CUARESMA: MÓJATE
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Imagínate que un día sales de casa, porque has quedado con alguien con quien sueles encontrarte siempre en el mismo sitio. Antes de salir, no ves que te ha escrito un e-mail diciéndote que no estará allí, sino en otro lugar. Sales de casa, sabiendo de sobra las calles por las que tienes que ir, el autobús que tienes que coger y la parada en la que tienes que bajarte, porque no entra en tu esquema que haya cambiado sus planes.
Da la casualidad de que el autobús, se detiene en la parada donde te está esperando tu amigo. Él te ve y te hace señas para que bajes, pero vas a lo tuyo, oyendo música, mirando el reloj porque el autobús se ha retrasado y no te enteras.
Él echa a correr hacia la siguiente parada mientras te llama al móvil para decirte que te bajes. Pero con la música, no te das cuenta de que te está llamando. De hecho, ni siquiera ves que la persona que va a tu lado te hace señas indicando que te está sonando el móvil.
Tu amigo, viendo que no puede avisarte, decide esperar al siguiente autobús e ir al sitio de siempre y allí contarte lo ocurrido. Es verdad que el resultado es el mismo; un encuentro, pero todo hubiera sido más sencillo si te hubieras planteado que podía haber cambios, o hubieras prestado atención a tu móvil.
Creo que en la relación con Dios, muchas veces nos ocurre lo mismo. Salimos a buscarle donde siempre le hemos encontrado, sin pensar que puede estar esperándonos en un sitio nuevo. Por eso, tal vez la Cuaresma sea un buen momento para recalcular nuestra ruta y con todo, mirar al móvil de vez en cuando, atentos a sus mensajes.
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Así comienza, en el Evangelio de Marcos, el anuncio de Jesús al mundo, su mensaje de salvación: «El tiempo se ha cumplido, el Reino de Dios está cerca. Conviértanse y crean en el Evangelio».
Con la venida de Jesús surge una era nueva, la era de la gracia y de la salvación. Y sus primeras palabras son una invitación a abrazar la gran novedad, la realidad misma del Reino de Dios que Él pone al alcance de todos y lo hace cercano a cada hombre. E indica enseguida el camino: convertirse y creer en el Evangelio, es decir, cambiar de vida radicalmente y aceptar, en Jesús, la palabra que Dios dirige, a través de Él, a la humanidad de todos los tiempos.
La conversión y la fe son dos cosas que van juntas y la una no se da sin la otra, sino que una y otra surgen del contacto con la Palabra viva, de la presencia de Jesús que también hoy repite a las multitudes:
«Conviértanse y crean en el Evangelio»
Lo que realiza la Palabra de Dios, acogida y vivida, es un completo cambio de mentalidad (= conversión). Ella trasfunde a los corazones de todos −europeos, asiáticos, australianos, americanos, africanos− los sentimientos de Cristo frente a las circunstancias, frente a la persona y la sociedad.
¿Y cómo puede el Evangelio actuar el milagro de una profunda conversión, de una fe nueva y luminosa? El secreto está en el misterio que las palabras de Jesús encierran; éstas no son simplemente exhortaciones, sugerencias, indicaciones, directrices, órdenes, instrucciones. En la Palabra de Jesús está presente Jesús mismo que habla, que nos habla; sus Palabras son Él mismo, Jesús mismo.
Y así, nosotros, lo encontramos en la Palabra. Y acogiendo la Palabra en nuestro corazón, como Él quiere que se acoja (o sea, estando dispuestos a traducirla en vida) somos uno con Él y Él nace o crece en nosotros. He aquí por qué cada uno de nosotros puede y debe acoger esta invitación tan apremiante y exigente de Jesús.
«Conviértanse y crean en el Evangelio»
Alguien podrá considerar las palabras del Evangelio demasiado elevadas y difíciles, demasiado distantes del modo de vivir y de pensar común, y estará tentado a cerrarse a la escucha, a desanimarse. Pero eso sucede si uno piensa que debe mover solo la montaña de la incredulidad. Mientras que sería suficiente que uno se esforzara en vivir, aunque fuese una sola Palabra del Evangelio, para encontrar en ella una ayuda inesperada, una fuerza única, una lámpara para sus pasos[1]. Porque siendo esa Palabra una presencia de Dios, el comunicarse con ella libera, purifica, convierte, trae consuelo, alegría, da sabiduría.
«Conviértanse y crean en el Evangelio»
¡Cuantas veces en nuestra jornada esta Palabra puede ser una luz! Cada vez que chocamos con nuestra debilidad o con la de los demás, cada vez que nos parece imposible o absurdo seguir a Jesús, cada vez que las dificultades tratan de abatirnos, esta Palabra puede ser para nosotros un aliento, una bocanada de aire fresco, un estímulo para recomenzar.
Bastará una pequeña, rápida “conversión” del camino para salir de la cerrazón de nuestro yo y abrirnos a Dios, para experimentar otra vida, la verdadera.
Si después podemos compartir esta experiencia con alguna persona amiga, que haya hecho también del Evangelio el propio código de vida, veremos brotar o reflorecer a nuestro alrededor la comunidad cristiana.
Porque la Palabra de Dios vivida y comunicada obra también este milagro: da origen a una comunidad visible, que se convierte en levadura y sal de la sociedad, testimoniando a Cristo en cada rincón de la Tierra.
Chiara Lubich
Publicado en www.focolare.org
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FUENTE: CAHTOLI.NET
1. “Cada año la Cuaresma nos ofrece una ocasión providencial para profundizar en el sentido y el valor de ser cristianos, y nos estimula a descubrir de nuevo la misericordia de Dios para que también nosotros lleguemos a ser misericordiosos con nuestros hermanos”. (Benedicto XVI, Mensaje para la Cuaresma 2008).
Propósito: Buscaré un tiempo para leer el Mensaje del Papa para la cuaresma.
2. Dios no acepta el sacrificio de los que provocan la desunión, los despide del altar para que antes se reconcilien con sus hermanos: Dios quiere ser pacificado con oraciones de paz. La obligación más bella para Dios es nuestra paz, nuestra concordia, la unidad en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo de todo el pueblo fiel. (San Cipriano de Cartago).
Propósito: Buscaré acercarme a alguien que me haya ofendido, buscando la mutua reconciliación.
3. El sacrificio no es virtud distinta del amor, es una cualidad del amor, esencial, medida del amor (MMD).
Propósito: Ofreceré a Cristo el pequeño sacrificio de no tomar mucho de algo que me guste particularmente en la comida
4. ¿Por qué quieres dilatar tu propósito? Levántate, y comienza en este momento, y di: Ahora es tiempo de obrar, ahora es tiempo de pelear, ahora es tiempo conveniente para enmendarme (La imitación de Cristo).
Propósito: Buscaré hablar siempre bien de todas las personas.5. El mérito de llevar la cruz no está en el peso de ésta, sino en el modo de llevarla. Hay que fijarse en la calidad de las acciones y no es su grandeza y número. (Albino Luciani).
