Solemnidad de la Sagrada Familia. «Vivía sujeto a ellos»

Solemnidad de la Sagrada Familia (Ciclo C). «Vivía sujeto a ellos»

La Iglesia está segura de que la familias cristianas, al contemplar y descubrir en la Sagrada Familia las características del auténtico amor, tal y como debe ser vivido entre los esposos y sus hijos, serán ellos mismos firmemente alentados y rectamente orientados a seguir ese específico sendero de santidad y de plena realización humana.

¿Cuáles son algunas de esas orientaciones que la paradigmática familia de Nazaret brinda a las familias cristianas?

«Como elegidos de Dios, santos y amados, revístanse de sentimientos de misericordia entrañable». La voz del Apóstol les recuerda principalmente a los padres, aunque también a todo otro miembro de la familia cristiana, que ante todo deben tener siempre una clara conciencia de su identidad y “estado de elección”: los esposos son elegidos de Dios, amados suyos, santificados por el Señor Jesús. Respondiendo a su altísima dignidad y a la gratuidad de su elección, don del amor de Dios, su primera y principal tarea es la de trabajar esforzadamente por ser santos (ver Lumen gentium, 40), procurando vivir en amorosa obediencia a Dios y a sus planes de amor. Los esposos son elegidos de Dios (ver Ef 1,5-6) para una misión de paternidad o maternidad, misión que sólo podrán realizar si trabajan por hacer de su matrimonio un ámbito de comunión que se nutre del amor que viene de Dios.

En efecto, la familia cristiana se construye y edifica sobre el amor de los esposos, amor que ante todo es un don de Dios derramado en sus corazones (ver Rom 5,5) y que han de vivir entre sí “como Cristo nos ha enseñado” (ver Jn 15,12), amor por el que «se entregan y se reciben recíprocamente en la unidad de “una sola carne”» (S.S. Juan Pablo II, Carta a las familias, 11). Este amor, «que hace que el hombre se realice mediante la entrega sincera de sí mismo», significa «dar y recibir lo que no se puede comprar ni vender, sino sólo regalar libre y recíprocamente», y ese amor, que realiza la entrega de la persona «exige, por su naturaleza, que sea duradera e irrevocable» (lug. cit.).

La fidelidad de los padres a su identidad y vocación fundamental como hijos de Dios les permitirá, como discípulos de Cristo,revestirse de «entrañas de misericordia, de bondad, humildad, mansedumbre, paciencia» (Col 3,12), haciendo del amor y de la caridad el vínculo de comunión de esta pequeña iglesia doméstica. Por ello, cuando «la esencia y el cometido de la familia son definidos en última instancia por el amor» (S.S. Juan Pablo II, Familiaris consortio, 17), elhogar cumple su función de ser la primera escuela de vida cristiana, «escuela del más rico humanismo» (Gaudium et spes, 52) endonde los hijos aprenden a vivir el amoren la entrega de sí mismos y en la respetuosa acogida del otro.

Como colaboradores de Dios en su obra creadora (ver S.S. Juan Pablo II, Evangelium vitae, 43), los padres han de recordar siempre con alegría y gratitud su específica vocación de servir a la vida que brota del don de Dios, vida que es el fruto precioso de su unión en el amor.En este sentido, ser padre o madre implica ser portador de una hermosísima misión de la que el Señor les ha hecho partícipes: viviendo un amor maduro deberán estar abiertos a la bendición de la vida, han de cuidar y proteger a sus hijos porque son un don de Dios y han de educarlos, con la palabra y el ejemplo, «en la auténtica libertad, (aquella) que se realiza en la entrega sincera de sí». De este modo cumplen fielmente su misión, cuando buscan cultivar en sus hijos «el respeto del otro, el sentido de la justicia, la acogida cordial, el diálogo, el servicio generoso, la solidaridad y los demás valores que ayudan a vivir la vida como un don» (S.S. Juan Pablo II, Evangelium vitae, 92).

Recuerden vivamente que por el ejercicio constante de su fe los esposos cristianos están llamados a colaborar primera y principalmente con la gracia del Señor en la tarea de traer a sus hogares la presencia del Emmanuel:como María, acogiendo, concibiendo y dando a luz la Palabra, y como José, protegiendo diligentemente al Niño de la persecución que sufre en el mundo por los modernos “Herodes”. En este sentido, toda familia cristiana «recibe la misión de custodiar, revelar y comunicar el amor, como reflejo vivo y participación real del amor de Dios por la humanidad y del amor de Cristo Señor por la Iglesia su esposa» (Familiaris consortio 17). Tras las huellas de María y José, los hogares cristianos están llamados a convertir «su vocación al amor doméstico —con la oblación sobrehumana de sí, de su corazón y de toda capacidad—, en el amor puesto al servicio del Mesías, que crece en su casa» (S.S. Pablo VI). De ese modo, al esforzarse los padres en ser para sus hijos un vivo ejemplo y testimonio de amor y caridad cristiana, los hijos estarán en condiciones de vivir, a su vez, en amorosa y respetuosa actitud para con sus padres y con todos sus semejantes.

