Consagración a Jesús Niño

946437_10208344071462328_3110420247566584293_n“Niño Jesús, Niño Dios, has venido tan pequeñito, tan vulnerable, tan pobre, tan débil por nosotros. Te ofrezco los miedos de mi debilidad, de mi vulnerabilidad, de mi pequeñez, de mi pobreza. Deposito todo lo que soy en tu puro e inocente corazón. Sí, me consagro a ti, Niño Jesús. Rey de Amor, me consagro a tu inocencia, a tu pureza. Sí, Tú eres el verdadero Amor, la verdadera belleza, Tú eres Aquel que no sospecha nada. ¡La inocencia de tu mirada nos salvará! ¡Niño Jesús, sálvame por tu inocencia!”

JM Hammel

NAVIDAD

JOHN MAIN
 
Dios está con nosotros!
 
´La Navidad es una fiesta de gran gozo porque viene nuestro Redentor. El viene a restaurar la inocencia perdida, a restaurarnos a ese estado perfecto de la niñez, para convertirnos en los hijos de Dios, que le obedecemos, que lo amamos, dispuestos a servirle siempre de la forma más perfecta y generosa posible.
 
El estado de maravilla y de felicidad de un niño en la Navidad es correctamente visto como un sacramento en su verdadero significado.  Es con la misma simpleza que debemos recibir este regalo supremo del amor de Jesús.
 
La Navidad es más que una fiesta – es una estación.  Y como todas las estaciones, su esencia consiste en un periodo de preparación,  luego el logro y luego de integración de lo que ha sido logrado en la gran estación de la que formamos parte, la estación de nuestra propia vida.´
John Main
Del libro: “The Joy of Being”
Darton, Longman and Todd – London
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DIEZ NOTAS PARA UNAS VACACIONES CRISTIANAS

 

La necesidad del descanso y la serenidad es algo que viene pedido por la naturaleza humana. En las primeras páginas del Génesis se nos dice que: “cuando llegó el día séptimo Dios había terminado su obra, y descansó de todo lo que había hecho” (2,2). El mismo  Jesús invitó a sus discípulos: “a un lugar solitario para descansar un poco. Porque eran tanto los que iban y venían, que no tenían tiempo para comer” (Mc 6,31). ¿Qué quiere decir todo esto? ¡Que las vacaciones no son un invento de la sociedad del bienestar! Hay dos formas de vivir el tiempo vacacional: la más potenciada por la cultura hedonista domínate es el “dolce far niente”. Es decir, deja a un lado la cabeza, el corazón, la conciencia, para vivir la aventura humana del capricho de moda. Otra manera es la que propone Benedicto XVI “metiendo el Evangelio en la maleta” (Zenit 3.7.2011), que significa convertirnos en dueños de nuestras vacaciones, saber valorarla pero nunca  mitificarla y descubrir los valores que encierra esa época del año:

1º El descanso: la fatiga y el afán por el trabajo y otras ocupaciones, ofusca el criterio de lo verdadero y lo justo. Las vacaciones son un periodo útil para reponer fuerzas físicas, psíquicas y espirituales que posibiliten un cambio en los aspectos de la vida que lo requieran.

2º La reflexión: hay que buscar espacio y tiempo para pensar en uno mismo. No tengas miedo de reencontrarte contigo y vencer la superficialidad que produce el ajetreo de la vida ordinaria. Para ello, no olvides los Evangelios que te ayudarán.

3º La alegre serenidad: las diversiones distraen, los viajes alejan momentáneamente los problemas. Pero la alegría permanente brota de tener la “casa interior” en orden. Las vacaciones son un tiempo privilegiado para una “puesta a punto”.

4º La familia: en una sociedad donde trabaja el padre y la madre fuera del hogar, los hijos gozan poco de sus progenitores. El periodo vacacional puede estrechar mucho más los lazos familiares, crecer en comunicación entre sus miembros y ayudar a aquel que más lo necesite.

5º La amistad: las relaciones entre los amigos necesitan su tiempo. Las vacaciones son un momento propicio para acercar amistades, reparar olvidos, subsanar malos entendidos, visitar al amigo enfermo y dedicar horas a disfrutar de las buenas compañías.