Propósito: Haré tres sacrificios personales, ofreciéndolo por los cristianos que sufren.
6. Lo que cura al hombre no es esquivar el sufrimiento y huir ante el dolor, sino la capacidad de aceptar la tribulación, madurar en ella y encontrar en ella un sentido mediante la unión con Cristo, que ha sufrido con amor infinito. (Encíclica Spe Salvi del Papa Benedicto XVI).
Propósito: ofreceré un pequeño sacrificio hoy por algún familiar que necesite de mis oraciones.7. Con tan buen amigo presente -nuestro Señor Jesucristo-, con tan buen capitán, que se puso el primero en el padecer, todo se puede sufrir. Él ayuda y da esfuerzo, nunca falta, es verdadero amigo (Santa Teresa de Jesús).
Propósito: Invitaré a otra persona a vivir estos propósitos de Cuaresma.
8. No hay momento tan precioso para pedir a Dios nuestra conversión como el de la Santa Misa (Santo Cura de Ars).
Propósito: Me quedaré cinco minutos después de la misa de este domingo, para agradecerle a Dios especialmente por haberle recibido.
9. La Cuaresma es una oportunidad para “volver a ser” cristianos, a través de un proceso constante de cambio interior y de progreso en el conocimiento y en el amor de Cristo. La conversión no se realiza nunca de una vez para siempre, sino que es un proceso, un camino interior de toda nuestra vida. (Benedicto XVI, Audiencia del 21 de febrero de 2007)
Propósito: Me preocuparé por leer Mensaje del Papa para la Cuaresma
10. Nuestro progreso se realiza por medio de la tentación y nadie puede conocerse a sí mismo si no es tentado, ni nadie puede ser coronado si no ha vencido, ni puede vencer si no ha luchado, ni puede luchar si carece de enemigo y de tentaciones (San Agustín).
Propósito: Cuidaré que mi trato con los demás sea respetuoso y cortés.
11. Mis ojos están felices porque mis manos enjugan las lágrimas. Hágalo así usted también. Le aseguro que funciona (Beata Teresa de Calcuta).
Propósito: Buscaré dedicar un momento del día para ayudar a alguna persona que lo necesite (familiar, amigo, compañero de trabajo).
12. Lo que cura al hombre no es esquivar el sufrimiento y huir ante el dolor, sino la capacidad de aceptar la tribulación, madurar en ella y encontrar en ella un sentido mediante la unión con Cristo, que ha sufrido con amor infinito. (Encíclica Spe Salvi del Papa Benedicto XVI).
Propósito: ofreceré un pequeño sacrificio hoy por algún familiar que necesite de mis oraciones.
13. El alma que ha consentido la culpa se ha de horrorizar de sí misma y limpiarse lo más pronto que pueda, por el respeto que debe tener a los ojos de Dios, que la está mirando (San Francisco de Sales)
Propósito: Antes de acostarme, examinaré delante de un crucifijo mis faltas, me arrepentiré, pediré perdón por ellas y haré un buen propósito para el día siguiente.
14. Volver a empezar, no correr al primer golpe. Ayer fui malo o menos fervoroso, hoy seré mejor. Ayer pasaron por mi alma muchas lágrimas, muchos quebrantos, muchas cosas que sentir, mañana no pasarán, he de volver a empezar. (MMD)
Propósito: Haré un esfuerzo especial en mis conversaciones para no sólo evitar hablar mal de los demás, sino incluso resaltar sus cualidades.
15. La conversión consiste en aceptar libremente y con amor que dependemos totalmente de Dios, nuestro verdadero Creador; que dependemos del amor. (Benedicto XVI, Audiencia del 21 de febrero de 2007)
Propósito: Buscaré darle gusto a algún miembro de mi familia con el que no suelo ser muy delicado.
16. Orad, orad, orad; la oración es la llave de los tesoros de Dios; es el arma del combate y de la victoria en toda la lucha por el bien y contra el mal (Papa Pío XII).
Propósito: Me acercaré a recibir la comunión ofreciéndola por el incremento de las vocaciones misioneras.
17. Los demonios no son los que han crucificado a Cristo; eres tú quien, con ellos, lo has crucificado y lo sigues crucificando todavía, deleitándote en los vicios y en los pecados. (San Francisco de Asís).
Propósito: Buscaré un momento para visitar a Cristo en la Eucaristía.
18. ¡No tengáis miedo! ¡Abrid de par en par las puertas a Cristo! Abrid vuestros corazones, vuestras vidas, dudas, vuestras dificultades, alegrías y afectos a su fuerza salvífica y dejad que Él entre en vuestros corazones. ¡No tengáis miedo! ¡Cristo sabe lo que hay dentro del hombre! ¡Solo Él lo sabe! (Juan Pablo II)
Propósito: Ofreceré a Dios mi trabajo o mis estudios por el compañero(a) que más lo necesite.
19. Se da prisa en buscar la centésima oveja que se había perdido [...] ¡Maravillosa condescendencia de Dios que así busca al hombre; dignidad grande del hombre, así buscado por Dios (San Bernardo).
Propósito: Hoy buscaré acercarme al sacramento de la confesión, para ir mejor preparado a recibir a Cristo Eucaristía en la misa dominical.
20. El hombre ha sido creado para la felicidad eterna y verdadera, que sólo el amor de Dios puede dar. […] Todo hombre, para poder caminar en la justa dirección, necesita ser orientado hacia la meta final. Esta meta última, en realidad, es el mismo Cristo Señor, vencedor del pecado y la muerte, que se nos hace presente de modo especial en la Celebración Eucarística (Sacramentum Caritatis, n. 30).
Propósito: Invitaré a algún amigo a visitar conmigo a Cristo Eucaristía.
21. Quien no se arrepiente de verdad, no ama de veras; es evidente que cuanto más queremos a una persona, tanto más nos duele haberla ofendido. (Santo Tomás de Aquino)
Propósito: Perdonaré sinceramente a aquellos que hoy me puedan causar alguna molestia o incomodidad, sin hacerles notar que me ofendieron.
22. Podemos aplicar a la confesión la célebre frase de San Agustín: el que te creó sin ti, no te salvará sin ti. También este momento de nuestra vida cristiana ha de ser considerado con humildad de niño y con coraje de hombre (Pablo VI).
Propósito: Haré un acto de servicio a alguien sin que se dé cuenta. Sólo lo veremos Dios y yo.
23. En la Cruz Cristo grita: “Tengo sed” (Jn 19,28), revelando así una ardiente sed de amar y de ser amado por todos nosotros. Sólo cuando percibimos la profundidad y la intensidad de este misterio nos damos cuenta de la necesidad y la urgencia de que lo amemos “como” Él nos ha amado. (Mensaje de SS. Benedicto XVI para la Jornada de la Juventud, 2007)
Propósito: En vez de escuchar música, dedicaré un buen tiempo para conversar con mis familiares o mis amigos.
