decir: “Dame tu corazón, ámame como eres…

Si esperas a ser un ángel para abandonate al amor, no amarás nunca. Aunque seas debil en la práctica del deber y de la virtud y recaigas a menudo en culpas que quisieras no cometer más, no te permito  no amarme.

A cada instante y en cualquier situación que estés, en el fervor  o en la aridez, en la fidelidad o en la infidelidad, ámame… tal como eres… Quiero el amor de tu pobre corazón; si esperas a ser perfect@, no me amarás nunca.

¿No sabes que puedo hacer de cada grano de arena un serafín radiante de pureza, nobleza y amor? No soy Yo el Omnipotente? Y si me parece bien dejar en la nada algunos seres maravillosos y preferir el pobre amor de tu corazon, no soy Yo el amo de tu amor?

Hij@l mí@, dejateme amarte, quiero tu corazzón. Con el tiempo, claro que quiero trnasformarte, pero por ahora te amo como eres… y deseo que tu hagas lo mismo; quiero ver surgir el almor del fondo mas hondo de la miseria. Amo en ti, hasta toda tu debilidad, quiero el amor de los pobres y de los miserables; quiero que desde  las cenizas se eleve continuamente un grna grito: “Jesús, te amo”.

Sólo quiereo el canto de tu corazón, no necesito ni tu ciencia ni tu talento. Sólo un cosa me importa, verte trabajar con amor.

No son tus virtudes lo que deseo, si te las diera, eres tan débil que alimentarias tu amor propio; no te preocupes por eso. Te habrí podido destinar a hacer grandes cosas; pero no, será el servidor inutil; te tomaré, hasta lo poco que tienes… porque te he creado solamente para el amor.

Hoy estoy a la puerta de tu corazón como un mendigo, Jo el Rei de Reyes llamo y epero; date prisa en abrirme. No te excuses por tu miseria; si conocieras perfectamente tu miserí, morirías de dolor. Lo que hirer mi corazón es verte dudar y desconfiar de Mi.

Quiero que piense en Mi cada hora del dia y de la noche; quiero que hagas hasta la acción más insignificante sólo por amor. Cuento contigo para darme alegría…

No te preocupes de no tener virtudes; te daré las mias.

Cuando hayas de sufrir, te daré fuerza. Tu me has dado amor y Yo te concederé amor más de lo que puedad imaginar.

Pero recuerda… ámame tal como eres…

Te he dado a mi Madre; hazme llegar todo a través de su Corazón tan puro.

Pase lo que pase, no esperes a ser santo para abandonarte al Amor, porque no amarás nunca.

Vamos…., comienza!”

La Resurrección Según las visiones de la Beata Anna Katharina Emmerick

MUERTE DE DIOS: El Misterio del Sábado Santo.

sabado santo (1)SOBRE LAS TINIEBLAS DE LOS CORAZONES
BRILLA SU LUZ

LA afirmación de la muerte de Dios resuena, cada vez con más  fuerza, a lo largo de nuestra época. En primer lugar aparece en Jean Paul 1, como una simple pesadilla. Jesús muerto proclama  desde el techo del mundo que en su marcha al más allá no ha  encontrado nada: ningún cielo, ningún dios remunerador, sino sólo  la nada infinita, el silencio de un vacío bostezante. Pero se trata  simplemente de un sueño molesto, que alejamos suspirando al  despertarnos, aunque la angustia sufrida sigue preocupándonos en  el fondo del alma, sin deseos de retirarse. Cien años más tarde es  ·Nietzsche-F quien, con seriedad mortal, anuncia con un estridente  grito de espanto: «¡Dios ha muerto! ¡Sigue muerto! ¡Y nosotros lo  hemos asesinados. Cincuenta años después se habla ya del asunto  con una serenidad casi académica y se comienza a construir una  «teología después de la muerte de Dios», que progresa y anima al  hombre a ocupar el puesto abandonado por él.