 

6º  Redescubrir la belleza de la fe: las vacaciones no se reduce a “campo, mar o montaña”. Hay que saber captar  la hermosura de las obras humanas que nos legaron nuestros mayores. Este tiempo de asueto se puede gastar en cultivar la sensibilidad hacia nuestro patrimonio histórico, artístico, cultural y religioso que son expresiones de la vida de nuestros antepasados.

7º El silencio: en él logramos percibir las voces más significativas para nuestra realización personal. Quienes aprecian el silencio se convierten en “maestros” del escuchar y  comunicar.

8º La oración: tan escasa por las múltiples ocupaciones, es ahora un momento para mayor comunicación con el Señor y recibir de Él la fuerza y el estímulo para nuestro camino diario.

9º La creación: en la época vacacional muchas personas tienen más oportunidad de  contemplar y valorar el hermoso espectáculo que cada día nos ofrece gratuitamente la madre naturaleza donde está tan palpable la huella del Creador.

10º La solidaridad: en vacaciones nunca se debe olvidar el amor a los pobres. Ello se manifiesta en el austeridad en gasto  y en el compartir, cuidando y dando compañía a los mayores, apoyando interesantes actividades sociales y pastorales en zonas.

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*Monseñor Juan del Río Martín es el arzobispo castrense de España 

SAN JOSÉ, ESPOSO DE LA VIRGEN MARÍA

SAN JOSÉ, ESPOSO DE LA VIRGEN MARÍA

(2 Sam 7, 4-5a. 12-14a. 16; Sal 88; Rom 4, 13. 16-18. 22; Mt 1, 16. 18-21. 24a)

TRES LLAMADAS

-«Ve y dile a mi siervo David: “Esto dice el Señor: Cuando tus días se hayan cumplido y te acuestes con tus padres, afirmaré después de ti la descendencia que saldrá de tus entrañas, y consolidaré su realeza. (2 Sam 7, 16)

Abrahán creyó. Apoyado en la esperanza, creyó, contra toda esperanza, que llegaría a ser padre de muchas naciones, según lo que se le había dicho: «Así será tu descendencia.» (Rom 4, 18)

“-«José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo.” Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor.” (Mt 1, 24)

 CONSIDERACIÓN

Dios no improvisa; su acción sigue un plan providente, diseñado desde antiguo. En Abraham, en David y en los profetas se adelantan los últimos tiempos, y cobran sentido desde el acontecimiento de la Encarnación.

La bendición que Dios concedió a Abraham y a David tiene su exponente máximo en José, descendiente del patriarca y de la casa real davídica.

Paradójicamente, la descendencia legal se interrumpe en José, aunque él diera cobertura social al Hijo de María, con lo que la bendición no solo llega a los nacidos del tronco de Jesé, sino a toda la humanidad.

 LA FE

Si algo destaca en la vida de San José, escogido para proteger a la Virgen nazarena y a su Hijo, es la actitud de abandono que tomó ante lo que observaba en María.

San José fue honesto, y decidió apartarse sin especular, sin juicio ni denuncia, por el amor y respeto que profesaba a la que iba a ser su mujer.

Gracias al crédito que dio José a las palabras del ángel, tuvieron lugar los hechos del nacimiento de Jesús sin ningún contratiempo.

Admira la personalidad de San José, a quien Dios dirigió el gesto de mayor confianza.

San José sigue siendo el modelo de convivencia familiar, por su discreción y amor probado. El esposo de María fue hogar y sustento de las personas más benditas de la historia.

San José es protector de muchas familias religiosas, y muchos llevan su nombre.