24. Conoce verdaderamente la Pasión sólo quien reconoce que es también obra suya. [...] Soy yo Judas que traiciona, Pedro que niega, la multitud que grita «¡A Barrabás, no a ése!». Cada vez que he preferido mi satisfacción, mi comodidad, mi honor, a Cristo, se ha realizado esto (P. Raniero Cantalamessa).
Propósito: Hoy usaré internet solamente para aquellas cosas relacionadas con mis estudios o trabajo.
25. Cuando estamos con Cristo, nos nace rechazar intensamente el pecado, no tanto por miedo, sino por el santo temor de Dios, por el temor de perder el amor, porque no podemos vivir sin Él. «Quédate conmigo y no permitas que me separe de ti» (P. Álvaro Corcuera, L.C.).
Propósito: Buscaré descubrir a Dios en todo, usando con naturalidad formas como: «gracias a Dios», «si Dios quiere», «que Dios te bendiga», «que Dios te pague».
26. No penséis nunca que sois desconocidos a los ojos de Cristo [...] Cada uno de vosotros es precioso para Cristo, Él os conoce personalmente y os ama tiernamente, incluso cuando uno no se da cuenta de ello. (Juan Pablo II, Jornada Mundial de la Juventud. Jubileo del año 2000)
Propósito: Antes de cada comida bendeciré los alimentos.
27. En la tierra hasta la alegría suele parar en tristeza; pero para quien vive según Cristo, incluso las penas se truecan en gozo (San Juan Crisóstomo).
Propósito: Trataré a los demás con paciencia y buenos modales.
28. Date cuenta, pues, de dónde has caído, arrepiéntete y vuelve a tu conducta primera (Ap 2, 5)
Propósito: Dedicaré unos 10 minutos del día para leer la Biblia.
29. Oh hombre, ¿cómo te atreves a pedir, si tú te resistes a dar? Quien desee alcanzar misericordia en el cielo debe él practicarla en este mundo (San Cesareo de Arles).
Propósito: Buscaré algún pobre y le ayudaré con una limosna adaptada a mis posibilidades.
30. Sólo el perdón divino y su amor recibido con corazón abierto y sincero nos dan la fuerza para resistir al mal y para no “pecar más”, para dejarnos golpear por el amor de Dios, que se convierte en nuestra fuerza (Papa Benedicto XVI, 25 de marzo de 2007).
Propósito: Invitaré a una persona a rezar un Padrenuestro en acción de gracias por algún beneficio recibido.
31. Conoce el Señor la fragilidad humana para caer en el pecado, pero, como es bueno, no nos deja desesperar, sino más bien se compadece y nos da la penitencia como remedio saludable (San Cirilo).
Propósito: Haré un esfuerzo especial para cumplir mis tareas y trabajos con perfección y profesionalidad.
32. A la tarde te examinarán en el amor. Aprende a amar a Dios como Dios quiere ser amado y deja tu propia condición (San Juan de la Cruz).
Propósito: Me esforzaré por recibir a todos con una sonrisa.
33. Redimida por su sangre, ninguna vida humana es inútil o de poco valor, porque todos somos amados personalmente por Él con un amor apasionado y fiel, con un amor sin límites. (Mensaje del Papa Benedicto XVI para la Jornada de la Juventud, 2007)
Propósito: En vez de ver la televisión, acudiré a la celebración del Domingo de Ramos y pasaré el resto del día en familia.
34. Si deseamos llegar a la Pascua santificados en el alma y en el cuerpo, debemos poner un interés especialísimo en la adquisición de la caridad. (San Gregorio Magno, Sermón 10, sobre la Cuaresma, 3-5).
Propósito: Hoy ayudaré a una pesona necesitada.
35. Invitándonos a considerar la limosna con una mirada más profunda, que trascienda la dimensión puramente material, la Escritura nos enseña que hay mayor felicidad en dar que en recibir. (…) Cada vez que por amor de Dios compartimos nuestros bienes con el prójimo necesitado experimentamos que la plenitud de vida viene del amor y lo recuperamos todo como bendición en forma de paz, de satisfacción interior y de alegría(Benedicto XVI, Mensaje para la Cuaresma 2008).
Propósito: Hoy buscaré que uno de mis temas de conversación sea algo relacionado con Dios, dejando de lado cualquier respeto humano o vergüenza.
36. La conversión es primeramente una obra de la gracia de Dios que hace volver a él nuestros corazones: “Conviértenos, Señor, y nos convertiremos” (Lm 5,21). Dios es quien nos da la fuerza para comenzar de nuevo (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1432).
Propósito: Rezaré un viacrucis, pidiéndole a Dios la fuerza para ser un cristiano coherente.
37. El diablo no puede dominar a los siervos de Dios que de todo corazón confían en Él. Puede, sí, combatirlos, pero no derrotarlos (Pastor de Hermas).
Propósito: Haré una visita a la eucaristía, pidiendo por el Papa.
38. Lo que cura al hombre no es esquivar el sufrimiento y huir ante el dolor, sino la capacidad de aceptar la tribulación, madurar en ella y encontrar en ella un sentido mediante la unión con Cristo, que ha sufrido con amor infinito. (Encíclica Spe Salvi del Papa Benedicto XVI).
Propósito: ofreceré un pequeño sacrificio hoy por algún familiar que necesite de mis oraciones.
39. Hay que orar, no para dejar de ser tentados -cosa imposible-, sino para no ser enredados en la tención, como sucede a los que son atrapados y vencidos por ella (Orígenes).
Propósito: Me esforzaré por mantener en orden mi habitación, despacho, escritorio, etc.
40. Reconciliarnos con Dios. A quien no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros para que en Él fuéramos justicia de Dios (2 Cor 5, 20-21)
Propósito: Besaré con gran devoción un crucifijo, en señal de agradecimiento por el don de la fe.
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VII Domingo del T.O – Ciclo B (Mc 2,1-12)
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Cuando quieras sumergirte en la lectura orante, busca un lugar donde puedas estar con tu Padre Dios. Confía en que Él te atrae a sí para hablar a tu corazón y colmarte de bendiciones. No digas: “No tengo tiempo”, porque las horas de tu jornada están a tu servicio, y tú no eres esclavo del reloj.

Lectio
Recomendamos…
Comenzar con la siguiente Oración:
Ven Espíritu Santo,
llena los corazones de tus fieles
y enciende en ellos el fuego de tu amor.
Envía Señor tu Espíritu,
y renueva la faz de la Tierra
Leo el texto cuatro veces lentamente, dejando unos tres minutos de silencio cada vez para pasarlo por el corazón, lo leo hasta que el texto se haga uno conmigo. Escucho que dice el texto, en su contexto. Es el tema de conversión que Dios me está proponiendo como diálogo, para relacionarme con Él. Siempre habrá una palabra en el texto que el Espíritu te inspirará al leer para llevarla a tu vida. “La Palabra” es alimento, en este primer momento: “Recibo el alimento”. Hago la recreación del texto con mis palabras.