Por último, los padres cristianos tienen como deber más sagrado el fomentar en sus hijos la obediencia de la fe prestada a Dios (ver Catecismo de la Iglesia Católica, 142-144), por la que los guían y orientan en el camino de su propia realización, según la propia vocación y misión con la que Dios los bendice. Son justamente los padres quienes han de educar a sus hijos que «en primer lugar es necesario hacer la voluntad de Dios», y que «el vínculo espiritual vale más que el vínculo de la sangre» (S.S. Benedicto XVI). Así el Evangelio «revela la más auténtica y profunda vocación de la familia: la de acompañar a cada uno de sus miembros en el camino de descubrimiento de Dios y del designio que Él ha dispuesto para cada uno» (S.S. Benedicto XVI).

Fuente, textos bíblicos y comentario  en:

Solemnidad de la Sagrada Familia (Ciclo C). «Vivía sujeto a ellos»

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Lo hermoso que es que te ame Dios

 Chiara Corbella, una chica romana de 28 años, murió el pasado 13 de junio. Murió después de haberse negado a seguir los tratamientos contra un tumor que le descubrieron durante el quinto mes de embarazo. Con su decisión logró que su hijo Francesco naciera sano. Sin embargo, no se trataba de su primer embarazo: María y Davide murieron después del parto porque nacieron con graves malformaciones.

Antes de morir, Chiara escribió una carta para su hijo Francesco: «Voy al cielo a cuidar a María y a Davide; tú, quédate con papá. Yo rezaré por vosotros desde allá».

Enrico Petrillo, el marido de Chiara, leyó esa carta durante el funeral de la chica. Una ceremonia en la que participaron miles de personas. Pocos días después, Enrico ofreció una entrevista a la Radio Vaticana.

En un vídeo publicado en YouTube, Chiara pronunció la siguiente frase: «El Señor pone la verdad dentro de cada uno de nosotros; no hay posibilidad de malinterpretarla». Durante la entrevista con Enrico, le preguntaron que cuál era la verdad que había descubierto.

Decisiones erróneas sobre el aborto
«Esa frase –respondió el joven– se refiere al hecho de que el mundo de hoy, en nuestra opinión, te propone decisiones erróneas frente al aborto, frente a un niño enfermo, frente a un anciano terminal, tal vez con la eutanasia… El Señor responde con nuestra historia, que se fue escribiendo sola: fuimos un poco espectadores de nosotros mismos durante estos años. ¡Responde tantas preguntas que son de una profundidad increíble! Sin embargo, el Señor responde siempre de forma muy clara: somos nosotros los que filosofamos sobre la vida, sobre quién la creó y, al final, nos confundimos solos queriendo convertirnos un poco en dueños de la vida y tratando de huir de la Cruz que el Señor nos dona. En realidad, esta Cruz (si la vives con Cristo) no es fea como parece. Si confías en Él, descubres que en este fuego, en esta Cruz no te quemas, y que en el dolor existe la paz y que en la muerte existe la alegría. Cuando veía a Chiara que estaba a punto de morir, estaba, obviamente, muy afectado. Después pude cobrar un poco de valor, y pocas horas antes (eran como las ocho de la mañana, y Chiara murió a mediodía) se lo pregunté. Le dije: “Chiara, mi vida, ¿de verdad es dulce esta Cruz, como dice el Señor?”. Ella me miró, me sonrió y, con un hilo de voz, me dijo: “Sí, Enrico, es muy dulce”. Por eso, toda la familia, todos nosotros no vimos morir a Chiara serena: la vimos morir feliz, que es muy diferente».

Lo hermoso que es que te ame Dios
Pero, ¿qué le dirás a tu hijo Francesco cuando te pregunte por su mamá? «Seguramente le contaré lo hermoso que es dejar que te ame Dios, porque si te sientes amado, puedes hacer todo. Esta, en mi opinión, es la esencia, la cosa más importante de la vida: dejarse amar para después amar y morir felices. Esto es lo que le contará. Y le contaré que su mamá Chiara hizo lo mismo. Ella se dejó amar y, en sierto sentido, me parece que está amando un poco a todo el mundo. La siento más viva que antes. Y luego, el hecho de haberla visto morir feliz para mí fue como una derrota de la muerte. Ahora sé que hay algo hermoso que nos espera allá».

¿Una santa como mujer?
¿Te da fastidio el “perfume de santidad” que se está creando alrededor de Chiara? «Sinceramente me tiene sin cuidado. En el sentido de que Chiara y yo habíamos tomado otras decisiones para la vida: nos hubiera gustado envejecer juntos […] Yo sabía que mi esposa era especial: creo en la santidad, que una persona sea proclamada santa porque “santo” significa ser felices. Chiara, y en parte yo mismo, vivimos toda esta historia con una gran alegría en el corazón, y esto me dejaba intuir cosas más grandes. Sin embargo, ahora estoy más maravillado, porque me parecen mucho más grandes de lo que yo hubiera podido imaginar». Una maravilla que está viajando por todo el mundo.