 

P.. Ángel Moreno, de Benafuente del Sistal

Diez Frases del Papa Francisco…

Escrito por 

1. “Los obispos y sacerdotes deben ser pastores y no lobos rapaces”

El Papa solicitó durante una de sus misas diarias en la capilla de Santa Marta, su residencia en el Vaticano, que los fieles dediquen sus oraciones para que los curas y obispos no cedan a la avaricia del dinero y el poder, para que “sean pastores y no lobos rapaces“. “Cuando el obispo o el sacerdote se aprovechan del rebaño, cambian las tornas; ya no es que trabajan para el pueblo, sino que se aprovechan del pueblo”, advirtió a los religiosos y personal del Vaticano que le escuchaban. Añadió que entrar en el “carrerismo [competición] causa mucho daño a la Iglesia”. “Hacen el ridículo y, aunque se vanaglorian y se gustan sentirse poderosos, el pueblo no les ama. Por ello, rezad por nosotros, para que seamos humildes, mansos, al servicio del pueblo”, pidió.

 

2. Las monjas deben ser “madres espirituales y no solteronas”

En una reunión con 800 religiosas a principios de mayo, Francisco habló sobre la castidad a la que están encomendadas. Aseguró “que amplía la libertad de la entrega a Dios y a los demás con la ternura, la misericordia y la cercanía a Cristo”. “Pero por favor, una castidad fecunda”, pidió. “Una castidad que genere hijos espirituales en la Iglesia. La consagrada es madre, tiene que ser madre y no solterona”. Consciente de la contundencia de sus palabras añadió: “Perdonadme si hablo así, pero es importante esta maternidad de la vida consagrada, esta fecundidad”.

 

3. “El dinero tiene que servir, no gobernar”

“Hemos creado nuevos ídolos. La antigua veneración del becerro de oro ha tomado una nueva y desalmada forma en el culto al dinero y la dictadura de la economía, que no tiene rostro y carece de una verdadera meta humana”, ha criticado esta semana. Bergoglio, que se propuso ser “el papa de los pobres” al inicio de su pontificado, ha pedido a los embajadores con quienes se reunió el jueves que controlen la economía y protejan a los débiles. Asegura que “el dinero tiene que servir, no gobernar” y critica a los mercados financieros: “Se ha establecido una nueva, invisible y, en ocasiones, virtual tiranía, una que unilateralmente e irremediablemente impone sus propias leyes y reglas”.

 

4. “La Iglesia no es la niñera de los cristianos”

A mediados de abril incidió en una idea que ha marcado repetidos discursos. Los fieles, opina, no deben esperar a que un sacerdote les diga lo que deben hacer. “Cuando hacemos esto, la Iglesia se convierte no en madre, sino en niñera, que cuida al niño para adormecerle. Tenemos que pensar en el bautismo y en nuestra responsabilidad de bautizados [para anunciar a Cristo]”.

 

5. “Hay cristianos de salón que no saben hacer hijos para la Iglesia”

En la misma tónica, pidiendo mayor implicación en la práctica de la fe católica, esta semana ha criticado a los fieles que se fijan en las apariencias y formalidades: “Hay cristianos de salón, los educados, tan buenos, pero no saben hacer hijos para la Iglesia con el anuncio del Señor y con el fervor celo apostólico”. En su cuenta de Twitter redondeaba el mensaje con esta reflexión: “No podemos ser cristianos por instantes [“a tiempo parcial”, formulaba en inglés]. Busquemos vivir nuestra fe en cada momento, cada día”.

 

6. Advertencia contra los cristianos “trepas” y “ladrones”

En otra homilía emitida en Radio Vaticana el pasado abril planteó: “También en la comunidad cristiana hay de estos trepas, ¿no?, que buscan su propio beneficio y consciente o inconscientemente fingen entrar por la puerta pero son ladrones y sinvergüenzas”. “¿Por qué? Porque roban la gloria a Jesús y buscan la suya propia. Para ellos la religión es un negocio”, criticó. Con la misma idea, denunció más recientemente “el daño que ocasionan al pueblo de Dios los hombres y mujeres de la Iglesia que son carreristas, escaladores, que usan al pueblo, a la Iglesia, a los hermanos y a las hermanas -a quienes deberían servir- como trampolín para los intereses propios y las ambiciones personales”.

 

7. “¡Cuánto daño hace el bienestar!”