+Memoriza alguna frase que llame tu atención
Meditatio
Repito, mastico, rumio, pondero, saboreo la palabra de conversión para discernir que me dice a mí. La dejo resonar en mi corazón. A ejemplo de María que guardaba todas estas cosas en su corazón (Lc. 2,19). Yo guardo la palabra de El que me da la vida para escucharla con los oídos del corazón. Requiere silencio, calma y soledad. Toda palabra es revelación. Es mi oración que trae la Presencia de Dios a mi vida cotidiana.
En este momento pongo “La Palabra” en mi boca, me alimento con ella.
+Pregúntate:
-¿A qué me invita el texto leído?
-¿Qué es lo que Cristo me pide?
-¿Cómo fortalece mi fe, esperanza y caridad?
Oratio
Después de leer y rumiar yo respondo. Es mi respuesta a la conversación iniciada por Dios, es personal, espontánea, brota del corazón.
Puede ser de: alabanza, adoración, acción de gracias, alegría, bendición, petición.
En este momento “Doy mi Respuesta a Dios”
+Dejar hablar al corazón
+Componer, mentalmente, una oración de arrepentimiento, súplica, agradecimiento, alabanza, entrega, etc., según corresponda
+Dejar un momento de silencio para contemplar el amor de Dios, y dejar que la Palabra (leída) ilumine mi vida
+Recitar una oración vocal ya existente: Padre Nuestro, Ave María, Credo, un Salmo, etc. coherente con la moción interior
Contemplatio
La Contemplación es un don, una gracia, que el Señor nos otorga. Con la práctica de la Oración Centrante y de la Lectio Divina desmantelamos los obstáculos y nos disponemos a recibirlo.
Yo estoy en Él y Él en mí, Somos Uno.
Experiencia inefable que no tiene palabras.
Quédate con una frase que te acompañe durante el día para revivir esa presencia de Dios en tu vida
+Señal de la Cruz
+ Vuelve a tus obligaciones diarias pensando:
-¿Qué tengo que cambiar en mi vida para mejor imitar a Nuestro Señor y aumentar mi Amor a Dios?
-¿Qué medios me regala Dios para ello?
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MENSAJE DEL SANTO PADRE
BENEDICTO XVI
PARA LA CUARESMA 2012
«Fijémonos los unos en los otros
para estímulo de la caridad y las buenas obras» (Hb 10, 24)
Queridos hermanos y hermanasLa Cuaresma nos ofrece una vez más la oportunidad de reflexionar sobre el corazón de la vida cristiana: la caridad. En efecto, este es un tiempo propicio para que, con la ayuda de la Palabra de Dios y de los Sacramentos, renovemos nuestro camino de fe, tanto personal como comunitario. Se trata de un itinerario marcado por la oración y el compartir, por el silencio y el ayuno, en espera de vivir la alegría pascual.Este año deseo proponer algunas reflexiones a la luz de un breve texto bíblico tomado de la Carta a los Hebreos: «Fijémonos los unos en los otros para estímulo de la caridad y las buenas obras» (10,24). Esta frase forma parte de una perícopa en la que el escritor sagrado exhorta a confiar en Jesucristo como sumo sacerdote, que nos obtuvo el perdón y el acceso a Dios. El fruto de acoger a Cristo es una vida que se despliega según las tres virtudes teologales: se trata de acercarse al Señor «con corazón sincero y llenos de fe» (v. 22), de mantenernos firmes «en la esperanza que profesamos» (v. 23), con una atención constante para realizar junto con los hermanos «la caridad y las buenas obras» (v. 24). Asimismo, se afirma que para sostener esta conducta evangélica es importante participar en los encuentros litúrgicos y de oración de la comunidad, mirando a la meta escatológica: la comunión plena en Dios (v. 25). Me detengo en el versículo 24, que, en pocas palabras, ofrece una enseñanza preciosa y siempre actual sobre tres aspectos de la vida cristiana: la atención al otro, la reciprocidad y la santidad personal.
1. “Fijémonos”: la responsabilidad para con el hermano.
El primer elemento es la invitación a «fijarse»: el verbo griego usado es katanoein, que significa observar bien, estar atentos, mirar conscientemente, darse cuenta de una realidad. Lo encontramos en el Evangelio, cuando Jesús invita a los discípulos a «fijarse» en los pájaros del cielo, que no se afanan y son objeto de la solícita y atenta providencia divina (cf. Lc 12,24), y a «reparar» en la viga que hay en nuestro propio ojo antes de mirar la brizna en el ojo del hermano (cf. Lc 6,41). Lo encontramos también en otro pasaje de la misma Carta a los Hebreos, como invitación a «fijarse en Jesús» (cf. 3,1), el Apóstol y Sumo Sacerdote de nuestra fe. Por tanto, el verbo que abre nuestra exhortación invita a fijar la mirada en el otro, ante todo en Jesús, y a estar atentos los unos a los otros, a no mostrarse extraños, indiferentes a la suerte de los hermanos. Sin embargo, con frecuencia prevalece la actitud contraria: la indiferencia o el desinterés, que nacen del egoísmo, encubierto bajo la apariencia del respeto por la «esfera privada». También hoy resuena con fuerza la voz del Señor que nos llama a cada uno de nosotros a hacernos cargo del otro. Hoy Dios nos sigue pidiendo que seamos «guardianes» de nuestros hermanos (cf. Gn 4,9), que entablemos relaciones caracterizadas por el cuidado reciproco, por la atención al bien del otro y a todo su bien. El gran mandamiento del amor al prójimo exige y urge a tomar conciencia de que tenemos una responsabilidad respecto a quien, como yo, es criatura e hijo de Dios: el hecho de ser hermanos en humanidad y, en muchos casos, también en la fe, debe llevarnos a ver en el otro a un verdadero alter ego, a quien el Señor ama infinitamente. Si cultivamos esta mirada de fraternidad, la solidaridad, la justicia, así como la misericordia y la compasión, brotarán naturalmente de nuestro corazón. El Siervo de Dios Pablo VI afirmaba que el mundo actual sufre especialmente de una falta de fraternidad: «El mundo está enfermo. Su mal está menos en la dilapidación de los recursos y en el acaparamiento por parte de algunos que en la falta de fraternidad entre los hombres y entre los pueblos» (Carta. enc.Populorum progressio [26 de marzo de 1967], n. 66).
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(Una doble osadía: la de Jesús y el leproso. Mc.1, 40-45) Publicado por Corazones
Todas las acciones de Jesús son llamativas.; a veces atrevidas; y con frecuencia escandalizadoras. La misión de Jesús no podía menos de chocar con las normas y costumbres del pueblo judío, al que pertenecía. La voluntad de Dios, no podía coincidir con los intereses de los poderosos, ni con una religión rígida y leguleya. Jesús tenía el mandato del Padre, de venir a tratar de arreglar las cosas, en la medida que se le permitiese y aceptase; incluso, a pesar de jugarse la vida.