Si a la vida, pese a todo


Estremecedor testimonio de una mujer que siguió con su embarazo pese a que sus hijos no podían sobrevivir mucho tiempo fuera del útero materno.Publicado por La Gaceta de Tucumán

“¡Son dos toritos!”, decía acariciándose la panza enorme que se movía sin parar. “¡Che! ¿A qué hora se piensan dormir ustedes?” Al comienzo, C. dejaba que su hijo mayor, de dos años, se sacara el chupete y lo asentara sobre su vientre, como si lo compartiera con sus hermanos. Pero después ya no, cuando supo que sus bebés tenían pocas expectativas de vida.La noticia se la dieron el 28 de diciembre, al tercer mes de embarazo, y tres días después de brindar en Nochebuena porque ¡”se agrandaba la familia!” La ecografía de ese día mostró que eran mellizos: varón y mujer. Pero antes de que C. y L. pudieran festejar, ahí nomás les dieron el diagnóstico: anencefalia (sin cerebro) en el varón, y encefalocele (cerebro con hernia) en la mujer. “Salí desesperada del consultorio y me zambullí en Internet”, le contó C. a LA GACETA. “¿Sabés que día era? El Día de los Santos Inocentes”, añadió.

“Ya no recuerdo la infinidad de médicos que me vieron desde entonces. Ninguno sabía explicarnos a mi marido y a mí cuál era el pronóstico. Sólo se apresuraban a aclararnos: ‘miren, esta es una decisión de ustedes, piensen tranquilos, que nadie los va a juzgar… ¿Decidir qué? ¿Quién nos va a juzgar? ¡No entendíamos nada! ¡Todavía no nos caía la ficha! Y ellos seguían: ‘no se aten a la moral ni a la religión…’ A ver… ¡sólo quiero saber qué se puede hacer! ¡No me empiecen hablando de la interrupción del embarazo!”, renegaba esta mujer de 37 años, con rostro de niña.

“Lo único que sabíamos era que había dos corazones latiendo a full. ¡Y no los íbamos a parar nosotros! Pero ¿cómo sigue esto? Uno de los ecografistas apenas me vio me dijo: ‘seguir con el embarazo es una locura. Se te va a hinchar la panza, no vas a poder aguantar el dolor… ‘ Ahí sí me asusté muchísimo. ¿A qué me estoy exponiendo, si mis hijos se van a morir igual? Después mi ginecóloga me tranquilizó: ‘no, mirá, vamos a continuar el embarazo mientras no pongamos en riesgo tu salud. Los bebés estarán bien siempre que estén en tu panza'”, siguió relatando

“Es por algo”

Enfrentar la mirada del otro no era más fácil que escuchar a los médicos. “Me tuve que bancar que me digan: ‘Dios sabe por qué te manda esto’, ‘si Él lo permite por algo será’, ‘los hijos pagan por los pecados de los padres’… Entonces dije ¡basta! Mis hijos no son un castigo. Y decidí no hablar más sobre el asunto, salvo con personas muy allegadas. Sin embargo, siempre te tenés que enfrentar con gente que te pregunta: ¿qué nombre les vas a poner? Qué contenta debés estar ¿no?”, rememoró. Los meses pasaron con ráfagas de felicidad. Pero sin preparativos ni elección de nombres. La decoración de la habitación de los bebés quedó paralizada. En cambio, había que hacer otras cosas: comprar ropita para la partida, averiguar sobre el servicio de sepelio … “Cuando le pedí a mi marido que se encargara de todo eso, se quedó mirándome como si no entendiera nada, hasta que se dio cuenta. ¡Es tan duro todo esto…!”

Llega el momento

“¿Para qué día querés que programemos la cesárea?”, le preguntó la ginecóloga. “No, por favor, no me hagás decidir a mí el día en que se van a empezar a morir mis hijos”, le rogó C. “Está bien, será el miércoles 18 de abril a las tres de la tarde”.

El domingo 15, por la noche, tres días antes de la operación, un amigo, Teo, me puso en contacto con C. y T., a quienes no conocía. Ya era bastante tarde cuando llegué a su casa. Conversamos largamente todo lo que aquí se cuenta, y a la medianoche nos despedimos con un abrazo. C. me permitió poner las manos sobre su panza y ahí pude sentir la danza de la vida… Los movimientos vigorosos, seguros, ajenos a todo lo que pasaba alrededor. Sonreímos juntas y nos emocionamos. “¡Es impresionante cómo se mueven! Y mirá que sólo se dejan sentir así con el papá”. ¡Epa! ¡Qué patada! ¡Seguro que es el varón!” El dramatismo se vuelve miel hasta que nos despedimos.

