Administradores de la Luz y la sangre

Te respondo ahora a lo que me has preguntado acerca de los ministros de la santa Iglesia. Para que puedas conocer mejor la verdad, considera su excelencia y en qué alta dignidad los he puesto. Los elegí para vuestra salud espiritual, para que por ellos os sea administrada la sangre de mi humilde e inmaculado Cordero, mi Hijo unigénito. A éstos les he encargado que administren el Sol, es decir, la sangre y el cuerpo de mi Hijo.

Este cuerpo —el Verbo, Dios y hombre verdadero— es una misma cosa conmigo. Este Sol da luz a todo el mundo, a todos los que quieran recibir su calor.

Yo, Dios Eterno, soy este Sol, del que proceden el Hijo y el Espíritu Santo. Por medio del Verbo encarnado, con el fuego del Espíritu Santo, habéis recibido la luz. ¿A quién la he confiado para que la administre? A mis ministros en el Cuerpo Místico de la santa Iglesia, para que tengáis vida, recibiendo de ellos el cuerpo de Jesucristo en manjar, y su sangre en bebida. De este modo recibís la misma divinidad en este dulcísimo sacramento bajo la blancura del pan. Y como el sol no se puede dividir, tampoco se puede dividir el que es todo Dios y todo Hombre en esta blancura del pan. Supongamos que se partiese la hostia. Aunque fuera posible hacer de ella millares de pedacitos, en cada uno está todo Dios y todo hombre, a la manera del espejo, que se divide y se parte, sin que por esto se parta la imagen que en el espejo se representa. No disminuye en sí mismo, como sucede con el fuego cuando se reparte. Si tuvieras en tus manos una vela y todo el mundo viniese a tomar su lumbre de la tuya, tu luz no disminuiría aunque cada uno tenga la suya. Es cierto que unos reciben mas y otros menos según el tamaño de la vela que os presenten. Si unas fuesen grandes y otras pequeñas, en cada una de ellas, estaría toda la luz. Sin embargo, tú dirías que es menor la de aquel que la lleva pequeña que la del que la lleva grande.

Lo mismo sucede con los que reciben este sacramento. Cada uno lleva, cuando va a recibirlo, la vela de su santo deseo, el amor. Esta vela está apagada y se enciende recibiendo este sacramento.

Apagada digo, porque nada sois por vosotros mismos. Es cierto que os doy la materia, la cera, con la que podéis alimentar en vosotros esta luz y recibirla. Esta materia en vosotros es el amor, porque yo por amor os creé, y por esto no podéis vivir sin amor.

Este ser que por amor os di ha recibido el santo bautismo en virtud de la sangre de este Verbo. De otro modo no podríais participar de esta luz, antes bien seríais como vela sin el pabilo dentro —la fe y la gracia que recibís en el bautismo—, que no puede arder ni recibir ensí esta luz.

¿En dónde se enciende esta alma? En el fuego de mi divina caridad, amándome y siguiendo la doctrina de mi Verdad. Cierto es que se enciende más o menos, según dije, según el tamaño de la vela que acerque a este fuego. Porque, aunque todos tengáis una misma materia —creados todos a imagen y semejanza mía—, y tengáis la luz del santo bautismo los que sois cristianos, no obstante, cada uno puede crecer en amor y en virtud según le plazca y según mi gracia mientras disponéis de tiempo.

Podéis, pues, crecer en el amor. Este amor es el que os hace acercaros a recibir esta luz, que mis ministros deben administrar y que yo os he dado como alimento; cuanto mayor sea el amor y más encendido el deseo que traigáis, mayor será la luz que recibiréis. No dejaréis de recibirla toda entera, pues en cada uno esta luz será completa, sea la que sea la imperfección de los que la reciben y de los que la administran; pero participáis de esta luz según el amor con que os disponéis a recibirla. Y quien se acerque a este dulce sacramento en pecado mortal, no recibe de él la gracia aunque reciba realmente atodo Dios y a todo el hombre.