SABADO-STO/MISTERIO: El impresionante misterio del sábado  santo, su abismo de silencio, ha adquirido, pues, en nuestra época  un tremendo realismo. Porque esto es el sábado santo: el día del  ocultamiento de Dios, el día de esa inmensa paradoja que  expresamos en el credo con las palabras «descendió a los  infiernos», descendió al misterio de la muerte. El viernes santo  podíamos contemplar aún al traspasado; el sábado santo está  vacío, la pesada piedra de la tumba oculta al muerto, todo ha  terminado, la fe parece haberse revelado a última hora como un  fanatismo. Ningún Dios ha salvado a este Jesús que se llamaba su  hijo. Podemos estar tranquilos; los hombres sensatos, que al  principio estaban un poco preocupados por lo que pudiese suceder,  llevaban razón.

;Sábado santo, día de la sepultura de Dios: ¿No es éste, de forma  especialmente trágica, nuestro día? ¿No comienza a convertirse  nuestro siglo en un gran sábado santo, en un día de la ausencia de  Dios, en el que incluso a los discípulos se les produce un gélido  vacío en el corazón y se disponen a volver a su casa avergonzados  y angustiados, sumidos en la tristeza y la apatía por la falta de  esperanza mientras marchan a Emaús, sin advertir que aquél a  quien creen muerto se halla entre ellos?

Dios ha muerto y nosotros lo hemos asesinado. ¿Nos hemos  dado realmente cuenta de que esta frase está tomada casi  literalmente de la tradición cristiana, de que hemos rezado con  frecuencia algo parecido en el vía-crucis, sin penetrar en la terrible  seriedad y en la trágica realidad de lo que decíamos? Lo hemos  asesinado cuando lo encerrábamos en el edificio de ideologías y  costumbres anticuadas, cuando lo desterrábamos a una piedad  irreal y a frases de devocionarios, convirtiéndolo en una pieza de  museo arqueológico; lo hemos asesinado con la duplicidad de  nuestra vida, que lo oscurece a él mismo; porque, ¿qué puede  hacer más discutible en este mundo la idea de Dios que la fe y la  caridad tan discutibles de sus creyentes?
La tiniebla divina de este día, de este siglo, que se convierte  cada vez más en un sábado santo, habla a nuestras conciencias. Se  refiere también a nosotros. Pero, a pesar de todo, tiene en sí algo  consolador Porque la muerte de Dios en Jesucristo es, al mismo  tiempo, expresión de su radical solidaridad con nosotros. El misterio  más oscuro de la fe es, simultáneamente, la señal más brillante de  una esperanza sin fronteras. Todavía más: a través del naufragio  del viernes santo, a través del silencio mortal del sábado santo,  pudieron comprender los discípulos quién era Jesús realmente y  qué significaba verdaderamente su mensaje. Dios debió morir por  ellos para poder vivir de verdad en ellos. La imagen que se habían  formado de él, en la que intentaban introducirlo, debía ser  destrozada para que a través de las ruinas de la casa deshecha  pudiesen contemplar el cielo y verlo a él mismo, que sigue siendo la  infinita grandeza. Necesitamos las tinieblas de Dios, necesitamos el  silencio de Dios para experimentar de nuevo el abismo de su  grandeza, el abismo de nuestra nada, que se abriría ante nosotros  si él no existiese.
JOSEPH RATZINGER

SER CRISTIANO. SIGUEME.SALAMANCA-1967. Págs. 87-97

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YO SOY EL PAN DE VIDA – YO SOY LA VID VERDADERA.

Tarde del Jueves Santo. Las lecturas hacen memoria de la Cena del Señor en las palabras de San Pablo en su carta a los cristianos de Corinto. Se lee también el rito del lavatorio de los pies según el evangelio de San Juan, que, sorprendentemente, no contiene el relato del banquete ritual. Sin embargo, el cuarto evangelio ofrece dos textos muy significativos que se relacionan con la Cena del Señor: el discurso del “Pan de Vida”, y la parábola de “la vid y el sarmiento”. Si los tenemos presentes, comprenderemos mejor lo que nos disponemos a celebrar esta tarde y la implicación que supone para nuestra vida.

 

Jesús, en Cafarnaúm, proclama: “Yo soy el pan de vida” (Jn 6). Y en la parábola: “Yo soy la vid verdadera” (Jn 15). La expresión “Yo soy” es la más solemne de la Biblia, porque hace referencia al nombre con el que Dios se reveló a Moisés en la zarza ardiente. En otros pasajes del mismo evangelio, encontramos expresiones semejantes en labios de Jesús: “Yo soy el Buen Pastor”; “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”; “Yo soy la luz del mundo”; “Yo soy rey”. Y, precisamente, en la noche de Getsemaní, el Maestro se presenta por tres veces ante Judas y las autoridades, diciendo: “Yo soy”.