El gran día llegó a los siete meses de gestación. La operación transcurrió sin sobresaltos, como el embarazo (ni siquiera se le hincharon los pies).

Los dos nacieron vivos. Fueron bautizados en el mismo quirófano por un sacerdote que había sido preparado para ello. El varón, que llevó el nombre de un santo, y que era el que más se movía, fue el primero en partir. Ni siquiera tuvo fuerzas para esperar a que su mamá despertara de la anestesia. Vivió sólo una hora.

La nena todavía sigue aferrada a la vida. Quietita como una muñeca, y sin llorar, espera a su madre en los horarios de visita. Inexplicablemente, mueve el piecito cuando la mamá se lo acaricia y ciñe con fuerzas el dedo de su papá cuando él le toca la palma de la manito.

Los órganos del bebé fueron donados al Incucai. “Me consuela saber que mi hijo va a seguir viviendo en otros niños”, dice reconfortada.

El dolor es muy grande. Y la historia sigue aconteciendo. C. y L. no se arrepienten de nada.

“¿Quiénes somos nosotros para decidir cuánto deben vivir nuestros hijos?”

C y L. aceptaron la vida tal como venía, quizás, porque pensaron que aunque triste, es más humano sepultar a los hijos que deshacerse de ellos.

Un caso en 1.000

Las malformaciones en el tubo neural son más comunes de lo que se cree. Ocurre una en sólo 1.000 casos. De allí que sea tan importante la prevención.

¿Qué es la encefalocele?
“Cele significa quiste. La encefalocele es una herniación del tejido encefálico en la zona del hueso occipital. Está ubicada donde termina el cráneo y empieza la nuca. La sobrevida de un bebé con este problema puede ser más larga que la de otro que sufre anencefalia”, explica la médica genetista Daniela Montanari. Aunque el origen no se conoce con precisión, esta malformación ha sido asociada a una deficiencia materna de ácido fólico durante el embarazo y también se produce en el tubo neural.

Prevención

Para evitar malformaciones como la anencefalia se debe: consumir ácido fólico.

Tener una buena alimentación rica en frutas y verduras.

No automedicarse.

No consumir anticonceptivos orales (no causan el defecto pero impiden que el organismo aproveche el ácido fólico).

Consumir ácido fólico desde un mes antes de empezar a buscar el bebé.

Si se consumen anticonceptivos orales, suspender tres meses antes de comenzar a buscar el bebé, y consumir ácido fólico.

Anencefalia

El bebé con anencefalia tiene una cabeza chiquita, porque le falta o tiene apenas una parte de la zona superior.

No sufre dolor ni llora ni come.

Una vez que nace se le realiza un soporte básico con temperatura y oxígeno.

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Blog católico de oraciones y reflexiones pastorales sobre la liturgia dominical. Para compartir y difundir el material brindado. Cremos que Dios regala Amor y Liberación gratuita e incondicionalmente.

To Be Born: la película que está salvando vidas

To Be Born: la película de un sacerdote que está salvando vidas

Aunque sólo salváramos un niño, todo el dinero hubiese sido suficiente

Autor: Juan Antonio Ruiz J., LC | Fuente: http://www.buenas-noticias.org

Prácticamente todos los que están involucrados en el mundo prolife comparten un sueño: dar vida a los no nacidos para que digan a las mujeres lo que implica la realidad del aborto. Pues ahora este ideal está siendo realidad gracias a To Be Born, una película corta (short film) producida por Spirit Juice Studios

La historia nació hace diez años en la mente del P. Stephen Lesniewski, sacerdote de la diócesis de Chicago e ideador del proyecto, que ya estaba involucrado en la lucha por salvar vidas del aborto. Pero, en ese entonces, el sacerdote usaba un escrito de Marisol Hernández llamado «A letter from an Aborted Child» (una carta de un hijo abortado). El P. Lesniewski acudía a las puertas de los abortorios dos o tres veces por semana para aconsejarles esta lectura. Según sus cálculos, más de 500 niños -y sus madres- fueron salvados de los horrores del aborto. 

A pesar de lo logrado, pensaba que la carta y la versión de audio de la misma eran insuficientes. Pensando, se dio cuenta que podría llegar a más personas con el video y se lanzó a la empresa: «Cuanto antes se llegue a la mujer, mejor -comentó el P. Lesniewski- por lo que decidí que el factor visual ayudaría». Con esto en mente, se dirigió a los estudios Spirit Juice, una organización que desarrolla productos sobre todo en el ámbito católico. Era el año 2009. 

Desde el inicio, Rob Kaczmark se entusiasmó: «Tomamos la carta y la reestructuramos, dándole una historia. Contratamos actores profesionales, escribimos el guión. Yo tomé la responsabilidad de dirigirla y editarla». 