Durante la canonización de la monja colombiana Laura Montoya y la mexicana madre Lupita, el Papa arremetió contra los excesos de una vida entregada al dinero. “Nos enseña a (…) vencer la indiferencia y el individualismo, que corroe a las comunidades cristianas y nuestro corazón, y nos enseña a acoger a todos sin prejuicios ni reticencias”, dijo sobre la primera santa colombiana. Sobre la madre Lupita subrayó su dedicación a los enfermos, “ante los que se arrodillaba para servirles”. En ese contexto comentó: “¡Cuánto daño hace la vida cómoda, cuánto daño hace el bienestar! El aburguesamiento del corazón nos paraliza. Madre Lupita, sin embargo, renunció a una vida cómoda para servir a los enfermos y abandonados”.

 

8. “Un buen cristiano no se lamenta, está siempre alegre”

Dándole una vuelta al tradicional mensaje de la Iglesia para que cada creyente porte “su cruz” cuando la vida le pone una piedra en el camino, el Papa Francisco habló en una ocasión reciente del “alegre soportar” como elemento para el rejuvenecimiento vital. Afirmó que el buen cristiano “no se lamenta” y que en medio del dolor, “jamás está triste, sino que testimonia a Cristo con alegría”. Sabiendo que sus palabras se podían recibir con escepticismo, el obispo de Roma indicó que este comportamiento no es de masoquistas, “sino el que lleva por el camino de Jesús”.

 

9. Sin el Espíritu Santo, el cristiano es un mero “idólatra”

El Espíritu Santo es un “Dios activo, un Dios que nos hace recordar, que nos despierta la memoria”, para que el creyente no olvide “el momento en el que obtuvo la gracia de encontrar a Jesús y todo lo que Jesús le dijo”. Por eso, opina que un cristiano sin esa memoria del Espíritu Santo “no es un cristiano de verdad, sino un idólatra”.

 

10. “Como muchos no son creyentes, les bendigo en silencio respetando su conciencia”

Cuando en su encuentro con los cientos de periodistas que acudieron a Roma para ver la fumata blanca y conocer al nuevo Papa el pasado marzo, el recién elegido pontífice bendijo a los presentes con una llamativa observación: “Como muchos de ustedes no pertenecen a la Iglesia Católica, otros no son creyentes, de corazón doy esta bendición en silencio a cada uno de ustedes, respetando la conciencia de cada uno, pero sabiendo que cada uno de ustedes es hijo de Dios. Que Dios los bendiga”.

Solemnidad de la Sagrada Familia. «Vivía sujeto a ellos»

Solemnidad de la Sagrada Familia (Ciclo C). «Vivía sujeto a ellos»

La Iglesia está segura de que la familias cristianas, al contemplar y descubrir en la Sagrada Familia las características del auténtico amor, tal y como debe ser vivido entre los esposos y sus hijos, serán ellos mismos firmemente alentados y rectamente orientados a seguir ese específico sendero de santidad y de plena realización humana.

¿Cuáles son algunas de esas orientaciones que la paradigmática familia de Nazaret brinda a las familias cristianas?

«Como elegidos de Dios, santos y amados, revístanse de sentimientos de misericordia entrañable». La voz del Apóstol les recuerda principalmente a los padres, aunque también a todo otro miembro de la familia cristiana, que ante todo deben tener siempre una clara conciencia de su identidad y “estado de elección”: los esposos son elegidos de Dios, amados suyos, santificados por el Señor Jesús. Respondiendo a su altísima dignidad y a la gratuidad de su elección, don del amor de Dios, su primera y principal tarea es la de trabajar esforzadamente por ser santos (ver Lumen gentium, 40), procurando vivir en amorosa obediencia a Dios y a sus planes de amor. Los esposos son elegidos de Dios (ver Ef 1,5-6) para una misión de paternidad o maternidad, misión que sólo podrán realizar si trabajan por hacer de su matrimonio un ámbito de comunión que se nutre del amor que viene de Dios.

En efecto, la familia cristiana se construye y edifica sobre el amor de los esposos, amor que ante todo es un don de Dios derramado en sus corazones (ver Rom 5,5) y que han de vivir entre sí “como Cristo nos ha enseñado” (ver Jn 15,12), amor por el que «se entregan y se reciben recíprocamente en la unidad de “una sola carne”» (S.S. Juan Pablo II, Carta a las familias, 11). Este amor, «que hace que el hombre se realice mediante la entrega sincera de sí mismo», significa «dar y recibir lo que no se puede comprar ni vender, sino sólo regalar libre y recíprocamente», y ese amor, que realiza la entrega de la persona «exige, por su naturaleza, que sea duradera e irrevocable» (lug. cit.).