El evangelio nos habla de un enfermo de lepra que se acerca a Jesús para que lo cure. Era una auténtica osadía que trasgredía todas las normas establecidas. Ningún leproso podía acercarse a nadie. Debían vivir alejados de toda civilización para no contagiar a otros. La ley les consideraba impuros. No obstante, aquel pobre hombre se atreve a acercarse a Jesús, ante el rechazo de todos los que le acompañaban. Era más fuerte su deseo de ser curado, que el miedo a ser castigado por la ley. Se dirije a Jesús y le dice: “Si quieres, puedes curarme”. Este hombre tiene fe en Jesús. Cree en su poder y en su bondad. Y Jesús se deja vencer por la compasión y por la fe del enfermo. También Jesús trasgrede la ley establecida. Nadie podía tocar a un leproso. Dice el evangelio que “extendió su mano y le tocó”. Y el milagro se obra. Jesús le manda que se presente a las autoridades para que reconozcan que está curado, y pueda volver a su vida normal de ciudadano. Jesús no sólo le cura la enfermedad, sino que desea que se reincorpore a la vida social, desapareciendo su estado de marginación y desprecio. Así es Jesús.
Nuestra vida, de alguna manera, está también plagada de lepra, de pecado, de incongruencias: soberbia, egoísmo, falta de solidaridad, falta de compromiso cristiano, indiferencia ante el dolor de los demás… Y es Jesús el que se acerca para tocarnos el corazón, ofreciéndonos su perdón, su gracia, su ayuda. Siempre da él el primer paso de acercamiento.
El leproso le dice a Jesús:”si quieres… puedes sanarme”. Lo mismo debemos decirle a Jesús nosotros. Sabemos que puede, porque es “todopoderoso”. Lo decimos en el Credo: “Creo en Dios Padre, todopoderoso”. ¿Nos puede quedar alguna duda de que no sólo pueda, sino que también quiera? Si Dios es amor de Padre, no puede menos de querer. El problema está, más bien, en si nosotros estamos dispuestos, de verdad, a cambiar todo aquello que no está en orden y en consonancia con la voluntad de Dios.
El Evangelio de hoy, nos invita, en primer lugar a ser capaces de reconocer nuestra lepra, y si queremos salir de ella, cueste lo que cueste. Dios siempre está dispuesto a tocarnos. Extiende su mano de misericordia, de amor. Y si no rehusamos el que nos toque, el milagro del perdón se produce, y nos rehabilita para seguir siendo piedras vivas de su templo y miembros vivos de su Cuerpo.
Él es el gran leproso que asumió y cargó con nuestros pecados, con nuestra lepra, y que después lavaría en el madero de la cruz.
Félix González
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«Jesús ha mostrado una particular predilección por los enfermos», recuerda el Papa en su Mensaje para la Jornada Mundial del Enfermo:se acercaba a ellos, les hablaba y los curaba. Restaurando su salud física, manifestaba de forma visible su obra de salvación. Hoy, Cristo sigue realizando esta misma obra, a través de la Iglesia, por medio de los sacramentos de sanación: Reconciliación y Unción de enfermos. De ellos, dice el Papa que son medios preciosos «que ayudan al enfermo a conformarse, cada vez con más plenitud, con el misterio de la muerte y resurrección de Cristo»
Lo dijo Benedicto XVI en la Misa de inicio de su pontificado, refiriéndose a la enfermedad, la agonía y la muerte de Juan Pablo II, y lo ha repetido más veces durante su pontificado. En su Mensaje para la Jornada Mundial del Enfermo, quiere gritarlo porque, si alguien necesita escuchar esta buena noticia, son los enfermos, sobre todo aquellos que miran de cerca a la muerte. «Dios -continúa el Papa en el Mensaje-, por medio de su Hijo, no nos abandona en nuestras angustias y sufrimientos, está junto a nosotros, nos ayuda a llevarlas y desea curar nuestro corazón en lo más profundo».
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El texto recuerda asimismo que Jesús siempre «ha mostrado una particular predilección por los enfermos». En el Ángelus del domingo pasado, el Papa afirmó que «la liberación de enfermedades y padecimientos» era, «junto con la predicación, la principal actividad de Jesús en su vida pública». El lema de la Jornada de este año, Levántate, vete. Tu fe te ha salvado, recuerda una curación de los diez leprosos, y el agradecimiento de uno de ellos.
Todos duermen, pero Jesús está conmigoFiled under: Benedicto XVI, Devociones, Maria, Sacramentos, Sanacion Interior | Deja un Comentario »
EN LA QUIETUD… |
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El ayuno se ha convertido en una práctica ambigua. En la antigüedad no se conocía más que el ayuno religioso; hoy existe el ayuno político y social (¡huelgas de hambre!), un ayuno saludable o ideológico (vegetarianos), un ayuno patológico (anorexia), un ayuno estético (para mantener la línea). Existe sobre todo un ayuno impuesto por la necesidad: el de losmillones de seres humanos que carecen de lo mínimo indispensable y mueren de hambre.
Por sí mismos, estos ayunos nada tienen que ver con razones religiosas y ascéticas. En el ayuno estético incluso a veces (no siempre) se «mortifica» el vicio de la gula sólo por obedecer a otro vicio capital, el de la soberbia o de la vanidad.
Es importante por ello intentar descubrir la genuina enseñanza bíblica sobre el ayuno. En la Biblia encontramos, respecto al ayuno, la actitud del «sí, pero», de la aprobación y de la reserva crítica. El ayuno, por sí, es algo bueno y recomendable; traduce algunas actitudes religiosas fundamentales: reverencia ante Dios, reconocimiento de los propios pecados, resistencia a los deseos de la carne, solicitud y solidaridad hacia los pobres… Como todas las cosas humanas, sin embargo, puede decaer en «presunción de la carne». Basta con pensar en la palabra del fariseo en el templo: «Ayuno dos veces por semana» (Lucas, 18, 12).
Si Jesús nos hablara a los discípulos de hoy, ¿sobre qué insistiría más? ¿Sobre el «sí» o sobre el «pero»? Somos muy sensibles actualmente a las razones del «pero» y de la reserva crítica. Advertimos como más importante la necesidad de «partir el pan con el hambriento y vestir al desnudo»; tenemos justamente vergüenza de llamar al nuestro un «ayuno», cuando lo que sería para nosotros el colmo de la austeridad –estar a pan y agua- para millones de personas sería ya un lujo extraordinario, sobre todo si se trata de pan fresco y agua limpia.