La cosa no fue del todo fácil para el equipo. El P. Lesniewski, por ejemplo, tuvo que poner dinero de su propio bolsillo y, como no le fue suficiente, recaudar más dinero. Para la actriz principal, Amanda López, algunas escenas eran duras de grabar: «La escena del hospital fue particularmente difícil». A lo que Kaczmark respondió: «Yo quería presentar la realidad del aborto desde el plano emocional. Y no hice la película para que le gustara a todo el mundo prolife: mi auditorio era el de la mujer».

Por fin, el 1 de mayo del 2011, domingo de la Divina Misericordia, se tuvo la premier de la película en el Marcus Cinema de Orlando Park (Illinois). Estuvieron presentes 350 personas y, desde el inicio, la respuesta a la película fue positiva… y las reacciones no se hicieron esperar. Katie Reidy, consejera para mujeres con síndrome post-aborto y antigua directora de los servicios del The Women´s Center de Chicago, dijo: «La gente tiene que ver esto. Creo que el mensaje llegará a muchas más gente que al mundo meramente prolife. Y creo que es positivo». Steve McEveety, productor de películas como La Pasión de Cristo de Mel Gibson, describió la película diciendo que «te arrastra visualmente. Es una de las películas prolife más poderosas que he visto». 

Un dato curioso: la mayor parte de los participantes en la película han tenido algo que ver con el aborto anteriormente. La bebé que aparece en la película había sido calendarizada para ser abortada, pero, tras una charla con el P. Lesniewski, la madre decidió no abortarla. La joven que aparece escribiendo una carta también iba a ser abortada; ahora se dedica a ir a los abortorios para salvar más vidas, junto con el P. Lesniewski, en donde el sacerdote muestra la película a las mujeres con un portátil de DVD. Se puede visitar la página web en ToBeBorn.com y también se pueden ver los diferentes videos (incluyendo la película entera en inglés, español y polaco) en su página de Youtube.

«La película da voz a los no nacidos -afirma el P. Lesniewski-. El 99 % de las mujeres que ven la película se conmueven hasta las lágrimas. Y aunque sólo salváramos un niño, todo el dinero hubiese sido suficiente». 

Propuestas para el vivir el nuevo año

Propósitos para el Año Nuevo
Ofrecemos una lista de 12 propuestas que pueden ayudarte a definir tus propósitos para el año que comienza.
Autor: Mauricio I. Pérez | Fuente: http://www.semillasparalavida.com

Es costumbre al fenecer el año, revisar nuestra vida y plantearnos metas y propósitos para el Año Nuevo. Muchos se esfuerzan por realmente cumplir y vivir según los propósitos trazados. Otros tantos -los más- suelen quedarse en el camino. Sus buenos propósitos se quedaron tan solo en buenas intenciones. Pero alguien dice por ahí -y quizás diga bien- que de buenas intenciones, está empedrado el camino del infierno.

Los hijos de Dios debemos ser hombres y mujeres de palabra. Jesús nos enseñó a decir “Sí” cuando sea sí, y a decir “No” cuando sea no. En esta línea, es preciso al definir nuestros propósitos para el año que comienza, tomárnoslos en serio. Y hacer de ellos un verdadero compromiso.

Hay quienes optan por plantearse propósitos materiales: nuevo auto, el viaje jamás realizado, una casa más grande, un mayor sueldo. Esto está bien si es que estos objetivos no se definen como una mera meta -lo cual sería simplemente materialista- sino más bien como medios para algo más importante, como dar un mayor bienestar a la familia.

Unos más, prefieren definir propósitos que les ayuden a ser mejores personas. En esta línea, lectora, lector querido, quisiera compartir contigo una lista de 12 propósitos que pueden ayudarnos a ser sobre todo, mejores cristianos. Se trata de hacer ciertas cosas y dejar de hacer otras. También de asumir ciertas actitudes y dejar de lado otras tantas.

1. Acercarnos más a Dios. Es innegable que de esto se desprende todo lo demás. Incluso el éxito al lograr cumplir con el resto de nuestros objetivos depende en gran medida de la cercanía a Dios. Pues sin Cristo, nada podemos hacer. Es importante aumentar nuestro tiempo de oración y participar de manera más conciente en los sacramentos. También bendecir siempre nuestros alimentos sea quien sea nuestro comensal. Además, en el 2012 iniciará el “Año de la Fe” proclamado por el Papa Benedicto XVI, de tal suerte que resulta imprescindible acercarnos más a Dios a fin de aumentar nuestra fe y vivir en plenitud este año santo.