 

Hecha esta observación, nos disponemos a escuchar las palabras más solemnes como si se tratara de un verdadero testamento. Si comparamos el discurso de Cafarnúm con la parábola de la vid y los sarmientos, y los leemos en paralelo, desde una clave literaria oriental circular, deberemos sentirnos abrazados y conducidos por las frases similares que se encuentran en ambos relatos.

 

Jesús se presenta a sí mismo: “Yo soy el pan de vida”, “Yo soy la vid verdadera”, y estas palabras nos sitúan ante quien es el Señor. Y si interpretamos ambas expresiones en relación con la Eucaristía, nos sentiremos introducidos en el Misterio de la entrega total de Jesús, el Hijo de Dios, en forma de pan y en forma de vino, como expresión máxima de amor, en cumplimiento de la voluntad de su Padre. Jesús no se convierte en protagonista vanidoso, sino que reivindica el nombre de su Padre como fuente y origen de su identidad. “Es mi Padre quien os da Pan del cielo”; “Es mi Padre el Viñador”.

 

La revelación que nos hace Jesús en su discurso es esencial: “El que come mi carne permanece en mí y yo en él”. Y en la parábola de la vid, amplia los efectos que se siguen de esta permanencia: “El que permanece en mí y yo en él ese da mucho fruto” (Jn 15, 5). No solo da fruto, sino que asegura la vida para siempre: “El que come de este pan vivirá para siempre” (Jn 6, 51). “Si no coméis mi carne no tenéis vida en vosotros” (Jn 6, 53). Expresiones que se corresponden con el aforismo de la parábola: “Si no permanece en mí se seca” (Jn 15, 6). Son apotegmas contundentes, claros, precisos, sin que la glosa pueda evitar la radicalidad que encierran.

 

La savia de la gracia corre por nuestras vidas si permanecemos en Cristo, si comemos de la mesa santa. “El que come mi carne habita en mí y yo en él”. De lo contrario, somos como los sarmientos podados, que se secan y los echan fuera, para la lumbre. En cambio, “al que acuda a mí no lo echaré fuera” (Jn 6, 37). “Permaneced en mí y yo en vosotros”. Este es el ruego del Maestro a sus amigos en el momento más duro que narran los evangelios, cuando muchos no soportaron su enseñanza y lo abandonaron.

 

Hay un consejo que sobresale por encima de todos y que suena a mandamiento: “Permaneced”. El verbo permanecer puede significar estabilidad, mantener la palabra, fidelidad, relación, pertenencia. Hijos míos, permaneced en mí, permaneced en mi amor, permaneced en el amor fraterno. Esta noche, resuenan de forma dramática las palabras de Jesús a los suyos, que cada uno podemos personalizar: “¿También vosotros queréis marcharos?” (Jn 6, 67). “Vosotros sois mis amigos” (Jn 15, 14).

EL ANTÍDOTO CONTRA TODO MAL

 

“Haz una serpiente de bronce y colócala en un asta. Todo el que haya sido mordido y la mire sanará. Cuando alguno era mordido por una serpiente, miraba a la serpiente de bronce y quedaba curado” (Núm 20, 8-9).

 

“Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea tenga por él vida eterna.” (Jn 3, 14-15)

 

Si te sientes herido porque has puesto tus manos en mil tareas, y parece que has perdido el tiempo, o por el contrario, has tenido éxito y te descubres insatisfecho, mira al que, levantado el alto, te muestra sus manos clavadas, para ofrecerte el remedio a tu prepotencia, y podrás realizar en su nombre el bien, sin resentimiento ni vanidad.

 

Si traes los pies cansados, hinchados, porque has andado por caminos ásperos, y dolorido de caminar sin rumbo o por veredas que no llevan a metas saludables, y sientes la tentación de la derrota, mira al Crucificado, clavados sus pies, sujetos, para trasvasarte fuerza en tu debilidad. Por los pies detenidos del Señor recibirás a cambio unos pies de gacela, ágiles, para avanzar hacia la entrega generosa y total de ti mismo.