La fidelidad de los padres a su identidad y vocación fundamental como hijos de Dios les permitirá, como discípulos de Cristo,revestirse de «entrañas de misericordia, de bondad, humildad, mansedumbre, paciencia» (Col 3,12), haciendo del amor y de la caridad el vínculo de comunión de esta pequeña iglesia doméstica. Por ello, cuando «la esencia y el cometido de la familia son definidos en última instancia por el amor» (S.S. Juan Pablo II, Familiaris consortio, 17), elhogar cumple su función de ser la primera escuela de vida cristiana, «escuela del más rico humanismo» (Gaudium et spes, 52) endonde los hijos aprenden a vivir el amoren la entrega de sí mismos y en la respetuosa acogida del otro.

Como colaboradores de Dios en su obra creadora (ver S.S. Juan Pablo II, Evangelium vitae, 43), los padres han de recordar siempre con alegría y gratitud su específica vocación de servir a la vida que brota del don de Dios, vida que es el fruto precioso de su unión en el amor.En este sentido, ser padre o madre implica ser portador de una hermosísima misión de la que el Señor les ha hecho partícipes: viviendo un amor maduro deberán estar abiertos a la bendición de la vida, han de cuidar y proteger a sus hijos porque son un don de Dios y han de educarlos, con la palabra y el ejemplo, «en la auténtica libertad, (aquella) que se realiza en la entrega sincera de sí». De este modo cumplen fielmente su misión, cuando buscan cultivar en sus hijos «el respeto del otro, el sentido de la justicia, la acogida cordial, el diálogo, el servicio generoso, la solidaridad y los demás valores que ayudan a vivir la vida como un don» (S.S. Juan Pablo II, Evangelium vitae, 92).

Recuerden vivamente que por el ejercicio constante de su fe los esposos cristianos están llamados a colaborar primera y principalmente con la gracia del Señor en la tarea de traer a sus hogares la presencia del Emmanuel:como María, acogiendo, concibiendo y dando a luz la Palabra, y como José, protegiendo diligentemente al Niño de la persecución que sufre en el mundo por los modernos “Herodes”. En este sentido, toda familia cristiana «recibe la misión de custodiar, revelar y comunicar el amor, como reflejo vivo y participación real del amor de Dios por la humanidad y del amor de Cristo Señor por la Iglesia su esposa» (Familiaris consortio 17). Tras las huellas de María y José, los hogares cristianos están llamados a convertir «su vocación al amor doméstico —con la oblación sobrehumana de sí, de su corazón y de toda capacidad—, en el amor puesto al servicio del Mesías, que crece en su casa» (S.S. Pablo VI). De ese modo, al esforzarse los padres en ser para sus hijos un vivo ejemplo y testimonio de amor y caridad cristiana, los hijos estarán en condiciones de vivir, a su vez, en amorosa y respetuosa actitud para con sus padres y con todos sus semejantes.

Por último, los padres cristianos tienen como deber más sagrado el fomentar en sus hijos la obediencia de la fe prestada a Dios (ver Catecismo de la Iglesia Católica, 142-144), por la que los guían y orientan en el camino de su propia realización, según la propia vocación y misión con la que Dios los bendice. Son justamente los padres quienes han de educar a sus hijos que «en primer lugar es necesario hacer la voluntad de Dios», y que «el vínculo espiritual vale más que el vínculo de la sangre» (S.S. Benedicto XVI). Así el Evangelio «revela la más auténtica y profunda vocación de la familia: la de acompañar a cada uno de sus miembros en el camino de descubrimiento de Dios y del designio que Él ha dispuesto para cada uno» (S.S. Benedicto XVI).

Fuente, textos bíblicos y comentario  en:

Solemnidad de la Sagrada Familia (Ciclo C). «Vivía sujeto a ellos»

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