Contemplacion de la Trinidad, Rublëv

En 1425 el monje André Rublëv elabora el icono de la SantísimaTrinidad, modelo de la iconografía y de todas las representaciones de la Trinidad y que está a la vuelta de esta hoja.

No existe en ninguna parte nada parecido, en cuanto al poder de síntesis teológica, a la riqueza del simbolismo y a labelleza artística.

Ofrecemos algunas pistas pueden ayudarnos a vivir mejor esta fiesta.

Alrededor de cada ángel se lee una inscripción en lengua ziriana: el ángel de la izquierda lleva el nombre de Py (Hijo) el de la derecha (Puiltos) Espíritu Santo y el del centro (Aï) Padre.

Rectángulo:

El rectángulo expresa los cuatro lados del mundo, los cuatro puntos cardinales, que enlos Padres de la iglesia eran la cifra simbólica de los cuatroevangelios en su plenitud, a la que no se lepuede añadir ni suprimir nada; es el signo de la universalidad de la Palabra.

La cruz:

Según la tradición del árbol de la vida se extrajo la madera de la cruz. Su figura es el eje invisible, pero el más evidente de la composición. Esta divide al icono en dos y se cruza con la línea horizontal que une los círculos luminosos de los ángeles de los lados y forma la cruz. La cruz se inscribe en el círculo sagrado de la vida divina, es el eje vivo del amor trinitario.

El triángulo:

Si se unen los extremos de la mesa al punto que se encuentra justo sobre la cabeza del ángel del centro, se puede ver que losángeles se sitúan exactamente en un triángulo equilátero. Esto significa la unidad e igualdad de la trinidad.

El círculo:

la línea trazada siguiendo los contornos exteriores de los tres ángeles forma un círculo perfecto, símbolo de la eternidad divina. Elcentro de este círculo está en la mano del Padre el Pantocrator.

El Padre:

El poder del amor del Padre se manifiesta en la mirada del ángel del centro. Él es amor yprecisamente solo puede revelarse en la comunión y puede ser conocido comocomunión. Es la más conmovedora revelación de la naturaleza misma del amor. No se puede tener ningún conocimiento de Dios fuera de la comunión entre el hombre yDios, y esta es siempre trinitaria e inicia en la comunión entre el Padre y el Hijo. Hace comprender por qué el Padre no se revela nunca directamente. El icono muestra esta comunióncuya morada viva es la copa.

El Hijo:

El Hijo escucha, las parábolas de su vestido muestran la atención suprema, el abandono de sí. El también renuncia a sí mismo para ser solo Verbo de su Padre. Su mano derecha reproduce el gesto del Padre: la bendición.

Espíritu:

La dulzura del ángel de la derecha tiene algo de maternal. (Ruah= el espíritu en las lenguas semíticas es femenino. Los textos sirios lo llaman a menudo la Consoladora).

Es el consolador, pero también es el Espíritu: el Espíritu de la vida. Es el que da la vida y de quien todo se origina. Por su inclinación y el impulso de todo su ser, está en medio del Padre y del Hijo: es el Espíritu de la comunión.

El movimiento parte del él. Con una tristeza inefable, dimensión divina del Ágape, el Padre inclina su cabeza hacia el hijo. Parece que habla del cordero inmolado cuyo sacrificio culmina en el cáliz que bendice. La posición vertical del Hijo traduce toda su atención, su rostro está como cubierto por la sombra de la cruz; pensativo, manifiesta su acuerdo con el mismo gesto de labendición.

Si la mirada del Padre, en su profundidad sin fondo, contempla el único camino de la salvación, la elevación apenas perceptible de la mirada del Hijo traduce su consentimiento.

El Espíritu Santo se inclina hacia el Padre; está sumergido en la contemplación del misterio, su brazo tendido hacia el mundo muestra el movimiento descendente, Pentecostés.

[Fuente: Centro San Camilo DaD.]