 

Si tu herida es más íntima, porque tienes el corazón deshecho, dividido, roto, por tus afectos imposibles, o por el alejamiento de los que amas. Si reconoces que en vez de amor has proyectado afán posesivo y te has quedado en la amargura de la soledad, extenuado y seco, descorazonado y escéptico, mira al traspasado con una lanza, herido en su pecho, convertido en manantial de vida, de amor desposeído, sin especulación ni reivindicación alguna, sino entregado a fondo perdido. Si bebes de este manantial, volverás a sentir el amor primero, el amor que te funda y del que se renace, el amor que te permitirá amar y sentirte amado.

 

Creo que no me equivoco si intuyo que tu dolor puede provenir de tus pensamientos, de dar vueltas a las cosas que te preocupan, de la mala memoria que te sobrecarga la cabeza de pensamientos negativos, de obsesiones persistentes hasta llevarte a perder la alegría. Mira al coronado de espinas. Él te ofrece descanso, y te llama a silenciar la mente, a abandonarte en Él. Si llegas a contemplar ese rostro y se trasfunde en ti su mirada, sentirás sosiego, paz, serenidad, y quedarás libre de las imágenes negativas que te atraviesan las sienes, hasta producirte dolores como si te clavaran espinas en la cabeza.

 

Pero si lo que te duele es todo el cuerpo, tu propia naturaleza herida, tu historia desnuda a los ojos de quien penetra las entrañas y el corazón, y no superas el peso de tu carne herida, de la quiebra de tu humanidad por haber convivido con deseos extraños, con relaciones insatisfechas, mira el cuerpo desnudo del Señor, su cuerpo entregado, su oblación total, para que no dudes de que Él ha deseado llevar todas tus dolencias, e incluso tus propios pecados. El te ofrece la reconciliación total contigo mismo, al transfigurar todas tus llagas en señales compartidas con quien es el Hijo de Dios. En la medida en la que te veas reflejado en Jesucristo, tus heridas se curan, se iluminan, y se convierten en trofeos, títulos nobles, por los que has recibido la compasión entrañable de Dios.

 

La Santísima Virgen y Satanás . Entrevista a Gabrielle Amorth,

«El demonio se descontrola de rabia cuando coloco algo que refleja la presencia de la Virgen»

«El demonio se descontrola de rabia cuando coloco algo que refleja la presencia de la Virgen»

Padre Gabriele Amorth

Los más de 50.000 exorcismos que ha realizado le convierten en el mayor experto en la materia. A sus 87 años, el padre Gabrielle Amorth, exorcista de la diócesis de Roma, alerta de la importancia de que en cada diócesis haya un exorcista.

Una mañana de 1985, el cardenal Ugo Poletti, vicario de Juan Pablo II como Obispo de Roma, llamó a un sacerdote paulista nacido en 1925, el padre Gabrielle Amorth, para encomendarle una misión: ser el exorcista de la diócesis de Roma.En estos veintisiete años, el padre Amorth reconoce haber realizado más de cincuenta mil exorcismos. Por tanto, nadie mejor que él en todo el mundo para explicar qué este ritual del exorcismo, en un momento en el que, en la práctica, está olvidado incluso en el seno de la Iglesia.
-Padre Amorth, ¿qué es un exorcismo?