2. Confiar más en Dios. Muchos se frustran porque Dios no les habla. ¿Quieres escuchar a Dios? Abre tu empolvada Biblia y léela. Te garantizo que si lo haces con la frecuencia debida -es decir, diario- escucharas de Dios las palabras que necesitas. No le exijas ni demandes favores, pídele todo pidiendo siempre que se haga su voluntad, pues Él sabe cuándo, cómo y en qué medida. Y al tener frente a ti las oportunidades que necesitas, acéptalas. Deja de cuestionar cada oportunidad, quedarte inmóvil y dejar de actuar. Dios te ayuda, pero necesita de tu parte. Dios te inspira, pero necesita de tu inteligencia. Dios te cuida, pero necesita tu confianza. Este año confía más en Dios, acepta lo que te envía y actúa en consecuencia.

3. Dejar de Murmurar y de ver la Paja en Ojo Ajeno. Es increíble lo rápida que es nuestra lengua para desatarse y correr cual caballo desbocado en contra de alguien más. Y lo peor es que muchas veces murmuramos en contra de alguien según nosotros en aras de la justicia divina: porque éste peca mucho, porque ésta gasta mucho dinero, porque este otro es muy sucio y descuidado, porque esta otra es una chismosa, porque este va a misa pero se pelea con todos al salir y entrar en su automóvil, porque esta otra también va a misa pero se queda dormida… La lista es inacabable. ¿Qué tal como propósito de este año dejar de murmurar y mejor mirar a nuestro interior cada vez que algo nos parece mal? Porque es un hecho irrefutable que casi siempre que nos disgusta algo que vemos que otro hace, ¡es porque en el fondo nos disguta que nosotros hacemos lo mismo! Por eso advertía Jesús que es fácil ver paja en el ojo ajeno y no la viga que se lleva en el propio. Hagámonos el propósito de que al sentir la tentación de murmurar, cerrar la boca, ver a nuestro interior y en justicia decidir qué actitud debemos nosotros mismos cambiar, qué debemos dejar de hacer o que debemos comenzar a hacer.

4. Ser Portadores de Ayuda y Generadores de Cambio. Es fácil criticar lo que no nos gusta. Pero eso rara vez sirve de algo. A lo largo de este año, hagámonos el firme propósito de que cada vez que algo nos parezca malo, pensemos cómo ayudar para corregirlo o cambiarlo y actuemos en consecuencia. Si nada podemos hacer, mejor no estorbemos. Igualmente, seamos solícitos para ayudar a todo aquél que lo necesita.

5. Dejar de Ofendernos por Todo y de Pelear contra Todos. Jesús declaró bienaventurados a los mansos, porque heredarán la tierra. La mansedumbre es una virtud que nos ayuda a dejar de lado la violencia. Cuántas personas se ofenden por la forma en que los saluda el empleado de una tienda. Cuántos más se indignan porque el mesero no los vio al pasar frente a ellos. Cuántos estallan porque el conductor de adelante no va más de prisa. Cuántos se encolerizan porque su hija no guardó el cepillo y el espejo. Y en consecuencia agreden, gritan, insultan, ofenden, se vengan, toman represalias y lo peor, ¡se amargan la vida y se la amargan a los demás! “¡¿Y cómo no me voy a enojar?!” es su típica justificación. Pero esa actitud no es digna de un hijo de Dios. Este año hagámonos el propósito de evitar pleitos y riñas. Desarrollemos mejor la virtud de la mansedumbre. Además de vivir en paz con los demás, seremos bienaventurados y heredaremos la tierra que el Señor nos tiene prometida.

6. Desarrollar la Pulcritud. Esto a muchos les cuesta trabajo. Pero es necesario reconocer que no podemos comprender el concepto de un “alma limpia” si no somos capaces de vestir una camisa limpia. El desaliño no es virtud, es por el contrario, un vicio terrible. No hay que confundir no ser vanidosos con ser sucios y desaliñados. Ir despeinados, con la ropa sucia y arrugada no es propio de un hijo de Dios. Porque nuestro cuerpo es un templo vivo del Espíritu Santo. Y ese templo debe siempre ser digno, tanto en su interior como en su exterior.

7. Ser más Laboriosos. Sobre todo a los laicos, Dios nos ha confiado el orden de la creación. Debemos trabajar para hacer del mundo que Dios nos ha regalado, uno mejor. Debemos también trabajar para crecer como personas, en talento y dignidad. Para el hijo de Dios, es inaceptable el trabajo a medias, entregado tarde o mal hecho. El hijo de Dios debe poner su sello en todas sus obras. Este año propongámonos hacer nuestro trabajo con pasión y calidad, recordando siempre cuando Dios puso en manos de Adán el Paraíso que había creado.

8. Ser Limpios de Corazón. Jesús prometió que los limpios de corazón verán a Dios. Sin embargo, los programas de TV cada vez más vulgares, las conversaciones con amigos y compañeros de trabajo cargados de palabras soeces, los chistes en doble sentido son fuertes barreras para mantener limpio el corazón. Este año que comienza, comprometámonos a mantener una diversión sana, conversaciones en la línea del respeto y un humor blanco que siempre divierte sin ofender ni contrariar a nadie más.