¿Sabes a qué se parece esta alma que le recibe indignamente? Se parece a la vela sobre la que ha caído agua, que no hace más que chirriar cuando se la acerca al fuego. En el momento que el fuego la penetra, se apaga en aquella vela y no queda allí más que humo. Por no haberse secado al fuego de la verdadera contrición por la confesión de su culpa, cuando recibe esta luz, la recibe materialmente, pero no espiritualmente. Esta verdadera luz no permanece por la gracia en el alma que no está dispuesta como debería para este misterio, antes bien queda en el alma una mayor confusión, envuelta en tinieblas y con un pecado más grave todavía. No saca de este sacramento más que remordimiento de conciencia, no por defecto de la luz inalterable, sino por culpa del agua que encontró en el alma. Esta agua es la que impide que pueda recibir esta luz.

Santa Catalina de Siena, Extracto del Diálogo, pp, 147ss.

+Vida, Estudio y Fuentes para su conocimiento.

Lucia Caram, o.p.

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Vidas Misticas. Equipo Hesiquia Blog

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Diez Frases del Papa Francisco…

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1. “Los obispos y sacerdotes deben ser pastores y no lobos rapaces”

El Papa solicitó durante una de sus misas diarias en la capilla de Santa Marta, su residencia en el Vaticano, que los fieles dediquen sus oraciones para que los curas y obispos no cedan a la avaricia del dinero y el poder, para que “sean pastores y no lobos rapaces“. “Cuando el obispo o el sacerdote se aprovechan del rebaño, cambian las tornas; ya no es que trabajan para el pueblo, sino que se aprovechan del pueblo”, advirtió a los religiosos y personal del Vaticano que le escuchaban. Añadió que entrar en el “carrerismo [competición] causa mucho daño a la Iglesia”. “Hacen el ridículo y, aunque se vanaglorian y se gustan sentirse poderosos, el pueblo no les ama. Por ello, rezad por nosotros, para que seamos humildes, mansos, al servicio del pueblo”, pidió.

 

2. Las monjas deben ser “madres espirituales y no solteronas”

En una reunión con 800 religiosas a principios de mayo, Francisco habló sobre la castidad a la que están encomendadas. Aseguró “que amplía la libertad de la entrega a Dios y a los demás con la ternura, la misericordia y la cercanía a Cristo”. “Pero por favor, una castidad fecunda”, pidió. “Una castidad que genere hijos espirituales en la Iglesia. La consagrada es madre, tiene que ser madre y no solterona”. Consciente de la contundencia de sus palabras añadió: “Perdonadme si hablo así, pero es importante esta maternidad de la vida consagrada, esta fecundidad”.

 

3. “El dinero tiene que servir, no gobernar”

“Hemos creado nuevos ídolos. La antigua veneración del becerro de oro ha tomado una nueva y desalmada forma en el culto al dinero y la dictadura de la economía, que no tiene rostro y carece de una verdadera meta humana”, ha criticado esta semana. Bergoglio, que se propuso ser “el papa de los pobres” al inicio de su pontificado, ha pedido a los embajadores con quienes se reunió el jueves que controlen la economía y protejan a los débiles. Asegura que “el dinero tiene que servir, no gobernar” y critica a los mercados financieros: “Se ha establecido una nueva, invisible y, en ocasiones, virtual tiranía, una que unilateralmente e irremediablemente impone sus propias leyes y reglas”.

 

4. “La Iglesia no es la niñera de los cristianos”

A mediados de abril incidió en una idea que ha marcado repetidos discursos. Los fieles, opina, no deben esperar a que un sacerdote les diga lo que deben hacer. “Cuando hacemos esto, la Iglesia se convierte no en madre, sino en niñera, que cuida al niño para adormecerle. Tenemos que pensar en el bautismo y en nuestra responsabilidad de bautizados [para anunciar a Cristo]”.

 

5. “Hay cristianos de salón que no saben hacer hijos para la Iglesia”

En la misma tónica, pidiendo mayor implicación en la práctica de la fe católica, esta semana ha criticado a los fieles que se fijan en las apariencias y formalidades: “Hay cristianos de salón, los educados, tan buenos, pero no saben hacer hijos para la Iglesia con el anuncio del Señor y con el fervor celo apostólico”. En su cuenta de Twitter redondeaba el mensaje con esta reflexión: “No podemos ser cristianos por instantes [“a tiempo parcial”, formulaba en inglés]. Busquemos vivir nuestra fe en cada momento, cada día”.