Nuestra Señora Desatanudos

-El exorcismo es una oración pública de la Iglesia que se hace con la autoridad de la Iglesia, porque la hace un sacerdote designado por el obispo; es una oración de liberación del demonio, de su influencia maligna o del mal provocado por él.
En la actualidad hay muy pocos exorcistas, ¿No son necesarios?
-Durante trescientos años la Iglesia ha abandonado los exorcismos. Los motivos son diversos y los explico en el libro Habla un exorcista. Sin embargo, en cada diócesis debe haber uno ¡como mínimo! Pero ¿cómo los va a haber, si la gente no cree en el Demonio, incluso gente de Iglesia, como sacerdotes y obispos? Es necesario saber que el obispo que no proporciona la ayuda espiritual necesaria a un fiel con un problema demoníaco está pecando gravemente.
¿Por qué permite Dios una posesión o un mal demoníaco?
-Hay gente a la que he tratado que va a misa, reza y hace ayuno. Yo les pregunto: “Si no estuvieses poseído, ¿lo harías?”. Y me responden que no. Además, pregunto a los demonios mientras hago este exorcismo: “¿Por qué te empeñas en quedarte? Y me dicen: “No puedo irme porque Dios no me lo permite. Si me fuera de esta persona, se alejaría de los sacramentos, y estando así, acude a Dios y es ferviente su oración”. Luego es posible que para esas personas, esa cruz sea necesaria para su salvación y la de los que comparten esa cruz con ella: su entorno, su familia y sus amigos.
Ayuno y oración
-En el Evangelio, Jesús dice que algunos demonios sólo se van con ayuno y oración, pero existen casos en los que el exorcismo dura muchos años, o que incluso no llega a producir nunca esa liberación, aunque se recurra al ayuno y la oración. ¿Por qué?
-Hay ocasiones en que el Señor permite un caso de posesión en el que la persona no llegue a liberarse nunca. Yo los he tratado. El Señor invita a acudir al ayuno y a la oración para expulsar cierto tipo de demonios, porque hay varios. Igual que hay ángeles con diferentes funciones y misiones, con los caídos pasa lo mismo, pues también son ángeles. Pero como digo, en ocasiones nada funciona, ya que Dios lo permite para la salvación de muchas almas, no sólo de la persona poseída, aunque no es normal.
-Otra cosa incomprensible es cómo puede comulgar un poseído y que no se dé su liberación, siendo como es la Sagrada Forma el cuerpo vivo de Cristo. ¿Acaso no nos ha dicho la Iglesia que el demonio huye de Cristo como de la peste?
-Es cierto. No se aleja el demonio cuando la persona comulga. Se queda ahí quieto, aunque supongo que tremendamente incómodo. A veces, durante un exorcismo, coloco sobre la cabeza del poseído una forma consagrada y pregunto: “¿Sabes lo que tienes ahí?”.Y contesta: “Sí, está Él”, y ni se inmuta.Sin embargo, he descubierto algo curiosísimo: el demonio se descontrola en rabia desesperada cuando coloco algo que refleja la presencia de la Virgen, como un escapulario, o si rezo oraciones de la Virgen. ¡A María le tiene un odio impresionante! Entonces sí se revuelve, no lo puede soportar. ¡Huye como de la peste!
-¿Por qué?
-Porque se siente profundamente humillado. El saberse obligado a hincar la rodilla ante una mujer, la Madre de Cristo… ¡Ah! No puede con eso. Las oraciones a la Virgen durante un exorcismo son extraordinariamente poderosas a mi favor…
También ocurre con las reliquias que han pertenecido a algunos santos. Yo suelo utilizarlas con mucha frecuencia, porque no las puede soportar. Suele ‘salir’ despavorido por la misma razón: la humillación de la obediencia a la que le obliga Nuestro Señor, que le induce a doblegarse ante un hombre, no ante un ángel o ante Dios mismo: ante un hombre que ha sido santo.
Me ocurre mucho con las reliquias que utilizo del padre Pío de Pietrelcina, a quien tengo especial devoción. Sale huyendo ante las oraciones y las invocaciones que hago sobre él. ¿Sabe que lo conocí siendo yo muy jovencito? ¡Le tiraba de la barba y él se partía de risa! Yo le adoraba, era una persona de una bondad hiperbólica, un hombre de Dios de pies a cabeza. Un gran santo de nuestro tiempo.
Objetos de metal
-Usted cuenta que durante los exorcismos un poseído puede expulsar por la boca objetos de metal, cristal y cosas así.