9. Dar Más Tiempo a Nuestra Familia. Bien que lo sabemos. Pero bien que fingimos excusas para no cumplirlo. Necesitamos trabajar mil horas extras para pagar más horas de guardería y más maestros privados y más cursos de qué se yo para que nuestros hijos estén en un lugar seguro para poder trabajar más para tener más dinero para pagar más guarderías, maestros privados y cursos mientras trabajamos más… El ridículo torbellino que termina por destruir las familias mientras alguien escala peldaños y amasa fortunas. Basta ya. Este año fijemos bien nuestras prioridades: Dios, familia y trabajo. En ese orden. El resto, Dios nos lo dará por añadidura.

10. Disfrutar más la Vida que Dios nos Da. Ya basta de quejarnos de todo. Es suficiente de encontrarle peros a todo. Es hora de dejar de encontrarle a todo su lado malo. Acepta por el contrario con gozo todo lo que Dios te da, agradécelo y alaba al Señor por su bondad.
Encuentra la mano de Dios en todo lo que tienes. Mira a cuántos más les hace falta. Alaba a Dios por cada mañana, por la frescura del agua que corre en la ducha, por el desayuno que te da energía, por el sol que te calienta. Alábalo por la taza de café que te devuelve el buen ánimo, por la galleta dulce que lo acompaña, por quien te hace compañía mientras la bebes. Disfruta al “perder el tiempo” con tus hijos, pues son una de las mayores bendiciones que Dios te ha dado. Disfruta tus ratos de enfermedad, pues te dan tiempo para leer aquél libro pendiente y hasta para acercarte más a Dios. Que este sea uno de nuestros propósitos más firmes para este año. Pues así viviremos en paz, llenos de gozo y siendo infinitamente agradecidos a nuestro Dios.

11. Bajar de Peso. ¿Y por qué no? Este casi siempre es un propósito de Año Nuevo de casi todas las personas adultas. Y curiosamente, es el propósito menos cumplido. Sin embargo, para los hijos de Dios resulta importante porque bajar de peso va más allá que una cuestión de vanidad corporal. El exceso de peso en gran parte se debe al pecado capital de la gula. Y bajo esa óptica es que los cristianos debemos afrontar esta situación. Los pecados capitales se llaman así porque de ellos se desprenden muchos más hasta poner fuertemente en riesgo la integridad de la persona. Quien come demás, desarrolla usualmente otro pecado: la pereza, manifestada en la falta de ejercicio. El exceso al comer suele acompañarse en excesos al beber. Y tras las comidas, al fumar. La cadena puede no tener fin y los riesgos para la salud corporal e innegablemente para la salud del espíritu son muchos. Hagámonos pues el propósito para este año, de declara la guerra a la gula que nos ha esclavizado. Dejar atrás este pecado y mejorar la salud del cuerpo que Dios nos ha dado.

12. Ser Portadores de la Bendición de Dios. Las personas que necesitan de la bendición de Dios no precisan de un momento de éxtasis en que Jesús o la Virgen se les manifiesten y con su mano en la frente los bendigan. Necesitan más bien de cariño, de alguien que los escuche, de alguien que los ayude, de alguien que les dé trabajo, de alguien que les dé pan. Siendo hijos de Dios, hagámonos el propósito este año de ser portadores de las bendiciones de Dios para los demás: con nuestro tiempo, con nuestra ayuda, con nuestras manos, con nuestros labios y con nuestros bienes materiales.

Deseo que esta lista te ayude a definir tus propósitos para el año que comienza. Que Dios te bendiga y sostenga con su mano providente, bendiga todos tus sueños y te ayude a alcanzar cada una de tus metas.

¡Apasiónate por Nuestra Fe!
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Extraido de Catholic.net, colaboración de www.semillasparalavida.org

Fiesta de la Sagrada Familia

30 de Diciembre: Fiesta de la Sagrada Familia : “Estaba lleno de sabiduría y gozaba del favor de Dios”

Un matrimonio de profesionales jóvenes, con dos hijos pequeños, fue asaltado un día por un familiar cercano con una pregunta que nunca se habían esperado: –¿Estarían ustedes dispuestos a prestarle el carro nuevo a la empleada del servicio durante todo un día? Ellos, sin entender para dónde iba el interrogatorio, respondieron casi al tiempo y sin dudar ni un momento: “Ni de riesgos. ¡Cómo se le ocurre! ¡No faltaba más!” El familiar, dejando escapar una sonrisa de satisfacción al ver cómo habían caído redonditos, les dijo: “Y, entonces, ¿cómo es que dejan todo el día a sus dos hijos en manos de la misma empleada del servicio?”

No se trata de juzgar la forma de ejercer la paternidad o la maternidad en los tiempos modernos. Ni soy yo el más indicado para decir qué está bien y qué está mal en la educación de los hijos, puesto que no los tengo; pero cuando escuché esta historia me conmoví interiormente y pensé mucho en la forma como se van levantando actualmente los hijos de matrimonios conocidos.