Ver el Comentariodel P. Ángel Morero, Santísima Trinidad

 

El verdadero objetivo de la vida cristiana

[…] El verdadero objetivo de la vida cristiana

La plegaria, el ayuno, las vigilias y las otras prácticas cristianas, son aparentemente buenas en sí mismas, pero no constituyen el objetivo de la vida cristiana. El verdadero objetivo de la vida cristiana consiste en la adquisición del Espíritu Santo de Dios. En cuanto a la plegaria, el ayuno, las vigilias, la limosna y toda buena acción hecha en nombre de Cristo, no son más que medios para alcanzar la adquisición del Espíritu Santo.

En nombre de Cristo

Mientras que una sola buena acción hecha en nombre de Cristo puede procurarnos los frutos del Espíritu Santo, nada de lo que no fuera hecho en su Nombre, incluso el bien, podrá traernos recompensa alguna en el siglo futuro, ni en esta vida nos dará la gracia divina. Es por eso que el Señor Jesucristo decía:El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama”(Lc. 11,23).

Por lo tanto, estamos obligados a la buena acción, a la “acumulación” o cosecha, ya que, aún cuando ella no hubiera sido realizada en Nombre de Cristo, permanecerá como buena. La Escritura dice: “Sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia” (Hch. 10,35).

El centurión Cornelio, que temía a Dios y actuaba según la justicia, fue visitado, mientras estaba orando, por un ángel del Señor que le dijo: “Envía, pues, a Jope, y haz venir a Simón el que tiene por sobrenombre Pedro, el cual mora en casa de Simón, un curtidor, junto al mar, y cuando llegue, él te hablará” (Hch. 10,32).

En consecuencia, se observa que el Señor emplea sus medios divinos para permitir al hombre no estar privado, en la eternidad, de la recompensa que se le debe. Pero para obtenerla es necesario que, desde aquí abajo, él comience por creer en Nuestro Señor Jesucristo, Hijo de Dios, que descendió sobre la tierra para salvar a los pecadores, así como para adquirir la gracia del Espíritu Santo, que introduce en nuestros corazones el Reino de Dios y nos abre el camino de la beatitud del siglo futuro. Allí se detiene la satisfacción que procuran a Dios las buenas acciones que no son realizadas en el Nombre de Cristo. El Señor nos da los medios para perfeccionarlas. Al hombre corresponde aprovecharlos o no. Es por eso que el Señor dijo a los judíos: “Si fuerais ciegos, no tendríais, pecado; mas ahora, porque decís: ‘¡Vemos!’ vuestro pecado permanece” (Jn. 9,41).

Cuando un hombre como Cornelio, cuya obra no fue hecha en el Nombre de Cristo, pero que fue agradable a Dios, cree en Su Hijo, esta obra le es computada como hecha en Nombre de Cristo (Hechos cap. 10). En caso contrario, el hombre no tiene el derecho a quejarse de que el bien cumplido no le fue beneficioso. Esto no sucede jamás cuando una buena acción fue hecha en Nombre de Cristo, ya que el bien cumplido en Su Nombré aporta, no sólo una corona de gloria en el siglo futuro, sino que desde aquí abajo, lo llena al hombre de la gracia del Espíritu Santo, como se dijo: “Porque cuando habla aquel a quien Dios envió, es Dios mismo quien habla, ya que Dios le ha comunicado plenamente su Espíritu. El Padre ama al Hijo y le ha confiado todo” (Jn. 3,34-35).

 La adquisición del Espíritu Santo

En consecuencia, el verdadero objetivo de nuestra vida cristiana está en la adquisición de este Espíritu de Dios; en tanto que la plegaria, las vigilias, el ayuno, la limosna y las otras acciones virtuosas, hechas en Nombre de Cristo, no son sino medios para adquirirlo.

–¿Cómo la adquisición? –pregunté al Padre Serafín– no comprendo muy bien.