 

6. Advertencia contra los cristianos “trepas” y “ladrones”

En otra homilía emitida en Radio Vaticana el pasado abril planteó: “También en la comunidad cristiana hay de estos trepas, ¿no?, que buscan su propio beneficio y consciente o inconscientemente fingen entrar por la puerta pero son ladrones y sinvergüenzas”. “¿Por qué? Porque roban la gloria a Jesús y buscan la suya propia. Para ellos la religión es un negocio”, criticó. Con la misma idea, denunció más recientemente “el daño que ocasionan al pueblo de Dios los hombres y mujeres de la Iglesia que son carreristas, escaladores, que usan al pueblo, a la Iglesia, a los hermanos y a las hermanas -a quienes deberían servir- como trampolín para los intereses propios y las ambiciones personales”.

 

7. “¡Cuánto daño hace el bienestar!”

Durante la canonización de la monja colombiana Laura Montoya y la mexicana madre Lupita, el Papa arremetió contra los excesos de una vida entregada al dinero. “Nos enseña a (…) vencer la indiferencia y el individualismo, que corroe a las comunidades cristianas y nuestro corazón, y nos enseña a acoger a todos sin prejuicios ni reticencias”, dijo sobre la primera santa colombiana. Sobre la madre Lupita subrayó su dedicación a los enfermos, “ante los que se arrodillaba para servirles”. En ese contexto comentó: “¡Cuánto daño hace la vida cómoda, cuánto daño hace el bienestar! El aburguesamiento del corazón nos paraliza. Madre Lupita, sin embargo, renunció a una vida cómoda para servir a los enfermos y abandonados”.

 

8. “Un buen cristiano no se lamenta, está siempre alegre”

Dándole una vuelta al tradicional mensaje de la Iglesia para que cada creyente porte “su cruz” cuando la vida le pone una piedra en el camino, el Papa Francisco habló en una ocasión reciente del “alegre soportar” como elemento para el rejuvenecimiento vital. Afirmó que el buen cristiano “no se lamenta” y que en medio del dolor, “jamás está triste, sino que testimonia a Cristo con alegría”. Sabiendo que sus palabras se podían recibir con escepticismo, el obispo de Roma indicó que este comportamiento no es de masoquistas, “sino el que lleva por el camino de Jesús”.

 

9. Sin el Espíritu Santo, el cristiano es un mero “idólatra”

El Espíritu Santo es un “Dios activo, un Dios que nos hace recordar, que nos despierta la memoria”, para que el creyente no olvide “el momento en el que obtuvo la gracia de encontrar a Jesús y todo lo que Jesús le dijo”. Por eso, opina que un cristiano sin esa memoria del Espíritu Santo “no es un cristiano de verdad, sino un idólatra”.

 

10. “Como muchos no son creyentes, les bendigo en silencio respetando su conciencia”

Cuando en su encuentro con los cientos de periodistas que acudieron a Roma para ver la fumata blanca y conocer al nuevo Papa el pasado marzo, el recién elegido pontífice bendijo a los presentes con una llamativa observación: “Como muchos de ustedes no pertenecen a la Iglesia Católica, otros no son creyentes, de corazón doy esta bendición en silencio a cada uno de ustedes, respetando la conciencia de cada uno, pero sabiendo que cada uno de ustedes es hijo de Dios. Que Dios los bendiga”.

Sor Emmanuel: “Santidad y vocación”.

Vídeos de Sor Emmanuel:

“La santidad: tener en nuestro corazón la plenitud del amor”

Editado  por Marcelo Marciano

Compartimos con ustedes estos cortos vídeos de Sor Emmanuel.

En esta catequesis nos habla acerca de como ir creciendo día a día en nuestra santidad, para así llegar a tener en nuestro corazón la plenitud del amor.

SANTIDAD Y VOCACIÓN

 

Fuente: http://www.virgendemedjugorje.org

A Sacerdotes, religiosos, seminaristas, laicos: el Papa en Benin

El Papa en Benin

A Sacerdotes, religiosos, seminaristas, laicos:

En la capilla del seminario, Benedicto XVI se detuvo a rezar ante la tumba del cardenal Bernardin Gantin (1922-2008), el primer obispo africano que ocupó un dicasterio en la Curia Romana, y nada menos que la Congregación para los Obispos. Fue además decano del Colegio Cardenalicio entre 1993 y 2002, cuando le sustituyó precisamente el cardenal Ratzinger.

Cuatro párrafos esenciales

A continuación reproducimos en su integridad los cuatro párrafos extraídos del discurso que pronunció después ante los cardenales presentes, todo el cuerpo profesoral del centro, e incluso algunos enfermos de lepra atendidos en la zona por instituciones de la Iglesia.