Lo que debemos descubrir son en cambio las razones del «sí». La pegunta del Evangelio podría resonar, en nuestros días, de otra manera: «¿por qué los discípulos de Buda y de Mahoma ayunan y tus discípulos no ayunan?» (es archisabido con cuánta seriedad los musulmanes observan su Ramadán).
Vivimos en una cultura dominada por el materialismo y por un consumismo a ultranza. El ayuno nos ayuda a no dejarnos reducir a puros «consumidores»; nos ayuda a adquirir el precioso «fruto del Espíritu», que es «el dominio de sí», nos predispone al encuentro con Dios que es espíritu, y nos hace más atentos a las necesidades de los pobres.
Pero no debemos olvidar que existen formas alternativas al ayuno y a la abstinencia de alimentos. Podemos practicar el ayuno del tabaco, del alcohol y bebidas de alta graduación (que no sólo al alma: también beneficia al cuerpo), un ayuno de las imágenes violentas y sexuales que televisión, espectáculos, revistas e Internet nos echan encima a diario. Igualmente esta especie de «demonios» modernos no se vencen más que «con el ayuno y la oración».
Comentario del padre Raniero Cantalamessa –predicador de la Casa Pontificia– a las lecturas de la liturgia de la Misa del domingo anterior al miércoles de Ceniza, inicio del tiempo de Cuaresma en la Iglesia. VIII Domingo del Tiempo ordinario B (Oseas 2,14b.15b19-20; 2 Corintios 3, 1b-6; Marcos 2, 18-22).
P. Raniero Cantalamessa, OFM Cap
Fuente: fluvium.org
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Tal vez lo más importante que nos dejó este santo fue la prevalencia que le dio al estudio y la preparación intelectual. ¿Y esto qué tiene que ver con la oración? Pues mucho, porque nos dice que no basta con “sentir cosas bonitas”, sino que debemos entender quién es Dios también con nuestra razón. Y tiene sentido. Mientras más sepamos de Dios, de la Iglesia, de nuestra fe, mayor comprensión tendremos de todo esto y, justamente de ahí, brotarán sentimientos de mayor gratitud y de deseo de diálogo con Dios.

Los estudios del santo Obispo le llevaron a vivir todo lo que predicó. Un botón de muestra: miren lo que dice sobre cómo debía ser un obispo: «El lenguaje del obispo debe ser limpio, sencillo, abierto, lleno de gravedad y corrección, dulce y suave. Su principal deber es estudiar la santa Biblia, repasar los cánones, seguir el ejemplo de los santos, moderarse en el sueño, comer poco y orar mucho, mantener la paz con los hermanos, a nadie tener en menos, no condenar sino a los incorregibles. Sobresalga tanto en la humildad como en la autoridad, para que ni por apocamiento queden por corregir los desmanes, ni por exceso de autoridad atemorice a los súbditos. Esfuércese en abundar en la caridad, sin la cual toda virtud es vana».
Un ideal que el mismo Isidoro encarnó con tal profundidad que la Iglesia lo reconoció, elevándolo a los altares.
Fuente de Vida y Aportacion: Laoracion.com
Fuente Oracion “Adsumus”: Formacióncofrade
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To Be Born: la película de un sacerdote que está salvando vidasAunque sólo salváramos un niño, todo el dinero hubiese sido suficienteAutor: Juan Antonio Ruiz J., LC | Fuente: www.buenas-noticias.org |
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La historia nació hace diez años en la mente del P. Stephen Lesniewski, sacerdote de la diócesis de Chicago e ideador del proyecto, que ya estaba involucrado en la lucha por salvar vidas del aborto. Pero, en ese entonces, el sacerdote usaba un escrito de Marisol Hernández llamado «A letter from an Aborted Child» (una carta de un hijo abortado). El P. Lesniewski acudía a las puertas de los abortorios dos o tres veces por semana para aconsejarles esta lectura. Según sus cálculos, más de 500 niños -y sus madres- fueron salvados de los horrores del aborto. A pesar de lo logrado, pensaba que la carta y la versión de audio de la misma eran insuficientes. Pensando, se dio cuenta que podría llegar a más personas con el video y se lanzó a la empresa: «Cuanto antes se llegue a la mujer, mejor -comentó el P. Lesniewski- por lo que decidí que el factor visual ayudaría». Con esto en mente, se dirigió a los estudios Spirit Juice, una organización que desarrolla productos sobre todo en el ámbito católico. Era el año 2009. Desde el inicio, Rob Kaczmark se entusiasmó: «Tomamos la carta y la reestructuramos, dándole una historia. Contratamos actores profesionales, escribimos el guión. Yo tomé la responsabilidad de dirigirla y editarla». La cosa no fue del todo fácil para el equipo. El P. Lesniewski, por ejemplo, tuvo que poner dinero de su propio bolsillo y, como no le fue suficiente, recaudar más dinero. Para la actriz principal, Amanda López, algunas escenas eran duras de grabar: «La escena del hospital fue particularmente difícil». A lo que Kaczmark respondió: «Yo quería presentar la realidad del aborto desde el plano emocional. Y no hice la película para que le gustara a todo el mundo prolife: mi auditorio era el de la mujer». Por fin, el 1 de mayo del 2011, domingo de la Divina Misericordia, se tuvo la premier de la película en el Marcus Cinema de Orlando Park (Illinois). Estuvieron presentes 350 personas y, desde el inicio, la respuesta a la película fue positiva… y las reacciones no se hicieron esperar. Katie Reidy, consejera para mujeres con síndrome post-aborto y antigua directora de los servicios del The Women´s Center de Chicago, dijo: «La gente tiene que ver esto. Creo que el mensaje llegará a muchas más gente que al mundo meramente prolife. Y creo que es positivo». Steve McEveety, productor de películas como La Pasión de Cristo de Mel Gibson, describió la película diciendo que «te arrastra visualmente. Es una de las películas prolife más poderosas que he visto». Un dato curioso: la mayor parte de los participantes en la película han tenido algo que ver con el aborto anteriormente. La bebé que aparece en la película había sido calendarizada para ser abortada, pero, tras una charla con el P. Lesniewski, la madre decidió no abortarla. La joven que aparece escribiendo una carta también iba a ser abortada; ahora se dedica a ir a los abortorios para salvar más vidas, junto con el P. Lesniewski, en donde el sacerdote muestra la película a las mujeres con un portátil de DVD. Se puede visitar la página web en ToBeBorn.com y también se pueden ver los diferentes videos (incluyendo la película entera en inglés, español y polaco) en su página de Youtube. «La película da voz a los no nacidos -afirma el P. Lesniewski-. El 99 % de las mujeres que ven la película se conmueven hasta las lágrimas. Y aunque sólo salváramos un niño, todo el dinero hubiese sido suficiente». |
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Profetas de desventurasJesús no dijo: «Temblad, que estoy llegando», sino «trabajad mientras vuelvo»Autor: José Luis Martín Descalzo | Fuente: Razones para el amor |
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Aveces nos sentimos insatisfechos con nosotros mismos. Tenemos la sensación de que no encajan las piezas del rompecabezas; que no están bien ensambladas mi identidad, mi vida íntima y mi comportamiento. La conciencia reclama y dice que algo anda mal.

