SOLEMNIDAD DEL CORPUS CHRISTI

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(Ex 24, 3-8; Sal 115; Hbr 9, 11-15; Mc 14, 12-16. 22-26)

 LA COPA QUE BENDECIMOS

“Tomando una copa, pronunció la acción de gracias, se la dio, y todos bebieron. Y les dijo: -«Ésta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos. Os aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el reino de Dios».” (Mc 14,24)

El día 28 de mayo último, fiesta de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote, después de visitar la exposición “Los caminos del Grial”, tuve el privilegio de celebrar la Eucaristía, junto a los compañeros de mi arciprestazgo, en la catedral de Valencia, dentro de la capilla donde se venera el Santo Cáliz.

Es conocida la gran importancia de la hospitalidad en la cultura oriental, de tal forma que si alguien invita a otro a su casa y le ofrece de comer o de beber, le está demostrando una gran amistad. Se cuenta que Saladino, cuando venció a los cruzados en la batalla de los “Cuernos del Hattín”, en Galilea, el 4 de julio de 1187, le ofreció a Guido de Lusignan, rey de Jerusalén, un vaso de agua; y con este gesto le indicaba que no lo mataría, en agradecimiento a lo que el rey cruzado había hecho con la hermana del sultán cuando fue ofendida por Reinaldo de Châtillon.

Ofrecer un trozo de pan untado, como hizo Jesús con Judas, significaba la mayor intimidad, y nadie podría sospechar que le estaba señalando como traidor, sino como todo lo contrario.

En la Eucaristía, Jesucristo sigue ofreciendo la copa santa como gesto de alianza, de perdón, de amistad, y quien acepte beber de este cáliz con respeto y dignidad, se lleva la prenda de la vida futura, porque aquel que come del pan partido en la Mesa del Señor, y bebe de la Copa de la Salvación, recibe vida eterna.

La Eucaristía es sacramento de la presencia real de Jesucristo y en ella se prolonga la hospitalidad divina. Con ese gesto, Jesús nos ofrece la señal más auténtica de su amistad y entrega generosa.

El salmista nos brinda la expresión más adecuada: “¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? Alzaré la copa de la salvación, invocando su nombre” (Sal 115).

La adoración, la hospitalidad, la entrega, el respeto, la gratitud, el sobrecogimiento, la comunión, brotan en el corazón de quien se acerca con fe a la mesa santa. Al tiempo que rendimos homenaje a la Eucaristía, aprendamos el mandamiento de la hospitalidad magnánima, al menos con el perdón.

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Ante la diversidad de calendarios litúrgicos, según los países y regiones, editamos dos comentarios, el del Corpus Christi -arriba- y el del X Domingo del TO, -acceso en enlace-, del P. Ángel Moreno de Benafuente del Sistal:

X DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
(Gén 3, 9-15; Sal 109; 2Co 4, 13-5, 1; Mc 3, 20-35)

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Adviento. Esperar y Acoger

El tiempo de Adviento que inauguramos, es una ocasión de gracia que se nos brinda para acoger de nuevo al Señor que viene. Toda la Liturgia de este tiempo va orientada a mantener viva en nosotros la actitud de espera y la disponibilidad para la acogida. Esperar y acoger, dos grandes palabras, que deben marcar el ritmo de nuestra vida cristiana.

¿Por dónde viene?. Como el vigía. Esperar con tensión, atentos para ver por dónde llega el Señor y con él la Salvación. Lo hace de muchas maneras; en medio de un momento feliz, o de uno difícil; en el prójimo, y de un modo especial en el débil; a través de la Palabra, en la intimidad de la oración y la celebración de los sacramentos…Y es ahí donde pide ser acogido. En la portada del presente folleto encontráis esa bella cita del libro del Apocalipsis, donde el Señor se presenta como aquél que está a la puerta llamando y desea que le abramos. El gran fruto de este Tiempo litúrgico debe ser precisamente ese: acogerle, abrirle la puerta de nuestra vida, dejarle entrar para que renueve en nosotros esos espacios empobrecidos de nuestra alma.

Es muy bueno preguntarse al empezar: ¿Dónde me resisto a acogerle?. Tal vez ¿en el sufrimiento?, ¿en algún hermano/a?, ¿en la Iglesia con toda su grandeza y fragilidad?, ¿en la celebración de los sacramentos?…Todas las colinas de mis rebeldías han de abajarse: la cerrazón debe dar paso a la confianza, el resentimiento al perdón, el miedo a la paz. Para ello está el Adviento, y en él, la gracia que el Señor nos regalará para una sincera conversión.

Os animo a aprovechar al máximo estas cuatro semanas previas a la Navidad y os propongo que pongáis el acento en la escucha atenta de la Palabra de Dios.

D. Antonio Ferrando, Parroquia San Roque,

Silla, (Valencia)

 

CUADERNO DE ADVIENTO

Desde este cuaderno,  podéis orar con los textos de los cuatro domingos y la festividad de la Inmacualada, haciendo vuestra LECTIO DIVINA, en la intimidad de la oración personal, a vuestro ritmo, en casa.

 Descargaos desde AQUÍ  el cuaderno de Adviento en .pdf para tenerlo siempre a vuestra disposición. Hay edición impresa en la parroquia.

 

 

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