-Es curioso, ocurre a veces. Esos objetos no están dentro de la persona físicamente, se materializan en la boca, al ser expulsados. Los he cogido con mi mano, incluso cuchillas de afeitar. Tengo una caja enorme llena de estos objetos. La guardo para demostrar físicamente lo que ocurre durante la expulsión de un demonio. Es muy difícil de creer, pero están ahí.Una vez, una persona sobre la que oraba me escupía todo el rato y yo esquivaba sus salivazos como podía. Una de ésas veces, le vi que me iba a escupir y puse mi mano ante su boca. Fue todo muy rápido, pero cogí al vuelo un clavo enorme y estaba seco. No tenía saliva ni nada. Se había materializado en el momento de salir de su boca.
-Usted cuenta que una sola sesión de exorcismo puede ser durísima.
-Se necesita una enorme fuerza psicológica para asistir a un exorcismo y no distraerse de la oración con nada, diga lo que diga o haga lo que haga el demonio. La fatiga puede ser muy grande.
-¿Cómo nos protegemos para que nunca nos suceda algo así?
-El mejor remedio contra el demonio es la oración y la confianza en la Misericordia. Con oración y siendo fieles a los regalos infinitos de la Iglesia: los Sacramentos. Dios jamás abandona a un hijo fiel. Lo protege, lo ama con locura, lo mima con sus regalos. ¡No debéis tener miedo jamás!
-¿Usted no ha tenido miedo nunca?
-El mismo día que me nombraron exorcista me encomendé a la Santísima Virgen. Le pedí que me arropase y me protegiese cada día con su manto materno. Además, tengo una profunda devoción a mi ángel de la guarda, al que me encomiendo cada día y antes de cada exorcismo. Por lo tanto, creo que es el demonio, por la gracia de Dios, el que se echa a temblar cuando me ve aparecer y empiezo a rezar.
Juan Pablo II
-¿Es cierto que usted exorcizó junto a Juan Pablo II?
-Le cuento una anécdota de ese impresionante santo. Estaba yo exorcizando a una pobre muchacha joven, a la que llevaba muchos años intentando liberar. El exorcismo esa mañana había sido durísimo y tanto ella como yo estábamos agotados. Entonces nos fuimos los dos a una misa que celebraba el Papa en San Pedro.
Ella estaba tranquila, con unas ganas tremendas de estar en la Misa y de ver al Papa. Todo iba bien hasta que el Papa entró en la basílica, con todos los ropajes, preparado para celebrar. En cuanto esta muchacha le vio, se puso fatal: alaridos, convulsiones, etc. Estaba claro que el demonio no soportaba la presencia de ese hombre tan de Cristo. El Papa la miró lleno de compasión y dio la orden de que la alejaran un poco, pues los gritos que profería y las palabrotas iban a ser un incordio para la celebración.
Cuando finalizó la Misa, el Papa se acercó a ella, que seguía con una inquietud horrorosa. Le impuso las manos, comenzó a orar y la muchacha se puso fatal. Así estuvo el Santo Padre un buen rato, hasta que se calmó un poco. Quizá logró expulsar un par de demonios. El caso es que, agotado, le dijo a su secretario: “Avise al padre Amorth. Que siga él”. Y ahí tuve que seguir yo, que había estado antes no sé cuántas horas con la pobre desdichada sin ningún fruto. Me reí: el Papa no lo sabía.
-¿Le obedeció?
-¡Por supuesto! Yo quise muchísimo a Juan Pablo II.
Medjugorje
-Hay un elemento muy fuerte en el mundo actual en la lucha contra el demonio, un fenómeno que el Papa Juan Pablo II amaba mucho como ha revelado el postulador de su causa de beatificación, que es el fenómeno de Medjugorje. ¿Qué opinión le merece?
-Medjugorje es un lugar de gran fortaleza contra Satanás. Nuestra Señora dijo en Medjugorje el 14 de abril de 1982: “Dios ha permitido que Satanás ponga a prueba a la Iglesia durante un siglo”, pero añadió que no la destruiría: “Este siglo en el que vivís está bajo el poder de Satanás, pero cuando sean realizados los secretos que os he confiado, su poder se quebrará”.
Estas palabras nos dicen que Satanás está hoy trabajando, pero a la vez que él, también está la Virgen. Ahí están los frutos de Medjugorje. Son ya más de 30 años de buenos frutos y el Evangelio es claro sobre cómo discernir los acontecimientos que suceden. Al árbol se le conoce por sus frutos, y los de Medjugorje son tan claros que a mí me da pena que se ignoren. Incluso creyentes, laicos y consagrados, que sin haber estado si quiera allí, ya tomaron su decisión de rechazarlo. Pero bueno, de lo poco que sabemos de los secretos confiados a los videntes de Medjugorje es que cuando se realicen, el dragón será derrotado y el reino de la luz triunfará.
-¿Qué recomienda a una persona que quiera ir al cielo sin pisar el purgatorio y sin saber nada de Satanás?
-Hijo mío, yo también quiero ir al cielo. Agárrate a los sacramentos y sobre todo a la Virgen María. Ella jamás te abandonará.
Entrevista publicada en ReligionenLibertad
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ORACIÓN