–La adquisición, es la misma cosa que la obtención. ¿Sabes qué es adquirir dinero? En relación al Espíritu Santo se trata de algo semejante. Para el común de las gentes, el objetivo de la vida consiste en la adquisición de dinero, de ganancia. Los nobles, además, desean obtener honores, signos de distinción y demás recompensas acordadas por los servicios rendidos al Estado. Pues bien, la adquisición del Espíritu Santo es también un capital, pero un capital eterno, dispensador de gracias, muy semejante a los capitales temporales, y que se obtiene por los mismos procedimientos. Nuestro Señor Jesucristo, Dios Hombre, compara nuestra vida a un mercado y nuestra actividad sobre la tierra a un comercio. El nos recomendó a todos : “Hagan negocio mientras regreso” (Lc. 19,12-13). Además dijo: Apresuraos para obtener bienes celestiales negociando las mercancías terrenales. Estas mercancías terrenales no son otras que las acciones virtuosas hechas en Nombre de Cristo y que nos aportan la gracia del Espíritu Santo.

[…]

-Extracto … “Conversaciones con Motovilov”, de San Serafín de Sarov. Ver texto completo en el link del título-

El Papa comenta su visita al Libano

[Visita a España de sor Emmanuelle Maillard, testimonio de Medjugorie, programa  aquí]

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Arraigar la vida en Cristo para lograr la paz, pide el Papa tras visita al Líbano

El discurso final del Papa en el Líbano
El discurso final del Papa en el Líbano

VATICANO, 19 Sep. 12 / 10:05 am (ACI/EWTN Noticias).- Como es tradicional luego de sus viajes, el Papa Benedicto XVI recordó la visita que realizó al Líbano el pasado fin de semana y expresó su deseo de que los católicos de Medio Oriente arraiguen su vida en Cristo para así alcanzar la paz en toda la convulsionada región.

En el Aula Pablo VI en el Vaticano y ante miles de fieles presentes, el Papa recordó el viaje apostólico que realizó del 14 al 16 de septiembre para firmar y entregar la exhortación apostólica postsinodal Ecclesia in Medio Oriente.

Benedicto XVI dijo que esta visita la quiso “grandemente, pese a las circunstancias difíciles, considerando que un padre debe estar siempre junto a sus hijos cuando encuentran graves problemas. Me ha movido el vivo deseo de anunciar la paz que el Señor resucitado ha dejado a sus discípulos, sintetizándolo en las palabras ‘Mi paz os doy’”.

El Papa, que agradeció en varias ocasiones a los organizadores de su viaje y a cuantos colaboraron en el éxito del mismo, dijo que “los días transcurridos en El Líbano han sido una estupenda manifestación de fe y de intensa religiosidad y un signo profético de paz”.

“La multitud de creyentes, provenientes del todo Medio Oriente tuvo la oportunidad de reflexionar, dialogar y sobre todo de orar juntos, renovando el compromiso de arraigar la propia vida en Cristo”.

“Tengo la certeza de que el pueblo libanés, en su multiforme pero bien amalgamada composición religiosa y social, sabrá dar testimonio con nuevo impulso de la verdadera paz, que nace de la confianza en Dios”.

El Santo Padre dijo además que espera que sus “varios mensajes de paz y de estima que quise dar, puedan ayudar a los gobernantes de la región a cumplir los pasos decisivos hacia la paz y hacia una mejor comprensión de las relaciones entre cristianos y musulmanes. De mi parte sigo acompañando aquellas amadas poblaciones con la oración, para que permanezcan fieles a los compromisos asumidos”.

El Papa también recordó su pesar y cercanía ante “el terrible conflicto que atormenta a Siria, causando, además de miles de muertes, un flujo de refugiados que se vuelcan en la región en una búsqueda desesperada de seguridad y futuro; y no olvido la difícil situación de Irak”.

“Durante mi Visita, la gente de El Líbano y de Medio Oriente –católicos, representantes de las otras Iglesias y Comunidades eclesiales y de las diversas comunidades musulmanas– han vivido, con entusiasmo y en un clima distendido y constructivo, una experiencia importante de respeto recíproco, de comprensión y de fraternidad, que constituye un fuerte signo de esperanza para toda la humanidad”.

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Vídeo Encuentro del Papa con los Jóvenes del Líbano

 

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