Esto puede tener diversas causas. Entre otras, sucede cuando una persona se comporta de una manera que no corresponde a la propia verdad, sea por incoherencia, sea para dar una apariencia falsa de sí mismo.
Para ser una persona en armonía, de una sola pieza, es necesario que encajen el ser y el obrar. Una persona madura es aquella que se comporta conforme a lo que es. Y cuando hablo de ser y de identidad me refiero a lo básico, a lo más profundo de nosotros mismos: nuestra condición de creaturas, de hijos de Dios, de cristianos.
Conversando sobre este tema con un hermano sacerdote, el P. John Hopkins, L.C., me hizo un dibujo que me gustó y al que luego hice ciertas adaptaciones:

* La fachada es aquello que queremos que los demás vean y piensen de nosotros.
* La pus es aquello que si bien es verdad, preferimos esconderlo, pues reconocemos que estamos mal.
* El corazón es nuestra identidad, nuestra verdad más profunda. Lo que somos a los ojos de Dios.
Leí hace tiempo un cuento:
Un viejo indio Cherokee le habló a su nieto sobre una batalla que se libra en el interior de las personas. Le dijo: “Hijo mío, la batalla es entre dos lobos que llevamos dentro. Un lobo es el pecado: la rabia, la impaciencia, la decepción, el rencor, el resentimiento, el odio, el orgullo, el deseo de venganza, el ego, el orgullo. El otro lobo es el bien: es el perdón, la misericordia, la paz, el respeto, la esperanza, la bondad, la compasión, la confianza, la humildad, el amor…” El niño se quedó pensando y luego le preguntó a su abuelo: “Abuelo, ¿cuál lobo gana la batalla?” El anciano le respondió: “Aquél al que tú
alimentas.”
Si queremos vivir en armonía, ser personas de profunda paz interior y que irradien paz a su alrededor, debemos alimentar el corazón. ¿Con qué? Con los sacramentos y la oración. Cuidar la vida de gracia para que sea la presencia de Dios en nosotros la fuente de paz interior. Y cuidarla significa buscarla y dejarla actuar. Dejar actuar a Dios dentro del corazón, dar espacio a la labor silenciosa de la gracia divina, que vence nuestras resistencias y cura nuestras llagas.
“El Reino de los Cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo que, al encontrarlo un hombre, vuelve a esconderlo y, por la alegría que le da, va, vende todo lo que tiene y compra el campo aquel”. (Mt 13, 44)
Así es la gracia en nuestra vida. Un tesoro escondido por el que valdría la pena venderlo todo, porque todo nos lo da. La semana pasada celebramos la fiesta de la conversión de San Pablo. El recuerdo de Saulo de Tarso nos anima a confiar en el poder de la gracia acogida, consentida y correspondida por nuestra voluntad libre.
[...]
Como escribía al inicio del artículo, las causas de nuestro desasosiego interior pueden ser muchas. Sabemos que existen asimismo elementos humanos que contribuyen a la paz interior y que si Dios quiere podremos tratar más adelante. Quedémonos hoy con el gusto de haber reflexionado en lo que Dios puede hacer con nosotros, por medio de su gracia, si sabemos alimentarnos de ella.
Fuente: Laoración.com
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Aunque esta fiesta del 2 de febrero cae fuera del tiempo de navidad, es una parte integrante del relato de navidad. Es una chispa de fuego de navidad, es una epifanía del día cuadragésimo. Navidad, epifanía, presentación del Señor son tres paneles de un tríptico litúrgico.
Es una fiesta antiquísima de origen oriental. La Iglesia de Jerusalén la celebraba ya en el siglo IV. Se celebraba allí a los cuarenta días de la fiesta de la epifanía, el 14 de febrero. La peregrina Eteria, que cuenta esto en su famoso diario, añade el interesante comentario de que se “celebraba con el mayor gozo, como si fuera la pascua misma”‘. Desde Jerusalén, la fiesta se propagó a otras iglesias de Oriente y de Occidente. En el siglo VII, si no antes, había sido introducida en Roma. Se asoció con esta fiesta una procesión de las candelas. La Iglesia romana celebraba la fiesta cuarenta días después de navidad.
Entre las iglesias orientales se conocía esta fiesta como “La fiesta del Encuentro” (en griego, Hypapante), nombre muy significativo y expresivo, que destaca un aspecto fundamental de la fiesta: el encuentro del Ungido de Dios con su pueblo. San Lucas narra el hecho en el capítulo 2 de su evangelio. Obedeciendo a la ley mosaica, los padres de Jesús llevaron a su hijo al templo cuarenta días después de su nacimiento para presentarlo al Señor y hacer una ofrenda por él.
Esta fiesta comenzó a ser conocida en Occidente, desde el siglo X, con el nombre de Purificación de la bienaventurada virgen María. Fue incluida entre las fiestas de Nuestra Señora. Pero esto no era del todo correcto, ya que la Iglesia celebra en este día, esencialmente, un misterio de nuestro Señor. En el calendario romano, revisado en 1969, se cambió el nombre por el de “La Presentación del Señor”. Esta es una indicación más verdadera de la naturaleza y del objeto de la fiesta. Sin embargo, ello no quiere decir que infravaloremos el papel importantísimo de María en los acontecimientos que celebramos. Los misterios de Cristo y de su madre están estrechamente ligados, de manera que nos encontramos aquí con una especie de celebración dual, una fiesta de Cristo y de María.
La bendición de las candelas antes de la misa y la procesión con las velas encendidas son rasgos chocantes de la celebración actual. El misal romano ha mantenido estas costumbres, ofreciendo dos formas alternativas de procesión. Es adecuado que, en este día, al escuchar el cántico de Simeón en el evangelio (Lc 2,22-40), aclamemos a Cristo como “luz para iluminar a las naciones y para dar gloria a tu pueblo, Israel”.
Fuente Aciprensa.com
*Más información sobre esta Fiesta en:
http://www.aciprensa.com/fiestas/presentacion/index.htm
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[Video ]
«Todos seremos transformados por la victoria de Jesucristo, nuestro Señor» (cf. 1 Co 15, 51-58).El significado de esta misteriosa transformación, de la que nos habla la segunda lectura breve de esta tarde, se muestra admirablemente en la historia personal de san Pablo. A continuación del acontecimiento extraordinario que tuvo lugar en el camino de Damasco, Saulo, que se distinguía por el celo con que perseguía a la Iglesia naciente, fue transformado en un apóstol incansable del Evangelio de Jesucristo. En el caso de este evangelizador extraordinario aparece claro que esa transformación no es resultado de una larga reflexión interior, y tampoco fruto de un esfuerzo personal. Es ante todo obra de la gracia de Dios que obró según sus caminos inescrutables. Por ello san Pablo, al escribir a la comunidad de Corinto algunos años después de su conversión, afirma, como hemos escuchado en el primer pasaje de estas Vísperas: «Por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia para conmigo no se ha frustrado» (1 Co 15, 10).