La familia es el núcleo primordial en el que crecemos y nos vamos desarrollando como personas. Lo que aprendemos en la casa nos estructura interiormente para afrontar los retos que nos plantea la vida. Lo que no se aprende en el seno del hogar es muy difícil que luego se adquiera en el camino de la vida. Los primeros años de nuestro desarrollo son fundamentales y tal vez a veces lo olvidamos.

Es muy poco lo que los Evangelistas nos cuentan sobre la vida familiar de Jesús, José y María; sin embrago, por lo poco que se sabe, ellos tres constituyeron un hogar lleno de amor y cariño en el que se fue formando el corazón del niño Jesús. Y, a juzgar por los resultados, ciertamente, tenemos que reconocer que debió ser una vida familiar que le permitió al Niño crecer hasta la plenitud de sus capacidades: “Y el niño crecía y se hacía más fuerte, estaba lleno de sabiduría y gozaba del favor de Dios”.

Que nuestros niños crezcan también fuertes y llenos de sabiduría, gozando del favor de Dios, de tal manera que no tengan que rezar a Dios con las palabras que leí alguna vez en una revista:

“Señor, tu que eres bueno y proteges a todos los niños de la tierra,

quiero pedirte un gran favor: transfórmame en un televisor.

Para que mis padres me cuiden como lo cuidan a él,

para que me miren con el mismo interés

con que mi mamá mira su telenovela preferida o papá el noticiero.

Quiero hablar como algunos animadores que cuando lo hacen,

toda la familia calla para escucharlos con atención y sin interrumpirlos.

Quiero sentir sobre mí la preocupación que tienen mis padres

cuando el televisor se rompe y rápidamente llaman al técnico.

Quiero ser televisor para ser el mejor amigo de mis padres y su héroe favorito.

Señor, por favor, déjame ser televisor aunque sea por un día”.

Hermann Rodríguez Osorio, S.J.*

* Sacerdote jesuita, Decano académico de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Javeriana – Bogotá

Blog católico de oraciones y reflexiones pastorales sobre la liturgia dominical. Para compartir y difundir el material brindado. Crremos que Dios regala Amor y Liberación gratuita e incondicionalmente.

100 Historias en blanco y negro: “Dale un beso a tu salvador”

Dale un beso a tu salvador

Autor: Kevin Matthew Lee. Parramatta (Australia) | Fuente:  Catholic.net y www.100sacerdotes.com

Hay muchos ejemplos de cómo Dios ha obrado por medio de mí como instrumento, pero la siguiente historia es la que más recuerdo, y la que más me ha asombrado.

Estaba una noche de capellán en el hospital de Westmead, cuando llegó una nota pidiendo que yo fuera a bendecir a una mujer que tendría una operación al día siguiente. Entonces fui y encontré una mujer embarazada, y me dijo que estaba preocupada por la operación.

– ¿Qué le van a hacer?

-«Una histerotomía muy grande» -me dijo-.

Pensé: «Será muy difícil que puedan extraer el útero y salvar al bebé». Entonces ella continuó diciéndome que era necesario que procedieran así, ya que tenía un cáncer cervical.
Le habían dicho: «Dios no necesita perdonarte, porque no tiene nada de malo lo que planeas hacer».

Le conté de la beata Gianna Beretta Molla, una doctora italiana que tomó la decisión heroica de sacrificar su vida por la de su hijo, que todavía no nacía, y rogué para que ella confiara en Dios en esta situación.

«Por favor, déjame pedir por ti para que tengas el coraje de cambiar de idea y salves la vida de tu hijo, que todavía no nace». Con lágrimas en su rostro rezó conmigo. Volví a casa y oré en la capilla durante la noche para que no perseverara en su decisión. Hablé con un doctor en nuestra parroquia, y él insistió en que ella continuara con el embarazo hasta que el niño tuviera siete meses, así podría dar a luz y después tener la operación.

Al día siguiente, a las ocho de la mañana, un hombre tocó a la puerta. Su voz llena de ansiedad dijo: «¿Es usted el sacerdote que habló con mi esposa anoche?» Pensé que estaría muy enojado conmigo, pero para mi sorpresa dijo: «Quiero agradecerle. Vamos a seguir su consejo y esperar hasta que el bebé tenga siete meses, y entonces induciremos el parto». La mamá continuó y tuvo una niña muy hermosa y saludable a quien después bauticé. Un mes después tuvo la histerotomía y quedó fuera del peligro de cáncer.

Cada año, en el cumpleaños de la niña, veo a su mamá y a su papá en la santa misa con sus hijos en la parroquia. La madre siempre le dice a su hija: «Ven y dale un beso a tu salvador».

Esta historia y otras mil, fueron recopiladas durante el Año Sacerdotal. Las cien mejores están publicadas en el libro “100 historias en blanco y negro”, que puede adquirirse en www.100sacerdotes.com

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