Santa María desatadora de nudos
Santa María, llena de la presencia de Dios,
durante los días de tu vida aceptaste con
toda humildad la voluntad del Padre,
y el Maligno nunca fue capaz de enredarte con
sus confusiones.
Ya junto a tu Hijo
intercediste por nuestras dificultades y,
con toda sencillez y paciencia,
nos diste ejemplo de cómo desenredar
la madeja de nuestras vidas.
Y al quedarte para siempre como
Madre Nuestra, pones en orden y haces mas
claros los lazos que nos unen al Señor.
Santa María, Madre de Dios y Madre Nuestra,
Tú que con corazón materno desatas los
nudos que entorpecen nuestra vida,
te pedimos que nos recibas en tus manos
y que nos libres de las ataduras y confusiones
con que nos hostiga el que es nuestro enemigo.
Por tu gracia, por tu intercesión, con tu ejemplo,
líbranos de todo mal, Señora Nuestra
y desata los nudos, que impiden nos unamos a Dios,
para que libres de toda confusión y error,
los hallemos en todas las cosas,
tengamos en El puestos nuestros
corazones y podamos servirle
siempre en nuestros hermanos.

Amén.

¡Hazte pequeño…! XXII Domingo del Tiempo Ordinario

XXII Domingo del Tiempo Ordinario

(Ecco 3, 17-18. 20. 28-29; Sal 67; Hbr 12, 18-19. 22-24ª; Lc 14, 1. 7-14)

Lecturas

“Hijo mío, en tus asuntos procede con humildad y te querrán más que al hombre generoso. Hazte pequeño en las grandezas humanas, y alcanzarás el favor de Dios; porque es grande la misericordia de Dios, y revela sus secretos a los humildes” (Ecco).

“Dios prepara casa a los desvalidos, libera a los cautivos y los enriquece” (Sal).

“Todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido” (Lc).

Contemplación

Se ha terminado el mes de agosto. Para muchos es momento de chocar bruscamente con situaciones sociales, laborales o económicas adversas. Y cabe sufrir amagos de tristeza o depresión, como reacción de defensa o de huída ante lo que parece insoportable.

Es posible que parte del motivo de una reacción anímica depresiva esté en el deseo de sobresalir, y al compararse con otros que tienen quizá más cualidades o medios, sentir agravio por desear lo de ellos. Así se puede llegar al disimulo, a inventar viajes fantásticos o a narrar historias ficticias, con tal de señalarse.

No es remedio la proyección vanidosa, ni el afán de parecer lo que no se es ni de poseer lo que no se tiene. Es mejor la sencillez, la vida humilde, la conformidad con la realidad, la estima de lo pequeño, hasta de lo último.

Hoy la Palabra de Dios nos concede el antídoto contra actitudes dominadoras, prepotentes, vanidosas, cuando nos aconseja un comportamiento humilde, sencillo, sobrio, y la promesa del favor del Señor para los desvalidos.

Una enseñanza transversal de toda la Biblia es la bendición que reciben los segundones, los extranjeros, las viudas, los pobres, los marginales, mientras que los que se creen con derechos quedan desheredados, los primeros son relegados, los ricos quiebran, y a los pobres se les anuncia la salvación.

No se trata de exaltar la miseria, sino de poner la confianza en Dios. No es evangélico el abandono de la propia tarea y de la responsabilidad. Lo recto es no afanarse inútilmente por sobresalir y desear el honor social, el prestigio y el halago.

La consigna es clara: humildad, que posibilita que Dios actúe en tu vida. Sé humilde, y gozarás de exaltación y exultación del alma como bendición del Señor y hasta repercutirá en tu estado de ánimo dejándote gustar la serenidad y el agradecimiento.

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