Además, considerando con atención la vicisitud de san Pablo, se comprende cómo la transformación que él experimentó en su existencia no se limita al plano ético —como conversión de la inmoralidad a la moralidad—, ni al plano intelectual —como cambio del propio modo de comprender la realidad—; se trata, más bien, de una renovación radical del propio ser, similar, por muchos aspectos, a un volver a nacer.
Una transformación semejante tiene su fundamento en la participación en el misterio de la muerte y resurrección de Jesucristo, y se delinea como un camino gradual de conformación a él. A la luz de esta consciencia, san Pablo, cuando a continuación será llamado a defender la legitimidad de su vocación apostólica y del Evangelio que anunciaba, dirá: «Vivo, pero no soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí. Y mi vida de ahora en la carne la vivo en la fe del Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí» (Ga 2, 20).
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3) Contempla como Jesus carga esa pesada bolsa cargada de emociones toxicas y navegando mar adentro los arroja en las profundidades que las han de disolver. Pidele que el efecto espiritual de las aguas de tu bautismo limpien tu alma.————————-
IV Jornada de Intercesión por la Paz en Tierra Santa
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«Me voy porque el Señor me ha llamado. Poderlo dejar todo es gratis, no se trata ni de sacrificio ni de esfuerzos»
No estamos hablando de un profeta del Antiguo Testamento… ni de un eremita, ni de un monje medieval enclaustrado en su convento de clausura. Ni siquiera estamos hablando de un chaval o un joven que quiere hacer grandes cosas por los demás. Es una abuela, tiene 70 años y enviudó hace tres. Pero tiene el alma llena de amor y un espíritu joven.
No es que se dedique a dar catequesis o que apoye en labores de pastoral o asistencia social… Se ha ido de misiones. Y está “al otro lado del charco”: no habla inglés, sufre lumbago y le duelen las rodillas… Esta proeza de mujer se llama Lolín Toribio, y pertenece al Camino Neocatecumenal desde hace cuarenta años. Su única ilusión es responder a lo que Dios le pide y por eso lo ha dejado todo para convertirse en una intrépida misionera en los Estados Unidos. Ella lo explica con pocas palabras y muy directas: «El Espíritu Santo sopla donde quiere y hace lo que quiere. A mi me lleva a Estados Unidos y ya está». Con Dios no hay que complicarse la vida. Hay que hacer caso… “y ya está”.
En vida de su esposo habían querido ofrecerse como misioneros en alguna ocasión. Ahora que ha quedado viuda, ha visto que Dios le pedía volver a ofrecerle su respuesta generosa. Y para allá se ha ido:
«¿Donde voy yo con 70 años, el lumbago y las rodillas que me duelen? La edad no me la quita nadie, pero tengo una experiencia. Cuando esté ahí, será Jesucristo quien vivirá en mi», afirmaba con ilusión la misionera. No sólo es consciente de que Dios la llama, sino que tiene un tesoro que repartir a tantas personas necesitadas de Él: es la experiencia del apóstol Pablo, si Cristo vive en mí, vive en mí para los demás. Después de haber experimentado a Dios en su vida no puede quedarse encerrada. Le desborda el corazón y tiene que “contagiarlo” a los demás. Como nos lo dice ella misma: «era una persona alejada de la Iglesia hasta que recibí la Buena Noticia del Evangelio: que Jesucristo había muerto y resucitado por mis pecados. Y como yo, hay mucha gente que necesita escuchar ese mensaje».
«Me voy porque el Señor me ha llamado. Poderlo dejar todo es gratis, no se trata ni de sacrificio ni de esfuerzos».
Tela marinera. En plena crisis económica y de valores, todos luchamos por conservar lo que tenemos, no perder nada (o nada más…), conseguir beneficios a como dé lugar… a no quedarnos atrás. “Poder dejarlo todo es gratis”… y la libertad de espíritu no tiene precio. Dios vale todo lo que podamos dejar y mucho más. Y el poder transmitir su experiencia y llevarlo a los demás, que es el reto de Lolín, vale todos los sacrificios y esfuerzos… porque “no se trata de eso” quedarse en los sacrificios, en los esfuerzos. Eso no tiene sentido: lo importante es el motivo por el que lo hacemos todo: “Dios me llama [...] y ya está”.
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Por las lecturas que hoy se nos proponen para meditar, se puede comprender cómo los textos del Antiguo Testamento se iluminan desde el Nuevo, y la promesa que Dios hace a Moisés de suscitar un profeta para que hable al pueblo se realiza plenamente en la persona de Jesús.
Si el profeta que se le anuncia a Moisés hablará de lo que Dios le revele, Jesús no dirá nada por su propia cuenta, sino que nos comunicará lo que ha escuchado a su Padre.
Si hay que escuchar y obedecer la enseñanza de los verdaderos profetas, según el texto del Deuteronomio, ¡cuánto más habrá que acoger y llevar a la práctica la predicación de Jesús, Maestro que habla con autoridad, según reconocen sus contemporáneos!
Uno de los secretos para que se reciba un discurso, se encierra en la autoridad del que lo pronuncia. No se puede predicar de oídas, ni inventarse la doctrina. La propuesta que hace un auténtico maestro debe ir avalada por la coherencia. En el libro del Deuteronomio se afirma que Dios mismo pondrá las palabras en la boca del profeta. Jesús dirá de sí mismo que Él habla de lo que ha oído a su Padre.
¡Tantas veces nuestros parlamentos son vacíos! No tocan el corazón porque tampoco salen las palabras de las entrañas, sino que quizá son aprendidas y estudiadas, y aun siendo noble el trabajo de preparar el discurso, hoy se necesitan más testigos que maestros, y estos en cuanto testigos, según decía Pablo VI.
En esta perspectiva, San Pablo, desde la coherencia de su opción de vida, aconseja dedicarse enteramente a Dios, con opción célibe, aunque él sabe que no todos pueden con ello. “Os digo todo esto para vuestro bien, no para poneros una trampa, sino para induciros a una cosa noble y al trato con el Señor, sin preocupaciones”.
El salmista nos dicta la mejor actitud posible: “Ojalá escuhéis hoy la voz del Señor y no endurezcáis el corazón”.
Hoy se nos invita a acudir donde se nos expliquen las Escrituras, a tener el lugar de pertenencia comunitaria para la formación de nuestra fe y sostenimiento de nuestra fidelidad. Jesús acudía los sábados a la sinagoga.
Hoy nos podemos examinar de la coherencia que se da entre nuestra forma de hablar y de vivir.
Hoy se nos invita a ser testigos del Señor, al igual que Él lo es de su Padre.
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