«Queridos sacerdotes, la responsabilidad de promover la paz, la justicia y la reconciliación, os incumbe de una manera muy particular. En efecto, por la sagrada ordenación que recibisteis, y por los sacramentos que celebráis, estáis llamados a ser hombres de comunión. Así como el cristal no retiene la luz, sino que la refleja y la devuelve, de igual modo el sacerdote debe dejar transparentar lo que celebra y lo que recibe. Por tanto os animo a dejar trasparentar a Cristo en vuestra vida con una auténtica comunión con el obispo, con una bondad real hacia vuestros hermanos, una profunda solicitud por cada bautizado y una gran atención hacia cada persona. Dejándoos modelar por Cristo, no cambiéis jamás la belleza de vuestro ser sacerdotes por realidades efímeras, a veces malsanas, que la mentalidad contemporánea intenta imponer a todas las culturas. Os exhorto, queridos sacerdotes, a no subestimar la grandeza insondable de la gracia divina depositada en vosotros y que os capacita a vivir al servicio de la paz, la justicia y la reconciliación.

»Queridos religiosos y religiosas, de vida activa y contemplativa, la vida consagrada es un seguimiento radical de Jesús. Que vuestra opción incondicional por Cristo os conduzca a una amor sin fronteras por el prójimo. La pobreza y la castidad os hagan verdaderamente libres para obedecer incondicionalmente al único Amor que, cuando os alcanza, os impulsa a derramarlo por todas partes. Pobreza, obediencia y castidad aumenten en vosotros la sed de Dios y el hambre de su Palabra, que, al crecer, se convierte en hambre y sed para servir al prójimo hambriento de justicia, paz y reconciliación. Fielmente vividos, los consejos evangélicos os trasforman en hermano universal o en hermana de todos, y os ayudan a avanzar con determinación por el camino de la santidad. Llegaréis si estáis convencidos de que para vosotros la vida es Cristo, y hacéis de vuestras comunidades reflejo de la gloria de Dios y lugares donde no tenéis otra deuda con nadie, sino la del amor mutuo. Con vuestros carismas propios, vividos con un espíritu de apertura a la catolicidad de la Iglesia, podéis contribuir a una expresión armoniosa de la inmensidad de los dones divinos al servicio de toda la humanidad.

»Me dirijo ahora a vosotros, queridos seminaristas, os animo a poneros en la escuela de Cristo para adquirir las virtudes que os ayudarán a vivir el sacerdocio ministerial como el lugar de vuestra santificación. Sin la lógica de la santidad, el ministerio no es más que una simple función social. La calidad de vuestra vida futura depende de la calidad de vuestra relación personal con Dios en Jesucristo, de vuestros sacrificios, de la feliz integración de las exigencias de vuestra formación actual. Ante los retos de la existencia humana, el sacerdote de hoy como el de mañana –si quiere ser testigo creíble al servicio de la paz, la justicia y la reconciliación– debe ser un hombre humilde y equilibrado, prudente y magnánimo. Después de sesenta años de vida sacerdotal, os puedo asegurar, queridos seminaristas, que no lamentaréis haber acumulado durante vuestra formación tesoros intelectuales, espirituales y pastorales.

»En cuanto a vosotros, queridos fieles laicos que, en el corazón de las realidades cotidianas de la vida, estáis llamados a ser sal de la tierra y luz del mundo, os exhorto a renovar también vuestro compromiso por la justicia, la paz y la reconciliación. Esta misión requiere en primer lugar fe en la familia, construida según el designio de Dios, y una fidelidad a la esencia misma del matrimonio cristiano. Exige también que vuestras familias sean verdaderas “iglesias domésticas”. Gracias a la fuerza de la oración, se transforma y se mejora gradualmente la vida personal y familiar, se enriquece el diálogo, se transmite la fe a los hijos, se acrecienta el gusto de estar juntos y el hogar se une y consolida más. Haciendo reinar en vuestras familias el amor y el perdón, contribuís a la edificación de una Iglesia fuerte y hermosa, y a que haya más justicia y paz en toda la sociedad. En este sentido, os animo, queridos padres, a tener un respeto profundo por la vida y a testimoniar ante vuestros hijos los valores humanos y espirituales».

Fuente: Religionenlibertad

100 Historias en blanco y negro: “Dale un beso a tu salvador”

Dale un beso a tu salvador

Autor: Kevin Matthew Lee. Parramatta (Australia) | Fuente:  Catholic.net y www.100sacerdotes.com

Hay muchos ejemplos de cómo Dios ha obrado por medio de mí como instrumento, pero la siguiente historia es la que más recuerdo, y la que más me ha asombrado.

Estaba una noche de capellán en el hospital de Westmead, cuando llegó una nota pidiendo que yo fuera a bendecir a una mujer que tendría una operación al día siguiente. Entonces fui y encontré una mujer embarazada, y me dijo que estaba preocupada por la operación.

– ¿Qué le van a hacer?

-«Una histerotomía muy grande» -me dijo-.

Pensé: «Será muy difícil que puedan extraer el útero y salvar al bebé». Entonces ella continuó diciéndome que era necesario que procedieran así, ya que tenía un cáncer cervical.
Le habían dicho: «Dios no necesita perdonarte, porque no tiene nada de malo lo que planeas hacer».

Le conté de la beata Gianna Beretta Molla, una doctora italiana que tomó la decisión heroica de sacrificar su vida por la de su hijo, que todavía no nacía, y rogué para que ella confiara en Dios en esta situación.

«Por favor, déjame pedir por ti para que tengas el coraje de cambiar de idea y salves la vida de tu hijo, que todavía no nace». Con lágrimas en su rostro rezó conmigo. Volví a casa y oré en la capilla durante la noche para que no perseverara en su decisión. Hablé con un doctor en nuestra parroquia, y él insistió en que ella continuara con el embarazo hasta que el niño tuviera siete meses, así podría dar a luz y después tener la operación.

Al día siguiente, a las ocho de la mañana, un hombre tocó a la puerta. Su voz llena de ansiedad dijo: «¿Es usted el sacerdote que habló con mi esposa anoche?» Pensé que estaría muy enojado conmigo, pero para mi sorpresa dijo: «Quiero agradecerle. Vamos a seguir su consejo y esperar hasta que el bebé tenga siete meses, y entonces induciremos el parto». La mamá continuó y tuvo una niña muy hermosa y saludable a quien después bauticé. Un mes después tuvo la histerotomía y quedó fuera del peligro de cáncer.

Cada año, en el cumpleaños de la niña, veo a su mamá y a su papá en la santa misa con sus hijos en la parroquia. La madre siempre le dice a su hija: «Ven y dale un beso a tu salvador».

Esta historia y otras mil, fueron recopiladas durante el Año Sacerdotal. Las cien mejores están publicadas en el libro “100 historias en blanco y negro”, que puede adquirirse en www.100sacerdotes.com

El Año de la Fe


El Año de la Fe

El Papa anunció el Año de la Fe que comenzará el 11 de octubre de 2012 y se extenderá hasta el 24 de noviembre de 2013.

Autor: P. Federico Lombardi, portavoz Vaticano | Fuente: revistaecclesia.com

El Año de la fe, anunciado en días pasados por el Papa, debe ser considerado una de las iniciativas que caracterizan este pontificado. Tal como la carta de convocación afirma desde las primeras frases, la memoria corre inmediatamente a aquel primer discurso del nuevo Papa en la Capilla Sixtina, la mañana siguiente a su elección, cuando afirmaba “la exigencia de redescubrir el camino de la fe para poner de manifiesto cada vez con mayor evidencia la alegría y el renovado entusiasmo del encuentro con Cristo”.

Y también vuelve a la inspiración evidente y central de todos los discursos de su último viaje a Alemania y a la institución del Dicasterio para la promoción de la nueva evangelización.

Con feliz intuición el Papa liga estrechamente el Año de la fe al 50° del Vaticano II. Mientras el Concilio sigue siendo objeto de discusiones y de apropiación partidista, es justo que la lectura y relectura de su riquísima herencia, su traducción en la práctica por parte de todo el pueblo de Dios en sus diversos componentes, siga siendo eficazmente guiada por el Papa, como por los Papas ha sido convocado y guiado en su realización, y tomado como “brújula” del camino siguiente de la Iglesia.

Pero Benedicto XVI también recuerda el 20° de la publicación del Catecismo de la Iglesia católica, obra de increíble coraje, querida firmemente por Juan Pablo II en fidelidad al Concilio, para decir hoy nuestra fe del modo más completo, orgánico y claro posible. Punto de referencia precioso, que el entonces Cardenal Ratzinger conoce muy bien, habiendo tenido en él una parte determinante.

Pero el Año será, sobre todo, una nueva etapa de una historia, de un camino vivo, que viene desde lejos, de la creación del mundo, de Abrahán y Moisés, de David y de los profetas, de aquel “gran número de testigos”de los que habla la Carta a los Hebreos (cap. 11-12), en cuya huella están puestos María, los Apóstoles, los mártires y los santos, y en el que el Papa nos exhorta a ponernos también nosotros, “teniendo siempre fija la mirada en Jesús, autor y perfeccionador de la fe” (Ebr 12,2). ¿Y qué otra cosa más importante debería decirnos el pastor del pueblo de Dios en camino?

Descubriendo un camino nuevo hacia Dios

Descubriendo un camino nuevo hacia Dios

John Bartunek, L.C.

La oración es exigente, sobre todo en este mundo tan ruidoso. Si somos sinceros con nosotros mismos, reconocemos que no es tan fácil oír la voz de Dios, “conectar” con Él. Necesitamos constantemente buscar caminos nuevos para hacerlo.  La oración es  “una batalla”, como el Catecismo nos recuerda (CIC 2726), pero una batalla que siempre podemos ganar, si seguimos luchando. Jesús así no los prometió: “Buscad”, nos dijo “y encontraréis” . (Mateo 7:7)

Recientemente, el Papa Benedicto XVI habló de un lugar al cual podemos acudir para encontrar a Dios, para ayudarnos en nuestra vida de oración. Este lugar ha sido central, de forma dramática, en mi propio camino espiritual.  El Santo Padre parecía hablar desde el fondo del corazón cuando motivó a los católicos a volver a este lugar en sus esfuerzos por encontrar a Dios en la oración. Sus palabras fueron las siguientes:

Durante este período, más de una vez he llamado la atención sobre la necesidad que tiene todo cristiano de encontrar tiempo para Dios, para la oración, en medio de las numerosas ocupaciones de nuestras jornadas. El Señor mismo nos ofrece muchas ocasiones para que nos acordemos de él. Hoy quiero reflexionar brevemente sobre uno de estos canales que pueden llevarnos a Dios y ser también una ayuda en el encuentro con él: es la vía de las expresiones artísticas, parte de la «via pulchritudinis» —«la vía de la belleza»— de la cual he hablado en otras ocasiones y que el hombre de hoy debería recuperar en su significado más profundo.(…)  Queridos amigos, os invito a redescubrir la importancia de este camino también para la oración, para nuestra relación viva con Dios. (Catequesis del miércoles, 31 de agosto de 2011)

No crecí católico. De hecho, no crecí en ninguna religión. Después de convertirme en un cristiano evangélico en la adolescencia, fomenté en mí muchos prejuicios contra la fe católica. Sin embargo, Dios me había creado para ser su sacerdote. Pero ¿cómo podía oír mi corazón un llamado al sacerdocio con estos muros tan grandes de anti-catolicismo dentro de mí? No podía. Pero Dios encontró una manera de sobrepasar estos muros. Fue el “camino de la belleza” el que, durante los años en que estudié Historia e Historia del Arte, llegó a ser inesperadamente para mí un camino de profunda oración. Me enamoré de la Iglesia (la causa de toda vocación sacerdotal) sólo después de enamorarme del arte católico, su arquitectura, y su cultura. El arte fue el Caballo de Troya que Dios usó para invadir y conquistar mi corazón.

Me gustaría responder a la invitación del Papa a “redescubrir la importancia de este camino a la oración”, y, con la gracia de Dios, ayudarte también a ti hacerlo. Y, por eso, en las próximas semanas, procuraré ofrecerte algunas breves reflexiones espirituales sobre las grandes obras de arte católicas. Mas que reflexiones académicas, intelectuales, trataré de hacer de ellas puentes a la oración, un nuevo lugar donde podremos encontrar al Dios que nos ha “puesto como un sello sobre la palma de Sus manos” (Is 49,16). Esta ha sido mi propia experiencia. Espero y pido a Dios que estas reflexiones no se sumen al ruido del mundo, sino que abran una senda alejada de él, hacia el abrazo silencioso de Dios.

P. John Bartunek, LC ThD

Fuente: La Oracion.com

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